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20/12/2007
Monegros, capital Washington

Hace tiempo que le debo al (e)lectorado de Somniloquios una breve o larga historia sobre los dos personajes más extraordinarios que me he cruzado en mi vida profesional: Mariano Gistaín y Roberto Miranda. Hay que decir que, en verdad, son los únicos extraordinarios, porque la grandísima mayoría de los cientos de periodistas que he conocido se caracterizan por la mediocridad, la convención y lo previsible, además de un peligroso desapego por la realidad, muy curioso dada la profesión. Los periodistas somos mayormente así: nos asombran cuestiones de lo más triviales, a veces, y además hacemos colectivo nuestro asombro con grandes titulares y páginas completas. Yo me incluyo aunque no soy nada corporativo, como se ve; pero es que algunos se hacen los interesantes con un arte envidiable, como si el periodismo fuera más complicado que poner un cohete en Marte. Gistaín y Miranda, sin embargo, habitan en una dimensión paralela a medio camino entre una modesta genialidad y una locura muy amable, miscelánea a la que yo tuve acceso durante años en el Periódico de Aragón (el único diario en el que aprendí algo útil hasta que felizmente llegué al AS, donde pude liberarme de un interludio que no me enseñó nada, aunque sí me ofreció una vista detenida de las cloacas de la zafiedad profesional y personal, que de eso también se aprende...). En fin, que me voy del tema. Prometo hablar de aquellos dos fenómenos un día de éstos, despacio, con cuidado, cariño y admiración. Hoy dejo sólo el último artículo de Mariano acerca del proyecto Gran Scala, ese Las Vegas monegrino que nos tiene asombrados. El argentino López ya propuso hace años que los aragoneses entregáramos la gestión de nuestra realidad a Cataluña (sin una cesión patriótica, desde luego, y menos ahora tal y como andan las cosas), sólo con el fin de llegar a algún lado y no soportar esta impresión permanente de que aquí en la ciudad del viento y sus alrededores nada se mueve, y que siempre permanecemos en el mismo punto de la eternidad, discutiendo sobre los mismos problemas y esperando las mismas cosas. En su artículo de hoy en el Periódico, Mariano propone una solución paralela a la de López y aún más atrevida (y pragmática): adscribirnos a los Estados unidos, dado que en el Gobierno de Madrid se toman todo por el pito del sereno y sólo les importan las cosas de siempre. Lo he leído nada más levantarme y me he reído. Como suele ocurrir. La capacidad de Mariano para deformar el lenguaje y convertirlo en un organismo vivo, mezclada con su ingenio para hacer pasar la realidad a través de ese lenguaje y reducirla a su verdad más simple y oculta, siempre me han fascinado. Ahí va la pieza. Y la idea...
Mandar el impreso a USA
A ver si las Cortes de Aragón envían pronto la solicitud de Estado Libre Asociado y Estados Unidos nos acoge en su seno más o menos oficialmente. Con el Vaticano no hay nada que rascar. Nos da la razón jurídica para que devuelvan los bienes, pero es un paripé retórico: a la hora de la verdad, no ejecuta. Hace la vista gorda ante el incumplimiento de esa sentencia. La Euroregión no mola. Europa está de cenas. Y España hace tiempo que se ha olvidado de Aragón. Para España, Aragón no existe. En vez de pagar una miserable deuda, como ha hecho con otras comunidades, forma una comisión. Y encima pone al frente de esa comisión a un nativo de Zaragoza. España le forma a Aragón una comisión que es como un pelotón de fusilamiento burocrático, un fusilamiento diferido, con las balas tipo Matrix. Este máximo desprecio y esta cobardía de no saber decir "no", es la peor afrenta. Andalucía y Galicia se hacen la foto y se llevan el cheque. Madrid gestiona Aragón como en tiempos de Franco, con comisiones, es como si no tuviera representantes: ZP no los recibe. No es extraño que estos representantes electos se busquen la vida en el mercado libre.
Sólo nos queda la metrópoli, que al menos tiene tradición y coches y conserva un cierto glamour residual. El ejecutivo autónomo ha visto que para acoger a todos esos casinos que proyecta virtualmente Gran Scala no basta con repartir bolígrafos por los Monegros. Al ponerse a mirar las leyes que hay que enmendar para despenalizar el poker se ve que lo más rápido es convertirnos en Autonomía Libre Asociada de USA. Ahorramos en tipex y en chapuzas jurídicas. No compensa retocar todas esas leyes, incluyendo el último Estatuto, ya obsoleto. Se puentean por arriba entrando en la gran familia de Los Simpson y Los Soprano. Aragón quiso hacer marketing ante Napoleón, pero esa gesta, aparte de destruirlo todo, no atrajo ni a un turista. Fue un marketing erróneo, mal enfocado y, sobre todo, carísimo.
Ahora estamos a punto de perecer en pluriespaña, con alegría y buen rollo, pero fabricando madalenas y ferralla. Investigando lo justo, y manteniendo el inglés como asignatura de relleno. Sin grupo mixto en el Parlamento, no llega ni una peseta. En Madrid, las partidas para Aragón se cuentan aún en pesetas. Hay que mandar esa solicitud cuanto antes.
01/10/2007
El amor...

...según André y Dorine Gorz
El filósofo vienés Andre Gorz y su esposa Dorine se conocieron hace casi sesenta años, en un baile en Saint Sulpice, en París. Nacido en Viena en el seno de una familia judía, Gorz conoció el rechazo, el desarraigo, el destierro. Conoció también a Sartre y el existencialismo. Conoció a Dorine y durante 58 años vivió pensando, escribiendo y amándola, protegido por la indudable consideración de un amor que ambos mantuvieron intacto a través de seis décadas. En 2006, ya ambos ancianos octogenarios, Gorz escribió Carta a D. Historia de un amor. La iniciaba con estas palabras dedicadas a Dorine:
"Tú vas a cumplir 82 años. Has menguado seis centímetros, no pesas más de 45 kilos y aún eres bella, graciosa y deseable. Hace 58 años que vivimos juntos y te amo más que nunca. Siento de nuevo en lo más profundo de mi pecho un vacío devorador que sólo puede calmar el calor de tu cuerpo contra el mío...". Años antes, le había dicho: "Si tú mueres, estoy muerto". Y ambos firmaron, quizás con una mirada, tal vez con un beso, o dejando las palabras flotar en el aire, un pacto también formulado en Carta a D. Historia de un amor: "Nos gustaría no sobrevivir a la muerte del otro. Nos hemos dicho muchas veces que, si tuviésemos que vivir otra vida, querríamos vivirla juntos, siempre juntos".
