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Somniloquios

D'Alessandro y su bala de plata

D'Alessandro y su bala de plata
Real Zaragoza, 2-Sevilla, 0
6ª Jornada de Liga

 

El argentino apareció para matar al Sevilla l Los andaluces fallaron todo l Sergio hizo un 2-0 de lujo

En el estado en que llegó el Zaragoza a este partido, ganarlo jugando mal era mucho más importante que perderlo jugando bien. Y eso hizo. Entró por la puerta que le abrió el Sevilla, empeñado en el error hasta la derrota. El equipo aragonés alcanzó la victoria con más desconcierto que fútbol, gracias a un prolongado arrebato de fortuna coronado por dos golazos. Ya querrían una noche así, con todas sus imperfecciones, los equipos que se asoman a una crisis. El Sevilla, que desechó todos los goles que fue capaz de concebir, no menos de cinco o seis. Salió del banquillo D'Alessandro con una bala y pasaportó al equipo de Juande. Sergio García lo acabó de vaselina. El Sevilla cayó frente a un rival desconcertante y de efectividad fatal.

A la media hora el Zaragoza se encontró jugando frente a tres rivales: el Sevilla, su propio público y el espejo, que le devolvía una imagen distorsionada y sin embargo, muy reconocible. Para un equipo en el estado de imprecisión ideológica en el que anda metido el Zaragoza (al que lo que le vale un día no le sirve al siguiente, ya sean el dibujo táctico o los jugadores), jugar contra un rival como el Sevilla ya era suficiente problema. Jugar contra tres suponía una dramática esquizofrenia.

El Sevilla tuvo menos pelota pero más idea. Hizo un primer tiempo sin grandes virtudes (en proporción a lo que le hemos visto en estos últimos años) pero con una ligereza envidiable para llegar arriba. Hay tres o cuatro en este equipo que juegan subidos en el viento. El primero en asomarse fue Koné, que ha abierto ya de par en par la ventana de casa para que el fútbol español lo mire bien. Es un jugador de fantástico exhibicionismo. No corre, revienta. En el minuto 3 largó una cabalgada desde el medio campo hasta la entrada del área y luego le filtró a Luis Fabiano, otro jinete del aire, un pasecito en ventaja. El brasileño escapó de César por afuera, pero la salida del portero salvó indirectamente al Zaragoza porque Luis Fabiano se quedó sin ángulo en su maniobra y tiró la pelota contra la red exterior.

El Sevilla esparció su peligro por todo el primer periodo y parte del segundo, hasta que Juande decidió quitar a Navas y Koné y buscar la vía directa, con Poulsen y Kanouté. Sólo en el primer tiempo, Navas voleó una pelota cruzada por Alves a media altura, de lado a lado del área. Y Adriano apareció una vez por el carril opuesto al esperado y sacó un pelotazo que César manoteó a córner, mientras se acordaba de su defensa a voces. Navas también probó puntería y se le fue arriba y Koné cabeceó con más hueso que carne. Fuera.  Esas demostraciones incompletas del Sevilla soliviantaron al público zaragocista. Víctor Fernández había retocado el medio, en forma y fondo: dos pivotes (Luccin y Zapater) y dos por afuera (Gabi y Aimar). El hilo de juego se le partió muchas veces antes de empezar a hablar. Le caía la pelota a Pavón en el fondo con demasiada frecuencia. Una vez quiso tocar en largo y casi la lía. Como enseguida la gente empezó a murmurar y a 30.000 que murmuran se les oye muy bien, Pavón decidió que tocaría todos los balones atrás. Así que el organizador de juego del Zaragoza ese rato terminó por ser, Dios lo bendiga, el portero César.

Pavón se centró en la segunda parte. Y Víctor encontró que la respuesta no estaba en el doble pivote ni en el rombo, sino en quitar a uno de sus dos flamantes puntas. El mundo al revés. Entró D'Alessandro y el Zaragoza formó en 4-2-3-1. De forma inopinada, llegó mejor y se protegió más. El Sevilla siguió fallando goles. El de Koné fue el gol de Abreu en versión Maradona, combinación muy vendible. Una diagonal a la vuelta del descanso que abrió a fuego la defensa del Zaragoza y volcó los bocadillos que ya mecía el pueblo en sus barrigas. Contra cualquier lógica, después de limpiar el camino de rivales Koné la cruzó fuera. ¿Por qué la mató? Porque era suya. Si uno hace semejante jugadón tiene derecho a tirar la pelota donde le dé la gana.

