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Somniloquios

La desesperación del farsan(te)

La desesperación del farsan(te)

A veces doy en considerarme un teórico de la pereza, un pensador del no hacer nada. Podré hablar de viajes, hazañas, éxitos o regalos que mi profesión aún no me ha hecho, pero mi único sueño indudable, cierto, duradero e inquebrantable es éste: no trabajar. Así de simple: no tener una sola obligación, ni un solo día. Me diréis que ese es el sueño de cualquiera, que todos suscribís y os adscribís a semejante anhelo tan común. Y no lo negaré yo. Pero cuidado que luego me sé la historia: que mire usted que me aburro, que si ahora no sé qué hacer, que si vaya coñazo todos los días sin ir a ningún lado, que en la televisión no ponen nada, que si tuviera dinero me iría de viaje pero así no hay manera, que en esta ciudad no pasa nunca nada interesante, que no puedo quedar con nadie porque todo el mundo está trabajando... He ahí la trampa: para ser un teórico de la pereza laboral hay que tener entereza, valga la cacofonía. Independencia de ánimo y un catálogo de actividades de corto alcance a las que uno se pueda dar sin ceder un instante al gran enemigo, llamémoslo la abulia o su masculino el aburrimiento. Ahí es donde reside mi gran baza: yo no me aburro jamás. Lo digo en serio y lo tengo comprobado. Cuando no trabajo, me faltan horas en el día para no hacer nada. Yo donde me aburro es trabajando. Cada día más. Por más que la gente piense que el periodismo es creativo, una nueva aventura diaria, a mí me parece siempre lo mismo, repetido con levísimos matices que no se diferencian en nada del resto de trabajos. Escribir páginas de periódicos me termina por parecer igual que rellenar albaranes o hacer informes. Cambia el tema, pero el fondo de la cuestión es el mismo. Me diréis que no se parece en nada. Puede ser. Os invito a perseguir fichajes por los veranos y entonces me contáis...

Como sólo soy un teórico, también soy un fracasado. Soy un teórico pésimo, porque en este último año he tenido cuatro trabajos diferentes. Cuatro. No está mal para alguien cuyo sueño consiste en no hacer nada: ahí queda resumido el imbécil que soy. Cuatro trabajos, que detallo: el diario en el AS, o sea el diario AS; la colaboración semanal con MediaPunta, que tantas alegrías me da, y esto lo digo en serio; los viajes ocasionales con el doctor Reyes para el libro de fotografía de fútbol que estamos haciendo y que nos ocupa algunos tiempos muertos; y, para culminar, un proyecto de Comunicación de una empresa patrocinadora de la Eurocopa que me cayó cierta mañana de febrero, sin saber bien de dónde, y en la que me han aclamado triunfador en la misma medida en la que yo me consideraba un farsante redomado que no sabía ni lo que estaba haciendo. Sumadle el alimento de Somniloquios, que tanto ha decaído últimamente, y tendréis la foto completa.

La condición de farsante me persigue en los últimos tiempos. Cada día crece la culpabilidad del farsante, contradictoria porque yo creo que el farsante, si algo no conoce, es precisamente la culpa. El engaño deliberado no conoce remordimientos. Además, el farsante se las lleva crudas, digámoslo: todos conocemos alguno. Yo he conocido muchos que no dejan de subir escalones. Yo aún no he subido ninguno. Mario Ornat, periodista de AS, esa es mi presentación más común. No sé por qué, a mí me suena rarísimo. Ignoro el motivo. Soy redactor, como el primer día que llegué al Stadio Sport en septiembre de 1990. Redactor, escribiente, reportero, periodista de calle, la verdad y la mentira de la profesión. Espero que cuando se me lleve la guadaña, nadie me haga un obituario en el que se diga que fui "periodista de raza". Que me cago en el catafalco, lo advierto. Sólo quiero que suene mucha música, ya lo sabéis: In My Life, de los Beatles, la primera. There’s a Light that Never Goes Out, de los Smiths, otra; y Love Will Tear Us Apart, de Joy Division. Esa que no falte. Como cualquier día.

Todo este monólogo quería ser una imposible justificación. El farsante hombre somniloquio, en el colmo de la desfachatez, ha sido invitado a presentar esta tarde La desesperación del té. (27 veces Pepín Bello), el libro de conversaciones con el Bartleby de la Generación del 27 que José Antonio Martín Otín, a la sazón Petón, acaba de publicar. Al acto me lleva, mérito indudable, la generosa amistad de los otros dos actores del acto: Luis Alegre y, desde luego, el autor. Los tres conversaremos acerca del libro y de sus protagonistas. Le doy las gracias por su amabilidad en la invitación a Eva, anfitriona del lugar, antes de que repare en el fraude. Espero no traicionar su contento por contar conmigo, expreso en la llamada del pasado viernes. Haré lo que pueda. Aunque admiro a Buñuel (sobre todo al mexicano y algo del francés) yo no conocí jamás a Pepín Bello y nunca he sido lector de los poetas del 27, tema que me caía mal en las clases de Literatura en las que tan convincentes notas sacaba, me parece. Los del 27, la Literatura Latinoamericana (a la que luego me he entregado, mirá vos) y el Descubrimiento en Historia siempre se me cruzaron. No tanto como las derivadas, las integrales, el logaritmo y la tabla de los elementos, no, pero vamos... Pereza total. Y ahí estoy yo. Presentando un libro sobre los recuerdos de los héroes del 27 en animada conversación. Si eso no es un farsante, ya me diréis...

