Blogia
Somniloquios

Minutos musicales

News from Minnesota

News from Minnesota

Forever Young

May God bless and keep you always,
May your wishes all come true,
May you always do for others
And let others do for you.
May you build a ladder to the stars
And climb on every rung,
May you stay forever young,
Forever young, forever young,
May you stay forever young.

May you grow up to be righteous,
May you grow up to be true,
May you always know the truth
And see the lights surrounding you.
May you always be courageous,
Stand upright and be strong,
May you stay forever young,
Forever young, forever young,
May you stay forever young.

May your hands always be busy,
May your feet always be swift,
May you have a strong foundation
When the winds of changes shift.
May your heart always be joyful,
May your song always be sung,
May you stay forever young,
Forever young, forever young,
May you stay forever young.

[Estos días vivo agarrado a la música como a un árbol de la ciencia o como se aferraría el náufrago a un tronco. La situación no es desesperada, claro, pero requiere canciones, muchas canciones. El viernes lo pasé, casi entero, oyendo música. Luego me fui a ver un partido de rugby. Vi a mis amigos y bebí demasiado. Pero tranquilos... descubrí que, bebida de un trago, la pinta de Guinnness no engorda. Me arrastré como una culebra por el sábado, le encargué al velocista la crónica del Sevilla y el domingo recupero un hermoso mail que me envió Marlo hace algunos días. En él, Bob Dylan me saludaba personalmente y me anunciaba la próxima publicación de Everything Except Compromise. His Greatest Songs (versión 1 cd y 3 cds con todo tipo de extras: canciones de siempre remasterizadas... aunque yo las hubiera preferido recantadas por Dylan con su voz apergaminada de ahora). En cualquier caso, otro cd que poner en el altar. El divertido juego del envío lo podéis hacer vosotros mismos en esta dirección: dylanmessaging. Yo he intentado traerlo a la portada de Somniloquios pero este tipo de cosas no me están permitidas, porque soy casi un perfecto inútil colgando música o similares. Tengo que hablar con el señor blogia un día de éstos. Porque no pienso abrirme un MySpace... A cambio, dejo el enlace clásico a una versión bastante bonita (un concierto en 1987 en Birmingham, no sé si la Birmingham inglesa o la Birmingham de Alabama) de Forever Young, canción apropiada para los que caminamos por el borde de la mediana edad y no le encontramos la gracia. Se la dedico a Marlo. Me parece que alguna vez la oímos en silencio parados dentro de un coche...

La iguana y otros lagartos

La iguana y otros lagartos


En la noche del miércoles me quedé con la cabeza vacía; pensé que algo me decía que no había nada que pensar ni que decir, así que me dije: no hay que pensar. Las sobreexposiciones emocionales me dejan hueco y así me quedé. Indebidamente convexo como el lecho de un río. Cené en silencio. Del televisor venía una luz difusa de sombras entreveradas, pero yo preferí mirar la pared a ver la televisión. Ya habíamos visto bastante. En cierto modo me sentí como en aquellas tardes en que iba a buscar a una chica a la estación y ella nunca llegaba, hace tantos años ya que quizás nunca ocurrió, pero sería una imagen bastante coherente como recuerdo ficticio: repetir el viaje hasta la estación, buscar entre todas las caras que se esparcían por el andén la cara conocida, dudar si no habrá dicho "llego en autobús", en lugar de "llego en tren", y yo no me he dado cuenta. Luego una carrera por la escala mecánica, no fuera que hubiese salido por el primer vagón, a mi espalda, en la zona muerta; y vuelta a casa. Y así toda una tarde. En cada viaje repetido yo me iba vaciando más, hasta quedar indebidamente convexo como el lecho de un río. Entonces quería oír a los Sex Pistols. Hipnotizarme de pura rabia con la voz áspera y los movimientos compulsivos. Así estaba el miércoles.

