Blogia
Somniloquios

El deporte

El extraterrestre caníbal

El extraterrestre caníbal


El cerco se estrecha alrededor de la prematura retirada de Ian Thorpe. ¿Era un fraude el Torpedo? Mientras se resuelve esa acusación lanzada por L'Equipe, la natación nos concede la posibilidad de otra quimera: este ojo de pez encuentra a Mike Phelps en el día en el que, precisamente, ha empatado los seis oros en un Mundial de Ian Thorpe. La foto me gusta tanto que con ella vuelvo a celebrar al nadador americano, el muchacho extraterrestre que persigue los siete oros de Mark Spitz en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Santiago Segurola acaba de proclamarlo el mejor de todos los tiempos: El Caníbal.

La placa es de François Xavier-Marit, de AFP Photo.

La mariposa Phelps

La mariposa Phelps


De haber podido elegir, como periodista me habría encantado escribir de atletismo, de boxeo y de natación. Lo he hecho sólo de forma ocasional, pero me fascinan. El boxeo, por su terrible épica, por los personajes, por las tramas. No es raro que haya sido uno de los deportes más visitados por el cine y por algunos de los escritores modernos más potentes. Respecto al atletismo y la natación constituyen, para mí, los más puros y bellos, los que recogen esta esencia: la lucha contra los propios límites, contra los límites del organismo, del cuerpo, de la mente. Diré esto mismo de otra forma algo más burda. Si un día tuviera un hijo, preferiría que le gustase practicar, por este orden, el atletismo, la natación, el baloncesto, el waterpolo, el rugby y el balonmano. He conocido muy de cerca a gentes que practican esas disciplinas o las he frecuentado yo mismo, y el ambiente siempre fue extraordinario, de formación, compañerismo, competición bien entendida, bravura, coraje y esfuerzo. El tenis también, aunque lo tengo por un juego de demoledora exigencia psicológica. ¿El fútbol? No lo querría... Yo me fui del fútbol porque no soportaba el ambiente que lo conforma; y no digo que lo rodea, digo que lo conforma. El fútbol es magnífico arriba, en las élites; pero en los periodos de formación me parece un juego envilecido.

La otra mañana me la pasé viendo nadar a Michael Phelps (y a los demás) en los Mundiales que se están celebrando en Melbourne. Australia es territorio de nadadores y cocodrilos: aunque parezcan realidades correlativas, no se trata de eso. Pero hay una larga tradición y una cultura que celebra el agua como medio natural. Un australiano aprende a nadar casi como aprende a andar. El vasto centro del continente es un desierto rojo y pedregoso, recorrido por dingos, canguros, wallabies y reptiles; la población se reúne en las costas, sobre todo en la suave costa este. Hay tanto territorio marítimo que los australianos tuvieron que apoyarse en Estados Unidos durante la Guerra Mundial para que las poderosas flotas yanquis protegieran su litoral; así que luego muchos australianos debieron servir años más tarde en Vietnam, como dramática contrapartida. Mucha gente aún recuerda la atroz lotería de nombres en la televisión nacional australiana: así se reclutaba a los soldados. Salía tu nombre por televisión, te ibas a la selva a hacer la guerra contra el charlie; aquí, sale tu nombre en televisión y hay un teléfono de aludidos; o bien ahora te convierten de adefesio acomplejado en adefesio tetudo. Libre de complejos.

Mike Phelps es americano y está triunfando en Australia, la tierra de Oz. Le tributo este pequeño homenaje con una foto hermosísima de su esfuerzo en los 200 mariposa, una carrera fascinante que vi en directo y en la que Phelps bajó alrededor de tres segundos su anterior plusmarca. Un bocado brutal, inhumano. La progresión de Phelps en los cuatro largos resultó incomprensible: su modo de sobreponerse al supuesto abatimiento del esfuerzo, la potencia creciente, la competitividad para enfrentar a sus contrincantes cuando le apretaron en el paso por el 150... Un nadador excepcional, en todos los órdenes. No me da tiempo a admirar lo suficiente a los nadadores: Michael Gross, el Albatros, por ese nado longilíneo, armónico y deslumbrante; Salnikov, Popov, Klymt, Thorpe, Van Elmsick, Klochkova, Van den Hoogenband, Manaudou, López Zubero, Hackett o Peirsol (lo acaba de destronar de los 200 espalda el americano Ryan Lochte, segundo tambien en los 200 estilos tras Phelps)... Olvido a muchos. Se les olvida rápido porque la regeneración es indetenible. Aún estamos a tiempo de ver a Phelps: tiene 21 años. Me pregunto cuánto durará. Dejo una bella imagen para mirarlo despacio.

