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Somniloquios

Vivir de cine

Pastel de arándanos con crema



My Blueberry Nights
, de Wong Kar Wai (2007)

Las películas de Wong Kar Wai están hechas con la sugerente levedad del celofán. Son deliciosas en el sentido gastronómico del término. No poseen la consistencia alimenticia de un solomillo de ternera cocinado al gusto, pero procuran ese placer visual y gustativo de un bizcocho de frutas cubierto de crema, los helados de fresa y tarta de queso coronados con chocolate negro, un bombón de dulce de leche. No alimentan, pero engordan el espíritu, lo rellenan de la gozosa caloría de lo irresistible. Su naturaleza no tiene que ver con la construcción de una trama, sino con la transmisión de emociones.

My Blueberry Nights son noches de pastel de arándanos y la búsqueda o el encuentro del amor por el camino más largo. O su pérdida absoluta por el sendero más corto. Tres mujeres y tres hombres (el último de ellos elidido, sólo nombrado, sin presencia corpórea en ningún plano) cuyas historias se entrelazan muy levemente, apenas se rozan, a lo largo de un delgadísimo hilo argumental cuya línea de fuga ha de ser, inevitablemente, un círculo. El personaje de Norah Jones, el que vertebra lo que hay de historia en la película, apenas agrega matices a su punto de partida, pero de algún modo misterioso, mágico diremos, se sostiene en ese esmerado lecho de hermosuras que le procura el director; Jude Law levanta con destreza al suyo, que es la otra mitad del que hace Norah Jones; David Strathairn le otorga en su rostro una convincente carga de desesperación al policía dipsómano fatalmente enamorado de Rachel Weisz, mujer hecha de porcelana en permanente tensión, siempre a punto de quebrarse y desencadenar un terremoto; por fin, Natalie Portman vuelve a domesticar un papel en rotunda negación de su apariencia física: una buscavidas del poker a la que le asoman las costuras del extravío. Para una actriz a la que siempre recordaremos como la niña de Leon, el Profesional y, sobre todo, como la adolescente Marty de Beatiful Girls, supone un logro nada desdeñable, ya obtenido en Closer. En cualquier caso, ninguno de los personajes de My Blueberry Nights reclama memoria alguna. A menudo bordean los tópicos. Y sin embargo...

Los protege la cámara de Wong Kar Wai, que los filma con sumo cuidado protector, como si no quisiera incomodarlos: con frecuencia los vemos al otro lado de persianas, de cristaleras rotuladas, de paredes tras las que el director asoma muy despacio su cámara, con un amoroso barrido horizontal. Visualmente, este director chino construye un sostenido elogio del desenfoque, expresividad visual que resalta, sobre un fondo de terciopelo multicolor, a un puñado de personajes abrasados de nostalgia. Es el elegante manierismo de Wong Kar Wai. El amor en color, forma y sabores. Esta película se levanta sobre la dulzura movediza de un beso con crema y el hueco silencio de un adiós sin disparo. En esos terrenos tan livianos asienta WKW trenes sobre un paso elevado, reflejos de neón en los cristales, noches de azul marino casi negro, un café en Nueva York (¿qué hay más cálido que un café en Nueva York), la voz musical de Cat Power, llaves que abren puertas que se cierran, hombres y mujeres vistos en huida por carreteras hacia el interior.

Lo que In The Mood For Love se expresaba con silencios -esa dramática imposibilidad de amar-, se convierte aquí en palabras entreveradas de ausencia. La necesidad de conjurar el dolor con un trago o un pastel, y alguien al otro lado de la barra. La fatalidad de Wong Kar Wai, que tan dulcemente nos amenaza. Ésta no es una obra maestra, ni mucho menos. Si acaso, un hermoso ensayo sin conclusiones acerca del esperanzado (des)amor; de la muy humana y pasajera (in)felicidad.

Los Tenenbaum

No supe si buscar Los Tenenbaum en el estante de Comedias o rastrearlo en el de Dramas. Por un momento me quedé pensando qué decisión hubiera tomado si yo fuese el chico o la muchacha que hubo de clasificar la película de Wes Anderson. Nadie se ha visto aún en esa tesitura: no está editada.