El pasado lunes, en el otoño inmediato de París, André y Dorine aparecieron muertos, sus cuerpos tendidos uno junto al otro. En alguna ocasión, Gorz anotó: "Para vivir hace falta tener ganas; para morir es necesario tener valor". Al pie de los cadáveres alguien recogió una nota con esta última sugerencia: "Avisen a la Gendarmería".
...según Bienvenida Pérez
Bienvenida Pérez nació en Valencia hace casi medio siglo. Conoció el desarraigo ("una niñez inestable y sin el apoyo de unos padres", dicen las crónicas) y vivió durante dos décadas en Londres. Después de trabajar en el Colegio de Médicos, en la Mercedes Benz, en una empresa de arquitectura, en la Liga de Países Árabes y en Scotland Yard (según su propia versión), Bienvenida se casó tres veces entre los 33 y los 42 años. La primera, con el diputado conservador Sir Anthony Buck. La prensa descubrió que, al mismo tiempo, sostenía una aventura con el jefe del Estado Mayor de la Defensa, Sir Peter Harding, que se vio obligado a dimitir a causa del escándalo. Ahora está casada pero "sólo porque él prefiere que sea así". Hace tiempo que no vive con su marido y comparte su casa en Londres con dos perros. Bienvenida Pérez publica en un par de semanas su segundo libro, titulado Hazte Valer, que nace bajo este deseo: "Yo no voy a estar aquí toda la vida, por eso quiero transmitir mis experiencias y conocimientos a las mujeres, creo que puedo serles de gran ayuda". Estos días hablaba así en una entrevista previa a la edición con El Mundo:
-"Me han regalado muchísimas cosas, aunque a largo plazo. Siempre que un hombre te hace un gran regalo o te da dinero, hay que cogerlo. No hay nada malo en que quiera agradecerte tu compañía. Si lo rechazas, pensará que lo que buscas es el matrimonio y saldrá corriendo.
-¿Cómo se reconoce si un hombre es el adecuado?
-Tres meses es tiempo más que suficiente para saberlo. Siempre me he considerado una empresa: lo menos que puede hacer un marido es abrir una cuenta conjunta; cartas de amor y flores no son regalos suficientes".
-¿Se ha casado alguna vez por amor?
-Nunca. El amor es una enfermedad. Hay que pensar con la cabeza; casarse es algo muy serio y que puede traer consecuencias muy graves, especialmente cuando hay hijos. Por eso nunca tuve hijos.
-Siempre ha elegido hombres ricos pero mucho mayores que usted...
-Requieren menos mantenimiento.
-¿Cómo?
-Está claro: necesitan menos atenciones sexuales, así que es un trabajo que te ahorras. En realidad, el sexo nunca ha tenido un papel importante en mi vida.
-¿Qué ha sido para usted el sexo?
-Algo que hay que hacer para contribuir a una relación, porque para los hombres es fundamental, lo necesitan.
-¿Qué opina de la infidelidad?
-No me importa. Lo que le hagan otras a tu pareja es un trabajo que te ahorras.
-¿Cuánto dura el amor?
-Máximo, seis meses.
-¿Y una relación apasionada?
-Lo que tardes en ir a por un traje Chanel o a por una joya a Cartier. Como mucho, año y medio, después todo declina.
[Foto: André Gorz y su esposa Dorine, en una imagen de hace varias décadas: enamorados y muertos en París].
26/07/2007
Fontanarrosa: un cuento y unas (buenas) palabras

El argentino Marlo fue comisionado por Somniloquios para la búsqueda de aquella conferencia sobre las malas palabras que el Negro Fontanarrosa improvisó en el Congreso de la Lengua, que se celebró años pasados en Rosario. Sin perjuicio de la holganza connatural a esta época del año (y aun a su propia condición), en este caso Marlo se ha mostrado obsesivo, ligero y minucioso en la búsqueda como un hurón, y raudo nos entrega un buen extracto de lo que fue la intervención del añorado escritor rosarino. El virrey Hernán apunta que él guarda la versión completa en papel, reproducida en el suplemento que Clarín publicó la pasada semana, tras el fallecimiento del Negro. Mientras, Marlo nos procura un encantador cuentito para pasar los días. Copio y pego.
Viejo con árbol
A un costado de la cancha había yuyales y, más allá, el terraplén del ferrocarril. Al otro costado, descampado y un árbol bastante miserable. Después las otras dos canchas, la chica y la principal. Y ahí, debajo de ese árbol, solía ubicarse el viejo. Había aparecido unos cuantos partidos atrás, casi al comienzo del campeonato, con su gorra, la campera gris algo raída, la camisa blanca cerrada hasta el cuello y la radio portátil en la mano. Jubilado seguramente, no tendría nada que hacer los sábados por la tarde y se acercaba al complejo para ver los partidos de la Liga. Los muchachos primero pensaron que sería casualidad, pero al tercer sábado en que lo vieron junto al lateral ya pasaron a considerarlo hinchada propia. Porque el viejo bien podía ir a ver los otros dos partidos que se jugaban a la misma hora en las canchas de al lado, pero se quedaba ahí, debajo del árbol, siguiéndolos a ellos. Era el único hincha legítimo que tenían, al margen de algunos pibes chiquitos; el hijo de Norberto, los dos de Gaona, el sobrino del Mosca, que desembarcaban en el predio con las mayores y corrían a meterse entre los cañaverales apenas bajaban de los autos.
—Ojo con la vía —alertaba siempre Jorge mientras se cambiaban.
—No pasan trenes —casi tranquilizaba Norberto. Y era verdad, o pasaba uno cada muerte de obispo, lentamente y metiendo ruido.
—¿No vino la hinchada? —ya preguntaban todos al llegar nomás, buscando al viejo—. ¿No vino la barra brava? —Y se reían.
Pero el viejo no faltaba desde hacía varios sábados, firme debajo del árbol, casi elegante, con un cierto refinamiento en su postura erguida, la mano derecha en alto sosteniendo la radio minúscula, como quien sostiene un ramo de flores. Nadie lo conocía, no era amigo de ninguno de los muchachos.
—La vieja no lo debe soportar en la casa y lo manda para acá —bromeó alguno.
—Por ahí es amigo del referí —dijo otro.
Pero sabían que el viejo hinchaba para ellos de alguna manera, moderadamente, porque lo habían visto aplaudir un par de partidos atrás, cuando le ganaron a Olimpia Seniors. Y ahí, debajo del árbol, fue a tirarse el Soda cuando decidió dejarle su lugar a Eduardo, que estaba de suplente, al sentir que no daba más por el calor. Era verano y ese horario para jugar era una locura. Casi las tres de la tarde y el viejo ahí, fiel, a unos metros, mirando el partido. Cuando Eduardo entró a la cancha —casi a desgano, aprovechando para desperezarse— cuando levantó el brazo pidiéndole permiso al referí, el Soda se derrumbó a la sombra del arbolito y quedó bastante cerca, como nunca lo había estado: el viejo no había cruzado jamás una palabra con nadie del equipo. El Soda pudo apreciar entonces que tendría unos setenta años, era flaquito, bastante alto, pulcro y con sombra de barba. Escuchaba la radio con un auricular y en la otra mano sostenía un cigarrillo con plácida distinción.