Así que agarré el mp3 y me puse a escuchar Raw Power, de Iggy and The Stooges, en la oscuridad sólo matizada por las sombras del televisor y su claridad de leche. Y de ahí salté a The Idiot y Brick by Brick, y cuando ya me estaba yendo a donde quería, cuando ya estaba llegando a ese punto al que llegaba camino de la estación, entonces pensé que necesitaba ver bailar a la Iguana para que la catarsis fuera completa. Me fui al YouTube, donde está casi todo lo necesario y aún más lo innecesario, todo lo necesario que haya ocurrido previamente y, por desgracia, todo lo innecesario que aún está por ocurrir. Quería al Iggy de los setenta, claro, al amigo de Bowie; quería los ojos de engañosa transparencia grisácea, en verdad unos ojos para encerrarlos en la urna de un terrario; y sobre todo quería ver esa risa enferma de relativa locura, demasiado bondadosa aún a su pesar, incómoda sobre el rostro de un icono punk. Demasiado encantadora. Y necesitaba ver todo eso y lo más excesivo posible, bailando en el escenario con los pantalones en los tobillos, con la palma de la mano recorriéndose la entrepierna, pensando si debía enseñarle el cirio a la audiencia o no, como hizo en muchas ocasiones. Cuando lo vi, me pareció fascinante la oscura lucidez de esa batalla interna, inconsciente, en medio de la canción. Lust For Life, extraordinaria. ¿Debo enseñarle mi precioso miembro a esta gente? ¿O bien debo dispararles a la cabeza a estos bastardos mal nacidos? ¿Quién no ha bailado con los pantalones en los tobillos delante de una buena cantidad de gente que te mira con conmiserativa aprensión?* (Pero otra cosa es bailar con los pies juntos, a saltitos eléctricos, y anudarse las manos a la espalda o sobre la cabeza como con una camisa de fuerza: "No me gusta este mundo de hijos de puta, pero amigos... tengo lujuria por la vida").

La noche de la iguana (Ava Gardner en un México decadente, y dos morenos que le acarician todo el día el desmayo) pedía The Passenger, I Wanna Be Your Dog y por supuesto Candy, que era una canción muy propia del viejo Sacher cuando aún no se llamaba Sacher, puede ser, no sé cómo se llamaba pero terminamos tantas noches allá que eso no es extraño. Quizá fuera del Paradís, un garito con un olor inolvidable. "Candy, Candy, Candy I can't let you go / All my life you're haunting me / I need you so...". Y Kate Pierson, de los B-52's, que le replica: "Me hiciste mucho daño al dejarme / Estoy contenta de que te largaras... / pero te echo de menos". Y luego, como para sí misma: "Hace tanto que tengo un agujero en el corazón / que he aprendido a disimularlo y sonreír / Afuera, en la calle, todos los hombres son lo mismo / Yo necesito un amor, no jueguecitos". También vi, claro, la secuencia de la conversación de la iguana Pop con el lagarto Tom Waits en Coffee and Cigarrettes, de Jim Jarmusch, en la que Iggy y Tom juegan con referencias privadas a su ficción y a la vida real y a la ficción que es su vida real y a una falsa admiración mutua que no alcanza para amistad. Iggy le dice que sus amigos le llaman Jim o Jimmy o Iggy, y que por lo tanto le puede llamar Jim, como sus amigos, o mejor llamarle Iggy. "Sí, llámame Iggy". Y entonces Tom Waits le contesta: "Lo que quieras, tío... tú dime cómo quieres que te llame y yo te llamaré así". "Llámame Iggy, llámame Iggy", se convence Iggy. Y entonces Waits le dice: "Siento haber llegado tarde, Jim". Y pasa a relatarle el día tan agitado que ha tenido: "He hecho varias intervenciones, he salvado varias vidas... no te puedes imaginar lo que es la cirugía a pie de carretera, lo peor". Iggy lo mira con incredulidad: "¿Es que eres médico?". Y Tom Waits, extrañado de su extrañeza y hasta un poco molesto, responde sin énfasis: "Sí... ya sabes: medicina y música. Eso es lo mío, una combinación de ambas cosas". Coffee And Cigarettes es puro Jarmusch, divertido y detenido a la manera en que es divertido y detenido Jarmusch, sin subrayados.