¡Árbitroooo, la horaaaaaaaaaaa!

¡Árbitroooo, la horaaaaaaaaaaa!


Cuando uno trabaja diariamente al lado de un equipo profesional y antes ha jugado al fútbol de crío, descubre que muchas cosas han variado o se hacen de modo desconocido a como se hacían antes en el ámbito amateur; pero también se advierte que otras muchas son exactamente iguales. Los futbolistas, por lo general, se comportan esencialmente del mismo modo en un equipo cadete y en uno de Primera División. Al final, se trata de jugar. En algunos lugares, la tecnificación aún no ha despedido algunos rudimentos. El otro día, en Glasgow, me emocionó un poco redescubrir una vieja fórmula de entrenamiento de cuando éramos niños en todo un Celtic de Glasgow: antes de empezar el partido, el segundo entrenador se ponía al borde del área y todos los jugadores en fila en el medio campo. Cada uno con una pelota. Se la tiraban en perpendicular al otro, éste devolvía la pared, y los muchachos disparaban a portería. Bendita ingenuidad.

A lo que vamos... Cuando de chicos jugábamos al fútbol, esa frase del titular era el grito de de los últimos minutos de un encuentro apurado, en el que teníamos los huevos por corbata y ya no había forma de parar a los contrarios, que se venían por todos los lados. "¡Árbitrooooo, la horaaaaaaaaaaaaaa!". Y fórmulas parecidas. Así terminó España el partido. España 2 Dinamarca 1. Y un hilillo de mierda corriéndonos muslito abajo: a los defectos que ya han hecho callo se van añadiendo otros. El más notorio de esta noche, una preocupante ausencia de carácter y confianza, al punto de que la Selección no ha podido sujetar en el Bernabéu a un rival mediocre, con diez jugadores desde el minuto 19 y un 2-0 en contra en el descanso. Ha marcado Morientes, el que no valía para el Mundial y que ahora juega en lugar de Fernando Torres, que era nuestra bandera en el Mundial. Y David Villa, el querido Guaje, que por lo visto sólo se ha hecho bueno una vez que ha llegado al Valencia. Cuando jugaba en el Zaragoza aún no era lo suficientemente bueno para ser titular en la Selección, aunque ya metía 15 goles por año... Por cierto que se pasó el Mundial saliendo cambiado en la segunda parte, con esas sustituciones preconcebidas tan habituales. Hoy, lo mismo.

La Selección de Luis Aragonés es una castaña roja, como esas castañas de mazapán recubiertas de caramelo encarnado que comíamos hace años. Pero sin ninguna gracia ni sabor ni dulzura. Alguien debería pedir la hora de verdad, y que este hombre dejara ya el puesto; y de él hacia arriba, hacia los lados e inmediatamente por debajo, todos. Los principales, quiero decir. Iñaki Sáez y todos esos... Por menos de lo que hace Luis, a Clemente lo tenían frito, demonizado y perseguido en tres cuartos de la prensa nacional. A Luis le pasan la mano por el lomo y bueno, oye, mira, lo importante era ganar y seguimos vivos... Y dale.  Que siga muchos años. Ya le ganaremos a Islandia, otro rival de agárrate que vienen curvas. Björk y algún Gustaffsson que seguro que habrá. Sugar Cubes. Islandia. Y luego Letonia. Otro hueso. Y Suecia. E Irlanda del Norte, que ya nos ganó.

Bueno, no sé, que hagan lo que quieran. A mí lo que me interesa es el Zaragoza. Luis no es aragonés.