—¿Está escuchando a Central Córdoba, maestro? —medio le gritó el Soda cuando recuperó el aliento, pero siempre recostado en el piso.
El viejo giró para mirarlo. Negó con la cabeza y se quitó el auricular de la oreja.
—No —sonrió. Y pareció que la cosa quedaba ahí. El viejo volvió a mirar el partido, que estaba áspero y empatado—. Música —dijo después, mirándolo de nuevo.
—¿Algún tanguito? —probó el Soda.
—Un concierto. Hay un buen programa de música clásica a esta hora.
El Soda frunció el entrecejo. Ya tenía una buena anécdota para contarles a los muchachos y la cosa venía lo suficientemente interesante como para continuarla. Se levantó resoplando, se bajó las medias y caminó despacio hasta pararse al lado del viejo.
—Pero le gusta el fútbol —le dijo—. Por lo que veo.
El viejo aprobó enérgicamente con la cabeza, sin dejar de mirar el curso de la pelota, que iba y venía por el aire, rabiosa.
—Lo he jugado. Y, además, está muy emparentado con el arte —dictaminó después—. Muy emparentado.
El Soda lo miró, curioso. Sabía que seguiría hablando, y esperó.
—Mire usted nuestro arquero —efectivamente el viejo señaló a De León, que estudiaba el partido desde su arco, las manos en la cintura, todo un costado de la camiseta cubierto de tierra—. La continuidad de la nariz con la frente. La expansión pectoral. La curvatura de los muslos. La tensión en los dorsales —se quedó un momento en silencio, como para que el Soda apreciara aquello que él le mostraba—. Bueno... Eso, eso es la escultura...
El Soda adelantó la mandíbula y osciló levemente la cabeza, aprobando dubitativo.
—Vea usted —el viejo señaló ahora hacia el arco contrario, al que estaba por llegar un córner— el relumbrón intenso de las camisetas nuestras, amarillo cadmio y una veladura naranja por el sudor. El contraste con el azul de Prusia de las camisetas rivales, el casi violeta cardenalicio que asume también ese azul por la transpiración, los vivos blancos como trazos alocados. Las manchas ágiles ocres, pardas y sepias y Siena de los mulos, vivaces, dignas de un Bacon. Entrecierre los ojos y aprécielo así... Bueno... Eso, eso es la pintura.
Aún estaba el Soda con los ojos entrecerrados cuando al viejo arreció.
—Observe, observe usted esa carrera intensa entre el delantero de ellos y el cuatro nuestro. El salto al unísono, el giro en el aire, la voltereta elástica, el braceo amplio en busca del equilibrio... Bueno... Eso, eso es la danza...
El Soda procuraba estimular sus sentidos, pero sólo veía que los rivales se venían con todo, porfiados, y que la pelota no se alejaba del área defendida por De León.
—Y escuche usted, escuche usted... —lo acicateó el viejo, curvando con una mano el pabellón de la misma oreja donde había tenido el auricular de la radio y entusiasmado tal vez al encontrar, por fin, un interlocutor válido—... la percusión grave de la pelota cuando bota contra el piso, el chasquido de la suela de los botines sobre el césped, el fuelle quedo de la respiración agitada, el coro desparejo de los gritos, las órdenes, los alertas, los insultos de los muchachos y el pitazo agudo del referí... Bueno... Eso, eso es la música...
El Soda aprobó con la cabeza. Los muchachos no iban a creerle cuando él les contara aquella charla insólita con el viejo, luego del partido, si es que les quedaba algo de ánimo, porque la derrota se cernía sobre ellos como un ave oscura e implacable.
—Y vea usted a ese delantero... —señaló ahora el viejo, casi metiéndose en la cancha, algo más alterado—... ese delantero de ellos que se revuelca por el suelo como si lo hubiese picado una tarántula, mesándose exageradamente los cabellos, distorsionando el rostro, bramando falsamente de dolor, reclamando histriónicamente justicia... Bueno... Eso, eso es el teatro.
El Soda se tomó la cabeza.
—¿Qué cobró? —balbuceó indignado.
—¿Cobró penal? —abrió los ojos el viejo, incrédulo. Dio un paso al frente, metiéndose apenas en la cancha—. ¿Qué cobrás? —gritó después, desaforado—. ¿Qué cobrás, referí y la reputísima madre que te parió?
El Soda lo miró atónito. Ante el grito del viejo parecía haberse olvidado repentinamente del penal injusto, de la derrota inminente y del mismo calor. El viejo estaba lívido mirando al área, pero enseguida se volvió hacia el Soda tratando de recomponerse, algo confuso, incómodo.
—...¿Y eso? —se atrevió a preguntarle el Soda, señalándolo.
—Eso... —vaciló el viejo, tocándose levemente la gorra—... eso es el fútbol.
Congreso de Lengua en Rosario
Tema de la mesa redonda: La internacionalización del lenguaje
"No sé que tiene que ver con lo de la internacionalización, que, aparte, ahora que pienso, ese título lo habrán puesto para decir que una persona que logra decir correctamente in-ter-na-cio-na-li-za-ción es capaz de ponerse en un escenario y hablar algo —porque es como un test que han hecho. Algo tendrá que ver el tema, éste, el de la malas palabras, por ejemplo, con éste, como el que decía el amigo Escribano (José Claudio Escribano). Se nota que es tan polémica esta mesa que es la única a la que le han asignado "escribano" para que se controle todo lo que se dice en ella. Es un aporte real en cuanto al intercambio. Me ha tocado vivir, cuando he tenido que acompañar a la Selección Argentina a partidos (de fútbol) en Latinoamérica. El intercambio que hay en esos casos de este lenguaje es de una riqueza notable; es más, en Paraguay nos decían "come gatos" que es, estrictamente para los rosarinos, "un rosarinismo".
Un Congreso de la Lengua es, más que todo, para plantearse preguntas. Yo, como casi siempre hablo desde el desconocimiento, me pregunto por qué son malas las malas palabras, quién las define como tal. ¿Quién y por qué? ¿Quién dice qué tienen las malas palabras? ¿O es que acaso les pegan las malas palabras a las buenas? ¿Son malas porque son de mala calidad? ¿O sea que cuando uno las pronuncia se deterioran? ¿O, cuando uno las utiliza, tienen actitudes reñidas con la moral? Obviamente, no se quién las define como malas palabras. Tal vez sean (ellas) como esos villanos de viejas películas —como las que nosotros veíamos—, que en un principio eran buenos, pero que al final la sociedad los hizo malos. Tal vez nosotros, al marginarlas, las hemos derivado en palabras malas.
