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El fútbol y los libros

El fútbol y los libros

"Pronto aprendí que la pelota no viene hacia uno por donde uno espera que venga. Eso me ayudó mucho en la vida, sobre todo en las grandes ciudades, donde la gente no suele ser siempre lo que se dice derecha".
Albert Camus, guardameta y Premio Nobel de Literatura. 

 

Yo llegué al fútbol primero y a los libros después, creo que mucho más tarde. Uno fue cosa de la infancia y los otros de ese tiempo incierto y detenido que hace de bisagra entre la adolescencia y la primera edad adulta, que aún es juventud. El fútbol me salía naturalmente en el patio del colegio, en las canchitas de tierra que armábamos en Helios en el parque infantil, en el frontón donde me pasaba el tiempo golpeando el balón contra la pared y escuchando el sonido metálico del hormigón, en los torneos entre clases que tanta felicidad y diversión me proporcionaron. Los libros siempre estuvieron, pero de un modo latente. Pasé a jugar federado, como se decía, y el fútbol casi ocupaba la totalidad de las horas libres: cuatro días a la semana de entrenamiento y los partidos. Fútbol en el recreo. Fútbol en los veranos. Se lo dijo la parlanchina delegada de clase a mis padres en una reunión del colegio: "¿Mario? Uy, a ese no le hablen de chicas ni de nada. Con una pelota tiene bastante...". Mis padres temieron lo peor, supongo. Yo también.

Por esas cosas que uno no sabe cómo son, si casualidad o destino, he terminado escribiendo de fútbol todo el tiempo, como antes jugaba al fútbol todo el tiempo. Creo, me parece, que se me da un poco mejor escribir que jugar. En la cortina de la memoria entreveo a un chico rubio y crecido antes de hora, que ponía un empeño de proporciones éticas por serle fiel al juego. O sea, que corría cuanto era capaz, entraba y salía de las jugadas a tambor batiente, cortaba, metía... Nunca aprendí a pegarle con la izquierda. Corría y trabajaba. Técnicamente era correcto, más o menos, pero mi trayectoria en el campo me delata: empezaron poniéndome de seis, o sea... siendo el inteligente del campo. Pero pronto derivé a la banda derecha y luego al lateral y finalmente al puesto de libre, y mi presunta inteligencia quedó reservada para otras cuestiones. Me hicieron marcador y agoté la paciencia de unos cuantos jugadores contrarios, a los que ahora observo conmiserativo. Lo dejé pronto, terminada la edad juvenil o aun antes. Dejó de gustarme el fútbol desde dentro. Me gustaba la pelota, pero no tanto como para aguantar lo demás. Entonces vino la universidad, los libros y todo esto que soy ahora.

Que la Fnac me seleccione para hablar de fútbol y libros, con Miguel Pardeza y Sergio López, me parece la sorprendente culminación de esa convergencia. Lo haremos en la tienda de la plaza España, mañana miércoles a las 19.30, dentro del ciclo 'Once contra once': no sé si hablaremos de libros, de fútbol, de futbolibros o de qué. Me sorprenderá gratamente que a alguien pueda interesarle lo que tenemos que decir. Al menos yo. Miguel ha sido futbolista, como sabe cualquiera, y fecundo escritor de artículos deportivos y culturales en un sinnúmero de publicaciones; Sergio López es periodista y escritor, autor de 'Palabra de Bioy', editor de la obra del autor argentino para Planeta-Emecé y colaborador a mi lado en un buen número de aventuras conjuntas, siempre de mano ajena. La última en 'Mediapunta', esa revista que es un reducto del fútbol visto desde otro punto de vista. Así que el único que no ha jugado profesionalmente al fútbol o escrito un libro he sido yo... Yo soy periodista, que como dijo Borges es lo mismo que escribir para el olvido. Por eso, cuando me llamaron de la Fnac, me apresuré a preguntar: ¿Por qué yo? Pero ya dijo Camus que la pelota nunca viene por donde uno la espera...

Foto: Este hombre que tiene un aire de Bogart descuidado es en realidad Albert Camus, el guardameta durante años de la Universidad de Argel y Premio Nobel de Literatura. Se hizo portero para evitar los azotes de su imperativa abuela, quien no le permitía regresar a casa con las suelas de los zapatos gastadas. Así se convirtió, cuentan, en un extraordinario guardameta de contención: por costumbre infantil de inmovilidad obligada, aguantaba tanto el disparo a los delanteros rivales que en ese desconcierto ya comenzaba a ganarles el duelo. Leí 'La peste' al poco de dejar el fútbol. Un libro doloroso como la derrota.

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10 comentarios

Mario -

Cuartero: saluda a la noria del Prater de mi parte. Harry Lime aguarda entre las sombras y Holly va a espera inútilmente a la imperativa Anna Schmidt. Imposible pensarlo estando allí. El libro sobre los peinados me asombra. Te cuento que la charleta estuvo mínimamente entretenida, espero. Creo que Pardeza la definió bien: "Un concierto de jazz". Guitarreo improvisado sobre el fondo de notas y virtuosismos comunes.
Leo: te devuelvo el abrazo desde Z. Aunque no te reconozca...

leozelada -

El futbol es poesìa.

Un abrazo desde Madrid.

jcuatero -

Lo malo de irse de vacaciones es que uno se pierde actos como el de la fnac. El mismo día y a una hora similar,sin saber nada al respecto, me compraba en una librería de segunda mano en el barrio judío de Viena un volumen sobre cortes de pelo de futbolistas. Un libro del que espero que nunca se hable demasiado

Mario -

Un noble motivo para tu ausencia, Jeremy. Sin duda el más adecuado, si exceptuamos que el partido fuera de fútbol 11... Gracias por la amabilidad de tus palabras.

Jeremy North -

Me imagino que la mesa redonda o cuadrada sobre el fútbol de esta tarde en la FNAC será un éxito con esos magníficos ponentes. Lástima que no pueda acudir a ella porque a las 8 de la tarde tengo... partido de fútbol-sala.

Gonzalo -

Curioso que mezcles una chica turgente y voluptuosa con una lengua muerta... Eso le daría que pensar incluso al discípulo más lerdo de Freud.
Por ciero, a ver como se lo va a tomar Ocean...

Mario -

Es público y notorio que hicimos delegada por aclamación popular a la que nos parecía más turgente y voluptuosa. Cosa de verla dando la mayor cantidad de discursos posibles. Era nuestro primer año de mixto, como bien sabes, y teníamos claras las prioridades. Lo que nos llegamos a divertir con esa chica analizando frases en la pizarra, un par o tres de años después, en las clases de Latín. No aprendimos casi nada de uso práctico en el orden académico, pero qué bien lo pasamos...

Gonzalo -

Yo te lo dictaría, pero no sería sobre fútbol, y dudo que interesase a mucha gente. Por cierto... ¿parlanchina delegada? Más pistas, más pistas...

Mario -

Si me lo dictas tú, lo escribo mañana mismo, Jorge... (Gracias por el ánimo implícito, un abrazo).

Jorge -

Yo me apresuro a preguntar: ¿por qué no escribes un libro para disfrute general? Tus asiduos lectores lo agradeceremos
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