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Somniloquios

¡Yes!

¡Yes!


Sí. Marty. Infiltrados. Sí. Por fin. ¡¡¡¡Grandísimo!!!!!

Palmarés

En tiempo real voy a ir agregando a este somniloquio algunas apreciaciones posteriores que se me ocurren conformo leo y oigo reacciones en torno a los Oscar.

  • Hablar de cine, saber de cine... ¿En qué consiste exactamente eso? El cine, y los Oscar en concreto, constituyen el caso más similar que conozco del célebre fenómeno de "todos somos entrenadores y tenemos nuestro propio equipo", tan clásico en el fútbol. Me fascina la cantidad de opiniones diferentes que genera un jugador y la cantidad de sensaciones distintas que deja una película. Ya no voy a decir entre nosotros, los movie-goers de la calle. No, también entre los críticos... Carlos Boyero dice sobre Infiltrados: "Yo no dormía pensando en verla. Durante los 15 primeros minutos creí con inmenso placer que Uno de los nuestros y Casino iban a tener una continuación a su altura. Mi desencanto fue grande. Me parece liosa, fría, ninguno de sus personajes consigue hipnotizarme, no aguanto a Nicholson. Pero es probable que yo tuviera un mal día o que no me enterara de nada. A los amigos que la han visto les fascina. Y le juro que tenía más ganas que nadie de enamorarme de Infiltrados". Oti la considera "la mejor película de Scorsese desde Casino, y tal vez desde alguna antes". Jordi Costa, en El País, la contraponía con interés peyorativo al original de Hong-Kong, Infernal Affairs, y acusaba a Scorsese de ocultar con cierta deliberación esa referencia. El demoledor último párrafo de su ensayo-reportaje, dice así: "Infiltrados marca las distancias con el original desde su hipertrófico metraje: 151 minutos ante los concisos 97 del original. Los primeros 10 minutos de la película -con Jack Nicholson desgranando el credo mafioso de Frank Costello- anuncian un resultado capaz de medirse con Uno de los nuestros (1990) o Casino (1995), pero la promesa se incumple pronto. Infiltrados acaba siendo una versión hinchada de Infernal affairs, en la que Nicholson se desmanda, los dos personajes femeninos se funden en la figura de la psiquiatra y el desenlace esquiva la perturbadora amoralidad del original. Quizá porque, en la figura de ese mafioso infiltrado que decide ser policía, el cineasta intuyó una premonición de sí mismo: alguien que iba a triunfar guardando unos cuantos esqueletos (cinéfilos) en el armario". Se podría pensar que es animadversión, pero generosamente yo me inclino por la honestidad. En cualquier caso... generoso hostión, vive Dios.
  • Sobre Marty. Yo ya había proclamado mi deseo de que Scorsese ganara. Pero ahora lo pienso dos veces y me duele que haya ganado con una película que me gusta, y mucho, pero que no alcanza ni de cerca a mis dos favoritas de este director: Taxi Driver y Goodfellas (Uno de los nuestros), que en mi opinión constituyen sus cumbres, seguidas muy de cerca por Casino y Toro Salvaje y algo más allá por El Color del Dinero. Acabo de leer en La Vanguardia (estupendo suplemento de 16 páginas sobre los Oscar) que se pasó el obsesivo y accidentado rodaje de Toro Salvaje escuchando a The Clash encerrado en su caravana... Formidable. Ya he dicho también que considero Gangs of New York y El Aviador dos películas soberbias, un tanto incomprendidas y un tanto contrahechas. Fallidas, pero grandes. Para quien quiera considerarlas obras menores en la filmografía de Scorsese, que recuerde Al límite (que aún estoy intentando comprender) y Kundun. Y no me bajo de la burra: No direction home, su documental sobre los primeros años de la carrera de Bob Dylan, está entre lo más grande que ha hecho.
  • La clase del 70. Coppola, Spielberg y Lucas le entregaron el Oscar a Scorsese. Foto gloriosa de cuatro hombres que han hecho, con Clint Eastwood y seguramente Woody Allen, lo mejor del cine en los últimos 35 años.
  • Iñárritu y Arriaga, en la Torre de Babel. Leo que el director y el guionista han partido peras, animosos por educadas rencillas artístico-autorales. El maldito parné o su alter ego, la pérfida fama. Dejan tras de sí una trilogía (Amores Perros, 21 gramos y Babel) que agita corazón y conciencia en el mismo puchero. A medio camino entre el artificio narrativo y la verdad argumental, las películas de esta pareja han redefinido la posición del cine hispano (generalización ventajosa en el mejor de los casos, y magnánima en el mejor) y el modo de relatar las minuciosas derrotas morales del hombre moderno. La frase ha quedado ampulosa, pero ciertas cosas no se pueden decir con sencillez sin caer en lo burdo. Para el futuro le deseo a Iñárritu una narración lineal, a ver qué tal le sale...