Lo que yo pienso es que brindan otros matices, muchas de ellas. Yo soy fundamentalmente dibujante, con lo que uno se preguntará: ¿qué hace ese muchacho arriba del escenario? Manejo muy mal el color, por ejemplo, pero a través de eso sé que cuanto más matices tenga uno, más puede defenderse, para expresarse, para transmitir, para graficar algo; entonces: hay palabras, palabras de las denominadas malas palabras que son irremplazables, por sonoridad, por fuerza, algunas incluso por contextura física de la palabra. No es lo mismo decir que una persona es tonta o zonza que decir que es un pelotudo. Tonto puede incluso incluir un problema de disminución neurológica realmente agresivo. El secreto de la palabra pelotudo, ya universalizada —no sé si está en el diccionario de dudas—, está en que también puede hacer referencia a algo que tiene pelotas. Puede hacer referencia a algo que tiene pelotas, que puede ser un utilero de fútbol que es un pelotudo porque traslada las pelotas; pero lo que digo, el secreto, la fuerza, está en la letra t.
Analicémoslo —anoten las maestras—: está en la letra t, puesto que no es lo mismo decir zonzo que decir peloTudo. Otra cosa, hay una palabra maravillosa que en otros países está exenta de culpa —esa es otra particularidad, porque todos los países tienen malas palabras pero se ve que las leyes de algunos países protegen y en otros no—, hay una palabra maravillosa, decía, que es carajo. Yo tendría que recurrir a mi amigo y conocedor, Arturo Pérez Reverte, conocedor en cuanto a la navegación, porque tengo entendido que el carajo era el lugar donde se colocaba el vigía, en lo alto de los mástiles de los barcos para divisar tierra o lo que fuere; entonces mandar a una persona al carajo era estrictamente eso, mandarlo ahí arriba. Amigos mexicanos con los que estuve cenando anoche me estuvieron enseñando una cantidad de malas palabras mexicanas. Ahora que lo pienso creo que me estaban insultando porque se suscitó un problema con la cuenta a la hora de pagar. Me explicaban que las islas Carajo son unas islas que están en el océano Indico.
En España, el carajillo es el café con coñac y acá apareció como mala palabra, al punto que se llega a los eufemismos, se decía caracho; es de una debilidad absoluta y de una hipocresía... ¿no? A veces hay periódicos que ponen: "El senador Fulano de Tal envío a la m... a su par". La triste función de esos puntos suspensivos, realmente el papel absurdo que están haciendo ahí, merecería también una discusión acá, en el Congreso de la Lengua. Voy a ir cerrando. Hay otra palabra que quiero apuntar que creo es fundamental en el idioma castellano, que es la palabra "mierda", que también es irremplazable. El secreto de la contextura física está en la r —anoten las docentes—, porque es mucho más débil como la dicen los cubanos: mieLda, que suena a chino, y eso —yo creo que ahí está la base de los problemas que ha tenido la Revolución cubana— le quita posibilidades de expresividad.
Voy cerrando, después de este aporte “medular” que he hecho al lenguaje y al Congreso. Lo que yo pido es que atendamos a esta condición terapéutica de las malas palabras. Mi psicoanalista dice que es imprescindible para descargarse, para dejar de lado el estrés y todo ese tipo de cosas. Lo único que yo pediría (no quiero hacer una teoría) es reconsiderar la situación de estas palabras. Pido una amnistía para la mayoría de ellas. Vivamos una Navidad sin malas palabras e integrémoslas al lenguaje, que las vamos a necesitar".
Roberto Fontanarrosa
25/04/2007
No su vendo na

El País contaba ayer una buena historia. Es raro que yo me topase con ella, porque paso por ser el periodista que menos periódicos lee. Bastante tengo con trabajar en esto como para además tener que sostener financieramente el negocio con parte de mi sueldo y molestarme fatigando los textos de los demás: leo poco y escogido. En general, me aburro y espero que a los demás les ocurra lo mismo conmigo. Siempre pienso en la cantidad de juicios morales -y aun de los otros- que ejercemos los periodistas, y lo poco estrictos que somos con nosotros mismos. Prestos siempre a relatar las inmundicias ajenas, nos regodeamos con gusto en las propias. Hay pocos lugares tan poco saludables laboral y personalmente como un periódico; espero que haya pocas profesiones tan desafectas a la protección de sus trabajadores como ésta; y desde luego tiene que haber escasas tan hipócritas. Las condiciones empeoran. La calidad empeora. Últimamente no tengo ganas de contar casi nada, así que este cachito de publicidad alternativa me sirve para sostener Somniloquios con ventilación asistida: Vendo costo del gueno, el reportaje al que aludo, cuenta la detención de un camello callejero que repartía octavillas por su barrio bajo ese epígrafe, con el fin de atraer clientes a su psicotrópica "bentana". La colección de errores de lenguaje mueve a la conmiseración. Peor es la célebre Antología del disparate: los hijos de la LOGSE y sus exámenes. Habría que hacer una antología del disparate en los periódicos, así estaría el círculo completo. Pero los periódicos no hablarían de eso: a estas alturas siguen pensando que cuela aquello de "errores de imprenta" o el ya moderno "problema informático o de procesamiento".
Pd: en la foto va la octavilla, en la que se lee: "Vendo costo de buena calidas ha chabale rollao y no venir lo menore. Esperar al lao de la bentana de detras mi casa y en lo banco de asentarse. No llamar la atension o no su vendo na. Podei silvar a llamarme y sargo por la bentana. Me llamo ------. Vale 20 uros una barrita. Ta bien. Planos". Y a continuación reproduce un esquemático dibujo del lugar, en el que identifica por toda referencia el "tituto". Fantástico.
25/03/2007
Fútbol y literatura semidesnatada

Las maravillosas librerías británicas incluyen secciones interminables de libros sobre deporte. Sobre todos y cualquier deporte: no manuales de Pilates como los de El Corte Inglés, no... Uno puede encontrar en esos anaqueles de madera oscura cosas extraordinarias, e incluso leerlas si sabe el inglés suficiente... Los libros de fútbol a los que se refiere John Carlin se pueden leer sin saber inglés ni cualquier otro idioma. Hasta yo tengo alguno de esos. Generalmente, los escriben periodistas en algún rato libre. Recupero este artículo de jardín ajeno, una ironía nada sutil de Carlin acerca de la banalidad. En la foto, la futura señora de Rooney: las novias y mujeres de los futbolistas son otra cosa. Afortunadamente, siempre las hay que salvan a la especie. Pero a la prensa, y menos a la inglesa, no le interesan las esposas normalizadas; lo divertido está en las primeras damas, las victoriabeckhams y coleensmcculloughs...