El escurridizo Jimmy Johnstone

El escurridizo Jimmy Johnstone


He hablado de Jimmy Johnstone, el futbolista más grande que ha tenido el Celtic de Glasgow. Falleció en 2006, víctima de una enfermedad neuronal que afectaba a su capacidad motriz. Jinky Johnstone (el escurridizo Johnstone, podríamos traducir: jinky era su apodo, jink es algo que se mueve con velocidad y cambiando constantemente de lugar y dirección), era un prodigio de velocidad con la pelota -maravillosas conducciones en vertical, el cuerpo avanzado, el centro de gravedad bajísimo, y el balón llevado como con un obediente cordel de goma elástica-; Johnstone tenía la velocidad y su compañera inevitable y necesaria, la pausa, el fútbol que a veces era un meandro y luego un torrente; el cambio de ritmo; una eléctrica variación de las direcciones; aún más, tenía la imaginación de la sorpresa, la llegada, el cabezazo y el disparo. Su figura emergía como una rareza en medio del musculoso paisaje británico. Se comportaba como lo haría un librepensador atrevido y naturalmente ingenioso. Era quizás un George Best con el cabello del color de la paja. Me emocionó el homenaje de Celtic Park, el día que estuve allá y el Celtic jugaba con el Rangers.  Luego he pensado que la muerte constituye una enorme paradoja, y a veces subraya desacuerdos tan evidentes con la vida como éste: que a alguien así, que se movía por el campo con la agilidad de un mosquito, lo aguardase -oculta en lo más recóndito del cerebro- una enfermedad que lo acosaría hacia una inmovilidad creciente. En YouTube he encontrado este homenaje a Jimmy Johnstone, que reúne alguna de las cosas que más me gustan de Glasgow: la música, la nostalgia irlandesa, el fútbol, el sentimiento.

Johnstone interpreta Dirty Old Town, clásico irlandés, acompañado por un señor de frente despejada y diminutos ojos: es Jim Kerr, el que fuera (puede que aún lo siga siendo) cantante de los Simple Minds. La letra cambia en la segunda estrofa, la de Kerr: "I heard a whistle / coming from the dark / I saw Jimmy Johnstone / setting the night on fire..." ("Escuché un silbido que venía de la oscuridad / y vi a Jimmy Johnstone incendiando la noche..."). El fútbol no se suele oír, pero la maraña informe del partido contiene estos sonidos: un silbido que señala un desmarque y pide la pelota, el pase y un futbolista de rulos desordenados que escapa como una luz e incendia la noche. Quizás Jinky Johnstone...

También he hablado antes de Aidan McGeady, el ala izquierdo del Celtic. Parece que no he sido el único que le ha encontrado un relativo parecido con Johnstone; desde luego, parecido muy generoso con McGeady, que no puede ni descalzar al siete de los Leones de Lisboa: así se conoce al equipo que dirigía Jock Stein y que ganó la Copa de Europa en 1967 al Inter de Milán (2-1) en la ciudad portuguesa: el primer campeón británico y el primero no latino. En este brioso montaje podemos ver a los dos: Jimmy Jinky Johnstone y Aidan McGeady.

La foto me gusta por vieja y por simple. Johnstone elevado por un compañero, brazo recto y puño apretado arriba, su celebración preferida.

Simplemente Wolff

Simplemente Wolff


Traigo al frente con entusiasmo un comentario dejado en Somniloquios este martes por Quique Wolf, a propósito de El misterio Aimar, el artículo que escribí en noviembre para MediaPunta sobre Pablito y su circunstancia. La razón no es tanto el comentario en sí mismo como su autor. ¿Quién no conoce a Quique Wolf? Quique fue jugador de fútbol entre finales de los sesenta y hasta 1981, más o menos; lateral y defensa libre que partió de Racing de Avellaneda (como Diego Milito), y luego pasaría, entre otros, por el Real Madrid, River Plate, Argentinos Juniors o la selección de Argentina en el Mundial de 1974. Después inició una fructífera trayectoria en el periodismo deportivo que dura hasta hoy, cuando es el afamado presentador de Simplemente Fútbol, programa deportivo de la cadena norteamericana ESPN en Argentina. Además, sostiene una escuela de periodismo deportivo por la que me voy a interesar... Un poco en consonancia con la modesta perspectiva de su programa en la tele, Quique Wolff hace esta reflexión acerca de mi artículo:

"Hola Gente, les comento que no hay más misterio que el del fútbol mismo. Pablito es Aimar y el Fútbol es simplemente Fútbol".

Yo creo que, sin querer, me dio el título que debió tener el texto... y puede que aún lo aplique en alguna crónica futura: Pablito es Aimar. Ahí está. No hace falta decir más. Lo explica todo.

Pd.: Le disculpo la publicidad del programa a cambio de este espacio de autobombo para Somniloquios y, sobre todo, el atardecido hombre que lo sostiene.

[Foto: Quique Wolff, en una visita a España, junto a Santiago Solari, Ronaldo, Roberto Carlos y el madridista Maradona].

