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Somniloquios

Victoria justa, justa victoria

Victoria justa, justa victoria

Real Zaragoza, 2-Osasuna, 1
4ª jornada de Liga

Diego deshizo el empate con un penalti l El Zaragoza sufrió, inspirado por Aimar y Matuzalem l Golazo del brasileño l D'Alessandro acabó de levantar al equipo

Esta victoria del Zaragoza fue tan justa como justa fue la victoria. El falso palíndromo significa que el triunfo lo construyeron a medias los méritos y el sacrificio del Zaragoza. Quedó resuelto por la vía sumaria del penalti, uno de esos penaltis que levantan preguntas airadas de los jugadores al árbitro y preguntas capciosas de los periodistas a los entrenadores. Demasiado indefinido, pero algunos árbitros tienen esa facilidad innata para convertir lo confuso en cierto y lo evidente en ambiguo. Diego Milito agarró un rechace de pin-ball en el área y Plasil fue abajo con urgencia. Milito hizo por golpear el balón y encontró carne contra carne. Medina no dudó. El penalti es jugada ventajosa y definitiva (la denostaban los antiguos por innoble) pero hay que saber tirarlos. Diego lo ejecutó de miedo.

El Zaragoza había hecho una cosa bien: no resignarse a que el partido se le muriera en los pies, tal y como amenazaba la primera parte. Supo progresar desde la obvia imperfección que aún lo acecha; se sobrepuso a su escaso ritmo del primer tiempo, y al deseo de triunfo le dio el correspondiente vigor. Por más que se empeñen, no se trató del cambio de sistema. Víctor dirigió ayer de verdad con una precisión insoslayable para el comentario. Cuando entró D'Alessandro, activó levísimas y sutiles variaciones sobre el mismo fondo: Matuzalem se aproximó  al medio, al costado de Luccin, y desde ahí la pelota salió más fluida. Eso solventó un problema básico en el primer periodo. D'Alessandro se abrió al costado. Y Aimar siguió por delante del medio campo. Zapater sí cerró al Zaragoza en 4-4-2. Era ya el minuto 80.

Donde de verdad el Zaragoza cambió fue en la actitud, en el ritmo, en la intención de mover la pelota y mover el culo, con perdón. Eso fue lo decisorio. Para empezar, los de atrás se entonaron todos, incluido Diogo, que había hecho otro primer tiempo para preguntar y preguntarse. Incluido Ayala, algo premioso en algunos cruces en la primera mitad y mucho más compuesto en la segunda. Desde luego el poderoso Juanfran y sobre todo Sergio, que se elevó a la mejor altura descontando balones por arriba y llegando a todo en la hora precisa. Sergio se puso tan exacto que parecía suizo. Si en ese estado de iluminación lo dejan en la plaza de España es capaz de agarrar todos los autobuses a la vez sin perder ni uno solo.

El agitador
El resto lo hizo D'Alessandro,  que agregó con su entrada la agilidad precisa. D'Alessandro tiene dentro un agitador profesional. Para casos como el de ayer, estamos ante un futbolista sin valor calculable: va, la quiere, la agarra, electrifica los pies, viene otra vez, tira una boba, exagera una caída. Un pirómano gestual que pone en su fútbol la exageración necesaria para convertir el juego en experiencia colectiva. Y transmisora.  Esos detalles hicieron la victoria, balsámica. Osasuna recorrió el camino opuesto al Zaragoza. Se encerró en la jaula del empate y tiró la llave. Había igualado el gol maravilloso de Matuzalem a base de orden, concierto, esfuerzo y una volea soberbia de Juanfran.  Ziganda ha hecho una interesante transformación en Osasuna, ahora un equipo paciente y curioso con la pelota, pero tiene un agujero arriba. Kike Sola corrió mucho y pensó poco; Pandiani le hizo a su equipo las transiciones, pero no entró al área. Osasuna quiso suprimir el continuo espacio-tiempo para jugar con la ansiedad del Zaragoza. Trató el empate como si fuera oro. Cuando necesitaba el tiempo que había perdido de forma conspicua, no encontró un solo argumento.

