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<rss version="2.0" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><channel><title>Somniloquios</title><link>http://ornat.blogia.com/</link><description><![CDATA[ Somniloquios es el diario no diario de Mario Ornat, deportista frustrado y periodista en vías de frustración. Zaragocista y aragonés. Como Goya, Lapetra, Buñuel y Perico Fernández. 
]]></description><ttl>60</ttl><pubDate>Fri,  4 Jul 2008 12:39:00 -0500</pubDate><generator>http://www.blogia.com</generator><item>
<title>La gafa</title>
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	<pubDate>Fri,  4 Jul 2008 12:29:00 -0500</pubDate>
<category>Los días</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://ornat.blogia.com/upload/20080704123322-brangelina.jpg"  class="rightenm" alt="20080704123322-brangelina.jpg" /><p><span style="font-size: x-small;">Han vuelto las Ray Ban de pera, os lo digo por si os habíais quedado ciegos en los últimos días o bien os sacásteis los ojos (ellos) para no caer derrotados por la exhibiciones veraniegas de ellas. Las Ray Ban de pera, sí. Las del cristalito verde, la varilla dorada, las de los años 70, finales, las de <em>Top Gun</em>, sí, porque naturalmente Ray Ban no las llama las Ray Ban de pera, sino Ray Ban Aviator y de ahí que Tom<em> Maverick</em> Cruise y sus chicos las llevaran en cuanto se bajaban del cazabombardero. Porque son gafas de piloto de guerra para que las lleve el común de los mortales, y además unisex, lo mismo se las pone Brad Pitt que Angelina Jolie, lo mismo la Vanessa que el Ignacio; y salen ahí a las calles ardientes de la ciudad con sus flequillos rectos, o bien cruzados en diagonal sobre la frente, que esa es otra, y los pantaloncitos cortos, y si son largos entonces han de ser muy pitillos, pero pitillos pitillos; ellos enseñan el calzón o bien llevan cada pelillo colocado en su sitio con abundante goma efecto mojado, y las cejas depiladas porque ahora el hombre es un hombre que no quiere que se note mucho que es hombre o lo que sea, o bien una deconstrucción capilar que no se sabe dónde empieza el peine y dónde acaba la higiene.</span></p><p><span style="font-size: x-small;">A mí me gustaría deconstruirme la cabeza, lo juro que sí, y no tener que peinarme ni un solo día, pero soy un antiguo, peinado con raya y desconcierto, porque yo siempre pensé que me estaba haciendo raya a un lado, el izquierdo, pero en cuanto dejó de peinarme mi madre con colonia y mi abuelo vio que me había hecho hombre suficiente para hacerlo solo, la raya se me desmandó, tomó vida propia en algún instante y comenzó su tranquilo, imperceptible ascenso hacia el centro de la cabeza. Y cuando vi a Aznar con ese surco tan subrayado en el lado del corazón me dije: eso es un presidente y un hombre a la derecha y una raya a la izquierda, claro que sí, cayendo sobre la oreja de ese flanco; y no lo mío. Deconstruirme la cabeza, eso es lo que me gustaría a mí. Pero de verdad: el interior, los sesos. Confuso, últimamente he estado un par de veces a punto de pedirle al psicólogo que me hiciera un peinado a la moda mientras con el barbero nos dedicábamos a la terapia cognitiva. Lo que de verdad me gustaría es quedarme calvo del todo y no saber nada, salvo recitar textos y no tropezarme con los muebles; parecerme a Yul Brynner con su mirada eslava y ser flaco como Tim Booth y Michael Stipe, el de REM. Si fuera tan sencillo... En vez de eso caí en la melena, animado por los muchachos que generosamente me dicen que me doy un aire a Russel Crowe en sus malos ratos. Ellas nunca están de acuerdo, lógico. Los que más acertaron, como siempre, fueron mis amigos del rugby, que a la vista de melena y barba me decían alternativamente Jeremías Johnson o Pocholo, cuando me cogía una coleta para poder ver por dónde me venían los balones y las hostias. Por Pocholo Martínez Bordiú, aquel fenómeno de la comunicación oral.</span></p><p><span style="font-size: x-small;">Las Ray Ban Aviator las recuerdo yo que evolucionaron más tarde hacia el negro completo y antes o después al cristal de espejo. El cristal de espejo hizo furor en un tiempo: me acuerdo yo de probarme unas en el Gay de la calle Alfonso y verme espejo contra espejo y decir, con mucho afán de autocrítica: <em>"Jesusito de mi vida, eres niño como yo..."</em>. Las de cristal de espejo son de guardia carcelario, las veo yo un poco en <em>La Leyenda del Indomable</em>, cuando los convictos salen a limpiar las carreteras y los vigilan hombretones con rifle a punto y gafa espejo para que no se sepa si miran a un lado o al contrario. Los reos piden permiso hasta para respirar: <em>"Jefe, ¿puedo beber agua, jefe?". "Bebe agua", </em>contesta la gafa<em>. "Jefe, ¿puedo quitarme la camisa, jefe?", "Quítate la camisa". "Jefe, ¿puedo ir a orinar, jefe?"</em>. Una tensa pausa: <em>"Ve".</em></span></p><p><span style="font-size: x-small;">Luego las de pera se pasaron de moda. Las de espejo duraron menos. Cuando se rayaban asomaba un negro de azogue oculto y se envejecían cuarteadas. La gafa primero se hizo pequeña, de pastas oscuras, también colores; vino la patilla anchota, esa que al Pele y a Acón les costó tanto quitarse, hasta hace cuatro días. Finalmente, la gafe empezó a crecer, a ser más grande y después aún más grande, de forma que al final hasta la Pantoja, que llevaba unos vídeos de pantalla gigante como para ver la final de la Eurocopa en la plaza del Pilar, hasta la Pantoja parecía estar buena con la gafa y su barba. Porque la gafa negra y grande iguala los rostros al ocultar el epicentro de la expresión, que son los ojos y su alrededor, donde generalmente se define la belleza facial. Hay, así, una simulación general muy conveniente en ellas, que se plantan las gafisus y están todas que lo rompen. Luego, si se las quitas las dejas desnudas y, ay, todo puede ser. No habérselas quitado. Con la Ray Ban pera eso no pasa, porque hay una verdosa transparencia que muestra todo. Lo raro ahí es estar guapo si no eres Maverick o Topper. Una vez me compré una cazadora tipo piloto y la profesora de de Historia del Arte de la universidad, además de suspenderme a mí y a cuatro más, literalmente, de doscientos, y obligarnos a ir a su despacho a recoger la nota, al verme con la cazadora piloto me dijo: "Oiga, ¿usted de qué va disfrazado?". En la Universidad de Navarra eran así de respetuosos. Además de sacarle a tu familia las entrañas para pagar un plan de estudios lamentable con unos profesores en general pésimos, se permitían consideraciones estéticas antes de entregarte el suspenso. Dios los tenga en su gloria a todos.</span></p><p><span style="font-size: x-small;">Yo juraría que tenemos unas Ray Ban de pera guardadas por ahí en alguna caja, eran de mi abuelo. Y mi madre me las ofreció una vez, hace años, con visión profética, y le dije: <em>"Pero mamá...".</em> Y ahora, mira. No sé si buscarlas o dejarme el flequillo recto, tú.</span></p>	
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<title>La desesperación del farsan(te)</title>
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	<pubDate>Tue,  1 Jul 2008 11:38:00 -0500</pubDate>