Para completar la noche me fui a la cama con los Doors en el aparato, y cuando la habitación ya llevaba un buen rato de giros concéntricos magnéticos dirigidos por la voz orquesta del lagarto Mr. Mojo Rising, comenzó a devorarme un sueño lejano que se aproximó por los pies y redujo mi vacía debilidad hasta ablandarme como la masa de un pan a punto de hornear. Venía un rodillo de madera de abajo arriba y yo cada vez me sentí más laxo y ajeno, así que en esa blandura pasé de los Doors a los Immaculate Fools, que no tenían nada que ver con todo lo anterior, pero son parte de mi última adolescencia y me recuerdan a los Psychedelic Furs y los Psychedelic Furs a los Immaculate Fools. Y a mí mismo, sobre todo. No sé en qué orden. Escuché Immaculate Fools, la canción, que aún me emociona como lo hizo cuando los vi, por fin, en la Chimenea, después de haberlos tenido tan cerca varias veces en la sala Clares; y me acordé de las noches largas de café y apuntes, cuando Fernando y yo estudiábamos uno contra otro y ensayábamos poesías bien torpes en los márgenes de los apuntes, y nos las leíamos o nos las dábamos a leer sin asomo de vergüenza, mientras hablábamos de Kafka y sobre todo de Hermann Hesse, del lobo estepario y de otras obsesiones jóvenes. Cuánto tiempo ha pasado, cuántas cosas han ocurrido y aún está todo por suceder: "Hablamos de cambios / hablamos de muchas cosas / Y cuando llega la tristeza / reinventamos el sueño. / Esas promesas contaminadas / se desvanecen y mueren. / Olvidamos tan fácilmente / el amor que llevamos dentro...". Y con los tontos sin mácula me fui resbalando por las sábanas blancas del miércoles o el jueves hasta no ser ya nada, apenas un silbido de humo blanco que se adhirió a las paredes como iguana o lagarto y cerró con llave el día. Dormido, soñé que se me caía el pelo y que narraba partidos de fútbol en la radio.

*Yo he jugado al rugby.

Melancolía de terciopelo

Melancolía de terciopelo

No encuentro mucho de lo que hablar, aunque pienso en muchas cosas. Estoy en desconexión emotivo-sensorial casi permanente. Para protegerme, me he vuelto concreto, camino mirando al suelo con el fin de no tropezar y organizo cada minuto al segundo, no sea que me salga de la baldosa enrejada en la que me toca estar durante un tiempo. Desde hace unos días oigo que Sunday Morning, de la Velvet Underground, suena en un anuncio de televisión. Siempre fue una música muy querida. Hay pocas canciones que expresen mejor la serena nostalgia que se nos va incrustando con el paso de los años. Los domingos muy de mañana siempre fueron terreno resbaladizo. Todo demasiado quieto y todo demasiado agitado, la caída de las emociones nocturnas por un tobogán ingrato. Recuerdo bien aquellos amaneceres en Londres, las cinco de la mañana, un sol apenas tibio y precoz, pero de claridad muy rotunda para esas horas. Sentados en las escaleras del patio trasero, mirando a los ojos a un gato (como miran los gatos a los ojos, con fijeza terrorífica) para vaciar la última lata de John Smith's Extra Smooth. El amanecer como metáfora del despertar, caer en la cuenta de que empieza otro día, otro momento, otro lugar. Que todo se va perdiendo y todo queda atrás. Y otras cosas delante. Y tú, en el medio.

Sunday Morning

Sunday morning, praise the dawning
Mañana de domingo, alaba este amanecer
It's just a restless feeling by my side
Es esa sensación de cansancio que me acompaña

Early dawning, Sunday morning
Amanecer temprano, mañana de domingo
It's just the wasted years so close behind
Son los años malgastados tan cerca, a tu espalda

Watch out the world's behind you
Cuidado, el mundo está a tu espalda
There's always someone around you who will call
Siempre hay alguien alrededor que llamará
It's nothing at all
No es nada

Sunday morning, and I'm falling
Mañana de domingo, y me estoy viniendo abajo
I've got a feeling I don't want to know
Siento algo... de lo que no me quiero enterar
Early dawning, Sunday morning
Amanecer temprano, mañana de domingo
It's all the streets you crossed, not so long ago
Son todas las calles por las que has cruzado, no hace tanto

Watch out the world's behind you
Cuidado, el mundo te persigue
There's always someone around you who will call
Siempre hay alguien alrededor que va a llamar
It's nothing at all
No pasa nada.