Entró Kanouté y nada más salir agarró una pelota cocinada por la indecisión zaragocista y en ventaja la largó fuera. Juande miró al cielo y le preguntó al cielo si se iba o se quedaba. Se quedó. Vio la falta maravillosa de D'Alessandro, el pasecito mortal de Óscar y la vaselina de García. Tres sospechosos habituales ganaron el partido. Sospechosos de virguería, vacuidad o desapego. El fútbol que hicieron los tres subrayó sus nombres, como quiso D'Alessandro al celebrar su gol. Que diga la ciencia lo que quiera: hay vida en otros planetas.

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3 comentarios

Mornat -

Jcuartero: no podría estar más de acuerdo. El fútbol lo gobiernan a medias las sensaciones y los resultados, y hay muchas veces en las que esas dos variantes están relacionadas de forma directa. Estamos hablando de muchas cosas para explicar por qué el Zaragoza no ha empezado como creímos que debería. Yo voy a decir dos cosas, que a lo mejor suenan duras (sobre todo una de ellas), pero las pienso de verdad. Una, ni sistemas ni mandangas, el problema está en la bajísima forma de algunos jugadores (unos cuantos) y en un problema de indolencia en el juego que no va a ser fácil corregir porque está en la médula de este equipo, ignoro por qué. Cada tanto va a reaparecer. Esa reeducación es uno de los grandes retos, si no el mayor, de Víctor Fernández esta temporada. Mi segunda afirmación es ésta: el Zaragoza no es mejor que la pasada temporada. Tiene más recursos (puestos doblados y una mejora enorme en las posibilidades del medio campo y la delantera... si Oliveira entra en juego), pero hay un problema radicalmente sustancial, absolutamente fundamental y decisivo: la defensa es peor. Y no nos engañemos: el año pasado llegamos donde llegamos por la defensa primero y por Diego Milito después. Para mí, hay que fichar un buen central en enero... y se llama Piqué. Y que conste que yo confiaba en el rendimiento, como aportación añadida, de Pavón.
Respecto a los silbidos, Davicius: yo no sé silbar. De niño aprendí a ir en bicicleta pero no a silbar. Cada uno es dueño de la forma de sus frustraciones y enfados. Lo raro es silbarle a un equipo porque el Sevilla le llega a puerta. Como si el Sevilla fuera el Escalerillas. Siempre he pensado que La Romareda es el mejor resumen posible del ser aragonés. Somos nosotros. Somos así. Tenemos que querernos a la fuerza.
Abrazos

jcuartero -

El fútbol no deja de sorprenderme. Voy a partir de dos premisas que maneja la afición A)La temporada pasada del Zaragoza fue fantástica, la mejor en muchos años y se consiguió recuperar la fe en un equipo que mostraba signos de decadencia. B)El juego del Zaragoza está resultando decepcionante. La falta de actitud nos está haciendo jugar con fuego y quizá acabemos quemándonos.

Ahora vamos a analizar los resultados con los mismos equipos de ambas temporadas
Con el Athletic de Bilbao en San Mamés se empató los dos años (0-0 y 1-1). Con El Racing igual (0-0 y 1-1). Al Sevilla se le ganó en la Romareda el año pasado 2-1 y este 2-0. Con el Barcelona en el Nou Camp se perdió de un gol menos 3-1, 4-1. Al Osasuna se le ha ganado en la Romareda 2-1, aunque el año pasado perdimos con un autogol inmerecido de Ponzio 1-2. El caso del Murcia es imposible compararlo con la temporada anterior, pero por ejemplo se perdió 1-0 en casa del Nastic.
Una vez comparados los resultados hay que concluir que puede que las dos premisas sean falsas, o que el fútbol es un estado de ánimo y ganando dos partidos seguidos, más alla del juego, todo volverá a verse con ojos diferentes por parte de todo el mundo. Yo como aficionado tipo del Zaragoza me creo las premisas a pies juntillas, pero los datos me revelan otra cosa además con nuestro próximo rival el Levante se empató en casa a dos.

davicius -

Estupenda crónica. ¿No te da un poco de pena el público de la Romareda? A mi me desespera que la gente silbe a su equipo a las primeras de cambio, ¡que sólo llevamos seis partidos!
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