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Somniloquios

El verano aún no ha acabado

El verano aún no ha acabado

Sólo hay algo más deprimente que el llamado síndrome post vacacional, y son los programas de radio y los psicólogos en televisión hablando del síndrome post vacacional. Somos estupidamente conspicuos en el empeño por crear y recrear y otorgarle complicadas naturalezas a fenómenos de lo más primario. Esto es simple: el que no aguante la depresión del regreso, el próximo año que no se vaya de vacaciones y listo. Verás cómo no era tan grave. Volver es una putada, nada más que eso; pero hay tantas a lo largo del año... Considerarlo un síndrome es tan grave como denominar curro al trabajo. ¿Quién inventaría la palabra curro y sus derivadas, currar, currelar, currelo? "¿Curras hoy?", me pregunta por ahí de vez en cuando algún/a indeseable. Yo no curro, perdone usted, yo trabajo. Y sí: desde el viernes empujo el molino del olvido, diríamos, imagen de esta semana en el sugerente (!) margen superior derecho de Somniloquios. El Zaragoza y yo estamos aún en el verano, de ahí el título de la primera crónica del año. La dejo a modo de saludo.

Real Zaragoza, 1-Racing, 1
2ª Jornada de Liga
Diario AS, 2 de septiembre de 2007

El Zaragoza sigue sin ponerse en marcha l Jugó a chispazos y reaccionó para empatar l Marcaron Serrano y Oliveira l Toño le sacó tres a Diego

El Racing dibujó un aviso frente al Barcelona y ayer lo corroboró en La Romareda, contra otro equipo de ritmo alto y variantes ofensivas alegres. A pesar de su debilidad en la delantera y de las ausencias, se las arregló para marcar el ritmo del partido y poner al Zaragoza contra las cuerdas con un ejercicio de repliegue y contraataque muy sutil. El Zaragoza se quedó a medio camino de todo. Aunque acumuló un buen número de claras oportunidades  -que Toño desactivó con un catálogo espectacular de manotazos ingrávidos- y trató de elevar el ritmo de su juego, la verdad es que parece aún atrapado en una evolución corta, como si el verano se le hubiera quedado pequeño para reunir y engrasar las piezas o las ideas. El camino que le queda es largo y el descanso le va a venir bien. Mientras el Racing se fue silbando bajito, el Zaragoza se queda rumiando las relativas ansiedades de su entorno: un punto en dos partidos le sabe muy poco al sexto club que más ha gastado este verano.

Marcelino manejó el partido, aun con errores que pudieron comprometer la ventaja del Racing. Primero nos fijaremos en los detalles laterales: su vistosa corbata verde estaba rematada con un nudo que era como un cogollo de Tudela, una floración clorofílica que le subrayaba el mentón y le daba preeminencia en la noche. Iba a juego con el césped esmeralda. Marcelino se pasó el partido gesticulando mucho, como si con sus manos pudiera tocar los costados de los jugadores o ponerlos en el campo con la misma exactitud cuidada con la que levantaría un frágil castillo de naipes. El cogollo del cuello no se le movía un ápice. Tampoco sus futbolistas. El lenguaje corporal de Víctor Fernández, por su parte, era más contenido y de agitaciones interiores. Víctor es uno de esos entrenadores a los que la ropa deportiva le queda ajena. Los trajes, sin embargo, le encajan como un guante. Pero como septiembre aún es verano, no luce corbata. Ese aire desenfadado lo negaba anoche con su tendencia a apretar los brazos sobre la boca del estómago, como si le estuviera naciendo ahí un agujero negro o una preocupación diferida. Y era así. Durante algún tiempo mantuvo compuesto el rostro, pero enseguida se le deshicieron las facciones porque su Zaragoza no encontraba la fórmula.

