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Minutos musicales

El ladrido Lennon

El ladrido Lennon


Una canción vigorosa para comenzar el día... o para terminarlo. Hey Bulldog!, maravilla incontestable de los Beatles en el album Yellow Submarine. Inaceptable no haber empezado los Minutos Musicales por los Beatles, pero bueno... soy un pecador. Que estos muchachos hicieran canciones así en sus ratos libres y en un Lp más o menos residual (la improvisaron empujados por Lennon en un tiempo muerto de la sesión de grabación de Lady Madonna), explica muchas cosas. Según el propio Lennon, la canción no significa nada, declaración que seguramente tendría que ver con las delirantes obsesiones del momento por interpretar mensajes trascendentales en las letras del grupo, muchas veces animadas por puras imágenes mentales. Parece claro que la canción quiere hablar de la soledad, de la incomunicación y de algunas frustraciones; también de la debilidad interior del perro ladrador... Es mucho decir. A mí me gusta el piano que marca el comienzo y el bajo de McCartney en el tramo final. La canción iba a llamarse, según yo aprendí, If you're lonely (You can talk to me), pero Lennon se puso a ladrar, a McCartney le hizo gracia y acabó con la cosa del perro mandando. El viernes pasaré por el aeropuerto John Lennon de Liverpool (otro rato hablamos de eso). En el fraseo que Lennon hace en la canción, me parece advertir un acento cockney que no sé si es imitación deliberada o casualidad. O mi propia locura. Pero si escuchas a Michael Caine en una de sus últimas películas (pongamos, Shiner) y luego a Lennon en Hey Bulldog, la confluencia se ve con bastante claridad. Un día de éstos contaré cómo estuve a punto de trabajar para el señor Michael Caine.

Hey Bulldog! 

Sheepdog
Perro pastor
Standing in the rain
bajo la lluvia
Bullfrog
Rana mugidora
Doing it again
Dándole otra vez


Some kind of happiness is measured out in miles
Hay un tipo de felicidad que se mide en kilómetros
What makes you think you´re something special when you smile?
Qué te hace pensar que eres especial cuando sonríes?


Child-like
Igual que un niño
No one understands
Nadie te comprende
Jack knife
Una navaja
In your sweaty hands
En tus manos sudorosas

Some kind of innocence is measured out in years
Hay un tipo de inocencia que se mide en años
You don´t know what it´s like to listen to your fears
No sabes lo que supone escuchar tus miedos

You can talk to me
Puedes hablarme
You can talk to me
Puedes hablarme
You can talk to me, if you´re lonely you can talk to me
Puedes hablarme, si te sientes solo puedes hablarme

Yeah hey, oh!
Ho, ho!
Yeah!
Ho, ho, ho, ho!
Ho, ho!

Big man (Yeah)
Hombretón (sí)
Walking in the park
Paseando por el parque
Wigwam
Una choza
Frightened of the dark
Miedo de la oscuridad

Some kind of solitude is measured out in you
Hay un tipo de soledad que se mide en ti
You think you know me but you haven´t got a clue
Crees conocerme, pero no tienes ni la menor idea

You can talk to me
Puedes hablarme
You can talk to me
Puedes hablarme
You can talk to me, if you´re lonely you can talk to me
Puedes hablarme, si te sientes solo puedes hablarme

Hey!
Wahoo woof! Woof!
Hey bulldog! Hey bulldog!
Hey bulldog! Hey bulldog!

[Hey man, what´s that noise?
Eh, tío, qué es ese ruido
Woof!
Guau
What d´you say?
Qué dices
I said woof!
He dicho guau!
D´you know anymore?
Sabes decir algo más?
Wooaah ha ha ha!
Guaaaaaaaaaa
You´ve got it, that´s great! That´s right! That´s it, man, hoo!
Ahí está, muy bien! Eso es, eso es tío, oh
Give it to me, man, hurry! I´ve got ten children, ho!
Dámelo tío, corre! Tengo diez niños...
Ah ho! Ha ha ha ha ha ha!
Jajajajajaja
Quiet boy, quiet!
Calla, chico, calla!
OK.]
Hey bulldog!
Hey bulldog!