Wes Anderson ha dirigido cinco largos. Todas de una singularidad narrativa, estructural y formal que define su cine y que, como les ocurre a todos los creadores que levantan un mundo propio, puede fascinar al espectador o bien resultarle insoportable. Anderson construye pequeños universos un poco estrafalarios, sí, pero en general muy bien acabados. Todos repletos de personajes que se mueven en una tímida frontera entre el absurdo y la genialidad, entre el ridículo y la eminencia, entre la tristeza y una vitalidad tan extrema como quebradiza. Yo he visto tres, en orden invertido a su año de producción: Viaje a Darjeeling, Life Aquatic y Los Tenembaum. El mundo de las películas de Wes Anderson, suavemente kitsch, deliciosamente pop, posee una elegante extravagancia de personajes, cosas y frases. Life Aquatic quizá sea la más excéntrica e irregular de sus películas, una irónica visión de la vida de un oceanógrafo con vagas reminiscencias de Jacques Cousteau y el rostro ajeno a la realidad de Bill Murray. Viaje a Darjeeling puede verse como la menos estrambótica, quizá la que con más decisión entra en la comedia, aunque subyace en el fondo (en la historia de tres hermanos que se reúnen para un envidiable recorrido en tren por la India) esa aguja de la soledad, la desestructurada herencia de una familia rota, el reencuentro, las deudas del pasado, el amor platónico, los objetos simbólicos que nos anclan al tiempo perdido. Los Tenenbaum me ha parecido adorable, en todos los sentidos: una culminación invertida de las intenciones expresivas de Wes Anderson. A menudo ocurre: uno acierta en su primera tentativa (aunque en realidad era la tercera) y luego va perdiendo el toque, ese punch, y las historias no se cierran o se concluyen con el mismo acierto. Amarga y divertida, poblada de músicas y objetos y personajes y necesidades. Así es la familia Tenenbaum. La música, en las películas de Wes Anderson, forma parte de la historia. En Los Tenenbaum suena Elliott Smith, los Beatles, los Rolling Stones, Bob Dylan, The Clash, Jackson Browne, Paul Simon o The Ramones. Y suenan exactamente donde deben y como deben. Coloristas, melancólicos, estimulantes o sombríos, según el caso. 

El arranque de la historia, cinco minutos en los que se explica la perdida lucidez de la familia Tenenbaum, las razones del extravío emocional de sus miembros, la decadencia de tres hijos superdotados, geniales como niños, desamparados como adultos, esos cinco minutos sobre la versión orquestada de Hey Jude, de los Beatles, me parecen una gloria perdurable del último cine. La película resulta dolorosamente emotiva. No hay gran mérito en la maestría sostenida con la que Gene Hackman, Anjelica Huston, Bill Murray o Danny Glover construyen sus personajes. Más sorpresa me ha deparado el descubrimiento de que puedo querer a un personaje interpretado por Gwyneth Paltrow, siempre tan poco interesante para mí, artística y personalmente; y aquí, sin embargo, admirable como Margot Tenenbaum, la hija adoptada de la familia. En la escena de mayor carga dramática, la mejor escena, Luke Wilson (el joven campeón de tenis que abandonó su carrera en medio de un partido porque no soportaba ver que su hermana adoptada le hubiera partido el corazón casándose con un hombre mayor) se encierra en el baño y frente al espejo aparta los grandes anteojos oscuros que han ocultado durante años su triste mirada, deja a un lado la cinta de tenista campeón adolescente que llevó desde niño, rasura su cabeza y la poblada barba. Suena Needle in the Hay, tenso himno maldito del suicida Elliott Smith, cantautor pop que se clavó dos veces un cuchillo de sierra en el abdomen cuando su novia se encerró una tarde en el baño. Luke Wilson mira a los ojos al hombre del cristal y le confiesa: “I’m gonna kill myself tomorrow”. De inmediato, toma entre los dedos la cuchilla con la que se acaba de afeitar y se raja los dos brazos. Más adelante, Margot (con la que de niños se escaparon de casa para vivir bajo un mostrador en el ala de fauna africana de la biblioteca de la ciudad) le preguntará: "¿Lo hiciste por mí?". "Sí, pero no es culpa tuya".

Pese a lo que pueda parecer, ésta es una película feliz. En todos los sentidos. Tiene un extraño realismo que no existe en las formas sino en el fondo de las vidas de sus personajes. Si los Tenenbaum tuvieran que buscar la historia de su existencia en los estantes de una tienda de películas, tampoco sabrían si dirigirse al drama o a la comedia. Probablemente ninguno de nosotros sabríamos en qué género clasificar nuestras propias vidas.