Gerrard and the Pacemakers

Gerrard and the Pacemakers

No hay casualidad en las casualidades. En los años sesenta, Gerrard Marsden tenía un grupo en Liverpool llamado Gerry and the Pacemakers e hicieron famosa la versión de un tema del musical Carousel, titulado You'll Never Walk Alone, compuesta por Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II, e interpretada por Christine Johnson. Cuando Gerry la asoció al Mersey Beat y la grabó -¿quién no tenía un grupo en los años sesenta en Liverpool o en los ochenta en Manchester?-, los aficionados del fondo Spion Kop del estadio de Anfield (nombre en homenaje a una colina conquistada por soldados británicos en la guerra de los bóer en Suráfrica), la adoptaron para ellos. No era raro. De Liverpool salía en esos días la música hacia el mundo. Hay un emocionante documental del programa Panorama, de la BBC, en los años sesenta en el que los seguidores del Liverpool se aprietan en las gradas del Kop cantando a coro en multitud She Loves You, de los Beatles. En esos días se metían 28.000 personas sólo en ese fondo y eran estrictamente un solo cuerpo, de tan apretados que estaban: se movían juntos, en un oleaje de carne que amenazaba la tragedia. Aquel partido del documental fue un 5-0 al Arsenal con el cual el Liverpool dirigido por Bill Shankly ganó la Liga inglesa. Cuando ganaba un título, Shankly siempre vestía una camisa roja bajo el traje; y al caminar hacia el centro del campo para saludar, rodeado de fotógrafos, con deleite se sacaba la americana, la ponía en su antebrazo y la multitud enloquecía al verle la camisa roja. En 1994, cuando el Kop fue demolido para construir una grada de asientos, hubo un homenaje a todos los grandes de la historia del club. Joe Fagan, el último entrenador antes de Rafa Benítez en darle una Copa de Europa al Liverpool, salió al césped del brazo de las viudas de Bill Shankly y Bob Paisley, los iniciadores de la saga. El Kop estalló en su grito preferido: "Shankly, Shankly, Shankly, Shankly, Shankly...!". Hey, hey hey... Caaaalm down, lads! (clásica broma con acento scouser).

No hay casualidad en las casualidades. Gerrard Marsden y Steve Gerrard. Gerrard and The Pacemakers incendiaron el Camp Nou anoche. Tomás Guasch me decía la otra tarde que él veía venir el hundimiento frente a los reds, la derrota posterior en la Copa y el derrumbe absoluto, general e indetenible del Barcelona de Rijkaard. El final de un ciclo. Todo lo que acaba, acaba mal, canta Calamaro con su coherente simplicidad. Gerry y sus Pacemakers (Bellamy, Kuyt, Riise, Xabi Alonso, Reina) tienen al Barça en el cadalso. Vamos a ver cuánto aguanta un equipo en el que todo el mundo habla de los que no están más que de los que están. En el que Rijkaard deja con el culo al aire a Etoo, Etoo insulta a Rijkaard y Ronaldinho, luego viene el beso de Judas, más tarde Deco deja claro en qué bando está al darle la bienvenida a Messi, Rijkaard niega que se vaya a marchar al final de la temporada... Y mientras Silva, Villa y los Pacemakers van poniendo bombas. Todo el mundo sabe que habrá salidas, que ya no pueden seguir juntos. Etoo, Rijkaard o Ronaldinho. Alguno se irá. Los que están cerca dicen que será Etoo y, es más, sospechan que se irá al Real Madrid. Lo pueden decir con la boca pequeña, pero esa posibilidad es la más coherente con un tipo como Etoo. El Madrid o la Liga inglesa, creo yo. Tomás siempre tiene razón.

Vi al Liverpool cargarse al Barcelona. Aún a medias, pero suficiente para un equipo que arde en lenta combustión hace tiempo. No supe qué sentir, porque el Liverpool y el Barcelona son los otros equipos de mi infancia y primera adolescencia. Les tengo una consideración especial: para Andy, soy un bloody scouser, un maldito Liv'pool fan. Entre el Madrid, el Bayern Munich y el Liverpool, que en los años setenta marcaban el canon, yo preferí el Liverpool. Luego vendrían los Beatles y todo lo demás (siempre gracias a Gonzalo), la anglofilia y la visita a Anfield y todo eso. En el 95, cuando vivía en Londres, vi a John Barnes pegarle un balonazo de horror a mi chica en la espalda en un partido en el campo del Chelsea. Para un día que la llevo al fútbol... Yo consideraba que un balonazo de John Barnes podía ser algo honorable, pero a la pobre la mató. Llovió toda la tarde y el Liverpool perdió. Más adelante, en Highbury, lo vi ganar 0-1 y cantamos el YNWA en las gradas del Arsenal. Mimetismo divertido. En la televisión, al principio, eran siempre Rexach y Terry McDermott. Urruti y Ray Clemence. Maradona y Steve Heighway. Asensi y Emlyn Hughes. Víctor Muñoz y John Barnes. Krankl e Ian Rush. Cruyff y Kenny Dalglish. Sobre todo Cruyff y Dalglish.