La hora oscura

La hora oscura

Ya no me apetece escribir sobre el partido de ayer. O anteayer. Lo que sea. Si acaso dejo la crónica del AS, que me parece suficiente, por honesta. Como un programador agotado o perezoso, sigo con los minutos musicales, esta vez con Creep, de Radiohead. El autodesprecio, visto desde una perspectiva romántica, tiene algo poético. Pero es una mierda. Esa lírica tramposa está bien contenida en esta canción de un grupo al que recibimos con los brazos abiertos y despedimos sacudiendo las cabezas. Después de Pablo Honey, The Bends y OK Computer (genialidad creciente), ¿quién es capaz de soportar la deconstrucción sonora de Kid A y Amnesiac? Seguro que los hay. Yo no. Creep permanece como himno de la hora oscura, cuando uno es incapaz de soportar el mundo y el mundo no lo soporta a uno. Por lo que yo sé, el mundo te abandona con un beso, un "no te quedes solo", el pelo recogido en una coleta y la maleta en la mano. El silencio que sigue al portazo se llama soledad. Dejo esta canción porque todos hemos debido tener una hora oscura alguna vez; y el que no la haya tenido, que se joda... porque no sabe lo que es la felicidad. Incluyo dos versiones que incorporan el desgarro creciente de Thom Yorke en la interpretación: la primera, acústica, con la guitarra elevando el trance y el soporte de ese montaje animado que me encanta; la segunda, una versión en directo en la que el muchacho de los ojos asimétricos parece cantar al borde mismo de un precipicio. Este tema es exactamente eso: la súplica definitiva antes del vuelo; el grito que intenta evitar sin esperanza que se cierre la puerta.

Creep (vídeo)
Creep (directo SummerSonic 2003)

When you were here before, couldn't look you in the eye
Antes, cuando estabas aquí, no podía mirarte a los ojos

You're just like an angel, your skin makes me cry
Eres como un ángel, tu piel me hace llorar

You float like a feather, in a beautiful world
Flotas como una pluma, en un mundo maravilloso

I wish I was special, you're so fuckin' special
Ojalá yo fuera especial, tú eres tan jodidamente especial...

But I'm a creep, I'm a weirdo
Pero yo soy un monstruo, soy un rarito

What the hell am I doin' here?
¿Qué coño estoy haciendo aquí?

I don't belong here
Si yo no pertenezco a este lugar...

I don't care if it hurts, I wanna have control
No me importa lo que duela, quiero tener el control

I want a perfect body, I want a perfect soul
Quiero un cuerpo perfecto, quiero un alma perfecta

I want you to notice when I'm not around
Quiero que te enteres cuando no estoy a tu lado

You're so fuckin' special, I wish I was special
Joder, eres tan especial, ojalá yo fuera especial

But I'm a creep, I'm a weirdo
Pero soy un monstruo, un raro

What the hell am I doin' here?
¿Qué coño estoy haciendo aquí?

I don't belong here, ohhhh, ohhhh
Si no pertenezco a este lugar, ohhhh

She's running out again
Ella se larga otra vez

She's running out
Se larga

She runs runs runs runs...
Se va, se va, se va, se va

Whatever makes you happy, whatever you want
Lo que sea que te haga feliz, lo que desees

You're so fuckin' special, I wish I was special
Eres tan jodidamente especial, ojalá yo lo fuera

But I'm a creep, I'm a weirdo
Pero soy un monstruo, un rarito

What the hell am I doin' here?
Qué coño estoy haciendo aquí?

I don't belong here...
Si yo no pertenezco a este lugar...