 Pd.: Será a las 20:30, esta tarde, en la recogida y felicísima librería Los Portadores de Sueños (calle Blancas, 4... ahí al ladito del Bar Circo, donde hacen la mejor tortilla de patata y ensaladilla rusa que ha conocido esta ciudad, he dicho). Estáis invitados. Os ruego consideración con el autor y el acto. La paliza por farsante me la podéis dar luego en alguno de los callejones entre el Coso y la calle San Miguel. Prometo no llevar gafas para que no os sintáis mal.

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12 comentarios

Iñakil -

Brillante Mario. Cuando en el trabajo me cuentan según qué cosas mi cerebro se queda literalmente en Off, el único pensamiento que tengo es "Por los cojones me iba aburrir...".
Entre mis no obligaciones está leer Somniloquios y ya llevo un mes de retraso.

una mujer, -

yo si echaria de menos el trabajo, eso no quiere decir que me aburra en los ratos libres. Trabajando nos sentimos utiles y necesarios, claro esta si nuestro oficio nos apasiona, y si no es asi de todo se aprende en esta vida

Mornat -

A ver, a ver, que nos descentramos... No le atribuyo yo ningún mérito al no aburrirse. Era sólo una anotación porque siempre hay gente que dice que se aburriría sin hacer nada o echaría de menos a los compañeros/ñeras. A mí no me ocurre ninguna de esas cosas, por suerte; ni siquiera ahora que empiezan a acortarse las faldas, los escotes cruzan palabras de honor y se hacen gasa de transparencias los vestiditos. Ni aun así. Yo no llegaría a la situación de mirar Embrujadas ni de lejos. Fíjate que no pasé de 20 minutos en ningún partido de la Eurocopa hasta cuartos de final, ni siquiera en los de España. Al tercer bostezo, el del gol de Alemania, yo nunca llego. Siempre me he ido a hacer otra cosa.

eduardo -

Pues eso de no querer trabajar más porque uno no se aburre no tiene tanto mérito. Yo hay veces que sí he estado aburrido como una ostra, por ejemplo un domingo por la tarde con la serie Embrujadas en la tele como mejor opción, y hay que tener dos cojones para seguir en el sofá, aburriéndose, sin hacer nada. Ahí es donde se ve la verdadera capacidad para no hacer nada y la vida interna que hay que tener para ello... Es la pasividad llevada al extremo. Otra cosa es como el epitafio "trabajador incansable", si uno no se cansa, ¿qué merito tiene trabajar? De cualquier modo, yo también suscribo lo de no currar nunca más, aunque seguro que alguna vez me aburriría, pero fijo que podría apechugar con ello. De todos modos la pereza está injustamente desvalorizada en nuestra sociedad hiperactiva de hoy.

Pol Baker -

Yo trabajo de médico y también me aburro toneladas trabajando. Nuestra vida no es como la de "Urgencias" o "Anatomía de Grey". Aquí no salvamos el mundo, nos dedicamos a dar cuatro partes de bajas, pedimos radiografías, tomamos la tensión y alguna otra cosilla.
Fuera del trabajo siempre hay algo que hacer, mientras los bares estén abiertos la diversión está asegurada.
Felicidades por el blog.

San Valero ventolero -

Ahora, "de viejo, gran rezador" es una cosa... una barbaridad muy bárbara, que diría Fofó.
No te preocupes por la presentación. Yo si fuese Pepín Bello, preferiría que hablasen los que no me conocieron. Por las dudas.

Mornat -

La presentación de un libro mío sería ya el colmo de la farsa, pero se agradece la generosa confianza.

cris -

Yo también iré, y pensaré que la próxima será a la presentación de un libro tuyo.
Yo tampoco me aburro, y necesitaría que el día tuviese 30 horas.

juanillo -

Gracias, por la respuesta.
Sobre lo del Zaragoza, yo tampoco lo se, solo que lo deseo.
Tampoco fui de la generacion del 27 ,ni 98 pues me pillaba estudiarlos cuando empezaba el calor y las chicas se ponian minifalda. Mi atencion no era la misma. Asi que si recitas algo y te vas por los cerros de Ubeda sera dificil que me de cuenta. Abrazos

Mornat -

Juanillo, saluda si quieres que no hay molestia. Eso sí, no me preguntes si el Zaragoza va a subir a la primera porque no tengo ni idea; ni me pidas que te recite a Vicente Aleixandre ni las Coplas por la Muerte de Ignacio Sánchez Mejías... Lo mío era el 98 y sobre todo Machado en la voz de Serrat: "Murió don Guido, un señor / de mozo muy jaranero / muy galán y algo torero / de viejo, gran rezador...", y tal.
Abrazos

juanillo -

Comparto contigo, la habilidad de no aburrirme nunca. POr fortuna para mi no me aburro ni trabajando y eso que igual tengo el mismo numero de ocupaciones que tú.
No te considero un farsante sino que igual tu no te valoras como los demas te vemos. Yo soy de los que compro el As, para leer tu cronica y a PLF tambien a L.A. Entro en tu blog, con frecuencia porque me gusta y me divierte y esta tarde ire a la presentación del libro a ver que nos cuentas. Seguramente no me acercare a decirte nada porque tampoco quiero molestarte, pero desde aqui decirte que no te considero un farsante de nada y si alguien que tiene un toque especial para contar cosas que me gustan sobre el Real Zaragoza o esta ciudad.
"Solo los tontos se aburren" yo por ese lado no lo soy seguramente por otro sera tonto del bote.

Soni -

Vaya, a mí el tema de la Generación del 27 es el que mejor se me daba, aunque con esto no quiero insinuar que debería ser yo quien ocupara tu puesto de esta tarde, jeje.
Mucha suerte y ánimo, 'farsante'.
Besos
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