Villa los preparó para lo que viene. Gerrard and the Pacemakers les dieron anoche la segunda tunda. La tercera se la preparamos nosotros para el miércoles. Voy a ponerme para ese partido la camiseta ceñidita de César Láinez y encima una del Liverpool de los sesenta. Y si con eso no basta para mandarlos a la cuneta... ¡que vuelva Yordi!

El Príncipe hace justicia

El Príncipe hace justicia

Real Zaragoza, 1-Villarreal, 0
23ª jornada de Liga
 

Hay partidos que nacen muertos y uno no los arrancaría ni con aquellas palancas de los Ford descapotados de 1903. Hay otros que parten bufando nada más comenzar, echa a rodar la pelota y se esparce por el campo una alegría juvenil, un desenfado sesentero, un verano del amor que florece incluso bajo la fina lluvia que dejó la tarde. El de ayer fue de esos. El día había sido tan bonito en Zaragoza, tan primaveral y desustanciado para el mes de febrero, que conforme cayó la tarde se vino abajo y de puro hermoso resolvió diluirse en agua y viento. Sin embargo, el Zaragoza se había empapado del día y jugó un encuentro de pura delicia, hecho de detalles como puntillas y de un fragor creativo que repartió en dosis casi exactas durante casi todo el choque. Diríamos que uno de los mejores del año, aunque el resultado se le quedase apretado por culpa de la portentosa actuación de Barbosa. Otro portero que sale consagrado de La Romareda.

 El sufrimiento final no tenía sentido, no contaba la verdad. El Zaragoza se hartó de jugar con generosidad y alegría, pero el marcador no le correspondió. El marcador estaba dormido o lo anestesió Barbosa con ese recital en el que puso un repertorio más largo que el de los Rolling. Barbosa, con la sombra de Viera al fondo, se hizo un partidazo para el recuerdo, para ponerlo en un marco sobre la televisión de sus papás, allá en Avellaneda. Le robó el protagonismo a Cani y a los demás, y eso que a Cani cada cual le dijo lo que le vino en gana. El Niño tuvo un regreso algo ensombrecido. Lo mejor del Villarreal fue Pellegrini, que  vestía abrigo largo azul marino con el porte que los hombres de cana prematura le otorgan a cualquier prenda. Parecía que se hubiera salido de una boda para ir al partido, como en Días de fútbol... aquella película tan triste. Se despidió de los novios y puso a Tomasson arriba con José Mari, que se había estirado el pelo en el vestuario con alquitrán y una coleta. Tenía el aspecto hombruno de un bailaor, pero Sergio y, sobre todo, Milito, no le permitieron ni medio taconeo. En la primera parte largó un par de tiros desde fuera del área que le dibujaron un paréntesis a la portería de César. Primero comba a la derecha; luego, comba a la izquierda. Y en eso se quedó, aunque daban ganas de jalearlo a olés.

El fútbol arrancó pronto. Caía la lluvia de medio lado y caía García hacia los lados. Sergio es la palanca en cualquiera de sus acepciones: levanta a los defensas rivales y pone en marcha el motor del equipo. Salió un par de veces por cada flanco y en siete minutos ya le había forzado una amarilla a Quique Álvarez, que se comió la media vuelta de trilero de García al borde del área y se pasó el partido girando para cualquier lado. Tuvo la misma precisión y autoridad en sus decisiones que una peonza. El Zaragoza, animado por el entusiasmo del muchacho, entró a jugar como una máquina encelada. Agarró la pelota y la hizo suya para repartir fútbol por todos los lados con brocha cuidadosa. El medio campo era lugar de paso, frontera veloz al ataque, y Sergio se empeñó pronto en el gol. Barbosa se lo impidió dos veces y anunció lo que sería. Una de cabeza y otra por abajo. También a Gabi, que entró a cabecearle una vez como si midiera dos metros y medio. La picó abajo y Barbosa la manoteó. El Villarreal no llegaba. Forlán comía chupa-chups en el banco. La única parada de César fue a Tomasson en el minuto 9. El danés anduvo somnoliento. César le interpretó el tiro mucho antes, como si se lo hubieran pasado por televisión la noche anterior.

