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José Ángel (se va) de la Casa

José Ángel (se va) de la Casa


A José Ángel de la Casa lo han prejubilado. Como a un buen número de los narradores y periodistas que han contado el deporte en televisión en los últimos 30 años: Pedro Barthe (baloncesto), Pepe Ruiz Orland (lo extraño estos días en los Mundiales de natación), Gregorio Parra (extraordinario y apasionado contador del atletismo), Luis Miguel López (balonmano), Valentín Requena (lo único que me llamaba la atención de las motos eran sus crónicas in situ para el Telediario), José Recio (fútbol sala, remo y piragüismo, judo...) o Juan Manuel Gozalo (Radiogaceta de los Deportes en RNE). El expediente de regulación de empleo no se detiene ahí, alcanza a clásicos como Antonio Gasset (Días de Cine), o Rosa María Calaf, una de las mejores corresponsales imaginables, en Rusia, en Estados Unidos, en Asia-Pacífico... La edad ya no se lleva. La experiencia es cara. A la ingeniería financiera le trae al pairo el periodismo, una máquina de hacer churros para la que ya vale casi cualquiera. Yo tampoco echaré de menos a todos, a algunos sí. Pero siempre se fueron unos y quedaron otros que reconstruyen nuestra conciencia. De chico miré los deportes siempre con la voz del cadavérico Héctor Quiroga (aún recuerdo que el primer partido de la NBA que vi jamás, una final que los Celtics le ganaron a los Lakers en 1981 o 1982, la narró Héctor Quiroga); y por supuesto Juan José Castillo. A José Ángel de la Casa lo observo en ese mismo nivel de referencia. Esta noche ha contado el último gol de Iniesta con la misma calma descriptiva de siempre. Luego, con notoria incomodidad, se ha despedido así: "La Selección sigue, el fútbol sigue en Televisión Española con otros compañeros. Yo me despido de todos ustedes y permítanme que, después de 30 años, les diga que ha sido un placer y que espero que para ustedes también lo haya sido". Discreto y tímido hasta el último día, incapaz de sostenerle la mirada al ojo neutro de la cámara.

Tengo la impresión de que ponderar el estilo narrativo de José Ángel de la Casa es como jugar fuera y a la contra: a la gente le aburre José Ángel de la Casa. Su estilo sobrio, monocorde, ajeno a la estridencia o al vicio de sobreponer su voz ni sus comentarios a la acción, al juego. La serenidad ya no se lleva. Tampoco la sobriedad. Vivimos en la cultura de la risa y el entretenimiento, en el reino del trazo grueso y el descuido de las formas, en el tiempo de las fórmulas extremas, las opiniones militantes y el argumento ruidoso. Hay que ver el fútbol con el volumen bajito. Últimamente me descubro con frecuencia viendo los partidos por televisión sin ningún sonido, ni radio ni televisor. Los chicos del PPV, algunos de ellos, me resultan francamente molestos. Ha ganado el estilo radiofónico y el silencio no existe. Querido silencio... Parece que lo temen o lo aborrecen, de forma que rellenan los espacios muertos con profusión estadística, repaso veloz de la trayectoria de tal o cual jugador, consideraciones colaterales. Mera vacuidad parlanchina. No lo aguanto. Me gusta Carlos Martínez (Canal+), aunque enfatiza demasiado para mi gusto, y tiende a la grandilocuencia: su tono medio me resulta excesivamente alto. De los demás no me gusta ninguno. Ni Manu Carreño ni José Antonio Luque ni Juan Carlos Rivero ni JJ Santos. Salvaré a Paco Grande. De Andrés Montes no diré apenas nada, por afecto (lo conocí personalmente, de forma ocasional, y me pareció un tipo formidable, singular, apasionado y de análisis muy certeros) y porque me encantaba en la NBA. No me gusta en el fútbol por La Sexta. Le veo un problema de ritmos y contrapuntos: en el fútbol todo sucede más despacio que en el baloncesto, donde siempre está a punto de ocurrir algo que se anticipa al estilo apremiante de Montes; y sólo Daimiel (y antes Segurola o Luis Gómez) supieron entender que no podían intentar ser más graciosos que Montes, sino que el secreto consistía en la mezcla, en la oposición de estilos, en no seguirle la cuerda. Daimiel era el maestro en eso. Cuando Montes lo interpelaba con una de las suyas ("Daimiel, ¿por qué el novio nunca sonríe en las fotos de la boda? o "Daimiel, ¿por qué ya no nos miran las chicas?"), el otro hacía un agudo comentario técnico referido estrictamente al partido, o acudía a la crónica en rosa que tan célebre ha hecho. Eso dejaba la boutade flotando en el aire.

