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Somniloquios

Un italiano en la corte del rey Arturo

Un italiano en la corte del rey Arturo


El miércoles me voy a Londres, donde jamás me he sentido extranjero. De alguna forma puedo afirmar (sin vanidad) que siento Londres como mi segunda casa, un espacio familiar en el que no me percibo ajeno ni lejano: es la ciudad en la que más veces he estado, porque desde muy joven me atrajo y luego desgasté ese interés en sucesivos viajes y en una estancia de la que ya he hablado aquí y hablaré más. Vuelvo a Londres, esta vez para avanzar en ese proyecto fotográfico-lírico-documental sobre el fútbol en el planeta que estoy haciendo con Alfonso Reyes. Veremos algunos partidos de la Premier, aprovechando que los ingleses no paran sino que aceleran la competición (lo que tiene mucha lógica en un país de lógica acerada) y otros de las divisiones menores, donde puede que esté mejor conservado el verdadero fútbol inglés. En el mientras tanto pasearemos por el Londres navideño, posibilidad que sólo considero superable por el Nueva York navideño. Habrá Somniloquios, cómo no, y apostaremos unas libras a algún perro con nombre o cuartos traseros sugerentes en el canódromo, actividad bien inglesa que nunca he practicado, y no será por falta de ganas. Naturalmente, intentaré también ver rugby y me trapiñaré cuantos currys pueda. Como anticipo del viaje, más o menos, la semana pasada publicamos en MediaPunta una reflexión acerca del fichaje de Fabio Capello como nuevo seleccionador de Inglaterra. La dejo aquí con un avance resumido de mi tesis, debidamente exagerada para animar el debate, si lo hubiera: el mejor fútbol inglés ya ha pasado. Se terminó en los ochenta. Era varonil, divertido, primario e imprevisible. Lo de ahora -incluidos los entrenadores extranjeros de la Selección, y no digamos un sueco y ahora un italiano- compone un sucedáneo que como negocio funciona como un tiro y, futbolísticamente, igual que siempre: de decepción en decepción. Los ingleses guardan un alto concepto de su propio fútbol y su lugar en el mundo, pero están tan equivocados como los españoles. Lo demuestra su trayectoria del mismo modo que lo hace la nuestra. Poca gente habrá querido el fútbol inglés como lo he hecho yo, como aún lo hago. Quizás por eso lo severo del juicio. Siempre nos quedará Italia 90 y aquel equipo: Shilton; Parker, Butcher, Walker, Wright, Pearce; Waddle, Robson, Gascoigne, Barnes, Hoddle; Beardsley, Platt, Lineker. Ahí va el texto. Merry Christmas, lads...
 

MediaPunta
Diciembre de 2007

Después de la lobotomía nórdica del varonil Sven-Goran Eriksson y el previsible fracaso de McClaren, ahora Inglaterra se pone en manos de Capello, el hombre de la mandíbula cuadrada y los títulos bajo el brazo. El entrenador de la peineta al Bernabéu, el que echó a Ronaldo y Beckham del Real Madrid, el más italiano de los italianos, se sentará desde ahora en el segundo despacho más importante del imperio: el del seleccionador de fútbol. Si Sir Alf Ramsey levantara la cabeza...

Alfred Ramsey nació en 1921 en Dagenham, un industrioso suburbio a orillas del Támesis cuyos muelles recibían barcos cargados de carbón y marinos con ganas de juerga antes de partir a bordo de los cargueros. Dagenham representaba un carácter, un espacio más inglés que el Ford Cortina. Durante su vida, Ramsey modeló la memoria del fútbol inglés de 1963 a 1974, dejó la traza de una personalidad antigua y frontal y, por supuesto, una Copa del Mundo, el único título mayor en las vitrinas del imperio. En noviembre de 1973, Inglaterra jugó un amistoso en Wembley frente a Italia. La estela mágica del título ya se había evaporado a partir del Mundial del 70, aunque Ramsey siempre consideró que aquel equipo constituía una versión aún mejor que la del 66. Ese error de apreciación prefiguraba una espera que, cuatro décadas más tarde, aún continúa. La gloria ya no ha vuelto. Por su parte, Ramsey falleció en 1999, con el tratamiento nobiliario de Sir adherido a una paga mísera de 25 libras semanales.