Barbosa, sin embargo, se robó el partido, como ha ocurrido ya con varios porteros en La Romareda. En algún punto se puso palomitero, pero por lo demás hizo un partidazo memorable. Las sacó a  todas las horas, en la primera y en la segunda mitad. Lo batió apenas un tirito de Zapater al palo. Últimamente Zapater se descuelga hacia arriba con alegre frecuencia.  Ayer lo hizo él y también Movilla, que visitó la frontal del área con un vigor emotivo. A la media hora de juego, Zapater apareció en el lado derecho y se escapó de dos rivales con el timo de la estampita. Enganchó con D'Alessandro y pisó el área buscando la devolución, llevado por una inercia ventajosa. Se encontró a Senna y le recortó hacia fuera, para quedar en un difícil equilibrio desde el cual se las arregló y remató blando con la zurda. La pelota tocó a un defensa y salió rasa, abriéndose lejos de la estirada por abajo de Barbosa. Tocó el palo y, cuando se iba , apareció Diego Milito con el aparejo de cazar mariposas. El Príncipe había seguido el vuelo bajo de la pelota y embolsó a la papallona en la redecilla. Van quince. Los mismos del año pasado en toda la Liga. Y quedan quince partidos. O sea.

La verdad es que el partido no cambió nunca. Fue raro porque fue un partidazo resuelto con un gol de oportunista. Lo tuvo siempre el Zaragoza en los pies, por más que Pellegrini buscó soluciones en el Loden marino. Quiso agitar el choque con Marcos primero y después con la reunión de Forlán, Guille Franco y José Mari, pero el Villarreal no varió sus constantes lo suficiente para comprometer el dominio del Zaragoza. Por más que en el último tramo la inquietud fuera inevitable, la diferencia gigante que estableció el juego resultó evidente en cada minuto: el Zaragoza jugaba a chorros, con una fluidez y un impulso irrefrenable. Nery le ayudó mucho en el último tramo. Al Villarreal le costaba un mundo armar algo de juego que culminase en peligro. Se pasó la noche dándole a la palanca del Ford de 1903. Otra cosa es que, con un exiguo 1-0, un gol viene de cualquier lado y todo huele a desastre. Diego había podido cerrar el partido pero Barbosa le hizo una parada de otro tiempo, de otro lugar, de otro planeta. Él había sido el único obstáculo entre la gloria del juego y la del resultado. Guille Franco tuvo el empate en el alargue, pero remató fuera con ímpetu. Se ve que es un chico con sentido de la justicia.

Diario AS, 18 de febrero de 2007
www.as.com

Yo soy el Diogo

Yo soy el Diogo

El otro día le oí a alguien preguntarse para qué iba a pagar tres millones de euros el Zaragoza por Diogo, si tenía a Chus Herrero. A veces los periodistas decimos cosas increíbles. Desde luego que debe haber una cierta discriminación positiva con los futbolistas de casa. Es justo que sea así. No sólo eso: además se hace necesario por motivos de identidad y de estrategia financiera del propio club. Durante años una buena parte del problema consistió en la discriminación positiva centrífuga, reservada para mediocres jugadores que venían de fuera. Hay que querer y cuidar a los chicos de casa, pero juzgar el conjunto con severidad. Hace años se decía: "¿Para qué quiere el Zaragoza a Fernando Cáceres si tenemos en casa a Pedro Fuertes?". Para nada. A Cáceres no lo queríamos para nada...

