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Jonathan Edwards, por Dios y por Gran Bretaña

Jonathan Edwards, por Dios y por Gran Bretaña

Steve Cram había ganado el Mundial de 1.500 y batido dos veces la marca universal de Sebastian Coe cuando reconoció: "Si no gano el oro en unos Juegos, seré considerado un fracasado". Entonces Cram tenía 25 años, pero nunca logró el oro olímpico, un metal de incalculable valor incluso para un hombre como Jonathan Edwards, creyente tan convencido como para reducir a la obviedad el significado de una victoria: "¿Qué tiene de especial? Se trata de saltar en un foso de arena...", dijo alguna vez para definir el triple salto, una de las disciplinas más complicadas y menos populares del atletismo. A los 34 años Jonathan Edwards es campeón olímpico: ha cruzado la frontera a la que aludió Cram y en la que él se había situado desde que en 1995 llevó el triple a una dimensión desconocida al saltar 18,29.


Hubo un tiempo en que Edwards se negaba a competir en domingo para no traicionar su devoto cristianismo. La decisión encajaba perfectamente con la fisonomía y la actitud del británico, un hombre desconcertante que parece cualquier cosa menos un atleta: tipo delgado y sin músculos aparentes, el pelo canoso, la desacostumbrada economía gestual, el hablar pausado... 

Podría pasar por ejecutivo que practica el deporte los domingos, o quizás por un seminarista. Pero no por un atleta de élite; y mucho menos por uno con capacidad para saltar por encima de los 18 metros, barrera infranqueable para la gran mayoría de los triplistas . Si se prueba a extraer del contexto de un estadio esa distancia y se la transporta al entorno cotidiano se descubre su dimensión extraordinaria. Algunos especialistas han comparado aquel salto de Gotemburgo con el legendario 8,90 de Beamon en longitud en México-68. No parece exagerado. Ayer, Edwards fue campeón olímpico con 17,71.

Su biografía describe una curva ascendente hasta 1995, el año de su explosión, y otra en declive después, si por declive se entiende la reducción de sus marcas. Hasta 1992 Edwards se consideraba sólo un buen atleta, un aplicado especialista al que no aguardaba la notoriedad. Anteponía sus convicciones religiosas a lo demás; honraba al Creador descansando el séptimo día. Cambió de opinión al ganar la Copa del Mundo de La Habana: era sábado por la tarde en Cuba... pero en su casa, en Inglaterra, el domingo ya había comenzado.

Su evolución se disparó. Consiguió ser tercero en los Mundiales del 93 y fue depurando la articulación de su salto, algo absolutamente ineludible en una prueba tan técnica. El resultado se tradujo en un 18,49 de dimensiones extraterrestres que no quedó homologado por el viento. Pero ese mismo año se aproximó de nuevo al vacío saltando 17,98 en Salamanca, y cruzó el Rubicón en Gotemburgo con 18,16 y 18,29.

Esa hazaña conllevó una experiencia dolorosa. Edwards, conquistador de un territorio desconocido, se convirtió en un prisionero de su marca. "Cuando tu mejor registro es un récord del mundo, el deporte se convierte en algo diferente: ya no sales con ese entusiasmo juvenil diciendo: ’Hoy voy a hacer récord’... porque sabes que no va a ocurrir". A pesar de su fe, le afectó; perdió rendimiento (fue plata en Atlanta y bronce en Sevilla-99) pero también su reconocida capacidad para relativizar todo: el tercer puesto en Sevilla acabó en lágrimas.

A la perturbación psicológica la acompañaron las lesiones: una operación de microcirugía en un tobillo hace dos años, en una zona fatal, crítica, en esta especialidad; después se lesionó en el pie izquierdo y se creyó que no comparecería en Sevilla.

Las mismas dudas acompañaron a su presencia en Sydney por una grave enfermedad de su suegra. Hubiera constituido una enorme decepción tras alcanzar la mejor marca del año en Leverkusen en junio. Al final Edwards, con la ayuda de Dios, ha accedido al Olimpo. Al menos él así lo proclama al explicar su mejoría con algo que semeja un salmo: "En lugar de soportar todo el peso sobre mis hombros, he aprendido a entregarle la presión que tengo a Dios, y a concentrarme en El, y en Su capacidad para fortalecerme".
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2 comentarios

ruiz godier -

soy de peru (hombre)y amo el atletismo.
creo que teniendo fe se logran muchas cosas al = que tu edwards.
¿CUANTO MIDES Y PESAS?

quiero saber tecnicas y secretos tuyos para mejorar en el triple por favor mido 1.88 y peso 67 kilos bye y cuidate.

FE

lorena -

pues fíjese usted que llevo tiempo pensando que con FE -así, en grande- se me haría todo más fácil...
pero de momento no me ha venido el rayo de luz.
De todas formas, dicen que con los años, llega. Igual que los hippies se vuelven burgueses.
No sé, esperaremos...
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