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Piel de mármol

Piel de mármol

El David que esculpió Miguel Ángel ha regresado a la Academia de Florencia, pulido después de una limpieza de cara y cuerpo que le devuelve su blanco estricto. Una amiga australiana me contó que durante unas vacaciones en la ciudad, junto a su hermana, habían ido a ver al David en su palacio cada día. Todas las mañanas, las dos mujeres pagaban la entrada al museo y recorrían el camino hasta situarse a la espalda de la estatua. Allí, sin disimulo, muy australianamente, se recreaban en el culo bruñido, redondo. Después de una semana de visitas concluyeron: el mejor trasero masculino que jamás habían visto.

Yo también he preferido siempre este David a la versión de Donatello, aunque por razones más inconcretas... Después de oír aquella historia examiné la reproducción de la estatua que guardo en casa, mientras imaginaba a las dos chicas tomadas del brazo, mirando a la escultura con el labio inferior atrapado entre los dientes. Y me entristecí al pensar que el deseo de una estatua era como el deseo del hombre o la mujer que nunca serán tuyos, algo imposible de conciliar con la razón. Ahora la mujer encargada de la restauración advierte que la perfecta anatomía de David corre peligro: temen que un seísmo lo derribe y le van a hacer una resonancia magnética en los gráciles tobillos, como a los deportistas, para saber si aguantará. Cuenta que le han lavado la piel de mármol con agua y papel japonés. Todo esto se lo he dicho a mi amiga. Ella ha bajado la vista, como en un recuerdo, y se ha mordido un poco el labio inferior.

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1 comentario

lorena -

si ya sabía yo que el síndrome de Stendhal nació en Florencia. En el culo de Florencia, vamos.
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