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Somniloquios

Hombres misteriosos

Hombres misteriosos


He pegado el oído a la sección Vivir de Cine de estos Somniloquios y me he dado cuenta de que suena a hueco como las tripas de un perro vagabundo. Últimamente voy entre poco y nada al cine, aunque no me preocupa mucho ni siquiera a mí, que he sido de ver cuatro películas por semana. Si este blog estuviera dedicado a la crítica sería peor, pero este blog no está dedicado a nada en particular, lo que lo hace muy cómodo. Hay quien piensa que debería intentar alojarlo en alguna página de referencia, la de un diario o algo así, para que lo leyera una cantidad impensable de gente y se pudieran enzarzar en los comentarios durante cientos y miles de respuestas y réplicas que yo aborrecería. Lo siento, pero no logro que me interese. Tampoco sé si le interesaría a alguien. Pero sospecho que si convirtiese Somniloquios en una obligación demasiado concreta, lo cerraría antes de que me devorase. Es así, vivo a medio camino entre la diletancia, la bohemia y la gilipollez, según opiniones. El caso es que voy poco al cine. En realidad, no voy mucho a ningún lado. Pero me da pena que el tema Vivir de cine luzca tan mal alimentado. Así que contaré que últimamente he visto ’Sunshine’, de Danny Boyle, y ’El buen pastor’, dirigida por Robert de Niro.

Parece claro que me rijo por el principio de autor instaurado por los muchachos de Cahiers du Cinema en los 70, cuando Truffaut y otros agudos comenzaron a reivindicar a los directores como auteurs. Danny Boyle (el genio detrás de ’Trainspotting’) cuenta en ’Sunshine’ la aventura de unos astronautas que viajan hasta el Sol porque el sol, amigos, se muere, se está apagando. Y el plan consiste en arrojar en esa piscina redonda de fuegos un par de bombas atómicas o algo así que lo reactiven y salven a la Tierra de la helada que se viene, que es para agarrarse. Contado de este modo, uno no tiene ganas de ir a ver la película ni en pintura. Pero la verdad es que ’Sunshine’ no tiene nada que ver con ’Armaggedon’ o ’Deep Impact’ o alguna de esas tonterías de héroes americanos que le ahorran al mundo un disgusto (a cambio, claro, de darle otros). No. ’Sunshine’ está más cerca del filo psicológico o filosófico o visual de ’2001. Una odisea del espacio’ o de ’Solaris’ (la de Andrei Tarkovski, no la revisión reciente de Steven Soderbergh), y en un momento dado gira hacia la órbita de ’Alien’. Hay quien ve de hecho en la película de Boyle un mero pastiche de otras películas. Depende de cómo se mire, pero puede ser. A mí no me importa que las películas recuerden o se parezcan a otras películas, siempre que sean buenas. ’Sunshine’ no es una película del espacio al uso y tiene un reborde de experiencia visual que me estimula bastante. Más allá de que uno sostenga una postura más o menos cínica y crédula con este tipo de historias de ciencia-ficción, más allá de la lógica de las cosas que se ven o se hacen en la narración, ’Sunshine’ me falló en el inexplicado tramo final, en el que un personaje espectral le hace un buen daño a la credibilidad y coherencia del resto de la trama. Pero a esta película le guardaré un agradable recuerdo, que no es lo de menos tal y como están los tiempos...

No me pasará lo mismo con ’El buen pastor’, que empezó con lío porque enchufaron la pantalla sin apagar antes las luces de la sala y yo, que estoy peleón últimamente, me fui directo contra el acomodado acomodador para decirle que, por favor, había empezado la película y que apagasen la iluminación de una puta vez; a lo que el acomodador, al que el chalequito azulón le subrayaba sus afectados movimientos, me contestó con indolencia femenina: "Ahí abajo está el encargado para que le proteste si quiere". Ya reinstaurado en mi butaca junto al resto de borregos a los que igual les hubiera dado que no apagasen las luces en toda la noche, vi ’El buen pastor’, la enrevesada historia del nacimiento de la CIA y de la ejecutoria de uno de sus fundadores, un agente encarnado por el impasible Matt Damon. Pronto me di cuenta de que el resto de espectadores no se habían molestado en lo de las luces porque no merecía la pena. ¿Cómo lo sabrían? Todo es interesante en esta película, menos la película. La historia, los conflictos interiores de los personajes, los actores, el elenco en general, la mano del director, la ambientación, el fondo musical, la trama... Todo bien, pero a Robert de Niro le han escrito una historia demasiado enrevesada como para defenderla con honor. Y aunque lo intenta, no lo consigue. Los actores no les encuentran ni el cuerpo ni el alma a sus personajes, las tramas se ramifican en subtramas que dibujan horribles meandros y dejan al espectador tirado en una cuneta en medio de ninguna parte; todo el conjunto viene y va y, por más que uno se concentre (cosa que yo no hago), poco a poco pierde pie y acaba por no importarle quién es quién y para qué. Dado que dura dos horas y media, lo bueno es que da tiempo en ocuparse de otras cosas. Como reflexionar en silencio, practicar los actos de contricción, resolver conflictos interiores si los hubiere, o decidir si es menos favorecedora la cara de Gustavo Alcalde o la de Domingo Buesa en la cartelería de campaña del PP; o tratar de encontrar un solo hecho concreto, real, del inexcrutable y melifluo Marcelino Iglesias que justifique su indiscutible reelección como presidente de Aragón.

