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Somniloquios

Un oso en el bosque de Bruil

Para Patricia, con todo mi amor, en el día de su cumpleaños

 

Hubo una vez un oso que pasaba las noches y los días enjaulado en el parque. Durante la mañana caminaba de un extremo a otro de la jaula, repasando su pelambre contra los barrotes. Rozaba el muro de un lado con el hocico y después giraba para caminar hasta el opuesto, mirando de reojo los contraluces del bosque bajo el sol más alto. Cumplía esa rutina con la obstinación de un anciano avisado. Un preso. Y una playa y el mar imposible afuera. Las tardes, sin embargo, le acobardaban el espíritu. Entonces decidía sucumbir en un sucio ovillo afligido, y así miraba caer el día mientras el día lo miraba caer a él. De cuando en cuando tomaba agua de un pozo sin forma ni profundidad, que le devolvía imágenes de su instinto en desorden. A veces se ocultaba para no ser visto, para no ver. A veces no estaba. A veces lo recuerdo extrañado.

 

Ahora el oso ha vuelto y mira al sol desde la fachada de una guardería. Lo han pintado liviano y dichoso como un espíritu, como una nube. En la pared lateral se ve la entrada a su cueva, que culminan un enorme tarro de miel y el cartelón con su nombre, que no es en realidad un nombre sino un recuerdo. Preferiría que las maestras les contaran a sus niños este cuento con un final feliz, para rebatir la memoria de todos los chicos que hace 30 años íbamos a mirarlo en su jaula, deseando confusamente que escapara. Como el león de Bioy por los bosques de Palermo. Un oso en el bosque de Bruil. Y los niños, otra vez.

 

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3 comentarios

mari -

bueno, no me agrada los cuentos donde los animales se sienten prisioneros es desagradable gozar con el ensierro de un animal en una jaula prefiero verlos correr en su bosque lejos de nosotros los captores ningun final es feliz si el ser que vive termina enjaulado .
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pat rizia -

Gracias por el post, durante mucho tiempo creí que la angustia de la osa sólo la veía yo,menos mal que éramos muchos, he cogido algunos datos que das para escribir mi propia versión de la historia.

lorena -

la angustia de/con aquel oso, madre mía...
Felicidades, Patricia. Y gracias por traérnoslo de nuevo.
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