 

Reggie Dunlop y los hermanos Hanson

Si los diarios no lo anunciaran, podríamos sin duda vivir convencidos de que los actores jamás se mueren. Ese es el mayor milagro del cine, por encima de cualquier otro de los muchos que procura: la vigencia permanente de sus personajes. Para demostrarlo, a menudo me quedo pensando si tal o cual actor están aún vivos o no. A menudo me equivoco. El cine posibilita una inmortalidad o una juventud casi eterna. Yo hubiera querido ser dos o tres actores en alguna de sus películas, tipos cool sin miedo a nada y tocados por una moral individualista y, sin embargo, en cierto modo inatacable. Esos actores fueron en primer lugar Steve McQueen, luego Bruce Willis en Pulp Fiction, el trompetista que interpreta Denzel Washington en Mo' Better Blues (y soplar por la boquilla sobre los pechos en sombra de Clarke) y, desde luego, varios de los personajes de Paul Newman en muchas de sus películas. Como siempre hago, cuando muere un actor  o un director, compro alguna de sus películas, generalmente la que más me gusta de él. No necesariamente la mejor, de esto ya hemos hablado. Ayer fui a comprarme El Castañazo, la menos apreciada de las tres que George Roy Hill dirigió con el rubio en el papel protagonista: las otras fueron El Golpe, que ya tengo, y Dos Hombres y un Destino.

El Castañazo la veíamos cada tanto en casa cuando los Ornat tuvimos nuestro primer reproductor de vídeo. En aquellos días íbamos a General Sueiro a alquilar en el Vídeo Club Alvarado, y vimos muchas de Jean Paul Belmondo, quizás la serie completa de sus violentas aventuras de maduro. Yo siempre me acuerdo de dos películas que me divirtieron de una manera fuera de lo común, y no eran de Belmondo: Serpico, con un joven Al Pacino. Y El Castañazo. Por desgracia, El Castañazo está descatalogada, aunque la chica de la tienda me aseguró ayer que cualquier día la reeditarán (una conjetura muy amable de su parte) porque cada tanto aparece por allí alguien como yo preguntando por El Castañazo. Somos legión quienes recordamos a Reggie Dunlop, el personaje de Paul Newman, capitán de un equipo de hockey en ruina que decide entregarse a la violencia para atraer público, con considerable éxito. La película es desigual, como suele pasar con las películas preferidas, pero se ha convertido en eso que llaman una obra de culto. Y no sólo por el extraordinario vestuario años setenta que luce Reggie Dunlop (imperdibles sus pantalones de cuadros y ese abrigo de piel con cuello peludo), sino sobre todo por la aparición de los hermanos Hanson. La película no es una extraordinaria película, pero sí una comedia muy eficaz que atiende muy bien a los personajes (asunto clave) y que filma un deporte tan singular como el hockey hielo con enorme habilidad.

No podría dejar pasar la ocasión de revisar la inolvidable secuencia del fichaje de los Hanson por los Charleston Chiefs y su debut, después de que al tabernario Dave El Asesino Carlson lo retiren del partido con la boca partida. Más la escena de su pelea en el calentamiento de otro partido. No sé por qué los doblajes pervierten el texto original. Los Hanson fascinan a Reggie Dunlop desde su misma aparición en la pista, pero algunos suplentes lamentan la violencia gratuita con la que enardecen al público. En un momento dado, cuando los tres animales emboscan a un rival contra el muro y lo reducen a fosfatina, uno de los Chiefs murmura en el banquillo: "Ese tío es una vergüenza".  El doblaje cambia la frase por "ese tipo es una apisonadora". Después, donde uno de los hermanos replica al árbitro: "Cállate, estoy escuchando el himno", en realidad debería decir "cállate, estoy oyendo la puta canción". Igualmente, las escenas volvieron a hacerme reír. Larga vida a Reggie Dunlop... y a los hermanos Hanson.

 

Paul Newman (1925-2008)

Paul Newman (1925-2008)


Luke: 
Yo puedo comerme 50 huevos.

(Paul Newman, tirado en la cama y rodeado de compañeros de prisión, formula una apuesta de proporciones legendarias en La Leyenda del Indomable).

Memories...

Casi todo el mundo quiere hablar conmigo de fútbol, y yo me paso el tiempo intentando hablar de otras cosas, la mayoría mucho menos importantes todavía que el fútbol. La otra noche quedamos a cenar con un par de amigos para hablar de fútbol; o quedamos a hablar de fútbol para cenar. El orden resulta indiferente. Cuando llegué, claro, ya estaban hablando de fútbol, así que me fui al baño a enjabonarme las manos, porque para hablar de fútbol y para cenar hay que tener las manos bien limpias, y luego subí y me senté y aproveché un hueco en la defensa para clavar mi pregunta, la que me interesaba a mí:

¿Cuál es la mejor película de Sidney Pollack?

El Pele dijo Memorias de África, un brindis al sol clarísimo porque todos sabemos que el Pele no ha podido ver Memorias de África de ninguna de las maneras. No es una película que se adapte a sus parámetros cinematográficos, que podemos resumir en este breve decálogo:

  • Mejor actor español de la historia: Fernando Esteso.
  • Mejor actor mundial de la historia: Errol Flynn.
  • Mejor película española de la historia: Cuatro Mujeres y un Lío.
  • Mejor película de la historia: La Carga de la Brigada Ligera.