Si el partido dejó un recuerdo es el de Aimar y Matuzalem, que le entregaron al juego toda su virtud. Su reunión en el 1-0 fue como si se encontraran otra vez el saxofonista Stan Getz y Joao Gilberto, en aquel álbum que cualquier hombre con corazón debería escuchar al menos una vez por semana. El toque, la pared, el subrayado del recorte del brasileño en la entrada del área y esa finalización tenían la misma melodía delicada de La Chica de Ipanema. Estos dos no juegan al fútbol, éstos hacen música.

Diario AS, 24 de septiembre de 2007
www.as.com

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5 comentarios

zaragocista -

Mario, no es contradictorio que tú equipo,al que nunca quieres, te haga pasar verguenza como me la ha hecho pasar hoy???Qúe horror!

Un abrazo.

joan carles -

Encantado de entrar por primera vez. yo sí estoy de acuerdo en todo, sobre todo en Aimar, el rombo y su capacidad inmensa de hacer cosas que muy pocos aprecian. Por eso, yo siempre he creido que es infinitamente mejor de lo que se dice. Y con una enorme eficacia. Claro que vale la pena jugar a su alrededor. En otro sitio he hecho mi análisis del rombo y me encantaría que lo comentaras.¿Es posible?
Es que la cantinela del fracaso del rombo, y del lodazal, es una -esa sí - gran mentira en la que estamos cayendo, dirigidos por una vorágine incomprensible.
El 4-4-2 es lo de Murcia. Con un Matuzalem absolutamente desconectado de todos, sin saber que hacía con los mediapuntas, lejísimos de Aimar y, como es lógico, aún más lejos de Oliveira, que era a quien intentaba pasar.
El lío éste del rombo lo que hizo fue funcionar. Y el gran perjudicado que, según se dice, es Matuzalem, jugó magníficamente en la primera parte de Osasuna. E hizo la jugada del gol. Lo que había cambiado, propiciado por el sistema, es que se encontraba con Aimar. Y se entendían de maravilla. El único problema es que Osasuna empató. No por culpa del rombo, sino de un lamentable error de marcaje que se habría producido con el rombo, el 4-4-2 o la biblia en pasta. Otra vez, lo que falló fue la concentración de una defensa que no está a la altura. Y, claro, vinieron los nervios y se empezó a fallar. Aunque Aimar siguió tirando del carro. Después sale D'Ale: lógico, porque se trata de atacar que hay que marcar. La sustitución de Gabi por D'Ale está preconizada por quienes defendemos el rombo -o el trivote- desde el principio. Es más, yo he defendido siempre que, al menos en casa, D'Ale debe jugar de inicio y hacer más rombo.
De modo que TODOS, no solo Aimar, pueden salir favorecidos y potenciados con una adaptación mínima. Matu, porque se adelanta su posición, puede combinar con Aimar y está más cerca de la mediapunta, donde se mueve muy bien,mucho mejor que si le dejas en el doble pivote, donde ayuda en defensa pero se pierde en construcción. Y Matu y Aimar , -lo he repetido, pero es que la frase me ha salido bien, me gusta- no se suman, se multiplican. Y D'Ale puede seguir en banda, donde rinde, y también se beneficia mucho más en su juego de la presencia al lado de Aimar. Y si no, ahí está la pared que hacen que acaba en el penal a Diego, para demostrarlo. Por fin, los delanteros reciben del enganche en condiciones magníficas, y de los volantes _Matu y D'Ale- desde el exterior.
Si, encima, los laterales suben -que tienen que subir- hay cinco puntos de alimentación para los puntas . Si está Sergio, además puede ser él el que facilite al lateral acercándose él hacia la banda para facilitar el centro. Pero Oli y Diego eso también lo pueden hacer.
Los nombres pueden rotar, puede haber variaciones, reforzarse el ccentro y dfensa, con Gabi o Zapater por D'Ale, reforzar el ataque con éste, combinar los puntas, jugar con un solo punta. Hay muchas variaciones. La única que falla es la sustitución de Aimar porque se ha visto que nadie lo puede hacer, salvo que D'Ale sea recuperable como enganche. Y, si se va ganando, al final, para recular, se puede ir al doble pivote retirando a Aimar. Pero sólo en ese caso. Todo esto, estoy seguro de que es lo que Victor pretende. Y Aimar -eso lo ha declarado VF muchas veces- interpreta, entiende y ejecuta a la perfección ese sistema.
Al 4-4-2 se fue el año pasado, como mal menor, no porque el entrenador quisiera, sino porque el pivote fallaba. Con Luccin, Matu al quite, o Gabi al quite, sí se puede. Sí que estan los jugadores. Diogo y Juanfran -o quienes sean los laterales- se pondrán mejor, y todo funcionará. Contar con Aimar de enganche es un auténtico lujo. No se trata de favorecerle a él. Favorece a todo el equipo. Y a Matuzalem el primero. Y a D'Alessandro, también le va a beneficiar en calidad de juego -aunque a lo mejor juegue algo menos de tiempo, porque está Gabi que, sobre todo, fuera, parece el destinado a ocupar el vértice derecho. Hay sitio para todos; bueno, para todos los que cuentan, con uno u otro sistema para Victor. Que, dicho sea de paso, serían los mismos si yo fuera entrenador de este equipo.