Sunday morning
Sunday morning
Sunday morning

Mika: la pastilla de la felicidad

Mika: la pastilla de la felicidad

En estas horas absurdas hay que caminar despacio, pegados a la pared. Balón cortito y al pie. Los días se han llenado de socavones con pretensiones existenciales, lo que supone que uno puede levantarse de la cama y antes de llegar al baño (digamos, tres pasos) haber caído en la tristeza, que luego te tiene ya agarrado por los huevos todo el día y a ver quién se suelta sin desgraciarse. Basta una mala elección musical, un instante de debilidad, una palabra o un pensamiento fuera de sitio, una incoherencia, un paso en falso, para derrumbar el día. Así que mi reciente encuentro con Mika, tan improbable, constituye una revelación de primer orden. En realidad, casi todo parece improbable con Mika, el fenómeno musical del momento más allá de los especiales de Rocío Jurado: nacido en el Líbano, de padre estadounidense y madre libanesa (¿hará buenos falafel esa mujer?), emigrado con un año de edad a Gran Bretaña (¿y dónde si no?), Mika se ha proclamado campeón del verano que aún no ha comenzado sin bajarse del autobús. Lo ha hecho con un par de canciones como Grace Kelly y Lollipop, que son como la resultante de meter en una batidora a Freddie Mercury, Rufus Wainwright, George Michael y los Scissor Sisters, cuanto más maricones mejor, aderezar con unas pastis, un sobrecito de gaseosa El Tigre para darle la efervescencia exacta... y agitar bien. O sea, la sonrisa asegurada y el bailecito matinal para derramar el café sobre el teclado, un cheque en blanco de optimismo para unas cuantas horas, una píldora de la puta felicidad, visita urgente al doctor SiéntaseBien sin necesidad de contarle tus fantasmas, la certeza impagable de que eres Superman y ni este día ni cualquier otro te van a poder frenar. Aunque lo parezca, en Mika no todo son falsetes y voces de niños y niñas y cachondeo tierno; con Mika conviene no tomar la parte por el todo. Yo también he tenido la tentación inicial de pensar que tres días seguidos de Mika serían demasiado para cualquiera, y que había un error en el hecho de que esto me guste. Nada de eso. El disco es variadamente protéico. Al muchacho la voz le da para las volteretas laterales, el firulete, la profundidad y hasta para cantar, componer e interpretar temas muy apreciables en registros bien diversos. Firmemente recomendado para estados carenciales del organismo: Life In Cartoon Motion, se llama. Y si no os gusta, os aguantáis.

En cierta ocasión una chica me dijo que su felicidad era el polo de fresa que se comía de niña. Frank Bascombe, el personaje de Richard Ford en 'El día de la Independencia', dice: "¿Lo mejor? Es inútil buscarlo. Lo mejor es un concepto sin referencia desde que has tomado tu primer helado de plátano a los cinco años y descubres, una vez que lo has acabado, que podrías tomar otro". Más o menos eso es Mika ahora para mí. Lo mejor si es que existe: una piruleta de fresa, una tarrina de medio litro de helado (strawberry and cheesecake, de Haagen Dasz, desde luego). Y sobre todo, una onza de chocolate entre dos galletas Chiquilín. A veces la cosa es así de simple. Otras veces no llegas vivo al baño.

Un día cualquiera (A Day In The Life)

Un día cualquiera (A Day In The Life)

El Sargento Pimienta y su club de Los Corazones Solitarios cumplen hoy 40 años. Así que no hay otro modo de hacer las cosas que tomar el album entre los deditos, extraer con cuidado el cd (o el vinilo, si sigue por ahí el plato en el que lo pinchábamos), y agotarlo despacito una vez más, las que hagan falta. El Sergeant Pepper's de los Beatles, esos cuatro señores que reinventaron o inventaron todo con la misma tranquilidad con la que se hubieran comido un plato de aceitunas, cumple 40 años. Hubo un día en que sólo oía a los Beatles; de esos hubo muchos días. Mucho tiempo después, cuando ya les había dado tres mil vueltas a los discos, me gustaba ponérmelos mientras me dormía o cuando llegaba a casa con una cerveza de más. Porque hay un momento de conciencia superior en el que los sentidos parecen abrirse de par en par antes de despedirse del todo, hasta otro día; y en ese instante como de plena conciencia, en la que nada se interpone entre los sonidos y el cerebro, uno apreciaba en el duermevela la extraordinaria, la indecible belleza, variedad, profundidad y alcance de las canciones. Los coros, las segundas y terceras voces, las palmaditas, la sencilla complejidad de la perfección, la reunión de maravillosos detalles en canciones hermosísimas. No sé cómo hicieron para en tan poco tiempo, tan deprisa, y con tan firme convicción y facilidad, alcanzar ese grado de absoluta maestría que ilumina toda la obra. Me ha gustado y me gusta mucho la música, casi todas las músicas; nada me ha gustado ni me gustará tanto como los Beatles. Un día cualquiera, los vuelvo a oír (como hoy) y sigue siendo así. Creo que es ya en lo único en lo que me voy a reconocer toda la vida, sin ningún género de dudas.

