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El Pato hace una pavada

El Pato hace una pavada

Como decía don John Benjamin Toshack... "yo no comento de éste". O sea, sin comentarios. Dejo la crónica y me vuelvo a la terapia...

13ª Jornada de Liga
Real Zaragoza, 1-Getafe, 1


Regaló el gol al dejar su portería en una falta l D'Alessandro aprovechó para empatar l Juanfran había concedido el 0-1 l El Zaragoza sigue sin pulso

Aunque, como buen argentino, Abbondanzieri acepta la prevalencia de un apodo, ayer hizo el pavo y no el pato. Y esa pavada le costó dos puntos a su equipo, que iba para su cuarta victoria consecutiva cuando D'Alessandro se dispuso a tirar un libre directo y Laudrup (primer error de los dos) decidió hacer un cambio y meter a Pallardó. Un entrenador suele evitar esa posibilidad porque, entre que sale el que sale y entra el que entra, en el área se produce una inferioridad poco amable. Pero si eso estuvo mal, peor lo hizo el Pato. Tocado por una súbita locura transitoria, el portero del Getafe se largó del marco para pedirle al árbitro que demorase el lanzamiento hasta que Pallardó llegara al área. Naturalmente, el colegiado no aguardó. No tenía por qué. Y D'Alessandro tampoco. Vio el hueco y disparó una de sus combas. Para cuando el Pato quiso regresar de su viaje a la luna, D'Alessandro ya gritaba el gol.

El Zaragoza sólo pudo empatar de regalo, pero tampoco el Getafe hubiera marcado sin la concesión de Juanfran en el 0-1. Ese equilibrio equivocado explica el partido en su esencia final. Fue uno de esos encuentros de otoño con luz y temperatura de invierno, en el que uno encuentra  tiempo para pensar en otras cosas mientras observa con desgana. Y eso que el derrumbe del Zaragoza (ha ganado un punto de los últimos nueve) da para ocupar todas las cabezas. El equipo no recupera el pulso. Aunque el Getafe no hiciese demasiado ruido en el área rival, al menos sí sostuvo una innegable jerarquía tácita sobre un Zaragoza de juego discontinuo en el mejor de los casos, y lánguido casi siempre.

El Zaragoza cayó enseguida en una obvia incapacidad para dominar el medio e hilar juego, para encontrarle al partido una línea por la que corriese el balón. Lo que le salía eran impulsos inconexos y en cierto modo irrazonables. Hace días se le derrumbó la defensa y el armazón se ha venido abajo. La afección alcanza a todas las habitaciones: el fútbol, el ánimo, el estado individual de los futbolistas... Con esos síntomas parece imposible no caer en la enfermedad o, al menos, en la hipocondría.

Regalos
El Getafe lo esperó bien puesto y lo sacó poco a poco de su sitio. Sin grandes estridencias, pero jugando cada vez mejor. Si el fútbol de Laudrup en su época hubiera servido para definir el término sutileza, ese mismo ánimo posee la tramoya táctica de su equipo: el Getafe no se comporta con el denuedo escenográfico de los conjuntos que quieren ahogar al contrario, pero su modo de maniobrar cuando no tiene la pelota observa una dulce una armonía opresiva; es la asfixia con corbata de seda. Al Zaragoza le cerró las vías por dentro y lo mandó a jugar a la periferia, la banlieue parisina, El equipo de Víctor no encontró otra salida que algún culebreo de Sergio García, generoso y perspicaz en la búsqueda, y el carril de Juanfran, que no da con el sentido correcto de sus pies. El 0-1 vino envuelto en la forma de un regalo: una frivolidad del defensa, que decidió controlar la pelota en territorio comanche, la aprovechó Sousa sin pararse a preguntar la hora.

El gol justificaba al Getafe. En el fútbol no vale ninguna percepción si no se resume en la realidad de un tanto. Durante tres cuartos del partido había dominado el medio con Casquero y De la Red, más la suma del concienzudo Granero. Y decidió que ganaría la guerra a través de las batallas secundarias. Modelo de victoria paciente, muy a la Laudrup, pero sin peligro arriba salvo por un gol que García le sacó en la raya a Manu. Por contra, el Zaragoza se comportó según su hábito: siempre más cerca del gol que del fútbol. Con poco juego reunió cuatro o cinco oportunidades notables: de Oliveira, de Óscar o de Diego Milito. Y un rechace con el que Sergio García no agarró puerta, tras una salida arriesgada de Abbondanzieri. El argentino parecía compuesto hasta que hizo aquello. Aunque quiso justificarse, el gol de  lo dejó como a un pato en un garaje: frente a los micros trataba de razonar su actitud, pero sólo acertaba a decir cua cua.

Diario AS
26 de noviembre de 2007

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3 comentarios

davicius -

Unas pocas jornadas y ya están pidiendo la cabeza del entrenador. Si no recuerdo mal ocurrió lo mismo durante la primera etapa de Víctor Fernández en el Zaragoza; y después de aquello llegó la Copa, la Recopa y el tercer puesto en la Liga. No estuvo mal para alguien al que había que echar.

Mornat -

Afortunadamente. De allí fuera trato de atraerlas aquí dentro... Imagínate lo que supone el caso para alguien como yo, obligado por profesión a pensar todo el día, todos los días, en el RZ y su circunstancia. Difícil. Como dicen en Argentina: ¡Aguante el zaragocismo! El Zaragoza siempre vuelve.

Jeremy North -

Que un futbolero como yo esté deseando que pasen los domingos lo antes posible es un mal síntoma sobre un estado de ánimo. Esta temporada está siendo un castigo, una mala jugada del destino, que lo imaginábamos lleno de luces y sólo nos propone sombras.

Afortunadamente existen otras muchas cosas interesantes que están allí fuera y que no tienen que ver con el fútbol, con el RZ y con sus desdichados aficionados.
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