John Carlin
El País
"Necesito un héroe, necesidad poco habitual cuando cada día nos trae uno nuevo".
(Lord Byron, poeta)
"Cuesta creer que la gente los compre y mucho más que se aguante el calvario de leerlos, pero casi es imposible moverse por la plaga de libros sobre fútbol que le acosan a uno desde el momento que pisa suelo inglés. Y no nos referimos únicamente a las autobiografías de jugadores que todavía están lejos de concluir sus carreras, pero que al menos tienen cierto renombre y talento, como Steven Gerrard, Frank Lampard o nada menos que, con sus 21 añitos, el eslabón perdido, Wayne Rooney.
Lo espeluznante es que TODO sobre el fútbol se considera digno de publicar en Inglaterra, no importa lo inocuo que sea el tema. En una tienda de revistas del aeropuerto de Heathrow, esta semana, lo que destacaba por su tamaño y posición era un libro sobre Alan Curbishley y sus años como entrenador del Charlton Athletic. Al lado, una biografía de Robbie Keane, suplente irlandés del Tottenham. Y otro -levanten las manos los que los conocen- sobre Shaun Goater, del Manchester City; Graeme Sharp, del Everton, o Bryan Gunn, portero del Norwich y del Aberdeen". (...)
Fútbol y literatura semidesnatada (Artículo completo en El País).
25/02/2007
Croke Park... y el mejor deporte del mundo

Irlanda le ganó 49-13 ayer a Inglaterra en Croke Park. O'Gara dejó sentado que, libra por libra, es mejor medio de apertura que Jonny Wilkinson; O'Connell no tuvo rival en la segunda línea y la tercera irlandesa estuvo para subirla a un pedestal. Pero lo más importante fue la demostración de que el rugby es el mejor deporte del mundo, el que a pesar de todas sus evoluciones conserva un espíritu original que está por encima del comercio y la competencia, que remite a los valores esenciales de cualquier juego. La historia de Croke Park es terrible y está hecha de sangre y batalla callejera. Ahora, gracias a la gente del rugby, la cubre un silencio de paz y respeto. Una vez escribí que jugar un partido de rugby es como ir al ejército con tus amigos de la infancia, con la conciencia plena de que puedes entregar tu sangre por ellos y que ellos la entregarán por ti. Es verdad, a veces hay sangre y hay peleas, pero nadie pierde de vista lo fundamental: el respeto por quienes están enfrente, y la observación de los valores contenidos en el juego desde su nacimiento, valores que trascienden la camiseta, el balón, el resultado y ese partido concreto. Dejo que otros periodistas cuenten la historia de Croke Park. Yo me emocioné de nuevo ayer con el rugby, y me ha ocurrido con frecuencia desde que empecé a verlo y jugarlo. Me emocioné porque supe sin dudas que, como sospechaba tantas veces en los vestuarios, he vivido y he jugado el mejor deporte posible.
"Irlanda recibió con un cerrado aplauso a los rivales y escuchó con respeto su himno. Fue un gesto de reconciliación que jamás se habría logrado en un despacho".
Fernando Ornat, en Equipo.
"Irlanda enterró sus viejos fantasmas... y a Inglaterra".
Fermín de la Calle, en AS.
"En Dublín no habló ningún político. Habló la gente con su silencio y nos dieron una lección de cómo debería ser una sociedad que aspira a conseguir la paz".
Juanjo Vispe, en AS
27/01/2007
Tarde de invierno
Tomo un café en Babel. En la contra del diario veo una entrevista al filósofo y escritor Fernando Savater. La primera pregunta dice:
"Sus padres han tenido una gran influencia en usted. Su padre despertó su pasión por las carreras de caballos y a su madre la considera su primera maestra".
Sobre el delgado margen, con un lapicero de punta muy leve, alguien ha dibujado una flecha que señala esta anotación:
"Yo nunca tuve esa suerte".
Afuera, en la calle, aguarda un débil sol de invierno.
30/12/2006
Agapito quiere la Liga

Pedro Luis Ferrer publica hoy en AS una estupenda entrevista con Agapito Iglesias, el propietario del Real Zaragoza. El trabajo viene a significar en sí mismo un sumario desglosado de lo que fue la gran noticia del año, la compra del club, así que sirve para despedir 2006 y sobre todo para brindar por el futuro. Tengo que reconocer que me alegré de esa operación que acabó con la presidencia de Alfonso Soláns, porque creía con sinceridad que era lo mejor para el Zaragoza. A lo mejor estaba equivocado, eso nunca se sabe o no se sabe hasta pasado mucho tiempo. Había mezclado un motivo más o menos personal: el gran argumento para la defensa de Soláns consistía en que él era el único dispuesto a ponerlas, el único presidente posible. Yo he escuchado ese razonamiento tan provinciano en largas conversaciones/diálogos/discusiones con la que era la gente de Soláns en el club. Nunca me convenció. Me parecía válido sólo para quien deseaba sentirse vasallo. En Aragón hay mucha de esa gente, gente que se almidona ante el señorito porque el señorito manda, él tiene los duros y él posee el destino colectivo. En un artículo en Heraldo de Aragón tras el descenso a Segunda razoné que, para sostener que Soláns era el único presidente posible del Zaragoza, había que probarlo: lo ha hecho el tiempo. En su contra, desde luego. Resulta que en el Paseo de Sagasta había un empresario de procedencia soriana. Resulta que compró el club. Resulta que las puso. Resulta que pidió un crédito de 9,6 millones de euros, resistió la artera venta de Cani, avaló otros ocho, asumió como salvables los 70 millones de pufo que dejaron los anteriores administradores y compró a Pablo Aimar por 10 millones... Y resulta que ni una sola vez ha hablado de miseria, ni de vender jugadores (aunque lo hará, porque es el procedimiento de mercado del fútbol), ni de quiebras. Habla de esto: "No me iré del Zaragoza sin ganar una Liga".
El fútbol es un negocio muy largo y muy ancho; cambiante, ingobernable en algunos aspectos decisivos; abrasador. También se trata de una forma de ficción relativa que hay que manejar con tanta ilusión como realismo. De las cosas menos importantes de la vida, como dijo alguien, es la más importante y la más divertida. Agapito la maneja con entusiasmo, pero también con la firmeza y el sentido de un empresario estricto, que quiere ver crecer su proyecto. Y exige. Que el propietario de una empresa sea el que retiene a los empleados para que la empresa no crezca resulta increíble, antinatural. Bueno, pues eso hacía Soláns con el Zaragoza: pedir a sus técnicos que el club no creciera demasiado, que no ganara demasiado, que no costara demasiado, que no fichara demasiado. Aun así, ganó dos copas y jugó otra final. Que cada uno reparta méritos. El juicio sumario a Agapito deberá esperar al final de su proyecto, o a que pase un tiempo razonable. Mientras tanto, vemos a Aimar cada domingo y al Zaragoza peleando por el cuarto puesto. No es lo de menos, porque el fútbol consiste en eso. Yo siempre he pensado que, en muchos casos, el mensaje hace a los hombres. Y ésta es la primera vez que oigo a un presidente del Zaragoza hablar de que quiere ganar una Liga. Si nos engaña o juega con las ilusiones del zaragocismo, se lo demandaremos. Y si no es así, celebraremos lo que venga.