Aquella anoche amigable en Wembley, Italia ganaría 0-1 y la jugada del gol la dibujó Chinaglia, un italiano nacido en Swansea, en País de Gales. Escapó de Bobby Moore y remató para que Shilton pusiera una mano de frontón. El rebote vino a parar a los pies de un medio que asomaba en el área su mandíbula rectangular y determinada. Era el hombre al que hoy vemos con las gafas personalizadas de tonos a juego. El tipo de la peineta en el Bernabéu. El señor que veranea haciendo trekking en el Tíbet. El que mandó a Ronaldo y a Beckham a su casa. El técnico de las nueve ligas y una Copa de Europa. El nuevo seleccionador de Inglaterra... Fabio Capello tocó la pelota perdida y firmó la victoria de Italia en Wembley.

Gorizia, Milán, Turín, Roma, Madrid, Wembley
Tal vez lo más hermoso del fútbol resida en el simple giro de la pelota, y la fuerza inspiradora de historias que esa fuerza tan rutinaria posee. Un cuarto de siglo después, Capello acaba de convertirse en seleccionador de Inglaterra. No viene de Dagenham sino de Gorizia, en la región de Friuli-Venecia Julia. Es el segundo extranjero en el puesto, tras el sueco Sven-Goran Eriksson. Los ingleses son tozudamente proclives al peso de un currículum. Y a pesar de su desdén insular les fascina lo diferente. Eriksson les parecía sofisticado hasta que cayó en un lío de faldas; lo mismo que Arsène Wenger, con su aire científico o el bocazas Mourinho. Houllier encarnó la otra vía: le dio al Liverpool cuatro títulos y una personalidad tan conservadora como desconcertante para un club educado en el passing game. A Houllier lo retiró un paro cardíaco, pero igual podría haber sufrido el ataque la estatua de Bill Shankly a la entrada de Anfield.

Por esos y otros caminos, en la última década el modelo inglés resolvió desnaturalizarse para hacerse más poderoso. Se subió a un flujo brutal de dinero desde las televisiones, Des Lynam dejó el legendario Match Of The Day de los sábados en la BBC para irse a un canal de pago, cayeron las torres de Wembley, desaparecieron las localidades de pie, las verjas contra los hooligans y los futbolistas ingleses de los equipos ingleses. Al mismo tiempo, las salas de reunión se llenaron de multimillonarios americanos, rusos o tailandeses. Inglaterra inventó el liberalismo económico y su fútbol lo aplica con denuedo minucioso. La ruta de la seda es ahora la ruta del merchandising. No hay mayor negocio que el fútbol inglés. Y sin embargo, la selección sigue ahí: como una ballena varada, extraña.

Un mister en tutú
Desde que la FA nombró a Walter Winterbottom en 1946 hasta la destitución de Sir Alf Ramsey en 1974, no hubo más seleccionadores. En los 32 años siguientes han llegado y salido nada menos que 13. Joe Mercer tomó el cargo durante siete partidos antes de cederlo a Don Revvie, que no se clasificó para la Eurocopa de 1976. Le sucedió Ron Greenwood: fuera del Mundial de Argentina, primera ronda en la Euro 80 y segunda fase en España 82. Luego llegó Sir Bobby Robson: no fue a Francia 84, cayó en cuartos de México 86, en la primera fase de la Euro 88 y, por fin, perdió por penaltis las semifinales de Italia 90 con Alemania. ¿Lo demás? El aburrido Graham Taylor, Terry Venables (semifinales de la Euro 96), Glenn Hoddle, Howard Wilkinson, Kevin Keegan, Peter Taylor, Eriksson y McClaren. Todos reiteraron el modelo de prueba y error.

Capello supone la extraña culminación de ese viaje. Quizás todo empezó hacia 1994, cuando Glen Hoddle jugaba-entrenaba en el Chelsea y el equipo burgués aún no se parecía en nada a su versión de hoy; entonces las entradas al Bridge -la grada de los hooligans- costaban 12 libras y daban derecho a asiento en una tribuna telescópica que atronaba bajo las botas de hierro de los rapados del National Front; a comer hamburguesas en una camioneta detrás del córner y a orinar en una caseta prefabricada en la que había fila durante los 90 minutos del partido. Ruud Gullit apareció como imprevisto inventor del Chelsea cosmopolita; de su mano llegarían Vialli, Zola y Di Matteo. Pocos años después, Vialli era entrenador-jugador de los Blues y Hoddle, con su elegancia de hombros cargados, dirigía a Inglaterra. El 11 de octubre de 1997 su equipo se jugó la clasificación para el Mundial contra Italia, en Roma. Necesitaba un empate y empató a cero. Esa noche Inglaterra fue más italiana que los italianos, que no supieron si atacar o retirarse. Ahí comenzó la transición.

