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Somniloquios

Las milongas del amigo Andrelo

Las milongas del amigo Andrelo

La tarde ha variado de colores al menos en tres ocasiones, antes de plegarse en ese contraste de añiles que rescata la última luz en los días que casi son de lluvia. Hemos regresado a la ciudad rodeados por la voz pedregosa de Andrés Calamaro. Raro que Andrelo no haya asomado antes a esta ventana, porque yo suelo alzarme a las suyas con frecuencia para vigilar qué hay ahí, qué está pasando. En los últimos años Calamaro ha cruzado largas temporadas en silencio, lo que entendemos por silencio público o musical, y entonces yo cada cierto tiempo consultaba a mis fuentes argentinas para saber si andaba bien, si estaba de este lado o del otro (en todos los sentidos), si alguien lo oyó o supo algo o vio un reportaje en alguna revista o si encontró una breve referencia a algún proyecto futuro. Con Calamaro me ocurre algo que no me ocurre con casi ningún grupo o cantante, y eso que la lista de predilectos es larga y variada: lo sigo como seguiría a un buen amigo, a un amigo íntimo. Resulta difícil de explicar: me parece que lo conociera de siempre, y podría deberse a que le he oído cantar tantas frases exactas que me invade la tonta impresión de que muchas las debe haber escrito pensando en mí. Se trata de un argumento imposible y casi estúpido, desde luego. Sin embargo, no hay refutación. A Calamaro lo siento aquí al lado no porque yo me haya aproximado a él a través de la idolatría o la admiración o la sensibilidad o el gusto musical. Más bien el proceso funcionó a la inversa: el que se aproximó a mí como si quisiera cuidarme fue él con sus temas.

Así que veníamos conduciendo en hilera dominical densa, y nos cercaba el minucioso sonido de Tinta Roja en el aparato de música. Tinta Roja es el último Lp de Andrelo, un cancionero de tangos revisados en clave pseudotradicional, que Calamaro adereza con la compañía de músicos cercanos al flamenco. No se trata de fusión, sino de interpretación. El coche no es el mejor lugar para oír un disco así, porque está musicado con detalle y finura que uno no debe perder, pero con el volumen bien alto puede rescatarse algo. La hora y la grisura final sí le iban bien al tono melancólico inherente al tango. La soledad de un living en la última respiración del día me parece el escenario más adecuado, dejándolo que se llene con la voz de Calamaro, cuidada en un cierto dramatismo milonguero, pero sin excesos; la subrayan guitarras, saxos, armónicas o palmas. No se oye un bandoneón en este disco de tangos que se hacen otra cosa sin abandonar del todo su naturaleza. En ese espacio de impresiones entreveradas reside, me parece, el interés y la alegría de este trabajo. Yo no entiendo de tangos, aunque me gustan y mucho. Y Tinta Roja, en cuanto a disco de Calamaro, me gusta al modo que me gustó El Cantante. Algo más, porque llega donde quizá aspiró a llegar el otro: a un planteo honesto y sin concesiones de su autor, decidido a arriesgar la pérdida ("ya sé que una crítica unánime en Argentina será imposible", advirtió Calamaro), o a que le recuerden que en sus últimos tres discos sólo aparecieron tres temas propios. Yo también me acuerdo de eso, pero me parece un arma demasiado burda e insincera con este disco.

De cualquier modo Calamaro sigue virando el rumbo sin perder el rumbo. Yo prefiero esos hits suyos de siempre, que tan bien y con tanta ligereza le salen, o el tono canalla de El Salmón. Me gusta más el lado Dylan y el lado Rodríguez y el lado Los Abuelos de la Nada y el lado Honestidad Brutal que este viaje a las tradiciones que Calamaro quiere compartir con quienes le escuchamos diga lo que diga, aunque sea una pavada como dirían allá. Veo que ese impulso de Tinta Roja es también el que anima, por ejemplo, estas líneas: donde quizás muchos esperen fútbol o deporte yo busco que se oiga también la otra voz que tengo dentro, y que son estos Somniloquios, voces en sueños o sueños hechos voz, generalmente palabras escritas en la madrugada. De ese mismo modo, Tinta Roja es el otro Calamaro. Así que le voy a encontrar momentos para dejar que me resbale por adentro esta voz querida de barrio y almacén. Siempre se hacen buenos los ratos entre amigos. Y Andrelo es un amigo cojonudo.

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5 comentarios

federico -

a mi me gusta enganchate conmigo!! :) es el mejor tema locoooo!!.. :)

jake -

para mi calamaro...:)

Sol -

aiiii sos grosso andress! soso lo mas grandeee!
TE AMOOO


SOL

Mario -

No sé si desorientado es la palabra, pero entiendo lo que dices Jeremy. Tu forma de decirlo suena cruda, pero en el fondo estamos de acuerdo: el traje de crooner argentino le va justo. Esa línea sí que la suscribo completa. Queda dicho en el texto que es la "amistad" la que salva para mí este tipo de discos, pero prefiero al Calamaro de cualquiera de sus otras versiones, lo cual también está dicho. Gracias por el comentario, un abrazo.

Jeremy North -

A mi no me ha convencido "Tinta Roja", me aburre y me parece que Calamaro está algo desorientado, no compone y se dedica a sacar tangos del cajón de sus recuerdos. No cabe duda que están bien cantados y con pasión, pero a Calamaro el traje de "crooner" argentino le va justo, el rock argentino de riffs stonianos que tan bien practica es su hábitat natural y al que ojalá vuelva pronto.
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