La voz oscura

La voz oscura

He dormido poco y mal. Serán cosas de la derrota... En sueños he entrevisto a Alicia como a un ángel rubio, mirándome, hablándome con una ternura impropia de su edad, cinco años largos. Suelo verla así, en esa imagen repetida, y en el sueño siento con extrañeza que ella cuida de mí y no yo de ella. A veces quiero que el tiempo se detenga y verla siempre así mismo, como está ahora; otras, me atrapa la ansiedad de saber si conservará en la edad adulta esa mirada tan hermosa que ahora tiene para mí. Cuando sea una mujer y yo algo más que un hombre, algo menos. He despertado y he querido oír Love Will Tear Us Apart, canción de Joy Division que posee una bella tristeza oscura, una de mis preferidas de todos los tiempos. Iba a escribir sobre el partido de anoche, pero será más adelante. Dejo el vídeo en el enlace y la letra aquí... El hombre de la foto, envarado, ausente y derrotado como siempre en el escenario (a veces sufría violentos ataques epilépticos mientras cantaba en estado de shock), es el señor Ian Curtis: inspirador, voz, alma ensombrecida de Joy Division. El hombre que escribió que el amor nos destrozará. La imagen pertenece al 4 de abril de 1980. Ian Curtis se colgó en el salón de su casa apenas un mes después. Joy Division, líderes de la transición entre el punk y la música electrónica que daría forma al mito de Manchester en los 80, se convirtieron en New Order algo más tarde. De oruga a crisálida. Al fondo quedó siempre la voz grave, oscura y profunda como una cueva, del desesperado Ian Curtis.

Love will tear us apart 

When routine bites hard
Cuando la rutina nos devore

And ambitions are low
y las ambiciones estén por los suelos

And resentment rides high
Y el resentimiento vuele alto

But emotions won't grow
Pero las emociones ya no crezcan

And we're changing our ways,
Y estemos cambiando nuestro rumbo

Taking different roads
Tomando caminos diferentes

Then love, love will tear us apart again
Entonces el amor... entonces el amor nos destrozará otra vez

Why is the bedroom so cold
Por qué está tan fría la habitación?

Turned away on your side?
Te has apartado a tu rincón?

Is my timing that flawed,
Me he equivocado de momento,

Our respect run so dry?
Se ha secado nuestro respeto?

Yet there's still this appeal
Y sin embargo, persiste esta atracción

That weve kept through our lives
Que siempre tuvimos..

Love, love will tear us apart again
El amor, el amor nos destrozará de nuevo...

Do you cry out in your sleep
Lloras cuando duermes?

All my failings expose?
Todos mis errores han salido a relucir

Get a taste in my mouth
Se me pone un sabor en la boca

As desperation takes hold
Mientras me atrapa la desesperación

Is it something so good
Puede algo ser tan bueno

Just cant function no more?
Que simplemente no funcione?

When love, love will tear us apart again
Cuando el amor, el amor nos destroce de nuevo...

El hombre que fue Pequeño

El hombre que fue Pequeño

Sentirse Bien

"Soy sólo el campeón
de tenerte en el corazón
Mi conquista
Mi calor, mi conquista

Un arrebato, ya me pongo guapo
Me quedo con el calor en el labio
Sentirse bien. Sentirse cien
Las buenas compañías me sientan bien,
Luchador, el ganador
Sólo en tu cuerpo me siento mejor
Soy apuesto, sólo apuesto
Quédate en mis camas, llevo los poderes puestos

Cuidaré de tu vida, soy valiente
Te voy a dar amor polivalente
Cuidaré de tu vida, soy valiente
Te voy a dar, amor, ¡agárrate fuerte".

Pecker esta noche en la Sala Pulp, al final de General Sueiro, a la derecha. Un lugar para la huida porque las noches son las de siempre. Allí Pecker, el hombre que fue Pequeño Pecker: Raúl Usieto Aquilué, apellidos de por aquí, nacido en Huesca, residente en Barcelona y autor de '2 y Las Nadadoras'. 2 por su segundo disco, interpreto, después de 'Diez y una galaxia'. Las nadadoras, explica él, son las musas que rondan por su cabeza, ingrávidas e insistentes. Pop electrónico, o pop a secas en el que se van integrando la electrónica orgánica, un funk pegajoso o la actitud cool de un ritmo que pesa la mitad exacta de lo que pesan las canciones: la otra mitad hasta el total son las letras, palabras reunidas con adhesivo fraseo, a veces melódico y otras camino de un hip-hop aligerado. Como en Souvenir Me gustó mucho Pequeño Pecker y me gusta mucho Pecker. Me hace sentirme bien, ágil, vital y despierto. Del primer disco me encantó Sentirse Bien, que decía... (Ir arriba).