Ahora, Capello les parece sofisticado y ganador. La pieza ausente en un país que se considera una potencia mundial en Whitehall, el distrito gubernamental, y en Wembley. En Inglaterra, el de manager del equipo nacional está considerado, y no en broma, el segundo despacho más relevante después de Downing Street. Los diarios nacionales -más afectos a las carreras de caballos y el cricket - le dedicaban siete páginas al nombramiento de Capello. Eso explica todo. Mientras, los tabloides se divertían publicando fotos del técnico con un tutú de bailarina y recordaban el desprecio que siente por una canilla peluda que asoma por encima de los calcetines. Todo un personaje: ¿Qué más quieren en Fleet Street? Ah no, que los periódicos ya no se hacen en Fleet Street. Y Capello dirige a Inglaterra...

Brian Barwick, director ejecutivo de la FA, lo justificó así: "Es un ganador, con mayúsculas. Estamos en deuda con nuestros seguidores y creemos que es el hombre que va a restaurar nuestro orgullo". Esa vanidad desoye la grave insistencia de los hechos. Comparemos a las últimas estrellas de Inglaterra con el equipo de 1990, aquél que Robson dirigía con gesto dormido en el banquillo. Comparemos a cualquiera de los últimos porteros -James, Robinson, Flowers, Seaman...- con el sobrio Peter Shilton o el gran Ray Clemence. ¿Es mejor el atildado Ashley Cole que el psicótico Stuart Pearce? ¿Micah Richards que el chiquito Paul Parker? Sí, John Terry mejora al sanguinario Terry Butcher o a Mark Wright pero... ¿rebasa Rio Ferdinand a Des Walker? ¿Descalza Lampard al capitán Marvel Bryan Robson? ¿O Gerrard a Paul Gascoigne? ¿Cómo dudar entre Hargreaves y Glen Hoddle? ¿O entre Beckham y Chris Waddle? ¿O entre Wright-Phillips y John Barnes? ¿Usted prefiere a Rooney, Heskey, Crouch o al trío Beardsley-Platt-Lineker?

Pues eso, que la memoria es frágil. Y mejor así. Ahora, Capello tiene encantados a todos porque aguardan de él lo que nunca les fue natural: la astucia táctica y el sentido común. Pero a nosotros no deja de asombrarnos que se arranquen el corazón de esa manera. Y nos produce una indisimulable nostalgia.

[Foto: la imagen muestra a Alf Ramsey y a Capello -tocado por una corbata estampada con la Union Jack-, cortesía de los chicos de confección de MediaPunta. Ya los he señalado antes como unos fenómenos: si pudísteis ver el montaje en la edición de papel, que se entregó en el partido del sábado con el Valencia, comprobaríais la inagotable creatividad y capacidad de resolución de esos muchachos. Hasta dieron con la foto del gol de Capello en Wembley, en 1973, que yo glosaba en el artículo. Prometo para muy pronto un somniloquio-homenaje con una reunión de sus magníficos diseños de portada para la revista. Verlos todos reunidos da, en serio, para una exposición. Una vez más, les doy las gracias a todos por ilustrar tan, pero tan bien, mis historietas de diletante aburrido].

Apéndice: John Carlin reflexionaba ayer en El País sobre este asunto en su artículo El Orgullo de los Ingleses; como tenemos puntos de vista coincidentes, como él además es inglés y como, sobre todo, John Carlin supone una referencia profesional, además de un modelo de periodismo que yo anhelaría practicar, lo dejo aquí enlazado para completar el cuadro.

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6 comentarios

joan carles -

Feliz viaje; a disfrutar. Esperamos ansiosos tus somniloquios ingleses. Y que el año nos sea leve, en todos los aspectos.

Principito -

Que pases unos felices días en Inglaterra, disfrútalos, y no nos dejes sin tus somniloquios.

Un abrazo!!

Mornat -

Gracias a todos y felicitaciones recíprocas. Somniloquios es la tierra de Oz, el lugar donde escapar o, mejor, refugiarse: del RZ, de la soga de los días, de las noches de insomnio (que le dieron su sentido original)o de nuestros (mis) propios fantasmas. Abrazos

Jeremy North -

Feliz Navidad, gracias por hacernos pasar unos ratos muy agradables con tus somniloquios, alejados de las desdichas del RZ y que te vaya muy bien por la Gran Bretaña.

soni -

¡Pásalo bien! Qué envidia me das!!
Un abrazo y feliz navidad y año nuevo!

cristina -

Tienes suerte de escapar de aquí. De algún modo lo haces...
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