<category>Los días</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://ornat.blogia.com/upload/20080701113808-ladesesperacionw.jpg"  class="rightenm" alt="20080701113808-ladesesperacionw.jpg" /><p><span style="font-size: x-small;">A veces doy en considerarme un teórico de la pereza, un pensador del no hacer nada. Podré hablar de viajes, hazañas, éxitos o regalos que mi profesión aún no me ha hecho, pero mi único sueño indudable, cierto, duradero e inquebrantable es éste: no trabajar. Así de simple: no tener una sola obligación, ni un solo día. Me diréis que ese es el sueño de cualquiera, que todos suscribís y os adscribís a semejante anhelo tan común. Y no lo negaré yo. Pero cuidado que luego me sé la historia: que mire usted que me aburro, que si ahora no sé qué hacer, que si vaya coñazo todos los días sin ir a ningún lado, que en la televisión no ponen nada, que si tuviera dinero me iría de viaje pero así no hay manera, que en esta ciudad no pasa nunca nada interesante, que no puedo quedar con nadie porque todo el mundo está trabajando... He ahí la trampa: para ser un teórico de la pereza laboral hay que tener entereza, valga la cacofonía. Independencia de ánimo y un catálogo de actividades de corto alcance a las que uno se pueda dar sin ceder un instante al gran enemigo, llamémoslo la abulia o su masculino el aburrimiento. Ahí es donde reside mi gran baza: yo no me aburro jamás. Lo digo en serio y lo tengo comprobado. Cuando no trabajo, me faltan horas en el día para no hacer nada. Yo donde me aburro es trabajando. Cada día más. Por más que la gente piense que el periodismo es creativo, una nueva aventura diaria, a mí me parece siempre lo mismo, repetido con levísimos matices que no se diferencian en nada del resto de trabajos. Escribir páginas de periódicos me termina por parecer igual que rellenar albaranes o hacer informes. Cambia el tema, pero el fondo de la cuestión es el mismo. Me diréis que no se parece en nada. Puede ser. Os invito a perseguir fichajes por los veranos y entonces me contáis...</span></p><p><span style="font-size: x-small;">Como sólo soy un teórico, también soy un fracasado. Soy un teórico pésimo, porque en este último año he tenido cuatro trabajos diferentes. Cuatro. No está mal para alguien cuyo sueño consiste en no hacer nada: ahí queda resumido el imbécil que soy. Cuatro trabajos, que detallo: el diario en el AS, o sea el diario AS; la colaboración semanal con MediaPunta, que tantas alegrías me da, y esto lo digo en serio; los viajes ocasionales con el doctor Reyes para el libro de fotografía de fútbol que estamos haciendo y que nos ocupa algunos tiempos muertos; y, para culminar, un proyecto de Comunicación de una empresa patrocinadora de la Eurocopa que me cayó cierta mañana de febrero, sin saber bien de dónde, y en la que me han aclamado triunfador en la misma medida en la que yo me consideraba un farsante redomado que no sabía ni lo que estaba haciendo. Sumadle el alimento de Somniloquios, que tanto ha decaído últimamente, y tendréis la foto completa.</span></p><p><span style="font-size: x-small;">La condición de farsante me persigue en los últimos tiempos. Cada día crece la culpabilidad del farsante, contradictoria porque yo creo que el farsante, si algo no conoce, es precisamente la culpa. El engaño deliberado no conoce remordimientos. Además, el farsante se las lleva crudas, digámoslo: todos conocemos alguno. Yo he conocido muchos que no dejan de subir escalones. Yo aún no he subido ninguno. Mario Ornat, periodista de AS, esa es mi presentación más común. No sé por qué, a mí me suena rarísimo. Ignoro el motivo. Soy redactor, como el primer día que llegué al Stadio Sport en septiembre de 1990. Redactor, escribiente, reportero, periodista de calle, la verdad y la mentira de la profesión. Espero que cuando se me lleve la guadaña, nadie me haga un obituario en el que se diga que fui "periodista de raza". Que me cago en el catafalco, lo advierto. Sólo quiero que suene mucha música, ya lo sabéis: <em>In My Life,</em> de los Beatles, la primera. <em>There&amp;rsquo;s a Light that Never Goes Out</em>, de los Smiths, otra; y <em>Love Will Tear Us Apart</em>, de Joy Division. Esa que no falte. Como cualquier día.</span></p><p><span style="font-size: x-small;">Todo este monólogo quería ser una imposible justificación. El farsante hombre somniloquio, en el colmo de la desfachatez, ha sido invitado a presentar esta tarde<a href="http://www.pre-textos.com/detalle.asp?id=1124" target="_blank"> <em>La desesperación del té. (27 veces Pepín Bello)</em></a>, el libro de conversaciones con el Bartleby de la Generación del 27 que José Antonio Martín Otín, a la sazón Petón, acaba de publicar. Al acto me lleva, mérito indudable, la generosa amistad de los otros dos actores del acto: Luis Alegre y, desde luego, el autor. Los tres conversaremos acerca del libro y de sus protagonistas. Le doy las gracias por su amabilidad en la invitación a Eva, anfitriona del lugar, antes de que repare en el fraude. Espero no traicionar su contento por contar conmigo, expreso en la llamada del pasado viernes. Haré lo que pueda. Aunque admiro a Buñuel (sobre todo al mexicano y algo del francés) yo no conocí jamás a Pepín Bello y nunca he sido lector de los poetas del 27, tema que me caía mal en las clases de Literatura en las que tan convincentes notas sacaba, me parece. Los del 27, la Literatura Latinoamericana (a la que luego me he entregado, mirá vos) y el Descubrimiento en Historia siempre se me cruzaron. No tanto como las derivadas, las integrales, el logaritmo y la tabla de los elementos, no, pero vamos... Pereza total. Y ahí estoy yo. Presentando un libro sobre los recuerdos de los héroes del 27 en animada conversación. Si eso no es un farsante, ya me diréis...</span></p><p><span style="font-size: x-small;"> <em>Pd.: Será a las 20:30, esta tarde, en la recogida y felicísima librería <strong><a href="http://www.losportadoresdesuenos.com/blog/mostrarBlog.asp" target="_blank">Los Portadores de Sueños</a></strong> (calle Blancas, 4... ahí al ladito del Bar Circo, donde hacen la mejor tortilla de patata y ensaladilla rusa que ha conocido esta ciudad, he dicho). Estáis invitados. Os ruego consideración con el autor y el acto. La paliza por farsante me la podéis dar luego en alguno de los callejones entre el Coso y la calle San Miguel. Prometo no llevar gafas para que no os sintáis mal.</em></span></p>	
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<title>Dylan en el crepúsculo</title>
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		<description>"Era como estar en un cuento de Edgar Allan Poe, en el que uno no es el tipo de persona que todo el mundo piensa que es".En el mundo de Bob Dylan, si no llevas sombrero de ala ancha no eres nadie. El sombrero -blanco o negro- se puede juzgar una impo...</description><comments>http://ornat.blogia.com/2008/062501-dylan-en-el-crepusculo.php#comments</comments>
	<pubDate>Wed, 25 Jun 2008 17:04:00 -0500</pubDate>
<category>Minutos musicales</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://ornat.blogia.com/upload/20080625170432-bob-dylan-0.jpg"  class="centerenm" alt="20080625170432-bob-dylan-0.jpg" /><p><span style="font-size: x-small;"><em><span style="font-size: xx-small;"><strong><br />"Era como estar en un cuento de Edgar Allan Poe, en el que uno no es el tipo de persona que todo el mundo piensa que es".</strong></span></em><font size="2" style="FONT-FAMILY: "><p><p><span style="font-size: x-small;">En el mundo de Bob Dylan, si no llevas sombrero de ala ancha no eres nadie. El sombrero -blanco o negro- se puede juzgar una impostura, pero yo entiendo que denota la adscripción de Dylan y sus músicos a una extensa tradición americana, tanto como los instrumentos y la reinterpretación que Dylan hace hoy día de sus temas más antiguos. Además, como anotó Bono, a Dylan los sombreros le quedan bien. El hombre que es "<em>dueño de los sesenta</em>", muy a su pesar y siempre según su propia consideración, pasó por los alrededores de Zaragoza, que no por Zaragoza, y dividió las aguas y a los hombres, se hicieron los mares a un lado y los críticos o los traicionados, o los despechados o los indecisos, también le cedieron el paso, para que su voz baldía cruzase la tierra como un viento de arena. De paso, los periodistas forjaron el término <em>dylanita</em>, que definiría (en un alarde de mediocridad neologista del que no sé si tienen culpa o si les vino plagiado) a los incondicionales del hombre llamado Zimmerman. Al parecer, sólo la mitomanía de un <em>dylanita</em> justifica cierto entusiasmo o satisfacción por el concierto del lunes. Repasé mi colección de Lps, cedés y copias ilegales de Dylan y me pregunto si seré uno de los desafortunados...