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El rey encuentra su corona

El rey encuentra su corona

Heraldo de Aragón, verano de 2004 

Final olímpica de 1.500 metros

En algo más de tres vueltas al estadio un hombre dilucidaba el final de su leyenda, la victoria sobre sus obsesiones y todas las derrotas anteriores. Hicham el Guerrouj cerró en Atenas el círculo de su extraordinaria carrera, con laurel en la cabeza, lágrimas y una medalla de oro que el mundo le atribuía ya en Atlanta, hace ocho años, y que el destino le arrebató insistentemente hasta ayer.

El Guerrouj poseía todos los títulos posibles y todos los records humanos. Sólo le faltaba la gloria olímpica, que es la gloria del deporte por antonomasia, la que desean los atletas por encima de ningún registro y de cualquier título. El Guerrouj sufrió para lograr esa culminación que misteriosamente se le había negado. En el 96 sufrió una caída cuando ya era general la la la certeza de que el relevo generacional le correspondía: atrás quedaban Elliott, Coe, Cram, Aouita o Morceli. Hicham El Guerrouj sería el siguiente elegido. Su caída en aquella prueba lo marcó de forma brutal. Desde entonces llevó consigo la foto del instante fatídico, para conjurarla. Pasó cuatro años imponiéndose en todas y cada una de las carreras que disputó. Pero el oro también lo esquivó en Sydney. Ngeny, un prodigioso keniano, esculpió a su costa tres minutos y medio de eternidad.

El Guerrouj tenía ayer rivales. Lagat en primer término -y la posibilidad de una liebre keniana que le dispusiera la carrera a su gusto-, Kiptanui, compatriota del anterior, Reyes Estévez, Rui Silva... Si la carrera era lanzada a un ritmo mayor, el podio sería inevitablemente africano. Reyes y todos los demás precisaban un tiempo menos generoso. El español pronto se puso delante y precedió al trío keniano. El Guerrouj aguardaba por fuera, con una zancada serena, quizá ahuyentado los recuerdos, dominando su obsesión. Luego pasó al tajo.

Sobre el 800 lanzó la carrera y prolongó su cambio durante media vuelta, en una aceleración formidable que desató el pánico por atrás. Reyes aguantó momentáneamente, pero el paso de los metros lo fue enguyendo. La última vuelta se convirtió para el catalán en una evidencia de que su apuesta por los Juegos no iba a terminar en medalla. En la contrameta Rui Silva se había convertido en una aspiradora de hombres y se le puso cara de podio. Lagat resistió, pero eso ya se sabía. El 1.500 debería decidirse en la salida de la curva y en la recta definitiva. Ahí donde a El Guerrouj lo aguardaba el fantasma de Ngeny, que había tomado la forma indudable de otro keniano, Lagat.

Rui Silva no llegaba. Lagat atacó con todo. Los 80 metros finales fueron un hombro a hombro dramático entre los dos. Un final que aún subrayó mejor la victoria más grande del gran Hicham.

 

 

 

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