[Foto: Ringo, George, Paul y John en la fiesta convocada por su manager Brian Epstein, para presentar a la prensa y los amigos el 'Sergeant Pepper's Lonely Hearts Club Band', el disco que, cambió la historia de la música, dicen; el disco capaz de cambiar un día entero o media vida de cualquiera, digo yo (aunque quizás prefiero 'Revolver', no lo sé, porque cada día prefiero uno y cada vez prefiero una canción). La foto, y otras, se puede ver aquí. A splendid time is guaranteed for all..].

El viejo desorden

El viejo desorden

Ahora que vuelven a reunirse una buena cantidad de grupos innecesarios (¿era preciso el reencuentro de The Police a estas horas, decidme...), New Order se largan a su casa. Lo anunció el bajista Peter Hook en una entrevista en XFM hace algunos días, así como quien no quiere la cosa, en un comentario al pasar. Por si alguien pensó que le había dado un calentón, lo ratificó algunos días después. Los chicos ya no están juntos. Para mí New Order aún suponen la posibilidad de sentirme falsamente joven mientras escucho sus canciones. Bizarre Love Triangle o Blue Monday, desde luego Regret o World In Motion son las canciones que me ponía muchos días antes de salir, bien altas, demoledoramente altas, para que me rodearan y tomaran la casa al asalto, por invasión salvaje, con la estridente maquinaria de sonidos de alta frecuencia. Ese efecto Dorian Gray tiene algo que ver con la leyenda, supongo, porque siempre se dijo que New Order habían vendido su alma al diablo para que triunfase su primer gran éxito, Blue Monday, el maxi más vendido de la historia de la música según leo en algún lado con considerable sorpresa. Debe de ser que en los ochenta aún había lugar para un cierto orden, nuevo orden, claro está. Ahora regresa el viejo desorden, la irrefrenable edad, el envejecimiento de los mitos efébicos. No me despido de New Order porque están en mi librería y los voy a poner cuando quiera. A mí aún me gustó bastante Get Ready, un trabajo que ya venía claramente fuera de hora, pero me pareció que bien defendido. He de reconocer que Waiting For The Sirens Call, su último elepé del 2005, anunciaba que el pacto con el demonio había caducado. Que decaía el rostro de Dorian Gray en el retrato que cuelga sobre el muro. Hoy es lunes. Monday. Blue Monday.

En algún lugar

En algún lugar


Aquí dejo Somewhere, una canción de amor desesperanzado, de esas que todo el mundo hace suyas alguna vez. Hace tiempo que la quería poner, desde que vi por última vez West Side Story. Personajes y canciones encantadoras para un Romeo y Julieta tan bien concebido, creo, que no permite que el tiempo se le meta a la película por las ranuras y la oxide. Los grandes musicales... Me encanta la versión de Tom Waits, áspera y cavernosa, delicadamente oscura. Sólo la encuentro en una breve versión en YouTube, montada sobre un vídeo de cierta organización contra el abandono de animales. El que la pueda recuperar, que lo haga. Yo la tengo en una vieja cinta de cassette y en versión digital... y siempre caigo en el cassette. Ahí va el grito de Tony y María... 