Como yo no me dedico a esas cosas, me puse a pensar en el Hombre Misterioso, ese personaje de David Lynch que me acojonó tanto en ’Carretera Perdida’, en una de las escenas más aterradoras que yo, gran miedoso, haya visto jamás. A Mystery Man lo encarnaba Robert Blake, quien se pintó la cara de blanco y se hizo peinar como el abuelo de los Monster, más o menos, para darle a su personaje ese aspecto inquietante, diabólico, de conciencia demente. He encontrado la escenita en la fiesta en la que aparece por primera vez el Hombre Misterioso y sostiene ese diálogo atroz con el enloquecido protagonista de ’Carretera Perdida’, otra película de Lynch imposible de entender salvo que uno sea un esquizofrénico o un loco. Sin embargo, la mayoría resultan subyugadoras gracias a su delirante poder subconsciente y simbólico. Revisando ahora la escena ni me inmuto, pero si uno la ve enmarcada en la historia que David Lynch está empezando a contar, de verdad que te deja helado del canguelo. Yo no me salí del cine Renoir porque Pab me agarró del brazo. Le dije: "Chato, estoy acojonado". Y él contestó: "Yo también, pero ahí quieto". Dejo el enlace para quien desee verla ahí arriba y reproduzco el diálogo. 

Mystery Man: We’ve met before, havent’ we?
("Nos conocemos, ¿no?").

Fred Madison: I dont’t think so... Where you think we met?
("Me parece que no... (Pausa) ¿Dónde cree que nos conocimos?").

Mystery Man: At your house, don’t you remember
("En su casa, ¿no se acuerda?").

FM: No, no I don’t. Are you sure?
("No. ¿Está seguro?").

MM: Of course... As a matter of fact I’m there right now.
("Claro... De hecho, ahora mismo estoy allí").

FM: What you mean? You are where... right now?
("¿Qué quiere decir? Dónde dice que está... ahora mismo?").

MM: At your house...
("En su casa").

FM: That’s fucking crazy, man.-
("Eso es una locura, tío").

MM: Call me... Dial your number. Go ahead.
("Llámeme... Marque su número. Vamos").

MM (al otro lado): I told you I was here.
("Ya le dije que estaba aquí").

FM: How you did that?
("¿Cómo ha hecho eso?").

MM: Ask me.
("Pregúntemelo").

FM: How you get inside my house?
("¿Cómo ha entrado en mi casa?").

MM (al otro lado): You invited me. It is not my costume to go around not wanted to.
("Usted me invitó. No es mi costumbre ir donde no soy bien recibido").

FM: Who are you?
("¿Quién es usted?").

MM: jajajaja... (Y al otro lado): Give me back my phone... It’s been a pleasure talking to you.
("Jajajajaja.... Devuélvame mi teléfono. Ha sido un placer hablar con usted").

[Foto: Robert Blake, en el papel del Hombre Misterioso. A Robert Blake lo recordamos todos aun cuando no lo reconozcamos: era Tony Baretta en la famosísima serie policial de los setenta. Cinco años después de aparecer en este memorable y muy lynchiano papel (’Carretera perdida’ es de 1997), Robert Blake fue acusado de asesinar a su mujer Backley. La historia roza lo surreal. Backley era una cazadora de celebridades y sus fortunas que andaba liada con el hijo de Marlon Brando cuando se quedó embarazada. Resultó que el bebé no era de Brando Jr. sino de Robert Blake, que andaba culebreando fuera de la escena. Blake se casó con ella. Una noche, a la salida de Vitello’s, un restaurante italiano, Backley apareció con un disparo y Baretta no pudo explicar bien del todo por qué no había de ser el culpable. El largo y costoso juicio terminó con un veredicto de inocencia para el actor, que desde entonces cuida y educa amorosamente a su hija, dicen].

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2 comentarios

Mornat -

Si eso procura no salpicar, Kika: lo tengo todo muy limpio.

Kika -

ODIO LA FRUSTRACION, EL CONFORMISMO Y LA GENTE MEDIOCRE CREO QUE EN CUALQUIER MOMENTO ME AUTODESTRUYO.
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