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Somniloquios

Madre

Le llevo a mi madre unos cascos inalámbricos para que pueda oír la televisión sin elevar violentamente el volumen. Le he prometido también que le regalaré unos anteojos porque quiere tenerlos nuevos para ver mi casamiento, aunque luego los abandona en cualquier lado, olvida dónde los dejó y a la búsqueda le agrega una divertida incertidumbre. Para este día ha cocinado arroz con salchichas porque sabe, ella siempre sabe... Asume el riesgo de no dar con el punto deseado y dice que el arroz nunca le quedó bien, pero a mí esa certeza me extraña, jamás me pareció así. Si le sale mal protesta y se enfada y levanta la voz como si nos hubiera traicionado a todos. La espalda se le ha encorvado pero aún posee la incomprensible fuerza, heredada de su madre, para sobreponerse a un nuevo deber, una última obligación, que quizás tiene que ver con sus nietos, su marido o sus hijos. Quizás con algún familiar más o menos próximo. De dónde procede esa energía lo desconozco, pero posee un combustible de generosidad inaplazable que me asombra. Parece que el mundo entero pasara a través de ella o no pasara. De lo demás, de lo íntimo, no puedo hablar: los dos entendemos. Advierto lo que está haciendo el tiempo. Aunque yo trate de contenerlo, el proceso avanza hacia ninguna parte. Maldito, inconsciente y mortal. En sus fotografías de joven mi madre me recuerda un poco a Joan Fontaine.

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3 comentarios

M. O. -

En mi casa los macarrones con chorizo son la otra opción. Siempre.

lorena -

en mi casa el arroz con salchichas es macarrones con chorizo...
ellas siempre saben...

Gonzalo -

Ahora que lo dices, recuerdo que le debo un chocolate con churros
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