Just like honey (selfhacérsela)

Just like honey (selfhacérsela)

Just Like Honey 

Listen to the girl / As she takes on half the world
Moving up and so alive / In her honey dripping beehive
Beehive / It's good, so good, it's so good
So good

Walking back to you / Is the hardest thing that
I can do / That I can do for you
For you

I'll be your plastic toy / I'll be your plastic toy
For you

Eating up the scum / Is the hardest thing for
Me to do

Just like honey (x 17)

'Just like honey', de The Jesus & Mary Chain, es la canción que suena al final de 'Lost in Translation'. Necesitaría más fotos y la música para que esto adquiriera sentido, pero no importa. Blogia es imperfecto como la realidad es imperfecta. La letra por sí sola no dice nada que nos importe; la foto por sí sola no dice nada que importe a quienes no seamos nosotros. Todos nos estamos yendo. Nos vamos. Y mientras nos vamos suena 'Just like honey', fantasmal. Besos. Esta mañana me he extraviado lentamente y he terminado aquí. Venid a buscarme cuando no tengáis nada que hacer.

Papá Jarvis

Papá Jarvis

Mucho antes de tener una banda de rock, Jarvis Cocker fantaseaba con ese anhelo tan propio de la adolescencia y simulaba tener una banda de rock. ¿Quién no ha querido formar una banda de rock? ¿Quién no ha querido ser músico, quién no ha querido cantar con vaqueros y zapatillas rotas frente a gente que te recita como si fueras el oráculo? ¿Quién no ha querido, aunque fuera un ratito, ser el vocalista, el que escribe las letras entre jarras de cerveza oscurecidas por submarinos de bourbon en vasos de chupito? ¿Quién no ha querido hacerse sangre en los dedos en largos riff de guitarra, follarse a las nenas en el backstage, tocar versiones de los Clash y de Joy Division, llevar un sombrero cuando nadie lleva sombrero, una americana oscura con chapitas en la solapa, una corbata sobre el fondo de una camiseta de fútbol, unas gafas de sol gigantes en el escenario, una lata de John Smiths' Extra Smooth en una mano mientras con la otra agarras el micrófono? Jarvis Cocker quiso todo eso durante la infancia y la juventud, hizo Pulp, tuvo algunas cosas de las nombradas (algunas no le pegan con ese aire de estudiante de arte trascendental que le dan los enormes anteojos sobre su extrema delgadez). Si las tuvo, ahora ya no las quiere. Quiere otra cosa que rime mejor con el verso "mediana edad": "Tener un grupo era mi versión del peluche que cualquier niño lleva consigo a todas las partes. Pero andar con un peluche protector a cierta edad es un poco triste, así que tenía que deshacerme de él en algún momento".

A cierta edad, todo es un poco triste o está a punto de tener un aspecto patético si uno no cuida las formas. Hay que tener cuidado con la ropa que vistes, la música que oyes, la actitud que tomas en los conciertos, el modo en el que le hablas a las chicas de menor edad o incluso a las de mayor edad. Desde luego hay que tener cuidado con lo que comes, con lo que bebes y sobre todo con lo que decides. Jarvis tiene 43 años, se ha casado con una estilista francesa, ha tenido un hijo y se ha ido a vivir a París, él que siempre fue de Sheffield cuando vivía en Londres y de Londres mientras crecía en Sheffield. Como todos. No es seguro que los hechos hayan ocurrido exactamente en ese orden o en otro; en todo caso la secuencia no implica un juicio. Ahora que Papá Jarvis está asentado en su serena mediana edad, ha editado su primer disco en solitario. Naturalmente, algunos hemos corrido a escucharlo, esperando que ocurriera con él lo que ocurrió con Ian Brown o John Squire, digamos: que con los Seahorses o en solitario, rodearon las cumbres de Stone Roses y modelaron otras. Brett Anderson (Suede) no lo ha logrado aún. Morrissey, sólo a veces. Richard Ashcroft (The Verve) o Thom Yorke (Radiohead), tampoco. Jarvis Cocker ha hecho un disco intimista, consciente, preocupado y amoroso como un papá recién estrenado. Disco más de letras que de canciones, me parece, aunque hay unas cuantas canciones apreciables y alguna luminosa. Aparecen tipos ambivalentes y un cierto pesimismo hecho de sonrisas. Dice Jarvis: "Espero que al mirar a este disco dentro de diez años, piense: '¿Por qué estaba tan preocupado por aquellas cosas?". Para quienes tenemos Disco 2000 como una de las cumbres sentimentales de nuestra música, un artilugio con el que combatir el efecto corrosivo del tiempo, Jarvis Cocker the album deja la sensación de que, sin grandes dramas, en el cambio de Pulp a monsieur Jarvis hemos salido perdiendo un poco. Pero como queremos a papá, lo aceptamos deportivamente.