01/12/2006
Siga el braille, siga el braille

13/10/2006
Serrat, por celestiales como Curro el Palmo... o no

Ver a Serrat por primera vez hace dos días es, definitivamente, llegar muy tarde a todo. Me reconforta que vino a Zaragoza acompañado sólo de la guitarra y un piano, lo que compone en mi opinión el cuadro favorable de un Serrat íntimo, desnudo de artificios orquestales. Yo lo prefiero así. Es decir, Serrat y sus letras, esa escritura transparente que dibuja la cumbre del castellano musicado, sostenida como pequeña magia que el catalán desenreda en las notas livianas, juguetonas, sugerentes del piano de Ricard Miralles. Serrat y la maestría despojada. Al verlo aparecer en el escenario oscurecido, la guitarra tomada del mástil, confirmé que el hombre capaz de reunirnos alrededor de su voz es, seguro, el hombre que todos habríamos querido ser. Serrat me sacó enseguida el aliento del pecho al abrir con Menos tu vientre (el poema musicado de Miguel Hernández) y a continuación interpretó Mediterráneo, para suprimer ansiedades. Ahí le entreví una mínima debilidad, quizás un énfasis disminuido que quise negarme con entusiasmo, pero sobre el que ayer reflexionó Javier Losilla en su crítica de el Periódico de Aragón. Como Javier es mi crítico de cabecera en cuestiones musicales desde hace años, reproduzco a continuación su revisión del Serrat ingrávido y gentil, como pompa de jabón, que vimos esta semana.
Pudo ser un gran día
Al concluir Serrat la interpretación de Hoy puede ser un gran día los espectadores, puestos en pie, le tributaron una de las ovaciones más largas y calurosas que se han escuchado en la Mozart en un concierto de música popular. Con esa canción cerraba el cantante casi dos horas de actuación, y pretendía retirarse. Pero tuvo que rendirse a la evidencia: el público, que llenaba la sala, quería más. Y más dio Serrat: De vez en cuando la vida y Fiesta.
Completó con esas dos piezas un programa de 20 canciones en el primero de los dos conciertos que ha dado en Zaragoza durante las fiestas. Un concierto íntimo, trufado de anécdotas y comentarios jocosos (esos con lo que Serrat, como los mejores intérpretes de El Club de la Comedia, pone de manifiesto su mejor vena de actor), acompañándose con la guitarra y apoyado por el piano, sugerente, preciso y detallista de Ricard Miralles.
Serrat no vino a presentar Mô, su disco más reciente (nada cantó de ese álbum), sino a mostrar un repertorio que dibujaba, o casi, todas sus facetas como compositor e intérprete. Abrió la velada con Menos tu vientre, y continuó con Mediterráneo, Una mujer desnuda y en lo oscuro, Tu nombre me sabe a hierba, Esos locos bajitos, Señora (informó de que ha incorporado esta pieza recientemente al directo, después de muchos años de no cantarla), Por dignidad, Me gusta todo de ti (pero tú no), Cantares, Cançó del lladre (una pieza popular catalana del siglo XVII)...
Una cuidada selección, sí, que, lamentablemente, no llegó al público con la fuerza y la emoción de antaño. Serrat, como intérprete, no pasa por sus momentos mejores (cuando menos el martes), y echa mano para resolver su apuesta de trucos de artista experimentado. Una lástima, pero así están las cosas. Quedan, eso sí, las canciones.
Penélope, Es caprichoso el azar, Disculpe el señor, Una de piratas, Muñeca rusa, Romance de Curro El Palmo y No hago otra cosa que pensar en ti también sonaron el martes en la Mozart, configurando una propuesta que, de haber contado con un Serrat algo más en forma, habría armado una gran noche.
El placer no fue completo: el gusto de escuchar canciones hermosas, esas que ya están instaladas en la memoria colectiva, quedó mermado por una actuación muy profesional, pero con escaso poder de comunicación. Pena.
11/10/2006
Román Riquelme por Sergio López

Desde mediados de agosto, el diario Equipo publica cada domingo una serie de retratos sugeridos y escritos por Sergio López. Yo creo que valen al menos un cuarto del euro que cuesta el diario. Los acompaña una singular ilustración que me permito la libertad de usar también en esta ventana, para no mellar el conjunto siquiera en lo mínimo. Este primero (no respeto el orden cronológico) supone una mirada detenida sobre la detenida figura de Román Riquelme, uno de los artistas más lúcidamente premiosos que dio el fútbol. El artículo es un rotundo homenaje a los futbolistas diferentes. Todo homenaje lleva implícita una defensa. Sé que López lo puede escribir con los ojos cerrados. De hecho, a estas alturas creo que lo hace.