 De lo que se deduce su adagio sobre el arte de la interpretación:

"Si un actor no ha se ha subido a un caballo, no es un actor".

Así que dijo Memorias de África probablemente porque oyó en el telediario del mediodía que se había muerto Sidney Pollack y la locutora nombró el melodrama. Tampoco hay que subestimar la memoria de Pele, bien al contrario: si en algún momento de su vida registró esos dos datos y los relacionó entre sí, jamás va a extraviarlos y siempre los tendrá a punto, gracias a su prodigioso automatismo memorístico. El mismo que le autoriza para relatarte el doloroso fallecimiento del mariscal Lannes, el que robó el joyero de la Virgen del Pilar, después de que una bola de cañón perdida le seccionara la pierna; o para hablar de un partido del Real Zaragoza jugado en noviembre de 1943 con la misma nitidez expositiva con la que te contará el de la semana pasada. Puede que incluso más, de hecho...

Luisito y Pepico nombraron Tootsie. Lo dijo Luisito, que cree en la comedia como género mayor, y lo ratificó Pepico con un asentimiento. En El País organizaron una de esas alegres encuestas de Internet en las que el lector opina, y cerca de 3.000 personas han votado que la mejor es Memorias de África. En segundo puesto aparece Tootsie. El resto de candidatas son: Danzad, Danzad, Malditos; La Tapadera; y Otras... Yo he de confesar que jamás he visto Memorias de África completa, creo que porque Meryl Streep nunca me ha caído bien del todo, vaya usted a saber por qué. Hay dos actrices que me sepultan el interés en las películas: Barbra Streisand y Meryl Streep, seguidas muy de cerca por Michelle Pfeiffer y Jane Fonda; y un poco más allá, Nicole Kidman. A la mayoría las dirigió Sidney Pollack y con Kidman coincidió en Eyes Wide Shut. Eso sí, su preferencia por Robert Redford explica buena parte de la conquista que su cine ha ejercido sobre mí. Por otro lado, el tipo me caía bien por el mismo motivo que Meryl Streep y las otras me caen mal: por sus interpretaciones. El Sidney Pollack actor siempre me ha encantado: en Tootsie, en Maridos y Mujeres de Woody Allen, en Eyes Wide Shut... Tenía un fascinante aire de corrupción interior, enmascarada en ese aspecto intachable de burgués de clase alta. Kubrick tal vez me comprendió mejor que nadie.

A mí la que más me gusta de Pollack es Las Aventuras de Jeremiah Johnson, de lejos, aunque le tengo un cariño extraordinario a Tal Como Éramos y a El Jinete Eléctrico, desiguales las dos pero muy tiernas, románticamente perdedoras... Tal Como Éramos contiene una esplendorosa escena final que se emparenta con otro gran, inolvidable plano que en mi opinión constituye la cima del romanticismo en el cine tal y como yo lo entiendo: esa colección de recuerdos en imágenes con los que Alvy Singer evoca sus días (tan contradictorios entonces, tan felices ahora que están perdidos) con Annie Hall. Es obvio que para mí Annie Hall constituye, mucho más que una comedia, una prodigiosa historia de amor que me emociona siempre que le echo el ojo. Por esa conversación final, sólo por eso, llegué a la cena directo de la tienda, de comprar la última copia disponible de Tal Como Éramos y de oír cómo la dependienta me decía que Jeremiah Johnson no está en dvd, cosa que no sé si me dijo porque estábamos, ella y yo, a cinco minutos del cierre. O tal vez porque era la verdad. Las dos posibilidades me hubieran dolido de manera equivalente. Tuve grabada Jeremiah Johnson en alguno de los cientos de vídeos vhs que guardé quién sabe en cuál de las siete puertas bajo las que se oculta el llamado cajón de los fantasmas, bajo llave y madera, un sillón orejero y varios cachivaches. No me atrevo a buscarla porque soy cobarde y me da miedo cruzarme con fotografías de espectros, dimensiones paralelas y felicidades de otro tiempo. Barbra tenía razón cuando cantaba, después de que Katie se despidiera de Hubble retirándole el flequillo rubio de la frente, esos versos que cierran la película: Los recuerdos / pueden ser hermosos; Y sin embargo... / Lo que nos duele / elegimos olvidarlo / Así que lo que recordaremos / es la felicidad / Cuando nos recordemos / Tal como éramos... Tal como éramos.

Yo también soy un magnífico perdedor.

 

Rafael Azcona (1926-2008)


"No es bueno reírse de todo, pero no reírse de nada es terrible".

Rafael Azcona, guionista, en una entrevista en 2005 en ABC.