El mundo de Moz

El mundo de Moz (Dedicado a mi amigo Andy y a cualquiera de esas noches en las que, en desaforado dúo, juvenilmente hemos gritado estas líneas: "...To die by your side / is such a heavenly way to die").

 

Morrissey está en forma. Temíamos que no regresara ya de la pausada deriva en la que entró después de Viva Hate, su primer album en solitario. Peor aún, que el tiempo lo hubiera borrado como habría borrado a James Dean sin su trágico final. Moz es un héroe de la Juventud y no parece claro que esté autorizado a envejecer, dicho vulgarmente, y desgastar la memoria de una figura extrañamente frágil. Entonces llegó You Are The Quarry, su estupendo disco de 2004, y entendimos que Morrissey had proved us all wrong, once again. Otra vez nos confundíamos. No parece extraño porque estamos ante un consumado mago del escapismo, acerca del cual se sabe menos de lo que se intuye. Valga este ejemplo. En las webs de fans aún no se atreven a asegurar de forma irrefutable la homosexualidad que todos le atribuímos en virtud de la leyenda, el celibato, las canciones o las paradigmáticas cubiertas de los Smiths. Y recurren a una frase que, más que explicar su postura o pensamiento, siempre rebajado tras una leve cortina de equívocos, lo que vienen a explicar es al personaje: “Me niego a categorizar el sexo según los términos hetero, homo o bi. Todos tenemos las mismas necesidades sexuales. El prefijo es inmaterial”.

 

Si Steven Morrissey hubiera nacido en otro tiempo, en otra circunstancia, habría hecho de sí mismo un poeta maldito o un gran polemista, quizás un Chesterton, un Bosswell, quizás un Oscar Wilde, posibilidades que sin duda le fascinarían. Pero nació en la segunda mitad del siglo XX en Stretford, Manchester, y acabó por hacerse estrella del pop con los Smiths, poniendo letras de intrincado vigor lírico a las melodías de Johnny Marr, abruptas y delicadas como los músculos de un boxeador. Moz veía a los Smiths a través de un cierto velo mesiánico que les daría sentido. Su papel en el abarrotado escenario de los años ochenta en Inglaterra era nada menos que éste: decir lo que nadie había dicho, de un modo en el que nadie lo había hecho. ¿Era eso verdaderamente posible en medio del caleidoscópico abanico del post-punk, en ese mundo abigarrado que iba de camino a la invención del brit-pop, de camino a la electrónica y los clubes y el salvaje Madchester...?

 

Verdaderamente lo era. Morrissey y los Smiths lo hicieron, en apenas cinco años y en apenas cinco discos: instauraron una voz distinta y distante, hecha de palabras que no pertenecían al lenguaje del pop o del rock o de ningún tipo de música popular; ciertamente no pertenecían al lenguaje de nadie (ni de sus propios compañeros del grupo) salvo al del insondable Morrissey. En las letras de Moz nada se decía ni se dice de forma concluyente. Sólo hay una sombría envoltura de sugerencias que flotan en la música y cuyo significado, intuido, puede evaporarse de un momento a otro, como una voluta de humo, o desvanecerse en el transcurso de una noche igual que la fiebre.

