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Perla

Perla
Perla se ha ido de viaje. No la veré en una semana y no me aventuro a llamarla. Se ha marchado al extranjero, a unas cortas vacaciones, con una amiga. Prefiero que nadie sospeche que mantengo un contacto secreto con ella. Perla sabe guardar discreción, sabe guardar nuestro secreto que consiste en esto, en nada, en estas palabras y apenas mi pensamiento. Aun así la extraño, extraño verla. No sé por qué habría de desearla, pero lo hago de una forma muy nítida. Es puro deseo: hay algo en ella que no me gusta, quizá el labio superior demasiado alto, quizá esa forma perezosa de ignorarme o de no hacerlo, un cierto pálido desinterés. Pero imaginarme que la tengo me enerva. He pensado largamente, en las horas en que Carla duerme o no está en casa o miramos juntos el televisor en silencio, qué busco exactamente en Perla. Porque en la sola hipótesis oculta de una relación con ella ya agrego algunas objeciones, lo que en teoría invalida mi interés. Pero hay algo en esa mujer que me empuja hacia ella, o hay algo en mí que quiere poseerla. Su juego es circular e indescifrable. No cede y sin embargo retiene despierta la cuerda al otro lado; llama, escribe, no la veo fuera de su balcón o de la escalera, ella guarda la distancia, pero al mismo tiempo nunca revela o traiciona mi posición. De algún modo, me protege y no sé por qué lo hace. Quiero suponer que algo le intereso, y que otro algo más intenso o más verdadero la retiene. No sé si ese algo tiene el nombre de una persona.
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1 comentario

pabs -

Precioso
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