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Somniloquios

Tontadas pocas

Tontadas pocas

Todas las quiebras del hombre se reúnen en su alma, que es una sustancia o materia o idea de extraordinario peso como concepto inalcanzable, pero muy ligerita si atendemos al experimento del doctor Duncan Mac Dougall en 1907: apenas unos decimales por encima de los 21 gramos, eso pesaría el alma de acuerdo a sus mediciones sobre una cama-balanza con varios perros y seis humanos, moribundos primero y muertos después. En esa liviandad que consume las penas y las hace polvo casi ingrávido debe residir la explicación de nuestra capacidad para sobrellevar las quiebras. Uno puede vivir con una uña rota, con un diente roto y hasta con una existencia rota. La noche que cumplí 18 años me entrompé tanto que caí largo en la rampa de un garaje, por culpa de un calzado veraniego de escasa tracción y del bamboleo indecente de mi cabeza. A resultas del trompazo me partí las dos palas y su reconstrucción ha tenido una vigencia casi exacta de 20 años. Esa noche sollocé beodo en la cama preguntándome "por qué a mí y por qué yo", un absurdo joven sin chica y sin dientes, por qué la primera de las mujeres de mi vida había decidido dejarme y ahora me rompía varias piezas del mueble bar por mi mala cabeza, hechos tal vez relacionados en un orden trascendente. Luego hubo que reponerlas. Es lo que hay que hacer siempre, reponer. Los dientes y lo que caiga.

La costumbre hace al hombre indulgente con sus quiebras. Yo mismo llegué a olvidarme de la terrible imagen que al principio me encontraba en el espejo, desdentado en la primera línea de la sonrisa, con ese arco puntiagudo cuya cavidad abovedada no dejaba de acariciarme con la punta de la lengua. Después de mucho mirarme acabé por no extrañar lo que me faltaba. Ahora me ha pasado lo mismo, y eso que ando en un periodo en el que tengo la indulgencia de rebajas, conmigo mismo para empezar y desde luego con el resto del mundo. Un periodo que podríamos definir con esa frase preferida de nuestro último héroe, Ander Garitano: "Tontadas pocas". Y es así. En estas fases procuro un mínimo contacto con el mundo main stream, encarnado de forma inevitable en los medios de comunicación. De la televisión me estoy quitando. En estos últimos meses casi no he visto la televisión, primero para no enfadarme mucho y segundo porque no puedo evitar esta extravagante idea: no soporto que otros, unos desconocidos, decidan lo que yo puedo ver a cada hora. Es decir, no admito el concepto de programación ni el de programador. Quiero decidir yo y estoy esperando al invento de la televisión alephica, un aparato en el que esté absolutamente todo, totalmente todo, catalogalmente todo, todo, todo. De forma que uno pueda elegir y ver lo que quiere en cada instante, no importa la época ni el tema, con sólo pensarlo y a través de una conexión wireless entre el pensamiento y el electrodoméstico luminoso.

Lo que más se acerca hasta ahora es el binomio YouTube/YouPorn, con los que uno se puede armar noches temáticas sin necesidad del Canal Arte y con muchas más posibilidades. Bien complementado con una librería, la deuvedoteca y el cine, uno puede agarrar el televisor y calzárselo en la cabeza al desgraciado que prefiera, como Henry el de Henry, retrato de un asesino. Pero todo es imperfecto: he buscado en YouTube esa escena de Henry..., para meterla en un enlace, y no la encuentro. Tampoco en YouPorn, claro. A cambio, he visto a muchachas muy cariñosas entre sí sin motivo aparente y a otra capaz de hacer con un bate de béisbol lo que Babe Ruth jamás hubiera soñado. No os conmováis. El sexo es el negocio que más dinero mueve en el mundo, en todas y cada una de sus innumerables vertientes. Incluso por delante de los estupefacientes, que ya es decir. Y no nos pongamos estupendos porque la cosa es así y participamos todos. Yo no señalo, anoto: aparece la esfinge Carla Bruni en un anuncio sin ropa (sin Sarko y sin enseñar nada, salvo los alrededores de su piel y un par de lánguidas curvas hacia el oscuro) y es portada en todas las páginas de la red. Que la policía no es tonta.