La noche del flequillo asesino

La noche del flequillo asesino


Tengo en la pantalla a Angels Barceló que en estos momentos mastica con saña un buen pedazo de Jaume Figueras, su compañero de mesa, al que lleva unos años devorándose vivo durante el programa de los Oscars. Antes, con Ana García Siñeriz, Jaume ocupaba un buen pedazo de pantalla, pero ahora como que no le da tiempo o bien no cabe; como si hubieran estrechado los encuadres y ahí sólo cupiera Angels, la del fútbol y los secuestros en Brasil. Esta mujer sí que camina profesionalmente sobre una alfombra roja. Ejem. Estoooo… que van a empezar los Oscars y eso. Que llueve en Los Angeles pero no se nota nada. Y que cada medio minuto aparece Anton Chigurh / Javier Bardem en pantalla en alguna escena, que ya no sé si no se lo dan qué va a pasar aquí. Pero yo creo que se lo dan… todos creemos que se lo dan. Y la verdad, se lo merece. Bardem, el insoportable, está inmenso en No Es País Para Viejos.

Yo lo veo sin sonido. Últimamente tiendo a ver sin sonido casi todo, incluido el fútbol. El motivo parecerá extraño, pero es que no entiendo que nadie me cuente lo que estoy viendo si tengo los datos suficientes como para verlo yo solo. Debo de estar volviéndome loco. Para un momento que he subido el volumen, cuando ha salido Bardem con la morena de la televisión americana en la entrevista previa a la ceremonia, va y le pregunta por el peinado de la película. Así que corriendo la he bajado. Somniloquios transmite en riguroso directo, amigos. Hasta que apriete el sueño. ¡Acaba de aparecer Mickey Rooney! No, el delantero del Manchester United no. Mickey, el actor, aquél de la cara de niño, ese pequeñajo de la seta redonda sobre los hombros. El que se casó ocho veces, una de ellas con Ava Gardner, aunque todos sabemos que la ciencia negó hace siglos esa posibilidad. Ese. La alfombra roja es como los estudios de TVE, que de pronto aparece gente que no veías desde hacía 44 años y dices: “¡Hostias, aún anda ésta por ahí!”. Por ejemplo, Elena Sánchez, que rebrotó en pantalla en cuanto entró el gobernador ZP. Pues los Oscars son igual. Ahora, por ejemplo, el pavo del pelo caoba de la ABC –tipo Trevor Brookman el de los Simpsons- entrevista a una abuelita de amarillo y cabello plateado, que sonríe dentífrica y ancianamente. Diría que entre los dos no bajan de los 230 años…

Los habitantes de Hollywood se van sentando en sus butacas. Es una especie de reunión de vecinos con premios y borrachera posterior, a todo lujo. La alfombra ha estado sosota. Sí, Cameron Díaz y George Clooney, pero no sé, poca cosa. Laura Linney, que me va mucho en sus papeles; la mujer de Ben Affleck en su condición indudable de mujer de Ben Affleck; Casey Affleck y acompañante (que aprovechaba la inclinación de la entrevistadora del Plus para mirarle la curva de las posaderas y calcular cuánto le tiraba la sisa del vestido, sin ningún disimulo), la inevitable Penélope siempre deshaciendo el ovillo… Daniel Day Lewis porta dos aretes dorados, uno por oreja, y a una dama pelirroja como una calabaza. Soy mucho de Daniel Day Lewis, digámoslo, pero no me lo creo tan exagerado en Pozos de Ambición. Y a la película le sobra frialdad y le falta algo de conflicto externo a la ambición obsesiva del personaje, un antagonista que eleve nuestra implicación en el pozo de mierda concéntrico que es el magnate del petróleo al que encarna Daniel Day Lewis. Artísticamente grande, la película me parece descompensada. Y con un desenlace muy mal resuelto, sin encontrar el tono preciso. En cuestión de locos egocéntricos despiadados, me quedo con El Aviador de Leo di Caprio en la película de Scorsese. Por nombrar uno cercano. Y si nombramos al lejano o paradigmático, a la cumbre, está clara: Ciudadano Kane.