El torero impasible
La pelota debajo de la suela. Siempre. Y él al trote cansino, no sea cosa que alguien se confunda y crea que lo suyo es producto del gimnasio y la dieta. Juan Román Riquelme parece salido de un noticiero antiguo, de cuando el Nodo distribuía borrosas noticias sobre la marcha del fútbol argentino. Sólo le faltaría ser calvo, dejarse crecer un bigote manubrio y lucir esos pantalones que caían por debajo de la rodilla. Lo cierto es que su estilo pone de manifiesto un hecho particular que pasa desapercibido de tan general: muy pocos saben jugar bien al fútbol. Increíblemente, esta evidencia se ha vuelto en su contra, ha derivado en una suerte de investigación policial. ¿Se adapta al ritmo europeo? ¿Puede liderar a la selección argentina? Estas preguntas, recurrentes como caballos de tiovivo, tienen el mismo rigor lógico que la del huevo y la gallina: pueden contestarse de cualquier forma; todo depende de la habilidad del orador y la paciencia del auditorio. En el caso de Riquelme es peor quizá, porque las respuestas tienden a multiplicar las preguntas.Riquelme se presentó ante la afición europea durante la final que jugó Boca contra el Real Madrid por la Intercontinental 2001. Aquella noche le pegó un baile inolvidable al mediocampo merengue, especialmente a Makelele, que salió de la cancha girando como un trompo. Los directivos del Barcelona se entusiasmaron y compraron su pase para que repitiera la hazaña en el Nou Camp. Parecía un negocio redondo. Entonces ocurrió el puntual milagro: le pidieron que cambie. Comenzó a hablarse de problemas de velocidad, falta de adaptación. Nadie se preguntó por qué debería cambiar de hábitos el mismo jugador que acababa de ser contratado justamente por sus hábitos; en cambio le recomendaron que corriera, que se apurara, en fin, que se convirtiese en otro. Y lo cedieron al Villarreal.Algo parecido ocurrió con Diego Maradona un par de décadas atrás. La secuencia fue idéntica: compra millonaria, problemas de adaptación, traspaso. Pocos advirtieron que una cosa estaba vinculada con la otra, que la compleja y explosiva personalidad de Maradona era una prolongación de su complejidad como futbolista. Fue célebre el enojo de Udo Lattek, técnico blaugrana en aquella época, ante la negativa del Diez a corretear por el campo con una pelota llena de arena. El alemán no entendía que alguien se le sublevase ni lo antinatural que le resultaba a su dirigido esa carrera en el vacío. “Cada ronda que pasábamos en la UEFA las pelotas de Lattek eran más pesadas”, fue el lacónico recuerdo de Diego. Quizá resulte exagerado comparar a un excelente jugador como Riquelme con el que probablemente fue el mejor de todos; sin embargo, los casos se tocan y se confunden. Ambos fueron ídolos en Boca; ambos encontraron resistencia en Barcelona y tuvieron que empezar de nuevo en un equipo chico. Todos sabemos cómo terminó la primera historia, con el Diez recolectando títulos de todos los colores para el Nápoles.Por lo pronto el Villarreal le dio a Riquelme la posibilidad de jugar como lo hizo siempre, como un torero impasible. Y Riquelme puso al Villarreal en el mapa. Su equipo practica un fútbol agradable, tiene delanteros peligrosos y viene de jugar una semifinal europea. El posesivo en este caso es literal; el equipo ‘es’ de Riquelme. El juego, las ideas, hasta las esperanzas del Villarreal pasan por él, absolutamente. Casi lo mismo ocurrió con la selección argentina durante el Mundial. Es verdad que Argentina tuvo un juego discontinuo, pero también lo es que perdió en octavos, contra el anfitrión y en la tanda de penaltis, después de un par de Mundiales donde no había pasado de la primera ronda. El líder intelectual de ese progreso fue Román.Más allá del análisis queda la felicidad de ver a un gran futbolista. Lento o rápido, abúlico o inspirado, Riquelme siempre justifica su presencia porque encarna lo más genuino del fútbol: la idea de juego. No hace mucho dijo Jorge Valdano: “Riquelme es un jugador raro en los tiempos que corren. Le interesa más el juego que el gol”. Es cierto. Ante todo le gusta jugar y hacer jugar, guardar la pelota bajo la suela, acariciarla, mostrarla, esconderla, meter un cambio de frente o un pase de ángulo imposible. Son actividades sedentarias porque para realizarlas es necesario dominar el arte, como los toreros. Nunca nadie vio a un buen torero corriendo.
09/10/2006
El fútbol argentino

River le ganó 3-1 a Boca Juniors anoche. Les rompieron tres veces el orto a los bosteros.
En la web oficial de los Millonarios lo festejan con una serie de afiches del que rescato éste...
17/08/2006
Jonny vuelve para frenar la maldición de Wilkinson

Un jefe de la sección Más Deporte de AS aficionado al rugby es lo más cerca que ha estado este juego del main stream deportivo nacional. Pero hemos colado ahí a Fermín y, mientras reaccionan, el chico sigue dándole alegres páginas dobles de apertura a este "juego de villanos practicado por caballeros". La última, este buen reportaje acerca del regreso de Wilkinson a la acción después de casi tres años. Las frases bonitas acerca del rugby están muy bien, y puede que tengan algo de verdad. Cierto que el rugby posee una nobleza que dignifica un juego por otro lado refractario a cualquier redención, pero cuando uno se pone la camiseta y entra en ese fragor incomprensible de golpes, se da cuenta de que hay tipos (muchos tipos, y generalmente muy grandes) que nunca han oído esa frase o no la han entendido o, aún peor, la han entendido pero no quieren saber nada. Lo sabes porque están en tu propio equipo y entrenan a tu lado todas las semanas. Es más... a veces son los que dirigen desde la banda. El silogismo sale fácilmente y se razona en cada agrupamiento: si están en tu equipo (y en tu vestuario), están en el de enfrente. Encontrárselos sólo es cuestión de tiempo. Como los novios desconocidos de nuestras amigas, siempre acaban por aparecer. Mientras, leemos a Fermín.
Jonny vuelve para frenar la maldición de Wilkinson
Desde que no juega él, su selección no ha ganado nada. Ha encadenado nueve lesiones seguidas
Los Yankees lo bautizaron como Come Back Kid. El niño que siempre vuelve. Su niño era George Herman Ruth, Babe Ruth, el mejor jugador de béisbol de todos los tiempos. El Bambino llegó al Yankee Stadium con 26 años y una sospechosa barriguita, mientras condenaba a los Red Sox de Boston a décadas de fracaso: ‘la maldición de Babe Ruth’. No volvieron a ganar las World Series hasta 2004. Los Yankees lograron el título en 1921, pero 1922 fue un annus horribilis. El alcohol atenazó a Ruth y el triunfo se mudó al norte de Manhanttan, con los Giants.
La temporada del 23 arrancó fuerte: Yankees-Red Sox en el viejo estadio del Bronx. 65.000 personas en la grada y Babe Ruth en el banquillo. Cuando saltó al diamante, el locutor no tuvo piedad: “Toca batear a Babe Ruth. It’s over (Está acabado)”. Ruth descosió la bola en su primer batazo logrando el home run más famoso de la historia. Fue el Come Back Kid. El mejor Babe regresó y siguió en los Yankees hasta alternar con Joe Di Maggio, su sucesor. Allá por 1934.
Inglaterra sueña en estos días con su particular Come Back Kid. Su protagonista es Jonathan Peter Wilkinson, Jonny, que lleva tres años escuchando como le repiten el funesto estribillo: ‘It’s over’. Pateó el drop que otorgó a Inglaterra su primer y único título mundial de rugby. A decir verdad, el único que reposa en las vitrinas del Hemisferio Norte.
Telstra Stadium de Sydney. 82.957 espectadores. Wilkinson recibe el balón de Dawson y logra el drop más famoso de la historia con su pierna mala. Mientras, Mom Wilkinson compra verdura en el mercado. Lo que pocos saben es que Wilko jugó el Mundial con problemas cervicales. La vértebra C5 oprimía un nervio que maltrataba a Jonny. Tras el Mundial entró en quirófano. Y no salió de él. Desde aquel 22 de noviembre de 2003, ha encadenado nueve lesiones: Rodilla, cuello, roturas musculares... Hasta una inoportuna apendicitis.