El caso, a lo que iba: la indulgencia. Indulgencia cero, con lo poco que me gusta esa expresión tan socialista. Pero estoy que no paso una. Ejemplos... Últimamente se lleva mucho el periodista-tipo soy estrella pero siento esta profesión y me voy a hacer reportero intrépido de calle como tú becario que no ves ni una pero yo en plan estupendo y de paso que doy un par de clases de periodismo gratis me levanto la audiencia y un pastón que te cagas. Muy extendido. Seguro que el género no se lo inventó Mercedes Milá, pero por aquí igual fue la primera. En este país no inventamos nada, periodísticamente hablando, pero somos especialistas en la adaptación cutre. Milá era un ejemplo. Luego se puso Gabilondo. El otro día, no sé cómo, vi a Angels Barceló haciéndose la interesante con uno de esos reportajes-documentales en los que nos traía a los espectadores una jugosa historia: el negocio de los secuestros en Brasil. Atendí un momento. Cuando vi aparecer a Donato (sí, el ex jugador del Deportivo) entre los entrevistados, sospeché algo. En esas, Angels (modelo de periodista estrella, azote del Prestige, uno de los rostros corporativos de la Ser), le hizo esta pregunta a Donato: "Lo que más me llama la atención de Brasil es cómo, siendo el fútbol allí una cosa sagrada, los secuestradores se atreven a secuestrar a futbolistas o a sus familiares". Me quedé tieso en el sitio. Donato le vino a contestar, en resumen, esto: "El fútbol es así". No lo sé bien porque apagué la tele o cambié de inmediato. Una pregunta como esa hace volar por los aires mi indulgencia, que con las estrellas del periodismo es exactamente ésta: cero. Ninguno estamos libres de preguntar una estupidez sobre la marcha. Pero cuando uno edita la entrevista, se da cuenta de inmediato: "Aquí he estado sembrado, macho... Fuera esta pregunta que quedo como un tonto". A Angels le debió de gustar. Yo apagué. Ay, el periodismo. Hundiremos otro Prestige pronto, a ver si nos centramos.

Luego me enfadé con El País, y a mí enfadarme con El País me duele porque le debo años y años de excelente periodismo que recortaba, guardaba, leía, releía e imitaba hasta encontrar mi voz. Le debo a Relaño en los 80, a Luis Gómez en los 90, a Segurola hasta hace poco (antes de que escribiese de fútbol subido en un pedestal; ahora lo disfruto más en el Marca, donde ha rebajado el tono), a Leontxo y sus inigualadas crónicas de ajedrez (no puedo olvidar la serie de Kasparov contra el ordenador Deep Blue, "el pérfido silicio azul"), las columnas de Maruja Torres (antes de enloquecer de irónico progresismo marchito), los articuentos de Millás (antes de enloquecer de irónico, y tristón, progresismo marchito), la luminosa nostalgia de Manuel Vicent, el magisterio de frases enredosas de sentencias de Ángel Fernández Santos y lo vivo que por oposición me mantenía leer al insoportable Haro Tecglen. Queda la colección de Libros de Aventuras y Libros de Serie Negra, policiacos, las dos excepcionales, que quiero como he querido pocos libros en mi vida. Sobre todo quedan las crónicas de toros de Joaquín Vidal, el mejor cronista que leí jamás en España en cualquier género. Pero esos años ya pasaron. Queda Carlos Boyero (recién llegado), reclamo que ya no es suficiente para un hombre que se está haciendo mayorcito como yo.

Me enfadé con El País y su colección Los 26 Mejores Directores de la Historia del Cine. Cuando oí el anuncio de la promoción en la radio, nombraban a Orson Welles, a Hitchcok, a Fellini y a... Almodóvar. Ahí me dieron. A mí ya me parecía rara una colección de los 26 mejores, porque 26 es número poco redondo. Deduje que alguien debió decir: "Oye, súbela de 25 a 26 y metemos a Almodóvar". Pero no, seguramente metieron a otro y Almodóvar estaba entre los primeros. Yo pensaba comprarme la colección. De hecho, el domingo me agarré Ciudadano Kane, aunque ya la tenía. Así pude consultar quiénes iban a ser "los 26 mejores directores de la historia del cine", según El País. ¿Los queréis leer? Ahí van: Orson Welles, Clint Eastwood, Woody Allen, Francis Ford Coppola, Stanley Kubrick, Martin Scorsese, Federico Fellini, Pedro Almodóvar (!), Tim Burton (!!), Billy Wilder (creía que no saldría nunca, joder qué descanso), Ingmar Bergman (aquí empieza a notarse la mano de Cahiers du Cinema, revista muy aburrida sobre una cosa tan divertida como es el cine), Alfred Hitchcock (apuesta segura), Andrei Tarkovski (!!!), Jean-Luc Godard (!!!!, sí, lo siento pero... !!!!), Buster Keaton (ah... y por qué no D. W. Griffith, si es que vamos a los orígenes), Roberto Rossellini (!!!!!, ¿cuánto falta para Pasolini?), Luis Buñuel (ay pitera), Jean Renoir, François Truffaut (!!!!!!, vive la France!), Kenji Mizoguchi (no podían faltar los asiáticos), Akira Kurosawa, Sergio Leone (!!!!!!!!!), Sergei Eisenstein (de Catón), Charles Chaplin (uf, qué susto), Fritz Lang, David Lynch (mira que a mí me gusta pero... ¿sería éste el 26? O sea: !!!!!!!!!!!!).