Aunque el partido nació vigoréxico y agitado, repleto de actividad como un hormiguero, enseguida se remansó, que es lo que preferían el Racing y su entrenador. Los dos equipos se lanzaron a toque de corneta, una hiperventilación excesiva que le dio al inicio de la noche un aire de Premiership inglesa. En ese ambiente, Oliveira hizo una sola y rotunda muestra de su autosuficiencia: él solito armó una jugada por el costado izquierdo y la concluyó con un derechazo fulgurante al larguero de Toño, que se retorció en la nada como una gamba. Fuera de ese latigazo, al Zaragoza el partido se le hizo bola en el gaznate muy pronto, y ya no encontró forma de digerirlo. La marcha de Gabi Milito ha dejado una considerable debilidad en la salida de la pelota. Ni Ayala ni Sergio -que jugaron un buen partido, en otros órdenes- tienen el desplazamiento del Mariscal. Tampoco Zapater participa demasiado de esa obligación; y aunque Gabi recorrió todos los caminos y preguntó en cada puerta, al Zaragoza le faltó el compás de tinta china de Matuzalem. En esas condiciones, el equipo de Víctor jugó a chispazos y con frecuencia se deshizo contra el rompeolas de Marcelino.

Disparos
Entre la ineficiencia del Zaragoza y la cortedad del Racing arriba, el choque se quedó mucho tiempo en las cosas secundarias. Eso delató sobre todo al equipo local. El Racing fue jugando su partido y haciéndolo cada vez más suyo. Se armó muy bien hacia atrás (hasta los delanteros incordiaban a los medios del Zaragoza, ejemplo de solidaridad o disciplina) y buscó la espalda de la zaga aragonesa con pelotas a Munitis e Iván Bolado, ayer dos delanteros de actividad frenética pero contenido menor. Bolado corrió tanto que a los diez minutos del segundo tiempo se había bebido el oxígeno de su organismo. Aun con esas carencias, el Racing tuvo el mando estático del encuentro, la tecla del ritmo. Siempre se jugó en la velocidad que más le convenía a él, lo que le otorgó cierta superioridad psicológica sobre un Zaragoza al que la impaciencia le fue creciendo igual que musgo entre las ideas.

Ganado el espacio y las dinámicas internas de la noche, el Racing se atrevió a invadir terrenos ajenos a menudo, y para ello envió a la segunda línea adelante. Colsa y Duscher eran el fuelle de ese acordeón. En lo ofensivo, el partido cántabro constituyó un ejercicio de puntería bastante pobre, pero definitivo: Jorge López, Duscher u Óscar probaron a disparar desde fuera del área, todos sin peligro concreto. Al principio parecía nada, un argumento gaseoso, pero venía a ser una prefiguración, un anticipo. En ese sentido, sólo en ese, el Zaragoza pudo reclamar una cierta injusticia pasajera, porque Diego Milito apareció ligero y venenoso en los remates y no obtuvo ningún premio. Toño le sacó dos goles de la garganta con un par de vuelos cartilaginosos, enroscándose en el aire, que de inmediato señalaron al portero como figura principal de la noche. Más tarde, Diego cruzó un tiro mal tocado; y luego le puso el filo de la cabeza a una de esas combas de niño demoniaco de D'Alessandro. Apenas la peinó, pero el balón era un mísil que Toño manoteó en otro ejercicio asombroso de levedad física. Y entonces, justo cuando se estaba viniendo el Zaragoza, entonces Óscar Serrano hizo diana. Fue de un tiro, claro, a la vuelta del rechace de un córner.