  • El papanatismo. La imagen de Penélope Cruz casi gritándoles a los periodistas en una rueda de prensa "¡Que no os empeñéis, que no me lo van a dar!" define el estado de papanatismo de los medios en los últimos días. ¿Los abduce a todos Almodóvar o qué les pasa? Eduardo Mendicutti proclamaba ayer en una febril Carta a Penélope (con copia a Pedro Almodóvar): "Luego, nuestro Oscar se lo llevó la señora Mirren. Bueno, no es que la señora Mirren se colase contigo en la toilette y, en un descuido tuyo, te birlase la estatuilla, como una choriza cualquiera. Pero sí que ha tenido algo de azarosa cleptomanía el hecho de que tu Oscar, nuestro Oscar, lo haya ganado otra". Me pregunto a quién convoca el "nuestro". ¿A Penélope y Mendicutti? ¿A los dós más Almodóvar? ¿A la España toda?
  • El papanatismo II. Como los españoles (los pocos que quedamos) siempre tenemos que ganar aunque no ganemos, nos apuntamos sin lugar a dudas la victoria de la elegancia: Penélope fue la mejor vestida. Faltaría más. Y eso que sacó el Versace suplente por una cuestión de cremalleras del titular (cuenta Mendicutti, siempre atento al detalle), que si saca el titular, las demás ni van. A mí esta parte de las crónicas de los Oscar me pone enfermo, pero vamos... yo soy un inadaptado. El Oscar de la alfombra roja, he llegado a leer. Si fuera andrajosa diríamos que ole ahí la espontaneidad de Raimunda. Somos los grandes campeones de la victoria moral.
  • El papanatismo III. A todo el mundo le encantó la transmisión de los Oscar de Angels Barceló, Jaume Figueras y un afectado colaborador cuyo nombre no recuerdo. En el instante en el que Angels pronunció Ariadna Llill el nombre de la risueña Ariadna Gil, busqué si Canal+ daba la opción de escuchar la transmisión original de la ABC americana. Pero no. Me pasé a la radio corriendo y los chicos de Lo Que Yo Te Diga me calmaron como un valium. Yo soy primario, oiga usted. Las relaciones bilaterales (que pronto serán unilaterales, en cuanto les den cinco minutos) no las llevo bien.
  • Hijos de la Logse. Me sorprendió que El Mundo abriese su información sobre los Oscar con los premios a la dirección artística y el maquillaje. El motivo, que eran españoles. No y no. Sólo veo un enfoque posible (el doble triunfo de Scorsese) y dos probables (las derrotas de Penélope y Babel). Lo otro recae en el vicio Logse, a saber: que en Cataluña se estudie un descubrimiento de América en el que el protagonista ya no es Cristóbal Colón, sino un marinero de Mollerusa y otro de Villafranca del Penedés que se enrolaron en la tripulación de La Niña. Ejemplo tan figurado como real.
  • Los actores. Billy Wilder decía que los actores que aspiran a un Oscar "deberían cojear o bien hacer de retrasados porque los académicos nunca ven al actor que se esfuerza al máximo y hace que parezca fácil". Forest Whitaker (actor formidable, por otro lado) y Helen Mirren prolongan la leyenda. Los personajes excesivos o históricos son los que triunfan. Nada es rotundamente cierto ni falso. Alfred Hitchcock consideraba a Gary Cooper el mejor actor posible porque era capaz de transmitir todas las emociones sin variar de forma sustancial la expresión de su rostro. Un mínimo ademán de la mirada le era suficiente. Ganó dos Oscar por El sargento York y Solo ante el peligro... Cary Grant, otro ejemplo palmario de la sencillez (más matizada, porque la comedia casi exige gestualidad, Buster Keaton aparte), está considerado por muchos como el mejor actor de la historia en cualquier orden. Lo nominaron por un par de papeles serios y, claro... no ganó.
  • Maribel. Este año llegué muy poco preparado a los Oscar, de ahí que las reflexiones se prolonguen más de la cuenta. Anteanoche vi El Laberinto del Fauno. Es bonita, pero ninguna de sus dos caras me fascina: ni la fantástica ni la realista. Lo más perdurable es la interpretación de Maribel Verdú, que levanta con un trazo finísimo un personaje que apenas constituye un boceto. Lo mejor es que lo hace sin grandes alardes compositivos. Viéndola he sufrido una epifanía casi violenta de tan rotunda: me he dado cuenta de que Maribel Verdú es la mejor actriz española de su generación y las siguientes, con varios cuerpos de ventaja. Y que con los años, cuando vaya redondeando su carrera y la atrape ese estado de gracia advertida por los demás (generalmente conocida por madurez) habremos de admitirla como una de las más importantes de todos los tiempos en este país. Y lo habrá hecho sin dar un ruido, sin un solo énfasis fuera de lugar, sin reclamar ningún tipo de notoriedad más allá de la pantalla. Puede que mi epifanía resulte exagerada, pero yo la veo clarísima.
  • Rayito de sol. Little Miss Sunshine es esa película que nunca se olvida. Pequeña maravilla perfecta. Cuando uno quiere encontrarle debilidades, se da cuenta de que la propia búsqueda es una trampa. Claro que podría ser más grande y claro que a veces parece facilona, pero no sería mejor ni aumentando de tamaño sus miras ni metiéndole más complejidad. Entonces sería otra cosa. Así, tal y como es, está perfecta. Tiene el tamaño adecuado para formar parte de nuestras vidas.