No voy a extenderme en consideraciones. Podría nombrar a muchos que convierten en ridículamente afrancesada y culteranista esta patética clasificación. Comprendo los motivos promocionales, pero no sé cuánta gente a la que verdaderamente le guste el cine se compraría El País por ver una película de Rossellini antes que una de Howard Hawks, Anthony Mann, Raoul Walsh, Steven Spielberg, Frank Capra, George Cukor o Ernst Lubitsch. Los acabo de nombrar al alto, sin pensar mucho. Me pregunto qué hace ahí Sergio Leone antes que cualquier western de Hawks o Mann o Delmer Daves o hasta el gran Sam Peckinpah, si nos vamos a lo fronterizo o al oeste crepuscular o a las películas de guerra y de culto (La Cruz de Hierro o La Huida... todos de rodillas, por favor), o bien si queremos justificar la elección en una proposición de lenguaje cinematográfico diferente (cosa que explicaría a Godard y puede que también a Buñuel, al que tengo en altísima consideración). A mí los transgresores no me interesan tanto como los artesanos. En fin, que si pienso cinco minutos se me vienen a la cabeza cincuentamil directores más. En la selección de películas ya no entro. De Kubrick, for instance, dan La Naranja Mecánica, que para mí es la peor o en todo caso está tan trasnochada que no le llega a la suela de los zapatos a 2001, o a Senderos de Gloria o a Atraco Perfecto. Pero bueno, los derechos no sé yo... son cosa difícil y ahí no entro.

Sólo diré esto: lo peor no es que esté Almodóvar y sus películas para el tercer género y los sentimentaloides del segundo y el primero. Lo peor es que no está John Ford, lo que invalida el conjunto como la preguntita de Angels. Y yo por ahí, señores, no paso: con Ford y el cine, tontadas pocas.

[N. del A.: Ya sé que este somniloquio es largo de cojones. El que quiera que se lo lea por capítulos. El que no, que abandone. Es para compensar los largos días de silencio. La foto son Hitchcock y Truffaut. El diálogo silencioso sería éste: "Alfred, ¿has visto que El País me incluye entre los 26 mejores directores de la historia del cine? No me mires así que también está Almodóvar, tú...". Y razón no le falta: entre Los 400 golpes y Pepi, Lucy, Bom...

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14 comentarios

Gonzalo -

Una de las grandes frases de "Espartaco":
"Los gladiadores no tenemos amigos. Si un día nos enfrentan en la arena, tendré que matarte"
Y no toquemos lo de los caracoles y las ostras, que acabamos en la montaña del trasero roto (traducción libérrima de "Brokeback Mountain")

Mornat -

Ahí le has dado: este Somniloquio iba, en el fondo, de eso. Los estragos de la edad. La lista era una excusa al pasar...

Gonzalo -

Lo primero que hizo ese diario fue independizarse de la mañana. Y justo después, se arrogó la verdad absoluta.
Desde entonces, no opinan: sientan cátedra. Y al que discrepa le queda ser un facha o un analfabeto. Porque lo dicen Ellos. Con mayúscula.
Me da absolutamente igual su lista de lo que sea.
P.D.: ¡Qué mala es la edad! Antes perdías los dientes en las juergas, y ahora comiendo pipas.

Mornat -

Mira, con Munich me has nombrado otro tema de alta sensibilidad. La reví el otro día y me pareció tan buena como me pareció la primera vez. Y me parece que el tiempo la juzgará en su estatura por la vía de la perdurabilidad, que es la única válida. Pero no... había que hacerse en su momento el cachondo y proclamar Brokeback Mountain como la gran película del año, porque iba de vaqueros homosexuales. Ang Lee es otra de mis peleas interminables. Nadie recuerda Brokeback Mountain como nadie recuerda Shakespeare in Love... porque no había nada que recordar, simplemente. Salvo las actuaciones de Heath Ledger (que se acaba de morir en su apartamento del SoHo, por cierto) y Jack Gyllenhaal. Por lo demás, me pareció un coñazo sentimentaloide muy propio de Ang Lee, otra batalla perdida por mi parte. Pero cada vez que ves Munich, las escenas de los asesinatos resultan demoledoras, vibrantes y acojonantes en cuanto a que acojonan de verdad. A mí Munich me parece excelente. Y el día que alguno de los nombrados haga La Lista de Schindler, que le tosan a Spielberg. Pero no... Para El País hubiera sido demasiado. Y me olvidé de nombrar Espartaco entre las inalcanzables de Kubrick. Ahí sí que hay homosexuales con diálogos como Dios manda. Una línea de Espartaco vale por todo el libreto de Ang Lee. En fin, que el cine es como el fútbol: que todos sabemos mucho o no sabemos nada.

