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Te regalo un testamento

Te regalo un testamento

El viernes vimos en La Casa del Loco a ese oscuro lúcido que es Nacho Vegas, ex Manta Ray y autor de ‘Desaparezca Aquí’ (el último de sus tres elepés). Arrastré al recital a cuatro personas que ni siquiera habían oído hablar de Nacho, algo que suponía una clara temeridad por mi parte, pero ya estoy acostumbrado al peligro. Mientras esperábamos a un costado del escenario, me pidieron que definiera un poco su música: me sentí como si tuviera que hacer un plano del cielo.

Nombré algunas de sus influencias, pero jamás he creído que las influencias (palabra con un notable desprestigio a cuestas ya sólo en su fonética) signifiquen absolutamente nada. La verdad sobre Nacho me la había aproximado otro amigo hace algún tiempo, en una conversación sobre su último disco: “Lo mejor es que no parece español”. Añadiría: lo mejor es que no parece nada. Es casi tan difícil de clasificar como Antony and The Johnsons. Así que mis acompañantes quedaron, sin remedio, ante el abismo. Cuando lo vieron sobre la tarima, con ese aspecto de recién salido de la cama un minuto antes, y haber vestido apresuradamente una resaca, la conmoción creció. A mí me creció la emoción, pero lo mío era otra cosa.

De toda la noche, vuelvo a este episodio, relatado por Nacho Vegas antes de interpretar su singular hit, ‘El hombre que casi conoció a Michi Panero’. Nacho se encontró la canción una tarde en Zaragoza, mientras paseaba por la calle San Vicente de Paúl. Tenía la forma insegura de un anciano de 80 años que, al cruzarse con él, le saludó: “¡Coño, Nacho, cómo estás...!”. Resultaba tan inesperado contar con un seguidor de esa edad (con alguien de esa edad que tuviera la mínima noción de su existencia y aun de su nombre), y más aún cruzarse con él, que entablaron conversación y luego, una duradera amistad. Supo algunas cosas decisivas: el hombre se estaba muriendo, moriría unos meses después, pero alcanzó a comunicarle la molicie y el pesado escepticismo de su edad. Era solitario igual que era viejo, por convicción de la naturaleza; ya no le alcanzaba para creer en nada, si es que alguna vez lo hizo. Y le fascinaban las niñas de diez años. Antes o después de su fallecimiento, Nacho Vegas concibió y dio forma a este testamento (in)moral para él.

Dejo la letra. La melodía es deliciosa. El contraste, creo, define a Nacho Vegas.

 

 

“El hombre que casi conoció a Michi Panero”

Es hora de recapitular /
las hostias que me ha dado el mundo. /
Hoy querrán oír mi último adiós. /
Bien, poco a poco van llegando /
y yo los recibo en batín. /

Y unos me llaman chaval /
y otros me dicen caballero. /
Alguno no se ha querido pronunciar. /
Yo una vez tuve un amor, /
pero si he de ser sincero /
dije "no" en el altar /
y cuando digo no es no. /

Fracasé una vez, fracasé diez mil /
y aún así alzo mi copa hacia el cielo /
en un brindis por el hombre de hoy /
y por lo bien que habita el mundo. /
¡Mirad, las niñas van cantando! /
(Niñas) Shalalaralalá ... /

Y no me habléis de eternidad. /
No me habléis de cielos ni de infiernos más. /
¿No veis que yo le rezo a un dios que me prometió /
que cuando esto acabe no habrá nada más? /
Fue bastante ya... /

Nunca fui en nada el mejor, /
tampoco he sido un gran amante. /
Más de una lo querrá atestiguar. /
Pero si algo hay capital, /
algo de veras importante, /
es que me voy a morir /
y cuando digo voy es voy. /

Lo he pasado bien, y casi conocí en /
una ocasión a Michi Panero, /
y es bastante más de lo que jamás /
soñaríais en mil vidas. /
¡Mirad, las niñas van cantando! /
(Niñas) Shalalaralalá... /

Dejadme preguntar: ¿Es esto el final? /
Y si es así, decid: ¿Me vais a extrañar? /
¡Veo que asentís pero yo sé que no! /

Qué lástima, no dejaré /
nadie a quien transmitir mi savia; /
consideré insensato procrear. /
Y diréis de mí que soy /
un viejo verde y cascarrabias, /
y diréis muy bien, /
y cuando digo bien es bien. /

¡Largo ya de aquí! ¿Qué queréis de mí? /
¿Es mi alma o es mi dinero? /
Si de uno carezco y la otra es /
una anomalía en esta vida. /
¡Mirad, las niñas van cantando! /
(Niñas) Shalalaralalá... /

(Muy bien niñas)

¡Y unos me llaman chaval, /
y otros me dicen caballero! /

¡Y alguno declinó mi oferta para hablar! /
¡Yo una vez tuve un gran amor, /
pero si he de ser sincero /
dije "no" en el altar, /
y cuando digo no quiero decir que no! /

He bebido bien, y casi conocí en /
una ocasión a Michi Panero, /
y ahora brindo en paz por la humanidad /
y por lo bien que habita el mundo. /
¡Escuchad, os lo diré cantando! /
(Viejo) Shalalaralalá... /

¡Hasta nun ... ca ...!

 

 

http://www.limbostarr.com/nachovegas.html

 

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8 comentarios

Mario -

Tendrás que venir a mi casa a buscarlo. Y (parafraseando a Nacho Vegas) cuando digo venir es VE-NIR.

Chis -

Vaya, veo que no soy la única a la que le prometen un cd que aún está esperando...

Mario -

El Adversario en mi blog!!! No podría contarte la madrugada de reírme que pasé leyéndote. El (interminable) desarrollo del concepto winner/loser me tiene fascinado. Un abrazo fuerte!!!

el adversario -

esa canción justifica comprar un disco, regalarlo o ir al concierto del artista.

no soy gran fan de nacho vegas, pero ese tema es jodidamente maravilloso.

Mario -

Está visto que, desde el siempre incierto punto de vista femenino, este texto debería haberse titulado "Promesas incumplidas". Como decía el mismo Michi Panero... "Qué félices eramos..."

lorena -

dónde quedó aquel cd que me ibas a grabar???

ana -

Yo estuve allí
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