(continuará... o no. Ya no lo sé)

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5 comentarios

Mario -

Muchas gracias por la felicitación, Match Point. La sutileza del nick me encanta. ¿A cuántas personas conocí "hace casi diez años"? Repaso mentalmente... El cariño de la felicitación (gracias, de verdad) casi me provoca un escalofrío. A veces uno se ha sentido tan solo que sólo aspiraba a ser recordado. Casi nunca somos conscientes de cuánto y cómo se nos recuerda. Un abrazo y un beso, Match Point. Acaba el partido con una bola ganadora...

match point -

Hola, Mario. Sólo quería felicitarte por este pequeño espacio -y a la vez, tan grande-, que según he podido comprobar, tiene gran poder de convocatoria. Supongo que, para quienes te conocimos hace casi diez años, resulta gracioso leerte de nuevo, con los mismos temas, mismas aficiones y mismo gran despliegue de cultura y entretenimiento. De verdad, te felicito por ello. Un abrazo.

Mario -

Efectivamente, Iñakil, de 'Jamón, Jamón' todos recordamos la voz de Penélope. Ahora que pienso, ese apartado que he escrito sobre Raimunda debería venir bajo el epígrafe de 'Jabón, jabón'.

Iñakil -

"...nos apuntamos sin lugar a dudas la victoria de la elegancia: Penélope fue la mejor vestida...".
Desde que ví jamón, jamón, yo apostaría a que Penélope vestida pierde mucho. Y que conste que a mí me gusta por su voz (Y porque es amiga de Luis Alegre).

lorena -

Roguemos al Señor...
Estoy más contenta que si me lo hubiesen dado a mí.
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