Y un pequeño estrambote: volver al 4-4-2 es dar por bueno el sexto puesto del año pasado. Apostar por el cambio es una apuesta valiente que, con los mimbres que hay, nos ha de conducir a la Champions. Deseo más que espero que Victor aguante. Y que Aimar esté en buenas condiciones físicas. Si Pablo no estuviera, queda en la recámara el 4-4-2, entonces sí. Salvo que Oscar demostrara ser capaz de hacer todo lo que le toca al enganche. O Andrés que es el que, naturalmente, habría de sustituir a Aimar como enganche. Lo del Aris tampoco ha de ser definitivo.
Y también esta matu, que puede ir a la media punta. Pero sólo cuando no esté aimar. O no se le espere.

Mornat -

Bueno, a mí lo que me parece sorprendente es que sólo sea LA PRIMERA crónica en la que no estás de acuerdo. Me doy por muy satisfecho, pero en realidad mi deseo no es que la gente esté de acuerdo o no (porque yo puedo equivocarme con bastante frecuencia), sino sobre todo que le guste leerla. En todo caso, creo que no estamos tan en desacuerdo, salvo por matices y preferencias personales. Ya verás por qué:
1) Estoy de acuerdo en que el rombo (estoy hasta los ous de hablar de rombo y 4-4-2 y mandangas, por otro lado) sólo tiene sentido con Aimar. Es un sistema fabricado para él. Si a ti te parece que no es decisivo, ahí viene la diferencia: para mí, ahora mismo, Aimar ha demostrado en los dos últimos partidos que es el jugador diferencial en el ataque del Zaragoza. El domingo volvió a estar implicado y a generar casi todas las jugadas que pudieron ser gol. Creo que el Zaragoza no se puede permitir perder a ese futbolista en la banda y que, sólo por eso, merece la pena considerar el rombo de los coj... como una posibilidad plausible, no como una cabezonería. Otra cosa es que Aimar no sea la solución a todos los problemas del Zaragoza, que por ahora son unos cuantos y van bastante más allá del rombo o el 4-4-2, y tienen que ver también con zonas del campo de las que todavía nadie ha hablado y todo el mundo da por fantásticas. Otro día hablamos del gobierno.
2) El robo de la pelota fue exactamente un gran problema de la primera parte, como tú dices. Pero el robo de la pelota no depende sólo ni se mejoró sólo porque Matuzalem se aproximara a Luccin, que también. Se logró porque todos subieron la presión diez metros y porque todos mejoraron su agresividad y porque todos usaron mejor la pelota. Lo que más activó el brasileño fue la salida del balón. Si yo califico esa variación de sutil cambio es para explicar que, por más que todo el mundo vio un cambio de sistema con la salida de D'Alessandro, no hubo tal. Y lo contrasté después con los técnicos. Lo que hubo fue la variación de abrir más a D'Alessandro a la banda (más que Gabi,quiero decir) y la de acercar a Matuzalem a Luccin. Desde luego, obligatorios eran, como dices tú, porque en la primera parte no vimos una castaña.
