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Papá Jarvis

Papá Jarvis

Mucho antes de tener una banda de rock, Jarvis Cocker fantaseaba con ese anhelo tan propio de la adolescencia y simulaba tener una banda de rock. ¿Quién no ha querido formar una banda de rock? ¿Quién no ha querido ser músico, quién no ha querido cantar con vaqueros y zapatillas rotas frente a gente que te recita como si fueras el oráculo? ¿Quién no ha querido, aunque fuera un ratito, ser el vocalista, el que escribe las letras entre jarras de cerveza oscurecidas por submarinos de bourbon en vasos de chupito? ¿Quién no ha querido hacerse sangre en los dedos en largos riff de guitarra, follarse a las nenas en el backstage, tocar versiones de los Clash y de Joy Division, llevar un sombrero cuando nadie lleva sombrero, una americana oscura con chapitas en la solapa, una corbata sobre el fondo de una camiseta de fútbol, unas gafas de sol gigantes en el escenario, una lata de John Smiths' Extra Smooth en una mano mientras con la otra agarras el micrófono? Jarvis Cocker quiso todo eso durante la infancia y la juventud, hizo Pulp, tuvo algunas cosas de las nombradas (algunas no le pegan con ese aire de estudiante de arte trascendental que le dan los enormes anteojos sobre su extrema delgadez). Si las tuvo, ahora ya no las quiere. Quiere otra cosa que rime mejor con el verso "mediana edad": "Tener un grupo era mi versión del peluche que cualquier niño lleva consigo a todas las partes. Pero andar con un peluche protector a cierta edad es un poco triste, así que tenía que deshacerme de él en algún momento".

A cierta edad, todo es un poco triste o está a punto de tener un aspecto patético si uno no cuida las formas. Hay que tener cuidado con la ropa que vistes, la música que oyes, la actitud que tomas en los conciertos, el modo en el que le hablas a las chicas de menor edad o incluso a las de mayor edad. Desde luego hay que tener cuidado con lo que comes, con lo que bebes y sobre todo con lo que decides. Jarvis tiene 43 años, se ha casado con una estilista francesa, ha tenido un hijo y se ha ido a vivir a París, él que siempre fue de Sheffield cuando vivía en Londres y de Londres mientras crecía en Sheffield. Como todos. No es seguro que los hechos hayan ocurrido exactamente en ese orden o en otro; en todo caso la secuencia no implica un juicio. Ahora que Papá Jarvis está asentado en su serena mediana edad, ha editado su primer disco en solitario. Naturalmente, algunos hemos corrido a escucharlo, esperando que ocurriera con él lo que ocurrió con Ian Brown o John Squire, digamos: que con los Seahorses o en solitario, rodearon las cumbres de Stone Roses y modelaron otras. Brett Anderson (Suede) no lo ha logrado aún. Morrissey, sólo a veces. Richard Ashcroft (The Verve) o Thom Yorke (Radiohead), tampoco. Jarvis Cocker ha hecho un disco intimista, consciente, preocupado y amoroso como un papá recién estrenado. Disco más de letras que de canciones, me parece, aunque hay unas cuantas canciones apreciables y alguna luminosa. Aparecen tipos ambivalentes y un cierto pesimismo hecho de sonrisas. Dice Jarvis: "Espero que al mirar a este disco dentro de diez años, piense: '¿Por qué estaba tan preocupado por aquellas cosas?". Para quienes tenemos Disco 2000 como una de las cumbres sentimentales de nuestra música, un artilugio con el que combatir el efecto corrosivo del tiempo, Jarvis Cocker the album deja la sensación de que, sin grandes dramas, en el cambio de Pulp a monsieur Jarvis hemos salido perdiendo un poco. Pero como queremos a papá, lo aceptamos deportivamente.

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