Bueno, que empieza la cosa. Aguanto hasta que llegue el sueño. Lo demás lo leéis donde siempre. De momento me lo he puesto en inglés… Notable que no hay nadie haciéndole de intérprete a Angels en la televisión americana, no me lo puedo creer. Sin embargo, su voz se cuela en la versión americana, también. Qué mujer, dios mío, qué pedazo de mujer. Traspasa los muros. Bardem está sentado a la izquierda del padre, Jack Nicholson, y delante del padrino, Tommy Lee Jones, y un poco más atrás están los Coen. Gasol no juega esta noche pero Jack lleva los mismos anteojos oscuros de siempre en el Staples Centre. Ellen Page, la niña de Juno, acaba de cumplir años y ha dicho que se iba a tomar “un par de copas”. Hay que vigilar a esa niña… Juno me ha parecido simpática y poco más; un cruce diferido entre Café Irlandés y Beautiful Girls, y muy lejos de las dos. Simpática, eso es todo. Es como cuando se le dice a la novia que está muy graciosa. O está guapa o no está guapa, pero graciosa no puede estar. Es un eufemismo cruel. Anotadlo. Graciosa. Juno me gusta, pero vamos a hablar de películas en serio, si es que hablamos de Oscars. Buena frase del presentador Jon Stewart sobre Barack Obama: “Todas las veces que hemos visto a un presidente americano negro ha sido porque un meteorito gigante estaba a punto de derribar la Estatua de la Libertad”.

Alexandra Byrne, la diseñadora de vestuario de Elizabeht, the Golden Age, se lleva el primero de la noche. Enfocan a Cate Blanchett… coleccionista de nominaciones, y no es extraño porque la señorita Byrne parece una mezcla desafortunada entre Betty Boop y Paquita Ors, con unas gafas robadas a Isabel Coixet. A Angels se le ha movido un poco la cortina de la melena y le asoma por el parietal derecho una oreja muy desabrochada. Entra George Clooney al escenario. Jesús cómo me gusta este hombre. Yo voy siempre con Clooney, nuestro Cary Grant de estos días: presenta un montaje de los 80 años de Oscars en la pantalla del escenario. Gran frase de un presentador que cito para ustedes: “Veo muchas caras nuevas por aquí… especialmente entre las caras más viejas”. Estupendo clip de las clásicas y recientes glorias. Para montar algo así no hace falta ir a Harvard, desde luego. Incluye a John Wayne en sus últimos días, reducido a la mitad por el cáncer que estaba a punto de acabarlo: su hija cuenta en cierto documental que se puso como ropa interior un traje de neopreno, para rellenar el chaqué. Todos pensaron que caería largo. El Duque era ya todo retroceso de pellejo y un organismo en huida. Pero tenía un par de huevos. Hablando de comida: Oscar para Ratatouille. Yo desde que vi el tráiler, una rata en una cocina, me cambié la sortija de mano, como mi madre, para acordarme de no ir a verla. Y no me acordé. La rubia de Anatomía de Grey entrega no sé qué Oscar a La Vie en Rose. Lloriquea una morena muy porcelanosa en las butacas. Pondera Angels: “Por segundo año consecutivo el Oscar de Maquillaje viaja de Estados Unidos a Europa… y eso es una gran noticia”. Toma ahí perspectiva periodística y toque a los putos yanquis. Que no se crean que van a ganar todo esos mongoles. ¡Vamos Europa, hostias! Enhorabuena a los premiados.

Son las 3:00, amigos. Somniloquios transmitiendo en riguroso directo, aunque lo vais a leer con un diferido de seguridad de varias horas por si en un momento dado me rasco un huevo o algo. Para que dé tiempo a montarlo y eso; desde que Janet se sacó una teta en la Superbowl, los americanos toman todo tipo de precauciones. Canción nominada. Hora de cerveza. Mierda, no hay… ¿Un bitter sin? Pssscccchhh…Efectos especiales. Y justo al Plus se le descoyunta el sonido, las voces se redoblan a sí mismas y se montan unas sobre otras. ¡Y ninguna es la de Angels, mecachis! La Bruja Dorada se impone a Piratas del Caribe XV y a Transformers. Estando Nicole Kidman, otra ganadora nata, no había duda. Oscar a la Dirección Artística para un matrimonio italiano my desigual (rubia estirada ella, calvorota él) por Sweeney Todd. Y ahora le toca a Bardem… creo.

Ojo que si no se lo dan cortan la emisión. La escenita de la moneda, otra vez, en las presentaciones. Ya es un clásico. Ojo a Tom Wilkinson, pero vamos, que gana Bardem. Creo yo. Espera. Quieto ahí. Tate. Ahí van. Tres, dos, uno: ¡Bardem! Angels no se podía perder un momento histórico, claro que no. Ay esa orejilla otra vez asomando… Bardem habla muy rápido en inglés y luego en español se lo dedica a su madre, a sus abuelos, a los cómicos de España y a la dignidad del oficio. Y se marcha. Y menos mal porque en un momento ese chico salta al mitin o arma una bicifestación y no hay modo de detenerlo. Los Coen le escribieron un papel demoledor y él lo ha reventado de músculo interpretativo. Yo la vi en versión original y su simulación del acento del sur de Texas es portentosa. A mí este tipo –y todo el ambiente de la película- sí que me da miedo. Y no El Orfanato o esa de REC. No es País Para Viejos es el penúltimo western sin ser un western, pero es el western moderno. Una película que yo no diría tal vez la mejor de los hermanos, pero le pega al palo. Descarnada, brutal, negra, tremenda como una frontera, donde los límites suponen apenas una convención.