Con esa ventaja, Marcelino jugó al ajedrez y se enrocó. Más de la cuenta. Repobló primero el medio campo con Jordi, mientras el Zaragoza hacía lo contrario para ganar ligereza arriba con Sergio García. Nada se movió demasiado, sin embargo. El Zaragoza puso arrojo, desde luego. Faltaría más... Se fue a por el partido con decisión, pero apenas hay mérito en esa mera necesidad. Acabó por empatar también en un córner, para que el encuentro no se saliera de su contenida naturaleza. Ayala pegó un cabezazo demoledor, tras un salto rotundamente increíble, y Oliveira cazó la mariposa en el rechace. Fue todo. Marcelino reunió tres centrales, Víctor dejó volar los faldones de su americana y el Zaragoza apretó sin terminar de ahogar. Exactamente igual que el nudo de la corbata de Marcelino.
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14 comentarios

jcuartero -

El velocista si que ha hecho una buena pretemporada. Se le nota en forma

Anónimo -

sigo siendo del zaragoza...

Mornat -

¡Oiga usted, yo había venido a hablar de mi libro!

Obdulio -

Bueno, yo también quiero ser optimista; tomen mi comentario anterior como un desahogo nomás. Este arranque 1 de 6 me puso de pésimo humor, como si confirmara lo que vimos en la pretemporada. Ojalá hagamos pie en los próximos partidos, atrás y en el medio, sobre todo en el medio, la zona más inoperante (y crucial) del equipo. El centro del campo no crea mucho peligro ni desbarata el peligro contrario, y así es imposible.

Muy cierto lo de los africanos. Sin ir más lejos, el Madrid le debe buena parte del título pasado a Diarrá. ¿Recuerdan lo que corrió, quitó y empujó ese muchacho en los últimos partidos? Parecía un tractor, una topadora. Este año con Touré, Keita y demás será peor todavía. No sé. Me parece que el Z no tiene equipo como para salir a atacar alegremente en cualquier campo y al mismo tiempo tiene suficiente equipo como para voltear a cualquiera; de ahí deduzco 1) que para jugar de visitante lo mejor sería armar un mediocampo más sólido, más práctico, que abasteciese con mayor precisión a las dos bestias hambrientas que tenemos arriba; 2) que en La Romareda (dado que la mayoría se refugiará atrás) debería salir con el clásico 4-3-3 con dos volantes de marca, Aimar en su posición de siempre y Sergio García de falso extremo. En uno y otro caso la clave está en el medio.

Y ahora los dejo que me tengo que ir al curso de entrenador.
¡Aguante Zaragoza!
Un saludo

zaragocista -

Completamente de acuerdo en las alusiones a los "guerrero africanos". Desde Barcelona ya se califica a Touré como el fichaje del verano en Can Barca, y no creo que anden muy desconcertados.

Y Keita igual. A nosotros nos falta uno de esos, y lo cierto es que no creo que Luccin se pueda ni comparar.

Mornat -

Son síntomas evidentes, Jeremy. Pero te digo: hay dos cosas de las que resulta muy complicado hablar, por la pura especialización que conllevan. Una es la preparación física. Yo quiero buscarle el motivo en la tardanza en regresar de algunos jugadores principales (el caso de Ayala y la defensa parece claro), y que otros aún no han alcanzado su punto porque la temporada va a ser intensa y larga, y a lo mejor este año hay que empezar más lento para llegar más lejos. Las programaciones de los picos de rendimiento tienen estas cosas. No afirmo que esa sea la cuestión, pero se me ocurre como motivo probable. Respecto al medio, ahí va a haber movimiento, pienso como tú. A partir de que LUccin se ponga en su sitio veremos qué pasa, porque se abren muchas opciones y creo que algunas son de mejora. A mí también me falta músculo por ahí. Creo que ésta es la Liga de los Keita, Diarra, Yaya Touré y compañía, un tipo de futbolista al que aquí nunca miramos. Y me faltan bandas, problema no resuelto de un año para otro. Quiero ser optimista. Hay un buen trecho de mejora y le veo potencial grande al equipo, pero por algún motivo desde el verano había cosas que no me encajaban... Estos dos partidos han agudizado esas impresiones.
(Bienvenidos todos en el regreso, por cierto. Con tanto silencio agosteño creí que me abandonaríais. Ya veo que no...)