</span></p><p><span style="font-size: x-small;">Estábamos en la Feria de Muestras, ese horrendo lugar donde la música vuela de forma literal por los aires y se pierde en la inmensidad esteparia. <em>The music, my friend, is blowin' in the wind... </em>Arriba, de lado sobre el escenario, con una ligera inclinación sobre un pianito, estaba Dylan. El conjunto reunía un aspecto minuciosamente inapropiado, como una confabulación de despropósitos: Bob Dylan en el medio de ninguna parte, un lunes, a las nueve de la noche, con el atasco por el medio. Como para no ir. Pero fuimos, atraídos por la voz cavernosa del maestro, un tipo que me gusta más cuanto más recalcitrante se pone. Así que estoy encantado, porque a Dylan ya no hay quien lo cante ni quien lo aguante. </span><span style="font-size: x-small;">Las cifras de asistencia fluctuaron en los periódicos entre los 5.000 y los 15.000, como en las manifestaciones. Ignoro si los números salieron de la policía o de los sindicatos convocantes, pero me da igual. Se estaba muy bien. Había la gente suficiente para no avergonzarse, bastante más de la que esperábamos tras las apocalípticas informaciones previas, y la necesaria para moverse apenitas, bien cómodo y a una distancia razonable, para que no se junten los cuerpos y ni siquiera los deseados. Y con el espacio preciso para distinguirle la línea plateada de su traje negro al hombre del sombrero blanco, y sobre todo apreciar sin estruendo  los innumerables matices de la banda. (Qué alegría los músicos que miden bien el volumen para escucharse y ser escuchados).</span></p><p><span style="font-size: x-small;">A estas horas del siglo XXI, los críticos de la cosa advierten una merma definitiva en la voz de Bob Dylan, lo que no puede sorprendernos: ni por el lado de Dylan ni desde luego por el de los críticos. Dylan ya no canta, Dylan cuenta, pero no hay nada nuevo en esa revelación. Su voz no tuvo nunca nada de prodigio y sí mucho de curiosidad. Se le ha hecho vieja y hemos de suponer que más sabia. Es más, lo afirmamos. Esos repuntes nasales en su modo de frasear, que tanto les divertía imitar a sus admiradores, amigos o amantes (lo hizo John Lennon, el áspero admirador impertinente; lo hizo Joan Báez, la dulce musa impertinente), esa voz nasal ha mutado en los últimos tiempos hacia una variante de recovecos pedregosos. Su habilidad para modelar matices con un instrumento tan limitado tiene algo de alfarería gutural. No disfrutarla me parece raro. A mí me emociona.</span></p><p><span style="font-size: x-small;">Se ve que, a pesar de todo, muchos siguen aguardando que la ancianidad arrugada le traiga a Dylan un carácter afable que nunca lo ha adornado, que nosotros sepamos. Quizás preferirían haberle tirado un cachirulo para que se lo anudara al cuello y gritara: <em>"Zaragozaaaaaaa, sois cojonudooooooooooos mañooooss".</em> Pero se limitó a presentar a la banda cuando se aproximaba el final del concierto y a decir: <em>"How are you feeling, my frieeeendssss?",</em> otra vez con ese <em>loop</em> final con el que siempre ha cantado. Me pareció suficiente. Tocó <em>A hard rain's &amp;lsquo;a' gonna fall</em>, versión actual, que le salió menos brillante que la grabada para la Expo (esa sí me gusta tanto o más que la original), hizo una desquiciada y poderosa recreación de <em>All Along the Watchtower</em> y una emotiva (¿o sólo me lo pareció a mí?) <em>Like</em> <em>a Rolling Stone</em> para cerrar la noche. El resto fueron temas más o menos conocidos y cambiantes, viejos o recientes, funcionariales para quien no los escuchara con detenimiento. Las interpretaciones, por lo general y salvo un tramo breve, negaban cualquier rutina. Ahora, no nos engañemos con Dylan. Como argumentó un concejal de La Coruña para no contratarlo en aquella ciudad, <em>"Dylan no da espectáculo y además toca de espaldas". </em>Bueno, de espaldas no, pero razón no le faltaba en lo otro. ¿En qué consiste el espectáculo? ¿En lo de los Rolling? Yo soy de los que piensa que hay que haber oído a Jagger, Richards y compañía al menos una vez en directo tocando <em>Simpathy for the Devil</em>, pero visto una vez, visto todas. Con Dylan uno nunca sabe qué concierto verá y en eso hay algo de autenticidad, digo yo. Además, este señor jamás permitió que las preferencias de su público le tocaran los cojones ni el repertorio. Cuando en el Manchester Free Trade Hall un seguidor de su época folk le grito <em>"<a href="<object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/bqUFHEyu5hM&amp;hl=en"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/bqUFHEyu5hM&amp;hl=en" type="application/x-shockwave-flash" width="425" height="344"></embed></object>" target="_blank">Judas!!!!"</a> </em>por su traición a la canción con mensaje, Dylan repuso irónico: <em>"I don't believe you...You're a liar". </em>A continuación se giró hacia su banda y les dijo: <em>"Play it fucking loud". </em>Atacaron <em>Like a Rolling Stone </em>y la historia de la música popular giró de un lado a otro en ese mismo instante.</span></p><p><span style="font-size: x-small;">De los tres conciertos que he visto de Dylan, quizás el del Príncipe Felipe en 1999 me pareció el más redondo y el de 1993 en Huesca, el más eléctricamente salvaje, con un batería negro que aporreaba las cajas con estrambótica fiereza y precisión. Del lunes me quedó un sabor muy agradable de música excelente, muy bien interpretada, en una línea de integración de tradiciones que me gusta y que, creo, subrayan al Dylan de hoy, capaz de observarse a sí mismo en tercera persona, un eslabón más de una larga cadena. Una parte de esto se explica en el minucioso recopilatorio <em>Theme Time Radio Hour (With Your Host Bob Dylan)</em>, 78 temas de todas las épocas, ninguno propio, reunidos a partir del programa de radio en el que Zimmerman ejerce de enciclopédico pinchadiscos. La otra mitad tiene que ver con el espíritu de la trilogía que conforman <em>Time Out of Mind</em>, <em>Love and Theft</em> y <em>Modern Times</em>. Ahí está el Dylan de hoy.</span></p><p><span style="font-size: x-small;">El lunes -rodeado por una banda con un gusto exquisito para los detalles, y una potencia vibrante en los rocanroles y en los tempos más rápidos- el desnudo andamiaje del escenario recortaba a Bob Dylan contra la luz vacilante de la noche del solsticio. Ajeno a los artificios y reclamando el carácter sustantivo de la música, el druida entonó sus runas con la áspera suavidad de un reloj de arena que agota muy despacio su carga, y al que habría que dar vuelta eternamente para no perder las referencias que nos han sujetado sobre el piso en los últimos cuarentaitantos años. </span><span style="font-size: x-small;">No sé por qué, al verlo insomne en su distanciamiento, perfilado contra ese crepúsculo que anticipaba el desierto, me dio por pensar qué pasará el día que el hombre del sombrero nos deje solos.</span></p></p></font></span></p><p> </p>	
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<title>La Expo: ¿Qué es? ¿Y dónde está?</title>
	<link>http://ornat.blogia.com/2008/061801-la-expo-que-es-y-donde-esta-.php</link>
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	<pubDate>Wed, 18 Jun 2008 05:45:00 -0500</pubDate>