 

Curioso que a un tipo como éste le caiga, desde los primeros días, la etiqueta de narcisista. El suyo, en todo caso, ha de ser un paradójico narcisismo a la inversa, porque no surge de la explotación de sus triunfos o potencias, sino de la reverencia cuidada y casi siempre irónica, desdeñosa, hacia sus debilidades. Es efectivamente un modo resuelto de situarse por encima de ellas, y mostrarlas a los demás como el que muestra orgulloso un suave lienzo de sí mismo. A los ocho años, Morrissey contemplaba el suicidio como posible suceso romántico. O eso ha contado. No porque tuviera ninguna razón concreta que lo empujase a su conclusión (ni siquiera la encontraría en la infancia de desafectos y soledad, que tanto ha despreciado) sino por puro ardor esteticista. Parecería uno de los miembros de la Sociedad Secreta Shandy, un Duchamp, un Scott Fitzgerald, un Robert Johnson, el joven diletante que, según cuenta Vila-Matas en su Historia Abreviada de la Literatura Portátil, ocultaba en su perenne maletín una vajilla completa y una tetera barroca de plata. Una noche, limó con paciencia el asidero de la última hasta darle la forma redondeada de un proyectil, y con él se reventó los sesos. Atormentado por ese suceso brutal, del que no se sentía completamente inocente, Jacques Rigaut, el poeta y surrealista teórico del suicidio, anotó: “No hay motivos para vivir, pero tampoco hay motivos para morir. (...) La única manera con que se nos permite demostrar nuestro desdén por la vida es aceptarla”.

 

Moz aceptó y desde 1982 lleva repartiendo canciones como flores. Puede que ninguno lo hayamos entendido todavía. Cuando, con Andy, pedimos en los bares que suene There’s a Light That Never Goes Out, siempre me pregunto qué tiene esa canción para que sea una posibilidad de alegría, si está compuesta de una mórbida sordidez, de esa idea de la muerte como culminación del amor, que es obviamente una idea atropellada por el tiempo. Pero el maravilloso mundo de Moz está hecho de oscuras magias incomprensibles. Cuando lo creíamos extraviado, Morrissey entregó You Are The Quarry. Hasta entonces había habido canciones, claro, pero no la estatura aguardada. Your Are The Quarry supuso mucho. Apenas un año más tarde fue publicado ese elepé de un directo grabado en Earl’s Court. Y en una semana apenas saldrá a la venta Ringleader of the tormentors (¿quién le entrega los títulos?), otra colección de rosas con espinas, de irónicas canciones en las que se muestra de nuevo, como hizo siempre, sin mostrarse del todo. Protegido en una confusa ambigüedad que continuamente se refuta a sí misma, como si se riera de su propio personaje y desde luego de nosotros. De nuevo hay en este disco un Morrissey violentamente intimista, otro que se decide al ensayo político-social, otro que vuelve la cabeza desde la cima del glamour a la desesperanza de las calles, para murmurar una disculpa... Al concluir Bigmouth Strikes Again, en la actuación que registra el directo en Earl’s Court, le dijo a la fascinada audiencia: “El pasado es un extraño lugar”.

 

Ahí sigue Moz, en su mundo inaccesible. Primero en Manchester, luego en Londres, más tarde en Los Angeles, ahora en Roma, su penúltima obsesión. Moz. Distante y fugitivo como sus palabras.

Te regalo un testamento

Te regalo un testamento

El viernes vimos en La Casa del Loco a ese oscuro lúcido que es Nacho Vegas, ex Manta Ray y autor de ‘Desaparezca Aquí’ (el último de sus tres elepés). Arrastré al recital a cuatro personas que ni siquiera habían oído hablar de Nacho, algo que suponía una clara temeridad por mi parte, pero ya estoy acostumbrado al peligro. Mientras esperábamos a un costado del escenario, me pidieron que definiera un poco su música: me sentí como si tuviera que hacer un plano del cielo.

Nombré algunas de sus influencias, pero jamás he creído que las influencias (palabra con un notable desprestigio a cuestas ya sólo en su fonética) signifiquen absolutamente nada. La verdad sobre Nacho me la había aproximado otro amigo hace algún tiempo, en una conversación sobre su último disco: “Lo mejor es que no parece español”. Añadiría: lo mejor es que no parece nada. Es casi tan difícil de clasificar como Antony and The Johnsons. Así que mis acompañantes quedaron, sin remedio, ante el abismo. Cuando lo vieron sobre la tarima, con ese aspecto de recién salido de la cama un minuto antes, y haber vestido apresuradamente una resaca, la conmoción creció. A mí me creció la emoción, pero lo mío era otra cosa.