Me estoy empezando a aburrir. Ahora viene el dilema interior, hermanos, cuando tiro por la ventana todo el trabajo hecho hasta ahora y me largo a dormir. Dejo esta crónica a medias  e incumplo el compromiso conmigo mismo. Es lo que pasa con estas cosas: como nadie obliga, nada obliga. Cuántas veces, durante una lifara antes de ir al campo en algún partido del Zaragoza fuera de casa, hemos pensado: “Ojalá ahora mismo suspendieran el partido y nos pudiéramos ir a dormir la siesta toda la tarde al hotel, dormir a pierna suelta, con pérdida grave de conciencia y masa encefálica por babeo”. Pero nunca lo suspendían. Y si lo suspendían, había que contar que lo suspendían. Pero Somniloquios es mío, así que hago lo que quiero. Voy a hacer una ronda a ver qué hay por ahí en los otros canales. Espera… Actriz Secundaria. No puedo contextualizar mucho porque no he visto ninguna. Ni pena, oye. Por mí que gane Bob Dylan. O sea, Cate Blanchett. A veeer: Tilda Swinton por Michael Clayton. O Michael Clayton por Tilda Swinton. Yo qué sé. Tiene pinta de holandesa, de no haberse maquillado y de que el vestido se le cayó encima en lugar de ponérselo. Pero después de ver a las chicas de los Goya, la verdad, está elegantísima. Ah, mira, es escocesa. La que salía en Narnia. Aaahhh, jate que me sonaba su cara… ¡Hostias, espera que le han dado otro a Bardem! Ah no, para, que es la repetición. Los highlights de Angels eran.

Señores, acaba de salir una morocha a presentar un premio que no sé quién es ni qué espera de la vida, pero está como un cañón de artillería. ¡Servicio de documentación, Juan María Alfarooooooo! Pipipipipipipipipipipipi… Pero si era Jessica Alba, amigos: bien embarazada y con un escote espumillón palabra de honor. No se le veían las ballenas, como a Natalia Verbeke en los Goya. Las ballenas son el forro interior de las copas del vestido, cerdos. Mal pensados. Jess me ha levantado la moral y os doy media horita más de crónica. Pero ahora que he recopilado información me siento sucio: espera gemelos. En fin. Oscar por el Guión Adaptado para los Coen: formidable. Ya he dicho que la película es un prodigio de escritura que ha trasladado y potenciado una novela vigorosa como siempre de Cormack McCarthy, del que no he leído nada. De esta novela, apenas unas líneas, lo que ya me confiere autoridad moral de sobra para juzgarla como una gran adaptación. Leída la primera escena en el libro y vista en la película, me quedo con la película. Me queda un poco de bitter sin después de tirarlo por el suelo. Me lo acabo. Otra canción nominada: voy a hacerme sesenta flexiones.

Las 4:01, chicos. El Zaragoza entrena mañana a las diez y media (hoy para el lector), con ese 5-0 y esa alegría, y yo aquí con el Oscar al Mejor Montaje de Sonido, como si tuviera 15 años. Os cuento que premian a El Ultimátum de Bourne. Joder, ¿competía en este año? Un poco más y se lo dan a Titanic, ¿no? La ceremonia va ligerita. Ahora, la Mejor Mezcla de Sonido. Si queréis saber la diferencia entre el montaje de sonido y la mezcla de sonido, llamáis a Pumares, chatos. Mira, también compite Bardem. Y Ratatouille. Y Transformers, que no te creas que no cunde y aún no ha rascado una. A ver: El Ultimátum de Bourne gana también éste, claro. Es que era el mismo, en el fondo. En fin. Lo que os decía de la mezcla y el montaje. Si es que el sentido común es el sentido común. ¿Sí o no?

Recuperamos tono con la Mejor Actriz. Están nominadas Penélope, que sigue esperando el suyo desde el año pasado y sólo se ha movido del asiento para cambiar de novio y agarrar a otro camino del éxito, y cuatro o cinco pelanas más. Os las nombro a título informativo pero vamos, que la más elegante es Penélope de lejos: compiten Cate Blanchett (yet again), Julie Christie, no sé quien disfrazada de Edith Piaf, la estupenda Laura Linney (ahí pongo yo mi ficha, ojito) y Ellen Page, alias Juno. Lo va a decir Forest Whitaker… Jódete: Edith Piaf. O sea, Marion Cotillard, que acabo de leerlo en el rótulo. Terrible tener que oír a una francesa hablando inglés. Ahí está la chica, al borde del colapso emocional. Al menos no es tan estirada como Juliet Binoche. Oye, y que no está nada mal, eh, ahora que la miro, tampoco os vayáis a creer. Es decir, la película en Somniloquios no vamos a ir a verla porque en Somniloquios no somos mucho del tema del biopic, pero eso: Marion Cotillard. Bien amueblada. Acordáos del nombre, por si algún día tenéis un blog.