<category>Los días</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://ornat.blogia.com/upload/20080618054509-puente.jpg"  class="centerenm" alt="20080618054509-puente.jpg" /><p><span style="font-size: x-small;">El mismo sábado de la inauguración me fui a la Expo por la noche a darme el clásico paseo zaragozano. En el tema del paseo yo soy zaragozano decimonónico o así. Es decir: que paseo por la calle Alfonso y por el Paseo Independencia, hasta la Plaza Aragón y vuelta por la acera contraria. Si voy más allá de la Plaza Paraíso, ya siento que me estoy saliendo de Zaragoza y eso ya no es paseo sino caminata. Faltarían una cervecita con limón en Los Espumosos o bien el añorado chocolate con churros del Ceres, pero aquellos días se fueron y en cien años todos calvos, qué le vamos a hacer. Yo aún conservo buena mata de pelo, brillante y saludable con la nueva fórmula de Garnier Fructis, pero ay... menudean aquéllos que a mi edad y aun antes ya no pueden pasarse el cepillo sin rascarse el cartón.</span></p><p><span style="font-size: x-small;">Así que me fui a la Expo a pasearme. A tomar algo un rato, sentarme mirando los edificios de la nueva ciudad, mirar el río. Fui en el fondo a ver qué era eso, dado que nadie me lo ha sabido explicar o bien yo no he atendido lo suficiente. ¿Qué es la Expo?, me he preguntado todos estos meses. Sigo sin tener ni idea porque la Expo por la noche es una explanada de edificios más o menos armónicos y cerrados a partir de las diez. Fuera, un algo inhóspito, poco acogedor, con vasos que la gente lleva de un lado a otro sin saber dónde dejarlos, escaramuzas en los restaurantes, camareros fastidiados, cajas que cierran con 25 personas en la cola. ¿Suena negativo? Bueno, ya compensaremos. A la Expo hay que ir a ver, aún no sé bien qué porque hay que ir de día, pero a ver. No a comer ni a beber, porque para eso no da la cosa del <em>fast-food</em>. Y otra cosa: ¿Dónde coño está la Expo? ¿Es eso aún Zaragoza, propiamente dicha? A la espalda de la Torre del Agua, hermosísima, nos asomamos al espacio abierto, el Parque Metropolitano: y no hubo forma de orientarnos. Yo si no veo el Pilar o la torre de Pikolin, me mareo. Pero volvamos atrás...</span></p><p><span style="font-size: x-small;">Buscando respuestas a mi curiosidad, y en pos de una borrachera firme, la velada de la inauguración vimos los fuegos artificiales desde la gloriosa terraza de casa Peredita, a un par de cuadras de la estratosfera. El lugar viene a ser una especie de ventoso castillo al norte de la urbe, desde el que mi afamado amigo podría gobernar la ciudad a poco que se lo propusiera. Allá arriba más o menos tiene controlados a todos sus habitantes. Lo que pasa es que mi amigo anda poseído por ese relativismo del buen vino y la diversidad de las músicas, tan conveniente, y no se va a andar ocupando de menudencias como esa. Digamos que delega. Pero el que manda en la ciudad es él, lo sabe cualquiera.</span></p><p><span style="font-size: x-small;">Desde <em>Le Chateau Per</em> no sólo vimos los fuegos de la Expo sino que además vimos los fuegos de Alagón, que le hicieron baturra competencia a los otros. Disparaban sus salvas multicolores Béloc y la pianista en el meandro... y allá, en la diagonal contraria del horizonte, se levantaba de pronto una orgullosa seta policromada desde Alagón. Naturalmente, nos pusimos del lado de Alagón de inmediato. Allá estaban de fiestas y mucho que les importaba a ellos la inauguración de los cacharros esos del río. Luego, cuando faltaba hielo para las copas, atravesamos la profunda noche del Actur Norte y acabamos en un barecito chino donde dos subalternos barrían el piso en oriental silencio, el jefe vigilaba y en la televisión una señorita se dejaba hacer la caidita de Roma por un fornido muchacho, con zoom del operador de cámara sobre las húmedas cavernas donde se abisman los muslos, y ordenados gemidos y ronroneos que los chinos vigilaban con ese reojo chino tan bien concebido por la naturaleza. Cada tanto, contenían el escobón y apoyaban los ojos en la pantalla, como si fueran a decir: <em>"Cómo le está gustando a esa pajara"</em>. Pajara, no pájara. Pero el mandarín no tiene esas flexiones gloriosas, mala suerte, y los chinos masticaban los gemidos sin decir palabra. Hielo sí tenían, anunció el jefe. Y era el clásico tormo aragonés. Uno de los que barría me miró con fijeza: tuve ganas de salir corriendo.</span></p><p><span style="font-size: x-small;">El clásico tormo aragonés es un rotundo paralelogramo de hielo macizo que enfría las copas a todo meter, no esa tomadura de pelo en forma de estrellitas o cuartos de luna del Ikea. La modernidad sueca es capaz de vender hielo que no enfría. Pensaba en el tormo aragonés cuando vi el ensayo del grandilocuente espectáculo del iceberg de brillante cartón blanco, que se parece a un iceberg lo mismo que yo a un ala-pivot de la Universidad de UCLA. La prosopopeya del espectáculo, o del ensayo que vi, me sonó a angustia post existencial digna de <em>Metrópolis</em>, aquel programa sobre la conceptualización del arte o el arte de la conceptualización que ponían a cualquier hora de la noche. Dicho rapidito: un coñazo con ínfulas. Algo similar le ocurre al Pabellón Puente, construcción vanidosa con un interior que sólo adquirirá sentido si una banda de émulos de Alex y los macarras de La Naranja Mecánica instalan allí un bar y se dedican a beber moloko y apalear viandantes. Es lo que parece, un lugar post moderno de inspiración espacial. Blanco y curvado. Dan ganas de salirse de él a toda prisa. Hay más interés en las aguas oscuras del Ebro, tan rápidas y dinámicas y vivas. Las aguas del Ebro son lo mejor de la Expo junto al elegantísimo puente del Tercer Milenio. De lejos. Y las vistas del Pilar en la distancia, con su vibrante iluminación, atropellados sus perfiles por la violenta perspectiva de la Pasarela del Voluntariado. Y los cocodrilos del Acuario Fluvial, insisten los niños cuando los entrevistan en las televisiones. Los cocodrilos son lo mejor. Ay, los cocodrilos del aquarius...</span></p><p><span style="font-size: x-small;"> Yo ya dejé dicho que los cocodrilos habrían de ser clave en la Expo. Cualquiera lo sabe. Pero déjenme quejarme: los animales en piscinas vidriera ya no se llevan. Son como los zoos, lugares un poco depravados por antinaturales. Oceanográficos y acuarios hay ya por todas partes, no nos engañemos. Novedad cero. Y un aquarius sin tiburones ni caballito de mar, no sé. Me deja frío. Le haré una revisión un día de éstos que me vaya en bicicleta hasta allá. Yo creo que ahora se lleva la naturaleza en estado salvaje y extremo: observar a las ballenas en una barcaza sobre la bahía, alimentar a los tiburones a pecho descubierto en las Bahamas, recorrer los hielos norteños en busca del oso polar, ver a los cocodrilos saltar del agua en los ríos del Territorio Norte australiano, sacando el cuerpo entero en vertical... Unas nutrias al otro lado del cristal no pueden emocionarnos por más urbanitas que seamos. El National Geographic llega a todas las casas  y sabemos más del Suricato que de la gallina ponedora o la vaca lechera. </span><span style="font-size: x-small;">Insisto en que hemos perdido una gran oportunidad. Con mi propuesta de Expo salvaje en campo abierto hubiera habido bajas humanas, sí, puede ser, y peligro de estampida de rumiantes enloquecidos María Zambrano arriba o en los abigarrados exteriores de la tele autonómica. También lo admito; pero la Naturaleza es así, oyes, de algo hay que morir, y en el mundo salvaje si te mueres es para equilibrar el sistema. ¿No querían sostenibilidad? Además, de algún concejal nos hubiéramos librado por la vía del caimán, como ya expliqué el otro día: yo votaba por el de Movilidad, a ver si el susto lo ablandaba y permitía algún giro a la izquierda en esta ciudad. Pero no.</span></p><p><span style="font-size: x-small;">Si me hubieran hecho caso estaría la Expo ribereña a reventar. Se han empeñado en una Expo arquitectónica, todo concepto y líneas en fuga, y los visitantes no alcanzan la media por ahora. Hoy decía un mandamás que la escasa ocupación de los aparcamientos no les importaba, porque los habían construido con precios disuasorios (sic), a 12 euros por día tarifa plana, para que no fuera nadie en coche a la Expo. Es decir, que nos hemos gastado en dos aparcamientos para que nadie aparque. Aparcamientos para no aparcar es como iceberg de cartón piedra. Digo yo: ¿No habría sido más fácil, directamente, no hacer aparcamientos? Pregunto, eh, pregunto...</span></p><p><span style="font-size: x-small;">En fin... que seguiremos informando.</span></p><p><strong><span style="font-size: x-small;">[Foto: el pabellón puente de Zaha Hadid: cuando se acabe la Expo será como el paso a nivel de las Delicias, a ver quién tiene huevos de atravesarlo de noche].</span></strong></p>	