Jeremy North -

Si, hombre, sí, que tienes buen gusto cinéfilo, no te hagas el modesto. Que no aparezca John Ford es un delito de progre, de esos arranques que tiene "El País" para ser más abierto a las tendencias desconocidas que nadie. Por eso aparecen franceses coñazos, japoneses que no conoce casi nadie y menos mal que no les ha dado por el Kiorostami, Manoel de Oliveira y Angelopoulos, porque sería la colección ideal para la siesta.

¿Dónde está Spielberg?. Mi gran pregunta... ¿es que no es progre una película como "Munich"?.

Joer, yo también me acuerdo de la escena esa de "Henry, retrato de un asesino", cuando destroza la cabeza de un usurero árabe (creo) el bueno de Henry con un televisor y luego lo enchufa y falla la transmisión, cojonuda. Es una de mis escenas de violencia favoritas, junto con una de "Casino" o cuando se ve en los "Soprano" como Tony y el sobrino cortan a pedacitos a Ralph Ciffaretto.

Mornat -

A ver si bajamos el tono, que me estoy poniendo nerviosito, nenes. De autoridad cinéfila tengo poco, Soni, aunque te agradezco el afecto del calificativo, si lo hubiere. Soy apenas un aficionado, y esto lo digo sin falsa modestia, es la verdad, un aficionado inconstante pero crítico, que ha querido disfrutar el cine de forma especial. Si viniese cualquier 'autoridad cinéfila' de verdad por aquí (y me consta que alguna aparece de cuando en cuando y echa un ojo) podría dejarme a la altura del barro. Lo mío no pasa de preferencias personales expresadas con mi exageración habitual. Pero mientras nos entretenga...

Soni -

Nah, me lo he leído de un tirón. En el fondo los somniloquios largos que empiezan hablando de un tema y pasan por otros para acabar con otro diferente, son los mejores. Buena la foto y la valoración de la clasificación de 'El País'. Con una autoridad cinéfila como tú no se ven igual esas listas!
Saludos!
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Nuha -

¿Fatigando? ¡Ni hablar, estoy disfrutando mucho! Mi único pecado es haber llegado con dos años de retraso... Enhorabuena por el blog.

Mornat -

Nuha, tú has perdido tu diente de leche. Yo lo perdí de una leche. Perdí dos medios, es decir: técnicamente, uno entero. Se partieron en arco apuntado, como en la arquitectura mozárabe. El otro día, mientras veía al Zaragoza arrastrarse contra el Racing, se me desprendió el viejo arreglo. La doctora dice que fue por comer pipas, pero yo lo tengo por desprendimiento psicosomático a la vista del baño que nos estaban dando los cántabros. Ya me lo han repuesto, sí. Gracias por la profusión, variedad y entusiasmo de tus comentarios aquí y allá. Compruebo con gusto que andas fatigando las esquinas de Somniloquios.
Per, qué nos vamos a contar, qué vamos a decir que no sepamos. Esa vieja costumbre de que sea el director el que haga las entrevistas a los presidentes, por ejemplo... ¿En qué lugar deja a los periodistas que se ocupan de esos temas y hacen las entrevistas los 364 días del año restantes?

Davicius, repetimos: "El personal de Somniloquios no se hace responsable...".

Abrazos a todos.

Nuha -

¿Eso quiere decir que ya tienes tu diente entero? ¡Enhorabuena! Yo acabo de perder mi último diente de leche y, oye, le había cogido cariño, ¡que son ya muchos años juntos! Di que espero con gran ilusión al rezagado, deseando que sea presagio de la llegada de tiempos mejores, pero en el fondo temo que con él se haya ido definitivamente lo que queda en mí de niña, y no sé si podré, como tú, acabar por no extrañar lo que me falta...

Per -

Sólo hay algo más insoportable que los periodistas estrella. Son los periodistas estrellitas (vamos, la versión local; los otros, por lo menos, hablan del Prestige, éstos no pasan del mejillón cebra). En cuanto veo que se entrevista a un periodista (!!!!!!!), ya desconfío de él.

davicius -

De la medición del alma al coleccionable del País: una entrada estupenda. Dentro de poco tus lectores te vamos a pedir que publiques un libro basado en el blog, como hacen los "periodistas-tipo soy estrella" ;-) Abrazos..... Ah, en el listado de Directores, ¿no aparece Mariano Ozores? Saludos

Mornat -

El personal de Somniloquios no se hace responsable del entusiasmo adictivo expresado en algunos comentarios, como el precedente.

Cris -

Que razón tienes en TODO. Mañana me lo leeré entero, he empezado por el último capítulo, no lo he podido evitar, 26 mejores directores de cine... Últimamente sólo leo tus somniloquios... estoy enganchada a ellos.
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