Somewhere

There's a place for us,
Hay un lugar para nosotros 
Somewhere a place for us
En alguna parte, un lugar para nosotros.
Peace and quiet and open air
La paz, la tranquilidad, el aire libre
Wait for us
Nos aguardan 
Somewhere
En algún lugar 

There's a time for us,
Hay un momento para nosotros 
Some day a time for us,
Algún día, un momento hecho para nosotros 
Time together with time spare,
Un momento para estar juntos, con tiempo de sobra 
Time to learn, time to care,
Con tiempo para aprender, con tiempo para cuidarnos 
Some day!
¡Algún día! 

Somewhere.
En algún lugar 
We'll find a new way of living,
encontraremos una nueva forma de vivir
We'll find a way of forgiving
encontraremos un modo de perdonar
Somewhere . . .
en algún lugar

There's a place for us,
Hay un sitio para nosotros 
A time and place for us.
Un momento y un lugar para nosotros 
Hold my hand and we're halfway there.
Toma mi mano y estaremos más cerca 
Hold my hand and I'll take you there
Toma mi mano y te llevaré hasta allí
Somehow,
De alguna manera 
Some day,
Algún día
Somewhere!
En algún lugar

James is back

James is back

En el verano de 1997 regresé a Londres para pasar unos días. Había dejado la ciudad menos de dos años antes, y en esa breve estancia me sentí como un ridículo fantasma nostálgico. Algo así como ahora. A ratos salía solo a a caminar y me envolvía la tristeza, hasta que no podía más: entonces entraba en una cabina, marcaba el mismo número de los últimos tiempos y sollozaba por el teléfono, sintiéndome estúpido o innecesario. Los cristales siempre estaban empapelados con tarjetas que ofrecían a prostitutas de todas las razas. Los recuerdos se componen de escenas incoherentes como esa. En Londres yo había sido feliz de un modo improbable, pero me vi obligado a regresar a España: no tenía dinero ni para comprar un cd, me levantaba a las cinco y media de la mañana, repartía bandejas de desayuno por las habitaciones de un hotel, el director me despreciaba por ser español y algunas familias de dignatarios africanos me trataron a veces con la deferencia cruel con la que se trata a un esclavo, mientras otros ejercían el racismo inverso en grupos y con risotadas de dientes muy blancos. No les guardo rencor. Entre todos me hicieron feliz, hasta que perdí un trabajo detrás de otro, me acusaron de robar dinero de una caja registradora que no sabía utilizar y una empleada de Michael Caine me ofreció un empleó para preparar y servir cócteles diversos con una americana blanca y una pajarita negra. El sueldo era bueno; el público, educado; el horario, perfecto. Acepté de inmediato. Naturalmente, al día siguiente no fui.

Parece un infierno, pero no fue nada de eso. Lo pasé bomba. Cuando volví a Londres, todo seguía en su sitio: el hotel y sus personajes, el piso con casero nigeriano que abandonamos a la carrera, en Ridgeley Road, la cerveza, el curry, mis amigos y Gail, la preciosa londinense de ascendencia india a la que le concedí un baile muy tierno una noche en un bar de Brixton. Su novio bebía en la barra y yo bailaba con ella, en silencio. Cuando terminamos, simplemente me dijo: "Gracias". Todo estaba en su sitio en la ciudad, menos yo. Por eso la patética escena en las cabinas de teléfonos, que se repitió cada uno de los días que pasé allí. Luego tenía unas horas de calma, de melancolía serena que daba paso a la diversión, a veces excesiva: pintas, pizza, curries y música. En esos días conocí a James, la banda de Tim Booth y Jim Glennie. A mis amigos les debo muchas cosas y a algunos de ellos, además, les debo la música. Andy había comprado Laid, el excelente disco que James publicaron en 1993. Por las mañanas nos levantábamos, tarde, en casa de Sean en Maida Vale; dormíamos en el sofá, en el suelo, en una habitación que estaba como hundida en el piso, en una bañera que apenas funcionaba... Por las mañanas tomábamos té con leche para rejuvenecer y Andy ponía Sometimes y Laid en el ghetto blaster de Scrapiron. Las poníamos todas las mañanas. Yo no las llamaba por su nombre. Para mí se titulaban así: Cinco minutos de felicidad. El efecto revitalizante que tuvieron en mí sus guitarrazos aún perdura; cuando decaigo, cuando soy ese fantasma nostálgico de aquellos días, pongo Sometimes y Laid. Volvimos y me compré el disco. Lo ponía por las mañanas en mi casa y por las noches si había ocasión. Lo oyeron varias chicas, entre ellas la chica que me oía sollozar al otro lado del teléfono en esos días de verano en Londres, y que un día me preguntó: "¿Has pasado por nuestra casa?". "Sí". "¿Y cómo está?". "Igual...". James fue desde entonces uno de mis grupos favoritos. Cuando digo favoritos, digo los más queridos. En realidad, los había conocido de forma ocasional años antes, en una cinta que me grabó Pabs y en la que incluyó Johnny Yen, uno de sus enérgicos temas. Luego vino el episodio referido y, más tarde, todo lo demás: la devoción por un grupo de auténtico culto en Manchester y en Inglaterra, mucho menos populares en España que algunos contemporáneos suyos. Un grupo de música muy natural, alegre y reflexiva, con letras que se alejaban del abstracto dominante: James ponía la intención de un relato construido con frases figurativas, donde los demás acumulaban sugerentes brochazos o imágenes inconexas.