Por lo demás, en el fútbol contado por televisión ha triunfado el formato de la radio. A mí me gustaba el sobrio estilo británico, hecho de locución perfecta, un ojo velocísimo y la velocidad mental para definir con precisión matemática lo que está ocurriendo. Un punto de ironía al fondo de las frases. Y sobre todo, conocimiento del juego. José Ángel de la Casa (ex atleta y jugador de fútbol del Talavera, retirado por una lesión de rodilla) ha comprendido siempre muy bien el fútbol. Tal vez fuera eso lo que siempre lo ha llevado a un tipo de narración ciertamente piadosa con el futbolista, al que nunca juzgaba. Detesto las crónicas y las narraciones que se dedican a hacer juicios sumarios a los jugadores; se puede dar, pero ha de ser muy ocasional, en mi modesta opinión. Sobre todo hay que contar, ofrecer explicaciones, dibujar las líneas de fuga del partido, recrear la acción de un modo inteligente, preciso y ameno. Pese a su tono de voz de cadencia constante, José Ángel de la Casa lo conseguía. Nunca se permitió el error en el que sí incurrió otro buen narrador, Pedro Barthe: me refiero al escepticismo, al cansancio, al desapego. En su larga época final, Barthe contaba el baloncesto con un tono de déjà vu irritante, como si él ya lo hubiera visto y nada le sorprendiera, todo lo pillase de vuelta. El efecto involuntario para el espectador era que le estaban contando una rutina fastidiosa, exenta de secretos o emociones.

Los comentaristas han condicionado mucho a José Ángel de la Casa. Julen Guerrero y Julio Salinas son comentaristas de lo obvio. Me hubiera gustado verlo junto a Maradona, que en el Mundial dejó algunos comentarios portentosos, implacables en su simpleza, nada afectados y muy valiosos. Michel fue el que le puso al asunto más gracia. Era irregular, pero en ocasiones deslizaba algunas frases de un ingenio muy gráfico. Mezclaba genialidades como éstas: "Holanda está intentando tomarse la sopa por donde más quema, por el medio"; "Perrotta y Gattusso van a estar recuperando balones hasta septiembre"; o "Cada vez que hace una entrada Lima, sube el precio de la escayola"; y ésta: "El punto de penalti es un pozo de petróleo". O cuando Figo entró al campo en un partido con Portugal y desplazó de banda a Cristiano Ronaldo, la estrella incipiente: "Ha llegado el jefe y lo ha cambiado de oficina", resumió Michel. Luego, al contrario, podía recaer en un desmayo e incurrir en consideraciones crípticas, tan íntimas que sólo les veía la gracia él: "Portugal nos ha enseñado todo lo que hemos visto".

En fin... En el fondo, José Ángel de la Casa siempre me cayó bien, sin más. Por eso me entristece que se vaya y por eso hago este alegato. Algunos le envidiarán su prejubilación. Yo anhelo sus 26 finales de Copa de Europa, los ocho Mundiales, las nosecuántas Eurocopas. Y sobre todo, el 12-1 a Malta, el 5-1 a Dinamarca en Querétaro y el gol de Alfonsito a Yugoslavia en la Euro 2000... aquella vez que terminamos en el Periódico de Aragón subidos a las mesas de la redacción, revoleando bolígrafos abrazados a los comerciales, y besando a la secretaria del gerente, que nos gustaba a todos. Luisito, el guardia jurado de la puerta, corría despeinado por los pasillos: nadie atendía la centralita del diario.

[Foto: Los once de Malta. Camacho, Maceda, Goicoechea, Gordillo, Señor, Buyo; y abajo, Carrasco, Víctor, Santillana, Poli Rincón y Sarabia. El día que José Ángel de la Casa apuró el gesto, le salió un gallo mortal en el gol de Señor]. 

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10 comentarios

Jorge -

Plas, plas, plas... Me limito a aplaudir el análisis. Invita a comentar tantas cosas que mejor hacerlo de viva voz

Mario -

Per: no hay duda... José Ángel es un maldito pro americano. Al respecto del papanatismo deportivo en los medios (patriotismo no lo considero), te recuerdo lo que conté aquí mismo sobre los titulares de algunos periódicos tras los Oscar: http://ornat.blogia.com/temas/vivir-de-cine.php Abrir con dos Oscar menores ganados por españoles desconocidos, cuando Martin Scorsese (uno de los más grandes de la historia, como lo va a ser Phelps) acaba de ganar dos Oscar...
Jcuartero: yo también he visto los subtítulos en las transmisiones americanas de deporte. Son ese tipo de cosas obvias que sólo se les ocurren a los americanos, los tipos más pragmáticos que existen. Pero ni se nos ocurre admirarlos porque votan a Bush y son todos unos imperialistas... Aquí no tenemos nada que aprender de esa gentuza.