3) Si usted me habla de Aurelio Gay, yo me tengo que arrodillar o poner genuflexo, que dice un veterano narrador radiofónico. Gay era el tipo de mediocampista que ya casi no existe. Fino, trabajador y con gol. D'Alessandro es otra cosa. Pero aquí creo que hay una cuestión fundamental. Tú expones tus razones para que no te guste D'Alessandro. En el fútbol intervienen mucho los gustos. Yo también tengo mis preferencias, pero no puedo juzgar lo que hacen los futbolistas en un partido según mis preferencias o según opiniones absolutas. Generalmente, procuro evitar las opiniones absolutas en las crónicas, las positivas y las negativas. D'Alessandro puede gustarme, o no, pero tengo que valorar lo que hace en un partido determinado o en un momento determinado sobre el campo. Y en este partido su salida tuvo un peso psicológico y también futbolístico, por su modo de jugar y de ser. Es lo que refleja o quiere reflejar lo que escribo sobre él. Como también tuvo el mismo efecto catalizador esa presión alocada que hizo Diogo en una banda, cuando persiguió a varios jugadores fuera de zona y de toda lógica: no venía a cuento, pero ese comportamiento reactivó al equipo y a la gente. Son cosas que ocurren en los partidos.
3) Y sí, Aimar trabaja mucho más de lo que parece. Tiene ese habilidad de los buenos para hacer bien hasta lo que no se espera: como quitarle la pelota al contrario, agitar al árbitro o, más concretamente, cabecear como lo hizo en la segunda parte. Ese remate de cabeza fue de las cosas más hermosas que he visto en mucho tiempo en un campo de fútbol. Y ni siquiera lo nombré en la crónica. Pero es el recuerdo que va a perdurar. Los muy buenos lo hacen casi todo bien, en un momento dado: el tiempo del salto fue exacto, milimétrico y perfecto. Lástima que la pelota se fue arriba.
Abrazos zaragocistas

davicius -

A mi me encanta Aimar; sobre todo ese punto tan "argentino" que tiene: lucha más de lo que parece, mete el pie, le rebate (disimuladamente) cualquier decisión al árbitro, y sobre todo, juega como los ángeles.

Jeremy North -

Es la primera vez desde que te leo que estoy en absoluto desacuerdo con la crónica... ya lo siento...

Victor se volvió a confundir con su rombo y ese "gustarse tanto a sí mismo" que tiene como marca de la casa. El fútbol ofensivo no se hace acumulando gente de ese talante, sino teniendo el balón con gente capaz de robarlo, y de eso no vamos sobrados. El rombo sólo tiene sentido con Aimar, y aún así tiene justificación díficil, porque el argentino no es tan productivo como para supeditar una táctica a sus genialidades.

En la segunda parte Víctor se apeó de su cabezonería y puso a Matu más cerca de Luccin, por lo que cambiaron las cosas, se robaron muchos más balones y se tuvo mayor posesión de balón y hubo una superioridad clara. Para mí no fue un leve movimiento de piezas sino un cambio obligatorio, que salió bien por narices.

Y D´Alessandro... tengo que reconocer que es una lucha perdida que tengo. Enamora a tanta gente su juego que ya no puedo decir nada más que lo sigo considerando como un jugador chisposo, de gran técnica pero puro fuego de artificio. Me viene a la memoria José Aurelio Gay, que ni era tan "pinturero", ni tenía un regate seco ni caía tan bien a la afición, pero te garantizaba, en la misma posición que el argentino, de 8 a 10 goles por temporada.
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