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Somniloquios

Mika: la pastilla de la felicidad

Mika: la pastilla de la felicidad

En estas horas absurdas hay que caminar despacio, pegados a la pared. Balón cortito y al pie. Los días se han llenado de socavones con pretensiones existenciales, lo que supone que uno puede levantarse de la cama y antes de llegar al baño (digamos, tres pasos) haber caído en la tristeza, que luego te tiene ya agarrado por los huevos todo el día y a ver quién se suelta sin desgraciarse. Basta una mala elección musical, un instante de debilidad, una palabra o un pensamiento fuera de sitio, una incoherencia, un paso en falso, para derrumbar el día. Así que mi reciente encuentro con Mika, tan improbable, constituye una revelación de primer orden. En realidad, casi todo parece improbable con Mika, el fenómeno musical del momento más allá de los especiales de Rocío Jurado: nacido en el Líbano, de padre estadounidense y madre libanesa (¿hará buenos falafel esa mujer?), emigrado con un año de edad a Gran Bretaña (¿y dónde si no?), Mika se ha proclamado campeón del verano que aún no ha comenzado sin bajarse del autobús. Lo ha hecho con un par de canciones como Grace Kelly y Lollipop, que son como la resultante de meter en una batidora a Freddie Mercury, Rufus Wainwright, George Michael y los Scissor Sisters, cuanto más maricones mejor, aderezar con unas pastis, un sobrecito de gaseosa El Tigre para darle la efervescencia exacta... y agitar bien. O sea, la sonrisa asegurada y el bailecito matinal para derramar el café sobre el teclado, un cheque en blanco de optimismo para unas cuantas horas, una píldora de la puta felicidad, visita urgente al doctor SiéntaseBien sin necesidad de contarle tus fantasmas, la certeza impagable de que eres Superman y ni este día ni cualquier otro te van a poder frenar. Aunque lo parezca, en Mika no todo son falsetes y voces de niños y niñas y cachondeo tierno; con Mika conviene no tomar la parte por el todo. Yo también he tenido la tentación inicial de pensar que tres días seguidos de Mika serían demasiado para cualquiera, y que había un error en el hecho de que esto me guste. Nada de eso. El disco es variadamente protéico. Al muchacho la voz le da para las volteretas laterales, el firulete, la profundidad y hasta para cantar, componer e interpretar temas muy apreciables en registros bien diversos. Firmemente recomendado para estados carenciales del organismo: Life In Cartoon Motion, se llama. Y si no os gusta, os aguantáis.

En cierta ocasión una chica me dijo que su felicidad era el polo de fresa que se comía de niña. Frank Bascombe, el personaje de Richard Ford en 'El día de la Independencia', dice: "¿Lo mejor? Es inútil buscarlo. Lo mejor es un concepto sin referencia desde que has tomado tu primer helado de plátano a los cinco años y descubres, una vez que lo has acabado, que podrías tomar otro". Más o menos eso es Mika ahora para mí. Lo mejor si es que existe: una piruleta de fresa, una tarrina de medio litro de helado (strawberry and cheesecake, de Haagen Dasz, desde luego). Y sobre todo, una onza de chocolate entre dos galletas Chiquilín. A veces la cosa es así de simple. Otras veces no llegas vivo al baño.

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3 comentarios

leila -

me encanta mika hacia tiempo no escuchaba algo tan loco y variado, ojala hagan una visita a la argentina

Mia -

me encanta mika!espero que venga a la argentina porque lo necesito!!!

mika i need you so much!
come to argentina!please
for me!!

Will Hunting -

Tiene algo distinto que no sé como tratar de explicar pero que impide que te disguste. Me fije en ese par de canciones hace poco tiempo y desde entonces no he podido quitármelas de la cabeza. No es que esté todo el día con ellas, pero sí me vienen de vez en cuando
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