De toda la noche, vuelvo a este episodio, relatado por Nacho Vegas antes de interpretar su singular hit, ‘El hombre que casi conoció a Michi Panero’. Nacho se encontró la canción una tarde en Zaragoza, mientras paseaba por la calle San Vicente de Paúl. Tenía la forma insegura de un anciano de 80 años que, al cruzarse con él, le saludó: “¡Coño, Nacho, cómo estás...!”. Resultaba tan inesperado contar con un seguidor de esa edad (con alguien de esa edad que tuviera la mínima noción de su existencia y aun de su nombre), y más aún cruzarse con él, que entablaron conversación y luego, una duradera amistad. Supo algunas cosas decisivas: el hombre se estaba muriendo, moriría unos meses después, pero alcanzó a comunicarle la molicie y el pesado escepticismo de su edad. Era solitario igual que era viejo, por convicción de la naturaleza; ya no le alcanzaba para creer en nada, si es que alguna vez lo hizo. Y le fascinaban las niñas de diez años. Antes o después de su fallecimiento, Nacho Vegas concibió y dio forma a este testamento (in)moral para él.

Dejo la letra. La melodía es deliciosa. El contraste, creo, define a Nacho Vegas.

 

 

“El hombre que casi conoció a Michi Panero”

Es hora de recapitular /
las hostias que me ha dado el mundo. /
Hoy querrán oír mi último adiós. /
Bien, poco a poco van llegando /
y yo los recibo en batín. /

Y unos me llaman chaval /
y otros me dicen caballero. /
Alguno no se ha querido pronunciar. /
Yo una vez tuve un amor, /
pero si he de ser sincero /
dije "no" en el altar /
y cuando digo no es no. /

Fracasé una vez, fracasé diez mil /
y aún así alzo mi copa hacia el cielo /
en un brindis por el hombre de hoy /
y por lo bien que habita el mundo. /
¡Mirad, las niñas van cantando! /
(Niñas) Shalalaralalá ... /

Y no me habléis de eternidad. /
No me habléis de cielos ni de infiernos más. /
¿No veis que yo le rezo a un dios que me prometió /
que cuando esto acabe no habrá nada más? /
Fue bastante ya... /

Nunca fui en nada el mejor, /
tampoco he sido un gran amante. /
Más de una lo querrá atestiguar. /
Pero si algo hay capital, /
algo de veras importante, /
es que me voy a morir /
y cuando digo voy es voy. /

Lo he pasado bien, y casi conocí en /
una ocasión a Michi Panero, /
y es bastante más de lo que jamás /
soñaríais en mil vidas. /
¡Mirad, las niñas van cantando! /
(Niñas) Shalalaralalá... /

Dejadme preguntar: ¿Es esto el final? /
Y si es así, decid: ¿Me vais a extrañar? /
¡Veo que asentís pero yo sé que no! /

Qué lástima, no dejaré /
nadie a quien transmitir mi savia; /
consideré insensato procrear. /
Y diréis de mí que soy /
un viejo verde y cascarrabias, /
y diréis muy bien, /
y cuando digo bien es bien. /

¡Largo ya de aquí! ¿Qué queréis de mí? /
¿Es mi alma o es mi dinero? /
Si de uno carezco y la otra es /
una anomalía en esta vida. /
¡Mirad, las niñas van cantando! /
(Niñas) Shalalaralalá... /

(Muy bien niñas)

¡Y unos me llaman chaval, /
y otros me dicen caballero! /

¡Y alguno declinó mi oferta para hablar! /
¡Yo una vez tuve un gran amor, /
pero si he de ser sincero /
dije "no" en el altar, /
y cuando digo no quiero decir que no! /

He bebido bien, y casi conocí en /
una ocasión a Michi Panero, /
y ahora brindo en paz por la humanidad /
y por lo bien que habita el mundo. /
¡Escuchad, os lo diré cantando! /
(Viejo) Shalalaralalá... /

¡Hasta nun ... ca ...!

 

 

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