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Somniloquios

James no es una persona

En noviembre vi a Wilco, en abril vi a James, este verano veré a Bob Dylan y en septiembre, a Andrés Calamaro. Podría cerrar ese círculo con Neil Young el 27 de junio en Madrid, si no fuera porque desconfío de los grandes festivales y el señor Neil Young aparecerá en el Rock in Rio, pero creo que una tacada como la mencionada en menos de un año se aproxima bastante a la felicidad. Me parece que sólo lo mejorarían algunas reuniones imposibles: la de los Beatles, desde luego; la de los Smiths (Morrisey a solas me parece un señor mayor: al que me encantaría ver, claro... pero un señor mayor); el renacimiento o reencarnación de la Creedence Clearwater Revival; un concierto póstumo de los Clash y, desde luego, Elvis Presley en Las Vegas. Siempre pienso que hubiera entregado varios años de mi indolente existencia por ver a Elvis en Las Vegas, con la capa, las patadas de karate y el Así Habló Zaratustra de salida; y por supuesto, a los Beatles en la azotea del edificio Apple. O en Hamburgo, como apostillará GG.

Pero hablemos de James, otra vez. Porque hace semanas que os debo mi reflexión acerca de James en La Riviera de Madrid. Y esa reflexión que os debo, os la voy a pagar. A estas horas ya es un recuerdo más que una crítica, lo cual jamás hubiera pretendido ser, por otro lado. Un recuerdo creciente que permanece y florece y crece sobre el lecho de su último disco, el magnífico Hey Ma! Magnífico de verdad, vigoroso y emocionante. Lo mismo fue el concierto, y eso que partió con Tim Booth sentado en una banqueta con su pie izquierdo roto, apoyando la voz y el cuerpo sobre unas muletas. Esa escena, explicada someramente por Saul Davies antes de comenzar la acción, supone una pérdida mayor cuando uno va a ver a James: las espasmódicas coreografías de Tim Booth, a medio camino entre la epilepsia y un ritual de catarsis interior, conforman una parte básica del espectáculo. De hecho, si Tim Booth entró en el grupo fue porque una noche de principios de los 80 lo vieron bailar en una discoteca y lo eligieron para acompañar a la banda con sus singulares rutinas. Enseguida convenció a los otros para ejercer de vocalista y de paso escribir las canciones.

La simbiosis resultó perfecta. Siempre lo ha hecho. Y en cierto modo mágica, natural y espontánea. Tim Booth (vestido en La Riviera con un traje a cuadros rojos y negros que me hacía recordar, y mucho, a Movilla) canta a menudo mirando a la cámara que lo enfoca, y mira con un gesto que parece invitar a un paseo por sus introspecciones. O cierra los ojos como si se arrancase las canciones a jirones. Su lenguaje invita a que nos asomemos al espacio íntimo del que brota cada canción. Hay algo un poco indefinible en ese modo de interpretar el pop, pero ese algo resume la marca diferencial de James. Canciones enérgicamente tristes, luminosas, lastimosamente vitalistas. Tim Booth recuerda haber sentido en América que nadie los escuchaba, que se habían equivocado de momento. Eran los días en que reventó el grunge y todo el mundo parecía querer guitarras y mugre. Hasta que apareció REM con Automatic For the People. Y de repente alguien conectó a REM con James, o a James con REM, cualquiera sabe por qué, y todo se vino a su sitio. Tim Booth y Michael Stipe: "Y salimos volando por el techo". De todo esto podría inferirse que James le debe su personalidad como grupo a su cantante, pero la realidad ha impuesto con el tiempo una contestación distinta: Tim Booth dejó el grupo y en solitario quedó (en su disco Bone) como un autor capaz pero cargante.  James no es una persona, como rezaba la url de su antigua página web: www.jamesisnotaperson.com. Todo el mundo asume al oír hablar de James que se trata de un solista, pero no… Hay una banda, poblada y justificada: al menos siete. Le pusieron el nombre de uno de los miembros fundadores (James Glennie), después de desechar Paul por demasiado tópico y Tim (de Tim Booth) por  negativa de éste, temeroso de que lo acusasen de egocentrismo. Para confirmar la refutación, interna y externa, la web de ahora se llama así: www.wearejames.com. Con la motivación de la vuelta, el regreso de Booth, Gott y Diagram, el espíritu que les insufló Brian Eno en el instante preciso y la sabiduría del tiempo, con todo eso el precipitado alcanza una feliz exactitud sintetizada en su último disco.

El concierto de La Riviera zarpó con Born of Frustration, ese grito de guerra, esa llamada tribal, himno mayor de Wiplash, más que apreciable álbum. Continuó con Come Home y Andy Diagram, recuperado para la formación en este regreso, soplando su célebre trompeta a todo pulmón, con un vestido de mujer y un rizo oscuro de Harpo Marx. Diagram aporta una singularidad muy reconocible al sonido del grupo y le pone el lado lúdico al escenario. Larry Gott –profesor de guitarra de varios miembros del grupo y luego guitarra del grupo- y James Glennie le dan la base. Saul Davies es uno de esos multiinstrumentistas que salta del violín de Johnny Yen (tal vez el único tema que extrañé en un repertorio completísimo de dos horas) al apoyo de la percusión. Luego vinieron los estupendos temas de su último album, Hey Ma!, un disco que oigo casi cada día desde que lo compré. Prueba irrefutable de su valía. Se está aproximando a Laid a marchas forzadas, hasta el punto de que en un momento dado podría llegar a dudar cuál de los dos me gusta más… si no fuera porque Sometimes y Laid, de las que tantas veces he hablado y hablaré, están en ese disco y ya no podrán estar jamás en ningún otro. No es que Hey Ma! sea irreprochable, que lo es, sino que además es brillante, emotivo, memorable y alegre.

Agradecí en el alma que cerraran su noche en La Riviera, tan esperanzadora en muchos sentidos, con Sometimes y Laid. Fue como un guiño privado. Al final de Sometimes, el grupo entero quedó en silencio y los de abajo coreamos durante cinco minutos la más famosa línea de esa canción: “Sometimes / When I look deep in your eyes / I swear I can see your soul” (“A veces / Cuando te miro fijamente a los ojos / Juraría que te veo el alma”). Eso explicó todo: la personalidad de James y su relación con la gente que los hemos escuchado con fervor religioso, con fe. Igual que hacemos los de abajo cuando escuchamos a Tim Booth, desde arriba también ellos nos dejaron cantar (y subir al escenario, atrevimiento que bordeó un entusiasmado caos) con este único fin: poder mirar dentro de nosotros y comprobar el espacio íntimo, perenne, inquebrantable y dichoso en el que guardamos sus canciones.

James no es una persona. Yo diría, enfáticamente, que James somos todos.

 

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3 comentarios

Gonzalo -

Apostillando... Es que me provocas...
Sí, me gustaría ver a los Beatles en Hamburgo. Es más, me haría su manager.

Mornat -

Dice su gran canción:
"Todos los que hayan sentido el aliento de la tristeza... que se sienten a mi lado;
Todos los que se sientan tocados por la locura... que se sienten junto a mí;
Todos los que se vean ridículos... que se sienten a mi lado".

¿Cómo no vamos a querer a James?

Fedra -

Muchas gracias Mario por tu sentido comentario.James ha sido,es y será uno de los grandes grupos ingleses.Viva Madchester!.
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