Per -

Bueno, sí, pero al final el deporte en las teles generalistas es lo que es. O sea, que hay un Mundial brutal de natación, Phelps bate el récord de Thorpe y la noticia es que una española ha llegado 4ª en su final (que sí, que está muy bien, que tiene mucho mérito, que bla, bla, bla). Verídico. A Phelps ni mencionarlo. ¿Gusta el deporte o gusta el patriotismo deportivo? (como si no tuviéramos suficiente con las motos) Por cierto, os recuerdo que a José Ángel de la Casa Blanca se le llamaba así por algo.

jcuartero -

El septiembre pasado vi en NY un partido de beisbol, un deporte que no me entusiasma, en la TV de un bar. La narración estaba subtitulada y por los altavoces del local se oía música country. En los subtítulos aparecían los comentarios de los dos periodistas que retransmitían, incluso cúando se preguntaban cosas. Sonido ambiente y subtitulado podrían ofrecer una imagen de versión original, o por lo menos te permitirían escuchar música aunque fuese country

alex -

Es cierto, hablemos de José Ángel de la Casa. Le pasa lo que a mí cuando trato de usted a alguien que no conozco; me miran raro. El respeto y la precisión en el uso del vocabulario no se llevan. Así que suelen ganar los que hacen ruido y gracietas ordinarias. Pero no nos preocupemos, la vida es una carrera de fondo y nosotros sólo una pequeña etapita en la historia de la humanidad.
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Mario -

Ya sabía yo que terminaríamos hablando de Montes y no de José Ángel... Lo del sentido lúdico me parece una buena observación, Alex. El del PPV al menos conocerá a los jugadores del Madrid. En los partidos del Zaragoza, las confusiones de nombres y hombres son constantes y a veces indignantes. El empeño en llamar Gabri Milito a Gabi Milito; las veces que se toma a Gabi por Diego y viceversa... Lo peor fue el día que nombró a Ewerthon cuando la llevaba Cani.
Match Point: te disculpo la sinceridad. Es normal. Lo que me sorprende es que termines alguno...Y te digo que estas cosas no se pueden publicar en los periódicos. De hecho, yo no leo ningún periódico casi ningún día. Me aburren enormemente.

alex -

Yo espero el día que pueda comprar un partido en PPV y me dé la opción de escucharlo sólo con sonido ambiente. Mientras, aguantaré al narrador y a Amavisca (es el que comenta los partidos del Madrid). Sobre Montes, el gran Montes, el problema es que el fútbol no se adapta a su estilo y además no es creíble. ¡Cómo va a disfrutar narrando un Celta-Levante! Es imposible. Además, el otro día, en el Barça-Madrid, va el tío y dice un "la vida puede ser maravillosa" después del segundo chicharro del Barça. Pues mira, no, para uno del Madrid, aunque aprecie mucho a Montes y entiende que no lo dice a malas, la vida no es maravillosa después de que te marque el Barça. Un partido como éste no tiene el sentido lúdico que para un español pueda tener un Rockets-Pacers, en el que sí cabe una digresión sobre la Tormenta Cato y sus cuentos para niños.

match point -

Sencillamente, impresionante. Mario, creo que lo has bordado. Como sabes, te leo de vez en cuando y (diculpa mi sinceridad) hay textos que en ocasiones no llego a terminar. Este artículo es de los que me gustaría encontrar entre las páginas de algún periódico, cuando con cierta pereza por lo previsible de los contenidos, miro los diarios cada mañana. Es una pena, estoy contigo, pero las cosas en el Periodismo y en los comentarios televisivos, han cambiado radicalmente. José Ángel es un figura y parece que con su adiós se cierra una época en las retransmisiones de fútbol. Oye, buenísimo lo de El Periódico... Me he reído mucho, como con las vacas a punto de volcar, porque con bastante aproximación, os he imaginado a todos.

Mario -

Eso es cierto y es lo que me ha empujado a mí hacia el silencio. Si tengo que contar yo un partido, no quiero que me lo cuente otro tipo a mí: quiero verlo yo. Siempre me sorprende la cantidad de periodistas que ven los partidos en el estadio con una radio en la oreja.

Gonzalo -

A mi madre siempre le parecieron absurdas las narraciones de los partidos. Su lógica es aplastante: en el campo no tienes a nadie en la oreja que te esté contando el partido.
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