En la TVE, mientras, están con el informativo 24 Horas, que como mucho puedes verlo 24 segundos antes de que se repita una información. Raúl Castro, con sus gafas de 24 quilates, arengando a la Asamblea Nacional de Cuba y hablando muy bien de su hermano mayor, Fidel. Cómo no. Ahora vienen los goles. El dientes está que se sale otra vez y en Madrid hay cagazo. El gol de Uche ha sido de circo. La chica que da los goles tiene los ojos muy grises. Debe de ser por la hora. Ahora, en rápido compacto, todos los tantos de la jornada… Me vuelvo al Kodak Theatre que lo de Luis Fabiano ya me lo sé, chico.

Tras un impás, aquí seguimos. El Ultimátum de Bourne suma otro, el del Mejor Montaje. Tres de tres. Como la serie me gusta tantísimo, son pequeñas alegrías colaterales en una noche más bien descafeinada, te digo. Ya no sé cómo aguanto, pero aún estoy en mis horarios habituales, por otro lado siempre desbaratados. Como nota de color os diré que Figueras ha recuperado terreno con respecto a Angels y su blusa hippie de pedrería en el escote. La camisa color vino de Jaume hace lo que puede. Ahora mismo se están largando una conversación mano a mano que me he perdido, pero presenta el próximo, el de la Mejor Película Extranjera, nada menos que Pe, y ahí doy el respingo porque la Cruz es siempre rabiosa actualidad. Pe presenta rápido y sin florituras, con un inglés muy hispano, y se lo entrega a The Counterfeiters, de Austria. Yo se lo hubiera dado otra vez a La Vida de los Otros, oye. Penélope escolta el discurso y una azafata de piel olivácea escolta a Penélope. Le saca cuello y medio y un par de cabezas, a pesar de que Penélope se ha subido el frente del peinado como si se hubiera metido un transportador bajo el flequillo. La verdad, pobre Pe: en California no es azafata cualquiera. La morena está para jugar al waterpolo con ella y vaciar la piscina a barrigazos.

Ha salido John Travolta, que casi se come el atril. Después de Colin Farrell, es el segundo que resbala ahí y el chaval de la mopa sin ocuparse del asunto. Ya verás cómo al final salimos en los papeles. Travolta ha ingresado ya en ese periodo de los actores/actrices en el que uno no sabría decir si tienen 42 años u 86. Luego, repentinamente, aparecen envejecidos y a continuación se mueren. Más o menos, por resumir. La línea del cabello de Danny Tzuko está en franco retroceso y la cara es como si no fuera suya, como si le hubieran esculpido una nueva en cera y la llevase encima de la real. Le han dado el Oscar a la mejor canción a una de Encantada. Pues encantados.

Según mis cálculos, ahora viene lo bueno. Son las 4:56 de la mañana. Lo bueno serían el Guión Original, el Mejor Actor, el Mejor Director y la Mejor Película. Lo demás ya no interesa mucho. La Banda Sonora, el Corto Documental y qué sé yo. ¿Sabéis qué? Que me voy a la cama. Que yo si no están nominados Scorsese, Woody Allen o Clint Eastwood casi me da igual. Los Coen me caen muy bien, me han divertido mucho, pero… Eso sí, espero que ganen porque su película es la mejor. Tengo la duda por Tommy Lee Jones, que está entre esos tipos a los que quiero ver ganar. Pero como creo que no lo voy a ver ganar, en cuanto termine Cameron Díaz lo que tiene entre manos, me largo. Pozos de Ambición se lleva el primero, a la Cinematografía. ¿Qué es la cinematografía? Y qué sé yo. Yo estoy pensando en lo mío: en que Cameron Díaz sí hubiera derrotado a la azafata del waterpolo. Ahora rezo tres avemarías por ella.

Señores, ha sido un placer. Como diría John Wayne: So long! 

[Pd: la cinematografía es lo que nosotros llamamos la fotografía. Es decir... eso. La fotografía].

Roy Scheider (1932-2008)

Roy Scheider (1932-2008)


Jefe Brody: Vas a necesitar un barco más grande.

[Roy Scheider hace cálculos en Tiburón].