Se separaron hace seis años y como despedida dejaron un grandísimo Lp en directo en el Manchester Evening News Arena, y un dvd al que también recurro en las horas oscuras. Como éstas. Porque lo están siendo. Cuando esta mañana Joan me ha contado que James vuelven, que se reúnen para una gira este mes de abril por Inglaterra (y puede que después por Europa), he pensado en aquellas mañanas en Londres y en las felices coincidencias: James vuelven, como si vinieran otra vez a rescatarme. Con esa esperanza dejo la letra de Sometimes, una hermosísima canción. Y en los enlaces de más arriba podéis ver a James interpretándolas, con el vitalista Tim Booth (con pelo y sin él) al frente.


Sometimes (A veces)

There's a storm outside, and the gap between crack and thunder
Viene una tormenta, y el espacio entre el rayo y el trueno
Crack and thunder, is closing in, is closing in
el rayo y el trueno, se estrecha, se estrecha
The rain floods gutters, and makes a great sound on theconcrete
la lluvia inunda los sumideros y retumba contra el asfalto
On a flat roof, there's a boy leaning against the wall of rain
Sobre un tejado plano hay un niño que se apoya sobre el muro de lluvia
Aerial held high, calling "come on thunder, come on thunder"
con una antena en alto, grita: "Ven a mí, trueno, ven a mí!"

Sometimes, when I look deep in your eyes, I swear I can see your soul
A veces, cuando miro bien adentro de tus ojos, juraría que llego a verte el alma
Sometimes, when I look deep in your eyes, I swear I can see your soul
A veces, cuando miro bien adentro de tus ojos, juraría que llego a verte el alma

It's a monsoon, and the rain lifts lids off cars
Es un Monzón, y la lluvia arranca el tejado de los coches
Spinning buses like toys, stripping them to chrome
hace girar los autobuses como juguetes, y los reduce a chatarra
Across the bay, the waves are turning into something else
A través de la bahía, las olas se están convirtiendo en otra cosa
Picking up fishing boats and spewing them on the shore
Agarran los barcos de pesca y los escupen contra la costa 

The boy is hit, lit up against the sky, like a sign, like a neonsign
El niño es golpeado, levantado contra el cielo, como un cartel, como un cartel de neón
And he crumples, drops into the gutter, legs twitching
hasta que se encoge, cae a una cloaca, con las piernas temblorosas
The flood swells his clothes and delivers him on, delivers him on
el agua hincha sus ropas... y lo arrastra, lo arrastra

Sometimes, when I look deep in your eyes, I swear I can see yoursoul
Sometimes, when I look deep in your eyes, I swear I can see yoursoul

There's four new colors in the rainbow
hay cuatro colores nuevos en el Arco Iris
An old man's taking polaroids
un anciano le saca fotos
But all he captures is endless rain, endless rain
pero lo único que captura es la interminable lluvia, lluvia que no para 
He says listen, takes my head and puts my ear to his
Dice: "Escucha", toma mi cabeza y junta mi oído con el suyo
And I swear I can hear the sea
Y yo juraría que se oye el mar 

Somtimes, when I look in your eyes I can see your soul
A veces, cuando miro tus ojos, te veo el alma
(I can reach your soul)
(Puedo tocar tu alma)
(I can touch your soul)
Sometimes
A veces