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<title>España funciona</title>
	<link>http://ornat.blogia.com/2008/061701-espana-funciona.php</link>
		<description>"Le voy a decir una sola cosa: la Policía hace su trabajo... Todos los días".Alfredo Pérez Rubalcaba, Ministro del Interior, sobre el caso de corrupción en Estepona. De paso, establece sin lugar a dudas que el dicho "eres ...</description><comments>http://ornat.blogia.com/2008/061701-espana-funciona.php#comments</comments>
	<pubDate>Tue, 17 Jun 2008 15:26:00 -0500</pubDate>
<category>Palabras al viento</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <img src="http://ornat.blogia.com/upload/20080617152643-rubalcaba.jpg"  class="centerenm" alt="20080617152643-rubalcaba.jpg" /><p><em><span style="font-size: x-small;"><br />"Le voy a decir una sola cosa: la Policía hace su trabajo... Todos los días".</span></em></p><p><strong><span style="font-size: x-small;">Alfredo Pérez Rubalcaba, Ministro del Interior, sobre el caso de corrupción en Estepona. De paso, establece sin lugar a dudas que el dicho "eres más vago que la chaqueta de un guardia" es cosa trasnochada, cuando no tardofranquista. Otro nuevo éxito del Gobierno de Zapatero: lograr que la Policía trabaje todos los días. No como vosotros, recua de perezosos.</span></strong></p>	
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<title>La jota del día</title>
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		<description>Para un canto al heroísmocon una palabra sobrase moja la pluma en sangrey se escribe: ¡Zaragoza!Jota del Centenario, de Sixto Celorrio....</description><comments>http://ornat.blogia.com/2008/061301-la-jota-del-dia.php#comments</comments>
	<pubDate>Fri, 13 Jun 2008 17:37:00 -0500</pubDate>
<category>La jota del día</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p><span style="font-size: x-small;">Para un canto al heroísmo<br />con una palabra sobra<br />se moja la pluma en sangre<br />y se escribe: ¡Zaragoza!</span></p><p><span style="font-size: x-small;"><em>Jota del Centenario, </em>de Sixto Celorrio.</span></p>	
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<title>James no es una persona</title>
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		<description>En noviembre vi a Wilco, en abril vi a James, este verano veré a Bob Dylan y en septiembre, a Andrés Calamaro. Podría cerrar ese círculo con Neil Young el 27 de junio en Madrid, si no fuera porque desconfío de los g...</description><comments>http://ornat.blogia.com/2008/061001-james-no-es-una-persona.php#comments</comments>
	<pubDate>Tue, 10 Jun 2008 03:43:00 -0500</pubDate>
<category>Minutos musicales</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p><span style="font-size: x-small;">En noviembre vi a Wilco, en abril vi a James, este verano veré a Bob Dylan y en septiembre, a Andrés Calamaro. Podría cerrar ese círculo con Neil Young el 27 de junio en Madrid, si no fuera porque desconfío de los grandes festivales y el señor Neil Young aparecerá en el Rock in Rio, pero creo que una tacada como la mencionada en menos de un año se aproxima bastante a la felicidad. Me parece que sólo lo mejorarían algunas reuniones imposibles: la de los Beatles, desde luego; la de los Smiths (Morrisey a solas me parece un señor mayor: al que me encantaría ver, claro... pero un señor mayor); el renacimiento o reencarnación de la Creedence Clearwater Revival; un concierto póstumo de los Clash y, desde luego, Elvis Presley en Las Vegas. Siempre pienso que hubiera entregado varios años de mi indolente existencia por ver a Elvis en Las Vegas, con la capa, las patadas de karate y el <em>Así Habló Zaratustra</em> de salida; y por supuesto, a los Beatles en la azotea del edificio Apple. O en Hamburgo, como apostillará GG.</span></p><p><span style="font-size: x-small;">Pero hablemos de James, otra vez. Porque hace semanas que os debo mi reflexión acerca de James en La Riviera de Madrid. Y esa reflexión que os debo, os la voy a pagar. A estas horas ya es un recuerdo más que una crítica, lo cual jamás hubiera pretendido ser, por otro lado. Un recuerdo creciente que permanece y florece y crece sobre el lecho de su último disco, el magnífico <em>Hey Ma! </em>Magnífico de verdad, vigoroso y emocionante. Lo mismo fue el concierto, y eso que partió con Tim Booth sentado en una banqueta con su pie izquierdo roto, apoyando la voz y el cuerpo sobre unas muletas. Esa escena, explicada someramente por Saul Davies antes de comenzar la acción, supone una pérdida mayor cuando uno va a ver a James: las espasmódicas coreografías de Tim Booth, a medio camino entre la epilepsia y un ritual de catarsis interior, conforman una parte básica del espectáculo. De hecho, si Tim Booth entró en el grupo fue porque una noche de principios de los 80 lo vieron bailar en una discoteca y lo eligieron para acompañar a la banda con sus singulares rutinas. Enseguida convenció a los otros para ejercer de vocalista y de paso escribir las canciones.</span></p><p><span><span style="font-size: x-small;">La simbiosis resultó perfecta. Siempre lo ha hecho. Y en cierto modo mágica, natural y espontánea. Tim Booth (vestido en La Riviera con un traje a cuadros rojos y negros que me hacía recordar, y mucho, a Movilla) canta a menudo <span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">mirando a la cámara que lo enfoca, y mira con un gesto que parece invitar a un paseo por sus introspecciones. O cierra los ojos como si se arrancase las canciones a jirones. Su lenguaje invita a que nos asomemos al espacio íntimo del que brota cada canción. Hay algo un poco indefinible en ese modo de interpretar el pop, pero ese algo resume la marca diferencial de James. Canciones enérgicamente tristes, luminosas, lastimosamente vitalistas. Tim Booth recuerda haber sentido en América que nadie los escuchaba, que se habían equivocado de momento. Eran los días en que reventó el <em>grunge </em>y todo el mundo parecía querer guitarras y mugre. Hasta que apareció REM con <em>Automatic For the People. </em>Y de repente alguien conectó a REM con James, o a James con REM, cualquiera sabe por qué, y todo se vino a su sitio. Tim Booth y Michael Stipe: <em>"Y salimos volando por el techo"</em>. De todo esto podría inferirse que James le debe su personalidad como grupo a su cantante, pero la realidad ha impuesto con el tiempo una contestación distinta: Tim Booth dejó el grupo y en solitario quedó (en su disco <em>Bone</em>) como un autor capaz pero cargante.  