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El Mariscal de hierro

El Mariscal de hierro

AS, Octubre de 2005
www.as.com

Para haber sido declarado “no apto” por el Real Madrid, Gaby Milito se las va componiendo bien: la creciente ironía de ese diagnóstico alcanza ya los cien partidos, los que hoy sumará el Mariscal con el Real Zaragoza. Cien partidos oficiales. No es necesario inducir el sarcasmo preguntándole por eso. Siempre ha medido la longitud de las palabras, y si hubo caso para una revancha íntima la dirimió en Montjuïc, cuando le pudo levantar la copa frente al rostro al equipo que lo rechazó.

Para Gaby el centenario supone una sorpresa: “¡Qué rápido pasó todo!”. Le pareció corto porque se lo pasó jugando, como los chicos: sólo se ha perdido siete encuentros a lo largo de estos dos años y pico: cinco por sanción. El peor fue el del jueves último: “No pude aguantar la tanda de penales, apagué la radio. Cinco minutos después la prendí de nuevo y oí que había errado Diego... ¡Me quería matar!”. Entonces voló César como un ángel.

 Los otros dos estuvo lesionado: “Dos me parece poquísimo, siempre hay percances, recaídas”. Pero esa rodilla es de fierro, le falta agregar. Prefiere: “Creo que en general el registro no está nada mal”. Además, Milito no se lesionó solo ni lo lesionó contrario alguno. Las dos veces lo mandaron a la enfermería compañeros suyos: el primero Yordi, de un plantillazo que le volvió el tobillo del revés y lo dejó sin jugar en Valladolid. En una recuperación obsesiva, llegó a tiempo para detener a Ronaldo y al Madrid, tres días después. El año pasado, Luis García le dislocó un hombro en Olomouc y el Mariscal quedó con el orgullo en cabestrillo. Eso fue todo.
 

La solidez de su prestigio va más allá del nombre, las camisetas o los episodios que lo trajeron hasta acá. Cruzar el Atlántico no lo alteró: “Pude venir a Europa antes, pero siempre quise hacerlo cuando estuviera seguro. Todo se ha dado como yo lo deseé”, reconoce. Cien partidos, dos títulos, cuatro goles, un hijo, un hermano. Esa es la gráfica Milito en Zaragoza. Y los partidos asombrosos, y encima de todos el de la final en Montjuïc, la sublimación. “Me quedo con ese por el rival, por la ocasión. Viví sensaciones únicas. Y también, de una forma más íntima, con el de Osasuna, cuando Alvaro marcó y nos salvamos”. Una memoria de polos opuestos, triunfo y riesgo, que resume al Zaragoza. Su gran reto: “No somos un equipo para mirar abajo ni estar en media tabla. Tenemos que aspirar a todo, ir arriba”, repite. Getafe es la ocasión “sobre todo después de perder con la Real. Estamos a dos puntos de UEFA y a dos del descenso”.

Cien partidos. ¿Quiere ya al Zaragoza como a Independiente? “Son amores distintos”. Tiene hasta 2010 para hacerlo. “El Zaragoza ya forma parte de mi vida, quiero seguir muchos años”. Ah, los quiere a los dos, entonces. Son como mamá y papá. 

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