Ahora el apertura ve la luz al final del túnel. El de Frimley ha sido convocado por su seleccionador para los amistosos de otoño. Desde que Wilko dejó la selección, Inglaterra no ha ganado nada. Parece acabada. ‘It’s over’. En Boston ‘la maldición de Babe Ruth’ castigó a los Red Sox durante 84 años. En Buckingham Palace no quieren que ‘la maldición de Wilkinson’ dure un día más. Esperan otro Come Back Kid. El niño que siempre vuelve: Jonny.
Foto: la patada voladora de Wilco que se cargó el vals de Matilda en el Mundial australiano de 2003.
08/08/2006
El rugby: hipótesis de futuro

Fermín de la Calle publicó la semana pasada en AS dos páginas de fervorosas hipótesis acerca del futuro del rugby en España donde, dicen, este deporte crece con la velocidad de una brizna de hierba. AS atiende bien el querido rugby, al que yo le debo tanto y que no cuido lo que debiera en Somniloquios. Borges conjeturaba que el arabismo del Corán está demostrado en que en sus páginas no se nombra a un solo camello. Tan connatural es el animal a la vida diaria que no parece necesario hacerlo presente. A mí me ocurre algo parecido con el rugby. Por eso traigo a Otras voces... esta noticia y artículo de opinión de Fermín, hombre de prosapia ovalada. La foto pertenece a una melé entre sombras del Seminario de Tarazona frente al Fénix: el primer rojo de izquierda a derecha, que aparece semitapado y en inconclusa posición de empuje, es el hombre que a veces habla en sueños.
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El rugby quiere reclutar al Madrid y el Barça
El Real Madrid dispuso de una sección de rugby en los años 20 en la que había futbolistas reconvertidos como Eulogio Aranguren. Ahora, el clásico futbolístico puede extrapolarse al rugby. Las gestiones pintan muy bien.
El primer Real Madrid-Barcelona del rugby español está cada vez más cerca de convertirse en una realidad. El Barça, que contaba con un equipo en la Primera Nacional grupo C, ha llegado a un acuerdo con el USAP Barcelona, según confirmaron a AS fuentes federativas, para que el equipo del Universitari lleve el nombre del FCB Barcelona y los colores azulgrana. Los contactos que se han venido produciendo en los últimos tiempos entre la directiva culé y la del BUC han llegado a buen puerto, lo que permitirá el estreno del equipo azulgrana en la División de Honor del rugby español.
El caso del Real Madrid es diferente. El club de Concha Espina ya dispuso de una sección de rugby en los años 20, que la nueva directiva ha querido recuperar ahora. Todo ha partido de una oferta por parte del alcalde de la localidad madrileña de Boadilla, Arturo González Panero, miembro del Partido Popular. El edil contactó con el vicepresidente de la entidad blanca Juan Mendoza, aficionado confeso al rugby, que recibió la noticia con entusiasmo. La predisposición del club que preside Ramón Calderón es óptima y las gestiones avanzan favorablemente. El club que asimilaría el nombre y la equipación blanca sería el CRC Madrid Noroeste, heredero del Canoe, que la pasada temporada volvió a la División de Honor. El CRC Madrid Noroeste había sido descendido por el Comité de Competición de la FER, debido a unos problemas con las fichas en sus categorías inferiores.
El Madrid había mostrado públicamente su intención de activar sus secciones de fútbol-sala y fútbol femenino. Y esta oportunidad brindada desde la directiva del Madrid Noroeste por boca del alcalde de Boadilla ha sido bien recibida por Mendoza, que ve en ella una forma de respaldar el rugby dando un empujón mediático con el desembarco blanco. Hay precedentes favorables como el del Newcastle de Jonhy Wilkinson, ganador de la Liga inglesa y de la Heineken Cup (Champions del rugby). O el desembarco de Berlusconi en el rugby transalpino con el fichaje de los mitos David Campese y John Kirwan.
Juan Mendoza sabe que el rugby es un deporte en alza que ha disparado su popularidad tras la disputa del Mundial de Australia, en el que Inglaterra se hizo con el título, y que el año que viene se disputará en Francia una nueva edición de la Copa del Mundo. El bajo coste del mantenimiento de una sección de este tipo y el prestigio de este deporte hace pensar que el acuerdo se producirá en las próximas semanas. Si ocurre, apunten una fecha: 21 de enero de 2007. Jornada 8ª: CRC Madrid-USAP. Quizás, el primer Real Madrid-Barcelona del rugby español.
Entre las aulas y la barra del 'Cantábrico'
El rugby es un deporte que nació en los patios de las Universidades y se fraguó en las barras de los bares. Un estudiante de veterinaria, de nombre Baldiri Adeu Torres, llevó el rugby a Sant Boi de Llobregat, donde mucho antes de que naciera Pau Gasol nació la UE Santboiana. Corría 1921. Unos años después, septiembre de 1939, en Valladolid, Pepe Hurtado (tío-abuelo de servidor de ustedes) entró en las dependencias del SEU y pidió "un balón oval y ropa para dos quinces". Meses más tarde, en la barra del 'Cantábrico' (calle Santiago esquina Plaza Mayor), Hurtado, apodado El Bufanda, junto al ingeniero Ángel Audibert y el inolvidable Pepe Rojo, El Topo, consiguieron completar el primer quince del rugby vallisoletano.
Luego recogió el testigo el Padre Bernés, cura francés profesor de El Salvador, que llevó el rugby al patio del colegio cosechando éxitos en categorías inferiores. Bernés, con la ayuda de los Enciso, saga que hoy perpetúa el capitán de la Selección, Alvar, levantaron los cimientos del actual Cetransa con la ayuda de los hermanos Berdugo, entre otros. Los chamizos encontraron una dura pugna en los queseros, del colegio Lourdes. Hoy, Cetransa El Salvador y Quesos Entrepinares VRAC mantienen esa sana rivalidad.
En Madrid, la mejor correa de transmisión para difundir el rugby fue la Universidad. Arquitectura arrancó en el año 31, pero no fue hasta su segunda etapa, a partir de los 70, cuando cosechó más éxitos. Otros colegios como Canoe, Cisneros o Liceo Francés protagonizaron las primeras páginas del rugby madrileño. En Andalucía despuntaron Monte Ciencias y la cantera del San Jerónimo. Y en el País Vasco el Guetxo abrió una senda que ha seguido el Bera-Bera. Ahora el fútbol amaga con aterrizar en un deporte que nació en las aulas de la Universidad y se consolidó en las barras de los bares.