James no es una persona, como rezaba la url de su antigua página web: <a href="http://www.jamesisnotaperson.com/"><span style="font-size: x-small; color: #0000ff; font-family: arial,helvetica,sans-serif;">www.jamesisnotaperson.com</span></a><span style="font-size: x-small; font-family: arial,helvetica,sans-serif;">. Todo el mundo asume al oír hablar de James que se trata de un solista, pero no&amp;hellip; Hay una banda, poblada y justificada: al menos siete. Le pusieron el nombre de uno de los miembros fundadores (James Glennie), después de desechar Paul por demasiado tópico y Tim (de Tim Booth) por<span style="mso-spacerun: yes;">  </span>negativa de éste, temeroso de que lo acusasen de egocentrismo. Para confirmar la refutación, interna y externa, la web de ahora se llama así: </span><a href="http://www.wearejames.com/"><span style="font-size: x-small; font-family: arial,helvetica,sans-serif;"><a href="http://www.wearejames.com/"><font face="arial,helvetica,sans-serif" size="2"><a href="http://www.wearejames.com">www.wearejames.com</a></font></a></span><a href="http://www.wearejames.com"></a>. Con la motivación de la vuelta, el regreso de Booth, Gott y Diagram, el espíritu que les insufló Brian Eno en el instante preciso y la sabiduría del tiempo, con todo eso el precipitado alcanza una feliz exactitud sintetizada en su último disco.</a></span></span><p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"><span style="font-size: x-small; font-family: arial,helvetica,sans-serif;">El concierto de La Riviera zarpó con <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Born of Frustration</em>, ese grito de guerra, esa llamada tribal, himno mayor de <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Wiplash</em>, más que apreciable álbum. Continuó con <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Come Home</em> y Andy Diagram, recuperado para la formación en este regreso, soplando su célebre trompeta a todo pulmón, con un vestido de mujer y un rizo oscuro de Harpo Marx. Diagram aporta una singularidad muy reconocible al sonido del grupo y le pone el lado lúdico al escenario. Larry Gott &amp;ndash;profesor de guitarra de varios miembros del grupo y luego guitarra del grupo- y James Glennie le dan la base. Saul Davies es uno de esos multiinstrumentistas que salta del violín de <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Johnny Yen</em> (tal vez el único tema que extrañé en un repertorio completísimo de dos horas) al apoyo de la percusión. Luego vinieron los estupendos temas de su último album, <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Hey Ma!,</em> un disco que oigo casi cada día desde que lo compré. Prueba irrefutable de su valía. Se está aproximando a <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Laid</em> a marchas forzadas, hasta el punto de que en un momento dado podría llegar a dudar cuál de los dos me gusta más&amp;hellip; si no fuera porque <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Sometimes</em> y <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Laid</em>, de las que tantas veces he hablado y hablaré, están en ese disco y ya no podrán estar jamás en ningún otro. No es que <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Hey Ma! </em>sea irreprochable, que lo es, sino que además es brillante, emotivo, memorable y alegre.</span></p><p><span style="font-size: 12pt; font-family: "Times New Roman"; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;"><span style="font-size: x-small; font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Agradecí en el alma que cerraran su noche en La Riviera, tan esperanzadora en muchos sentidos, con <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Sometimes</em> y <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Laid</em>. Fue como un guiño privado. Al final de <em style="mso-bidi-font-style: normal;">Sometimes</em>, el grupo entero quedó en silencio y los de abajo coreamos durante cinco minutos la más famosa línea de esa canción: <em style="mso-bidi-font-style: normal;">&amp;ldquo;Sometimes / When I look deep in your eyes / I swear I can see your soul&amp;rdquo; (&amp;ldquo;A veces / Cuando te miro fijamente a los ojos / Juraría que te veo el alma&amp;rdquo;).</em> Eso explicó todo: la personalidad de James y su relación con la gente que los hemos escuchado con fervor religioso, con fe. Igual que hacemos los de abajo cuando escuchamos a Tim Booth, desde arriba también ellos nos dejaron cantar (y subir al escenario, atrevimiento que bordeó un entusiasmado caos) con este único fin: poder mirar dentro de nosotros y comprobar el espacio íntimo, perenne, inquebrantable y dichoso en el que guardamos sus canciones.</span></span></p><p><span style="font-size: 12pt; font-family: "Times New Roman"; mso-fareast-font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES; mso-fareast-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA;"><span style="font-size: x-small; font-family: Arial;">James no es una persona. Yo diría, enfáticamente, que James somos todos.</span></span></p><p> </p></span><object width="425" height="344"><param name="src" /><embed src="http://www.youtube.com/v/QQ7UQswEQ_o&amp;hl=en" type="application/x-shockwave-flash" width="425" height="344"></embed></object></p>	
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<title>El Ebro, con dos cojones</title>
	<link>http://ornat.blogia.com/2008/060301-el-ebro-con-dos-cojones.php</link>
		<description>Para quien lo pudiera dudar, el Ebro ha dejado claro y sin posible refutación que es un río aragonés. Los hidrólogos (o hidrógrafos o hidrófilos ... como quiera que se llamen) lo definen como un río te...</description><comments>http://ornat.blogia.com/2008/060301-el-ebro-con-dos-cojones.php#comments</comments>
	<pubDate>Tue,  3 Jun 2008 12:11:00 -0500</pubDate>
<category>Los días</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p><object width="425" height="355"><param name="wmode" /><param name="src" /><embed src="http://www.youtube.com/v/M4aJZ6XcN4Y&amp;hl=en" wmode="transparent" type="application/x-shockwave-flash" width="425" height="355"></embed></object></p><p><br /><span style="font-size: x-small;">Para quien lo pudiera dudar, el Ebro ha dejado claro y sin posible refutación que es un río aragonés. Los hidrólogos (o hidrógrafos o hidrófilos ... como quiera que se llamen) lo definen como un río temperamental. O sea, un río con dos cojones. Que lo mismo se vacía y enseña las tripas como se lleva por delante las riberas y lo que se le ponga en los mismísimos. Es el caso que nos ocupa: ¿Qué río podría pegar una crecida como la actual y ponerle los <em>ous</em> por corbata a la Expo a semana y media de la inauguración? Un río aragonés, ninguno más. Que la Expo del agua esté amenazada de inundación me parece un rasgo muy propio de esta tierra, donde todos somos nobles tocahuevos. Incluido el río. Dado que hemos firmado un pacto no escrito para no decir ni mu contra la muestra, si es que hubiera algo que decir, al Ebro se le han terminado de hinchar las riberas, harto de que le toquen los meandros, y ha actuado por sí solo. ¿Barquitos por el Ebro? Sí, hombre, sí... A ver si tienen pelotas de levantar el azud de Vadorrey.