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Somniloquios

El gol

El gol

 

En sí, se trata de un hecho sencillo: poner la pelota al otro lado, en el rectangulito con mallas. El proceso de culminación de ese simple objetivo da lugar a la pasión, a estudios, teorizaciones, sistemas, estructuras constructivas y entramados destructivos, planteamientos, una cierta violencia, una forma de historia paralela y, al final o durante el camino, puede que también a un modo de belleza estética que tiene que ver con la armonía y las formas. Cuando ocurre, ocurre esto: cabriolas, hombres subidos unos sobre otros, besos en desafuero, revolcones. Cosas así. Nadie se ponía de ese modo en el colegio por sacar un sobresaliente, nadie hace esas cosas al encontrar el primer beso, ni siquiera el primer coito; nadie celebra así la primera Comunión, la consecución del amor, el acceso a la universidad, el ligue del año, el puesto de trabajo, la lectura de un maravilloso libro, una beca, el primer sueldo, un casamiento. No se festeja así una canasta, un home run, un récord del mundo... Lo han comparado a un orgasmo pero, la verdad, uno no da volteretas laterales en ese caso ni grita ni se abraza como si le fuera la vida en ello. Si acaso uno rinde los miembros y bastante tiene. Nadie celebra así un ascenso profesional, ni una operación multimillonaria, ni siquiera un premio Nobel, ni un piso de VPO, ni la reunión con un viejo amigo, ni una reconciliación de pareja, ni la Lotería, ni levantarle la mujer al de enfrente si antes era tuya (o no). Ni siquiera el nacimiento de un hijo. Nada. Eso lo hace un gol. Es un instante de explosión petarda y luego... la vida sigue, vuelta a lo mismo, pero de otra forma. Otra vez el proceso recomienza y hay un regreso de inercia a todo lo demás, el rectangulito al fondo y a ver si llega otro. Aunque se disimule, siempre prevalece el deseo de otro. Por eso cada poco hay uno nuevo. Otro. Y otro. Un gol es un gol, una alegría extraordinaria y también frecuente, y eso lo hace aún más fascinante porque el caso no lo remedia ni la costumbre. La enloquecida felicidad se regenera, alimenta o transforma. Y mira que, si lo piensas, se trata de un acto medianamente estúpido. En eso estamos de acuerdo. Eso lo concedo. Pero yo metí alguno y lo gritamos como locos, como profesionales, como en un Mundial, bien gritado y bien abrazados. Te abrazas hasta al imbécil con el que te cruzaste las manos en el entrenamiento del jueves. Pero un gol es un gol. No sé bien qué es un gol, pero es otra cosa. Se pongan como se pongan. Otra cosa.

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2 comentarios

Mario -

Veo que el mensaje ha llegado alto y claro, Jeremy. Se trataba simplemente de eso. Argumento fácil, pero esos suelen resultar los más irrebatibles.

Jeremy North -

El gol es lo más grande: en mi caso personal he sentido más alegría en un gol que metí de un disparo imposible y que supuso un ascenso de mi equipo de categoría en liga provincial de fútbol-sala que el día de mi boda, ¿cuál de los dos fue un momento más decisivo en mi vida?, es evidente que el de mi boda, pero la celebración de un gol es algo único, indescriptible.
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