Ha vuelto Diogo y ha vuelto para ganarle al Barcelona, victoria que de un tiempo a esta parte me produce un gusto especialísimo. Soy un converso. Debe haber algo patológico en todo esto, porque a mí siempre me ha gustado (en algunos momentos, mucho) el Barcelona. Esa pasión adolescente cedió después bastante, y desde hace tiempo cada vez disfruto más cuando le gana el Zaragoza. Debe de ser una censura de mí mismo, una penitencia por pecaminoso. Me da más gusto derrotar al Barça que al Madrid, y mira que me gusta que al Madrid le gane cualquiera... Parece que el Barcelona anda algo extraviado últimamente, con un cierto agotamiento que se manifiesta con claridad en los partidos decisorios. Pero yo no enterraría el modelo todavía. Eso sí, el Barcelona no puede pretender sostener su dominio en el favor arbitral (que le ayuda mucho, a veces no tanto como se dice y otras bastante más de lo que se dice...) y en fichajes como Ezquerro o Gudjohnssen. El Madrid se está deshaciendo sí, y no puede llegar muy lejos: ayer hubo un "va fan culo" de Guti a Capello que explica casi todo. Pero controlar a la España de las autonosuyas requiere mucho más, que aquí nadie se chupa el dedo. El duelo ya no es sólo contra el Madrid. Para ganar en Europa, no hay ni que hablarlo. En Rijkaard, el hombre es el estilo, pero un estilo no hace a un entrenador. Está lejos de ser un técnico preclaro o infalible. Convengamos en que uno no se puede equivocar demasiado con plantillas como éstas, pero hay pequeños errores más o menos decisivos. El largo empeño de Rijkaard contra Saviola lo deja claro. Ahora me resulta rara esa tendencia a utilizar a Iniesta de falso extremo derecho, en lugar de Giuly, un futbolista que entiende el juego de forma estupenda sin la pelota y que es directo como un rayo de luz con ella. Una cosa es la bomba adolescente de Messi y otra el niño de Los Otros. Su inteligencia está para otra cosa: ahora que había cruzado el Rubicón de todos los centrocampistas modernos y estaba metiendo goles, lo envían a la Siberia de cal. Esa decisión la tengo por una concesión excesiva.

El Zaragoza está mejor de lo que nosotros mismos nos pensamos o queremos admitir. Se le juzga con un celo excesivo, cosa que no es nueva por aquí. Creo que, a falta de otras virtudes y de la claridad del gol, pone en el campo dos méritos básicos: una seguridad defensiva que no conocíamos en los últimos años (y dos laterales formidables en su incorporación al ataque), más el esfuerzo generoso y solidario de todos los jugadores de arriba. De D'Alessandro, de Sergio García y Diego Milito, de Óscar ayer y Lafita otros días... Tenemos al Zaragoza por un equipo bonito y olvidamos estas otras virtudes, que tienen bastante más importancia que la pura estética. Al Zaragoza le falta ahora mismo juego en el medio. Zapater, sobre todo sin Celades, debería querer más la pelota y jugarla con mayor sentido táctico: tenerla, conducirla, sobarla, darla o guardar... Ha de dar ese paso, controlar más el tiempo, manejar el partido. Zapater no puede ser un jugador de paso, más aún si no está Celades. Al equipo le falta un gran centrocampista, porque Celades anda en la temporada de que no. Y Piqué hace lo que puede en esa zona: el domingo pasado, con el Deportivo, en algunos momentos se sintió tan incómodo como un flamenco en un campo de minas.

El fichaje de Gustavo Nery no va a añadir a un futbolista espectacular o decisivo, pero sí agregará al Zaragoza alguna posibilidades muy importantes. Primero, un recambio para Juanfran, que por cierto lleva aguantando con cuatro tarjetas desde la visita a San Mamés, a finales del año 2006. Segundo y sobre todo, la posibilidad de que Víctor lo use como volante por la izquierda y eso libere a Aimar hacia el medio. Aimar tiene problemas para interpretar la transición que tan bien hace y tanto le gusta. Si parte desde la banda en el medio campo, se ve obligado a conducir en exceso para tomar el carril central, donde él verdaderamente se pone peligroso, compromete a los defensas y activa esa capacidad de repentización para el pase o el disparo. Lo mejor de Aimar este año lo hemos visto en sus visitas a ese carril. Han terminado con pases de gol o con disparos propios de media distancia. No sería raro que con Nery el Zaragoza revisara su dibujo. Habrá que verlo. Mientras, hay tiempo para rumiar la victoria de ayer, siempre gustosa, y prepararse para la vuelta, que no será moco de pavo. Y enderezar el camino en Montjuïc, si puede ser. El Espanyol sin De la Peña, sancionado, no tiene el mismo vuelo. Y no creo que esta defensa le vaya a permitir a Tamudo el despliegue de la final de Copa.

Y sí. La victoria de ayer hizo un magnífico día, para qué engañarnos. De las cosas menos importantes de la vida, el fútbol quizás sea la más importante de todas.