</span></p><div><span style="font-size: x-small;">A resultas del fenómeno hidrológico del siglo -salvada la célebre riada de Nochevieja del año 1962, cuando el Ebro subió siete metros por lo menos y arrasó lo que hoy es el ACTUR (que por cierto, ya le llegará su hora, avisa José Ramón Marcuello en <em>Agua Va, </em>el espacio matinal de Radio Ebro), en la ciudad del viento se ha revelado un fenómeno notorio. Igual que ahora todo el mundo entiende de combustibles, neumáticos de lluvia, alerones y trócolas con el fenómeno Fernando Alonso, hoy por hoy todo zaragozano que se precie, incluidos los nuevos aragoneses de Timisoara, todos nos sabemos ya al dedillo cuántos metros cúbicos por segundo descarga el Ebro a su paso por el Pilar en estos días; y que con más de 400 no hay quien levante el azud; y que si en Castejón se anuncian 2.000 o más, los tendremos aquí mañana, con lo que eso supone. Y las palabras estiaje y tal están a la orden del día, en los colmados y puestos de detallistas del Mercado Central, que por cierto doy fe de que sigue oliendo como siempre por más reformas que le hagan. Lo remodelaría Calatrava, tan arqueado y tan nítido y tan limpio de líneas, y a los cinco minutos no se podría pasar por los alrededores. Una joya de la arquitectura funcional novecentista, el Mercado Central. Y del hedor secular...</span></div><p><span style="font-size: x-small;">En fin, que yo estoy emocionado con el Ebro, sinceramente. Qué pitera, Dios. A la Expo no le tengo un gran cariño; tampoco estoy en contra, a ver si nos entendemos. Digamos que no he desarrollado una opinión al respecto. Escéptico entusiasmo, le diría yo. Eso sí, para dejar anotada mi disfuncionalidad razonadora, me he acreditado como periodista, porque la Expo es un acontecimiento deportivo de primer orden en nuestra ciudad. Si no lo veis, ahora os lo explico: aceptado que yo jamás voy a ir a como periodista a una Eurocopa, un Mundial de fútbol, uno de atletismo ni desde luego unos Juegos Olímpicos (salvo que haga <em>Somniloquios</em> de pago y me lo patrocine usted, amable lector), aceptado que mi destino consiste en cíclicas desapariciones de clubes de baloncesto y descensos del Real Zaragoza con frecuencia sin precedentes históricos (uno acaba por sentirse culpable) he resuelto acreditarme para la Expo del agua como Bob Dylan. Porque en la Expo triunfamos seguro, digo yo. Y porque si están Bob, Celine Dion y una noria siria, tengo que estar yo, no cabe discusión. Yo no sé cuánto sabe Roque Gistau acerca del Ebro, pero yo me he hecho persona, o lo que sea, a orillas del Ebro, en el glorioso Centro Natación Helios, donde sigo refugiándome. El otro día fui a revisar las obras y afecciones derivadas de la magna muestra que nos aguarda. Cierto que la Expo se nos ha llevado un buen cacho del Centro, para construir esas riberitas asfaltadas con farolas verdes más feas que feas, pero lo aceptamos. El chatarrero sigue en su sitio: merecería aparecer en las postales que venden en El Mañico y tiendas similares, en lugar de aquel baturro que caminaba con su borrico por la vía del tren y le decía al ferrocarril aquello de <em>"Chufla, chufla... que como no te apartes tú"</em>. Yo, en todo caso, estoy preocupado por la familia de patos que habitaban en los cañaverales crecidos a los pies de la piscina de las gradas. Quiero pensar que los habrán recolocado en algún juncal VPO de Valdespartera, un poco más arriba de las exclusas del Canal o algo.</span></p><p><span style="font-size: x-small;">Yo me imaginaba la Expo como algo mucho más salvaje y directo. Nada de pabellones. La Expo en el río: flamencos rosas de Miami donde el Náutico, hipopótamos en los alrededores del puente de Santiago, alimañas felinas y gacelas Thompson habitando las riberas y los campos de la huerta, que bajaran a abrevar al río mezclados con los bañistas; icebergs reales traídos desde las riberas del Lago Argentino en la Patagonia, para hacerlos descender en pleno agosto desde Boquiñeni hasta más allá del puente de las Fuentes, a ver cuánto duraba ese témpano en la Zaragoza estival; una familia de ornitorrincos, esos animales de otro mundo, esquiva miscelánea de pájaro, pato, mamífero y pez que habita los arroyos australianos y hace las delicias de los biólogos; y por supuesto, un buen grupito de cocodrilos de agua marina apostados aquí y allá, con una manada de ñúes del Masai Mara cruzando cada tarde de un lado a otro del Ebro, para que los niños de todas las nacionalidades y culturas puedan observar el hábil comportamiento de la Naturaleza extrema en vivo y en directo. Si los ñúes se avivasen al tercer o cuarto día de Expo y negáranse al cruce, entonces se activaría un plan de alimentación alternativo, sin perder la clave de espectáculo que debe presidir la muestra: se destinaría, por turnos rigurosamente sorteados, a los concejales de Chunta, Izquierda Unida y el PAR en el Ayuntamiento de la ciudad a alimentar con mano firme a los voraces lagartos con gallináceos y otras aves volátiles menores, para solaz del pueblo. Si una desgracia ocurriera, la ley electoral lo tiene todo previsto, tranquilos: los concejales supervivientes podrían reunirse para formar doliente grupo mixto. La ciudad ganaría mucho... Con lo del espectáculo animal, digo, no seáis mal pensados.</span></p><p><span style="font-size: x-small;">En fin, pero nadie me ha consultado, así que la Expo va de pabellones, funiculares e icebergs de cartón piedra a los que ahora le han puesto sacos terreros los buceadores de Bomberos, que vaya días les están dando, para que no se los lleve la corriente. O sea que sólo me queda la salida de la acreditación. Y así lo he hecho, porque tengo ya la Expo por el único acontecimiento deportivo internacional que me queda para salpimentar un tanto mi vida profesional. No fui a los Jocs Olimpics ni cuando los hicieron aquí en el país de al lado, donde la tubería del trasvase. Organizaría el conde Belloch -el cochero de Drácula- unos Juegos Olímpicos en Valdespartera y yo no iría, estad seguros.</span></p><p><span style="font-size: x-small;">Así que ya he enviado una fotito, mi carnet de identidad escaneado por los dos lados y el número de filiación de la Seguridad Social (que tuve que consultar qué narices era porque yo sobre la realidad legal entiendo más bien poco) y pienso presentarme este verano en el meandro cada vez que no tenga nada que hacer. Lo que suele ser frecuente. Sabéis que Belloch (pronúnciese Bé-loc, con acento prosódico, que no tilde, en la primera sílaba... Nota para los hijos de la LOGSE: sílaba es cada una de las divisiones fonológicas en que se divide una palabra. O sea, la B y la E, chavales)... Decía, sabéis que Béloc ha nombrado a Domingo Buesa cronista oficial de la Expo, y Buesa le ha prometido que será objetivo en sus consideraciones. El juramento no tiene mayor relevancia. Lo que debería haber prometido es que no será aburrido. Me imagino ese porte ágil y dinámico de Buesa contando el concierto de Celine Dion y tenemos una definición del aburrimiento digna de entrada enciclopédica... ¿A quién coño se le ocurriría sacar a Celine Dion de su dorado retiro en el Caesar&amp;rsquo;s Palace de Las Vegas, donde estaba felizmente recluida en espectáculo nocturno después de que todos sobreviviéramos al hundimiento del Titanic? Sólo una Expo aragonesa podría haber hecho algo así. Esperemos que se la lleve una avenida en la noche programada. Y el que la eligió, a alimentar a los feroces caimanes del Mara, por lo menos.</span></p><p><span style="font-size: x-small;">De modo que para compensar, puede que <em>Somniloquios</em> aporte una crónica ni mucho menos diaria del acontecimiento deportivo que se nos viene. No es seguro, eh. El hombre somniloquio es temperamental y arbitrario, como el Ebro. Yo al generoso Béloc no le prometo objetividad. Cuanto menos objetivo, más divertido.</span></p>	
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<title>Memories...</title>
	<link>http://ornat.blogia.com/2008/052801-memories....php</link>
		<description>Casi todo el mundo quiere hablar conmigo de fútbol, y yo me paso el tiempo intentando hablar de otras cosas, la mayoría mucho menos importantes todavía que el fútbol. La otra noche quedamos a cenar con un par de amigo...</description><comments>http://ornat.blogia.com/2008/052801-memories....php#comments</comments>