Jeremy North -

Mis dudas sobre el trabajo en la pretemporada se acrecientan: ni el equipo tiene un tono físico normal para estas fechas, sino deplorable, ni se ha trabajado la coordinación entre líneas, ni se ha dibujado una táctica habitual. Tengo la impresión que Víctor duda sobre la forma de jugar desde el centro del campo, porque sigue faltando músculo y potencia allí, y esa falla ya se tenía la temporada pasada y parece no remdiarse.

Cristina -

Pues no me lo tomes en cuenta si algún día te pregunto si curras, aunque bien pensado cada vez que hable contigo mediré mucho mis palabras, pero no seré tan natural. Ah!! me doy por felicitada, que a mi si que me gusta que me feliciten.

Obdulio -

Excelente crónica. Hay algo de este Zaragoza que me desespera por anticipado, como quien ve formarse una tormenta que cae indefectiblemente todos los años a la misma hora y en el mismo lugar, y es la imagen de eterno equipo alegre, jugón, ante todo BLANDITO, incapaz de torcer el destino cuando las cartas vienen mal dadas, circunstancia que en una campeonato complejo como la Liga ocurre muchísimas veces. El Zaragoza siempre es como el número vistoso (y desde luego secundario) del espectáculo. "¡Vamos a La Romareda, Salinas, que allí nos divertiremos en grande, ja, ja, ja!". Bueno, quiero aclarar que ese rol a mí y a muchos otros no nos divierte en absoluto. No nos hace reír ni nos entretiene ni nos reconforta. Es más: nos cabrea, y mucho. Alguien tiene que dar vuelta esa tradición o no estaremos entre los grandes ni aunque juguemos otro siglo en Primera. Hay tres formas de ser grande, tres viejas formas de ganar y sobre todo remontar partidos: 1) con buen juego colectivo, 2) con genialidades individuales o 3) entrando en campo ajeno como para reventar a quien se ponga delante. Está claro que todos los aficionados del mundo prefieren ganar con buen fútbol, ahora bien, si no aparecen las dos primeras DEBE aparecer la tercera. Esto es así desde los orígenes del fútbol. Ojalá podamos aprenderlo de una vez.
Saludos

Mornat -

Pues ánimo para ti también en la vuelta a la (i)rrealidad.

soni -

Como yo no me he ido de vacaciones no tengo síndromes post nada. Es una gilipollez. En todo caso, hoy estoy triste porque se me han acabado las prácticas en la radio... Me lo he pasado genial. No lo cambiaba por nada!
Saludos y ánimo en la vuelta al... curro!! digo: trabajo.

Mornat -

Donde dije "relaciones sobre Zapater y Aimar", quise decir "reflexiones". ¿En qué estaría yo pensando, Dios?

Mornat -

Gracias por el adjetivo. El sábado advertí que el Velocista ha regresado en buena forma y este año lo preciso más que nunca, porque hay muchos partidos tardíos. Suscribo las relaciones sobre Zapater y Aimar. Me parece que ambos van a ser objeto principal de conversación a lo largo del año. Y no sé si me gusta mucho la idea...

Abrazos

zaragocista -

Sublime la crónica amigo Mario.

El partido del Zaragoza fue un bolo veraniego sí. Lo que pasa es que lo que había en juego era lo mismo que en un choque de trenes en la penúltima contra el Madrid. Se mejoró con respecto a la Condomina, cosa tampoco demasiado atrevida o complicada.

Aimar sigue perdido. La banda no es su sitio, pero cuando, sin orden previa, marcha a su paraíso, tampoco dibuja fantasía. El caso es que ni la imagina. Preocupa cuando el que tiene que desequilibrar al que desequilibra es a su propio equipo.

Zapater, sin embargo, no me preocupa. Su estado es deplorable, pero en dos semanas será soberbio. No está bien físicamente, pero con que esté al 50% le vale. El resto lo pone el corazón.

Un saludo Mario, y mejoraremos.
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