	<pubDate>Wed, 28 May 2008 18:28:00 -0500</pubDate>
<category>Vivir de cine</category>
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<content:encoded><![CDATA[	 <p><span style="font-size: x-small;">Casi todo el mundo quiere hablar conmigo de fútbol, y yo me paso el tiempo intentando hablar de otras cosas, la mayoría mucho menos importantes todavía que el fútbol. La otra noche quedamos a cenar con un par de amigos para hablar de fútbol; o quedamos a hablar de fútbol para cenar. El orden resulta indiferente. Cuando llegué, claro, ya estaban hablando de fútbol, así que me fui al baño a enjabonarme las manos, porque para hablar de fútbol y para cenar hay que tener las manos bien limpias, y luego subí y me senté y aproveché un hueco en la defensa para clavar mi pregunta, la que me interesaba a mí:</span></p><p><span style="font-size: x-small;">¿Cuál es la mejor película de Sidney Pollack?</span></p><p><span style="font-size: x-small;">El Pele dijo <em>Memorias de África</em>, un brindis al sol clarísimo porque todos sabemos que el Pele no ha podido ver <em>Memorias de África</em> de ninguna de las maneras. No es una película que se adapte a sus parámetros cinematográficos, que podemos resumir en este breve decálogo:</span></p><ul><li><span style="font-size: x-small;">Mejor actor español de la historia: Fernando Esteso.</span></li><li><span style="font-size: x-small;">Mejor actor mundial de la historia: Errol Flynn.</span></li><li><span style="font-size: x-small;">Mejor película española de la historia: <em>Cuatro Mujeres y un Lío.</em></span></li><li><span style="font-size: x-small;">Mejor película de la historia: <em>La Carga</em><em> de la Brigada Ligera.</em></span></li></ul><p><span style="font-size: x-small;"> </span><span style="font-size: x-small;">De lo que se deduce su adagio sobre el arte de la interpretación:</span></p><p><em><span style="font-size: x-small;">"Si un actor no ha se ha subido a un caballo, no es un actor".</span></em></p><p><span style="font-size: x-small;">Así que dijo <em>Memorias de África</em> probablemente porque oyó en el telediario del mediodía que se había muerto Sidney Pollack y la locutora nombró el melodrama. Tampoco hay que subestimar la memoria de Pele, bien al contrario: si en algún momento de su vida registró esos dos datos y los relacionó entre sí, jamás va a extraviarlos y siempre los tendrá a punto, gracias a su prodigioso automatismo memorístico. El mismo que le autoriza para relatarte el doloroso fallecimiento del mariscal Lannes, el que robó el joyero de la Virgen del Pilar, después de que una bola de cañón perdida le seccionara la pierna; o para hablar de un partido del Real Zaragoza jugado en noviembre de 1943 con la misma nitidez expositiva con la que te contará el de la semana pasada. Puede que incluso más, de hecho...</span></p><p><span style="font-size: x-small;">Luisito y Pepico nombraron <em>Tootsie</em>. Lo dijo Luisito, que cree en la comedia como género mayor, y lo ratificó Pepico con un asentimiento. En <em>El País</em> organizaron una de esas alegres encuestas de Internet en las que el lector opina, y cerca de 3.000 personas han votado que la mejor es Memorias de África. En segundo puesto aparece <em>Tootsie</em>. El resto de candidatas son: <em>Danzad, Danzad, Malditos</em>; <em>La Tapadera</em>; y <em>Otras</em>... Yo he de confesar que jamás he visto <em>Memorias de África</em> completa, creo que porque Meryl Streep nunca me ha caído bien del todo, vaya usted a saber por qué. Hay dos actrices que me sepultan el interés en las películas: Barbra Streisand y Meryl Streep, seguidas muy de cerca por Michelle Pfeiffer y Jane Fonda; y un poco más allá, Nicole Kidman. A la mayoría las dirigió Sidney Pollack y con Kidman coincidió en <em>Eyes Wide Shut</em>. Eso sí, su preferencia por Robert Redford explica buena parte de la conquista que su cine ha ejercido sobre mí. Por otro lado, el tipo me caía bien por el mismo motivo que Meryl Streep y las otras me caen mal: por sus interpretaciones. El Sidney Pollack actor siempre me ha encantado: en <em>Tootsie</em>, en <em>Maridos y Mujeres</em> de Woody Allen, en <em>Eyes Wide Shut</em>... Tenía un fascinante aire de corrupción interior, enmascarada en ese aspecto intachable de burgués de clase alta. Kubrick tal vez me comprendió mejor que nadie.</span></p><p><span style="font-size: x-small;">A mí la que más me gusta de Pollack es <em>Las Aventuras de Jeremiah Johnson</em>, de lejos, aunque le tengo un cariño extraordinario a <em>Tal Como Éramos</em> y a <em>El Jinete Eléctrico</em>, desiguales las dos pero muy tiernas, románticamente perdedoras... <em>Tal Como Éramos </em>contiene una esplendorosa escena final que se emparenta con otro gran, inolvidable plano que en mi opinión constituye la cima del romanticismo en el cine tal y como yo lo entiendo: esa colección de recuerdos en imágenes con los que Alvy Singer evoca sus días (tan contradictorios entonces, tan felices ahora que están perdidos) con Annie Hall. Es obvio que para mí <em>Annie Hall </em>constituye, mucho más que una comedia, una prodigiosa historia de amor que me emociona siempre que le echo el ojo. Por esa conversación final, sólo por eso, llegué a la cena directo de la tienda, de comprar la última copia disponible de <em>Tal Como Éramos</em> y de oír cómo la dependienta me decía que <em>Jeremiah Johnson</em> no está en dvd, cosa que no sé si me dijo porque estábamos, ella y yo, a cinco minutos del cierre. O tal vez porque era la verdad. Las dos posibilidades me hubieran dolido de manera equivalente. </span><span style="font-size: x-small;">Tuve grabada <em>Jeremiah Johnson </em>en alguno de los cientos de vídeos vhs que guardé quién sabe en cuál de las siete puertas bajo las que se oculta el llamado <em>cajón de los fantasmas</em>, bajo llave y madera, un sillón orejero y varios cachivaches. No me atrevo a buscarla porque soy cobarde y me da miedo cruzarme con fotografías de espectros, dimensiones paralelas y felicidades de otro tiempo. Barbra tenía razón cuando cantaba, después de que Katie se despidiera de Hubble retirándole el flequillo rubio de la frente, esos versos que cierran la película: </span><span style="font-size: x-small;"><em>Los recuerdos / pueden ser hermosos; </em></span><span style="font-size: x-small;"><em>Y sin embargo... / </em></span><span style="font-size: x-small;"><em>Lo que nos duele / e</em></span><span style="font-size: x-small;"><em>legimos olvidarlo / </em></span><span style="font-size: x-small;"><em>Así que lo que recordaremos / </em></span><span style="font-size: x-small;"><em>es la felicidad / </em></span><span style="font-size: x-small;"><em>Cuando nos recordemos / </em></span><em><span style="font-size: x-small;">Tal como éramos... </span><span style="font-size: x-small;">Tal como éramos.</span></em></p><p><span style="font-size: x-small;">Yo también soy un magnífico perdedor.</span></p><p> </p><p><object width="425" height="355"><param name="wmode" /><param name="src" /><embed src="http://www.youtube.com/v/JBEf5cOOr_8&amp;hl=en" wmode="transparent" type="application/x-shockwave-flash" width="425" height="355"></embed></object></p>	
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<title>Pide un deseo</title>
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		<description>"Hay días para quedarse a mirar /hay días en que hay poco para ver /hay días sospechosamente light /hay un deseo que pido siempre que pasa un tren..."Mi gin-tonic, de Andrés Calamaro...</description><comments>http://ornat.blogia.com/2008/052701-pide-un-deseo.php#comments</comments>
	<pubDate>Tue, 27 May 2008 03:01:00 -0500</pubDate>
<category>Minutos musicales</category>
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