Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2007.
05/08/2007
Somniverano

Summertime and the livin’ is easy
Verano, y vivir es sencillo
Fish are jumpin’ and the cotton is high
Saltan los peces y crece el algodón
Oh your daddy’s rich and your ma is good lookin’
Oh, tu papá es rico y tu mamá bien parecida
So hush little baby, don’t you cry
Así que schussss mi niño, no llores
One of these mornings
Cualquier mañana
You’re goin’ to rise up singing
Te vas a levantar cantando
Then you’ll spread your wings
Extenderás tus alas
And you’ll take the sky
Y harás tuyo el cielo
But till that morning
Pero hasta que llegue esa mañana
There’s a nothin’ can harm you
Nada te puede hacer daño
With daddy and mammy standin’ by
Con papá y mamá a tu lado
Ps.: los días de verano me gustan así de morosos, como la voz de Ella Fitzgerald y la trompeta de Louis Armstrong en esta canción... Las horas sin hora y las tardes que resbalan por tu cuerpo como mermelada. O mejor, como lo escribió Cortázar: "El tiempo resbalaba como el tibio mar sobre la piel".
09/08/2007
Perry Mansor y amigos
El hombre somniloquio se ha parapetado a medio camino de suave montaña y ancho mar, cerca de una frontera que no existe, con un equipo de supervivencia emocional que paso a detallar y someto a juicio, consideración o consejo de quienes tengan la curiosidad de interrogarlo. A saber:
- Tres bañadores y siete camisetas (en ambos casos las cifras son aproximadas).
- Un pantalón largo de algodón con muchos bolsillos.
- Un pantalón corto de algodón con muchos bolsillos.
- Un equipo completo de submarinismo (incluye gafas de ver de lejos con cristal al aire, y lentillas desechables).
- El chico del periódico, estupenda novela de Pete Dexter, un tipo al que considero un paso por detrás de Richard Ford y varios por delante del decadente Paul Auster.
- Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño.
- La maldición de los Dain, de Dashiel Hammett.
- El cuchillo, de Patricia Highsmith.
- El asesinato del casino, de S.S. Van Dyne.
- Una cuyo título no recuerdo (y no tengo ganas de levantarme a mirarlo), de P.D. James. Y, sobre todo, ...
- ..seis o siete casos de Perry Mason, el genial abogado escrito por Erle Stanley Gardner. De lejos Perry Mansorrrr, que diría Chiquito, es el personaje del verano, como otras veces lo ha sido Sam Spade o Phillip Marlowe. Compré los libritos editados por Plaza&Janés en los años sesenta en la última feria del libro viejo. Me encantan. Están editados en tapa dura y con una sobrecubierta dibujada por un tal Álvaro. La letra tiene un ritmo tan desigual que parece que alguien se encargara de mecanografiar cada ejemplar.
- Una bicicleta.
- Unos binoculares.
- Un mp3 cargado hasta las cejas, con cascos con reducción de sonido exterior, muy convenientes contra los niños que chapotean en la piscina, el oleaje, las conversaciones circundantes, los perros ladradores y la voz interior. Ayer leí que nunca hay que responder a la primera una voz que te llama por tu nombre: puede ser la muerte. Con mis noise reduction de Sony no hay tal posibilidad: si viene a buscarme la pálida, me encontrará ensordecido por Steve Earle, Patti Smith, Tanya Donelly, los Killers, Trembling Blue Stars, Neil Young, Tom Petty, los Traveling Wilburys, los Smiths, James o, más probablemente, alguno de los discos de Wilco que no oigo, sino rezo. Cuando oigo música, sólo quiero oír la música. Nada más.
- Unos tapones de espuma, marca OtoTap, para los oídos: filosofía, la misma del noise reduction. Cuando uno sale de casa puede dar con un colchón desaprensivo o un muestrario de ruidos ajenos que incluyen desde Bisbal en una radio ilocalizable por las mañanas, a una colección de periquitos estridentes en el ventanal del otro lado. Por no hablar de los canes insomnes y las cotorras canoras de dos piernas que pasan el aspirador mientras ensayan coplas y gorgoritos. No conviene arriesgarse.
- Grupo Salvaje, de Sam Peckinpah.
- Carlito's Way y Scarface, dos maravillas de Brian de Palma.
- El golpe, de George Roy Hill
- La serie completa de The Office, versión inglesa.
- Un concierto de James, otro de los Rolling Stones, la película I am trying to break my heart, documental sobre Wilco y el extenuante proceso de creación de su álbum Yankee Hotel Foxtrot, una colección de vídeos de New Order...
- ...y, sobre todo, una antología de las grandiosas películas del trío Fernando Esteso/Andrés Pajares/Mariano Ozores, que incluye las siguientes joyas: La Lola nos lleva al huerto; El hijo del cura; El liguero mágico; Los Autonómicos; Los chulos; Cuatro mujeres y un lío; Qué tía la CIA... Todas coronadas por dos de sus más reconocidas y deshuevantes obras, contra las que apenas admito críticas sin cruzar los puños: Al este del oeste y Los liantes.
Si tenéis alguna sugerencia, es la hora de darla. Hasta que no acabe con todo no vuelvo. Lo advierto.
[Foto: Perry Mason y Della Street, su chispeante secretaria, en los papeles interpretados para la serie de TV por Raymond Burr y Barbara Hale].
14/08/2007
Catalonia is not Aragón

Yo sólo leo los periódicos cuando estoy de vacaciones. El resto del año apenas miro los periódicos. Y cuando salgo de la Inmortal, acostumbro a comprarme la prensa del lugar que visito. A este lado del Cinca siempre compro La Vanguardia, un diario escrito de modo muy ameno e inteligente. Lo prefiero por eso y supongo que por el sesgo político del resto, que me los presenta obsesivos e impresentables. También por el crucigrama de Fortuny, un fenómeno de las definiciones en sentidos figurados, muy ocurrentes y sugestivas. Con Fortuny me reto cada tarde en una batalla incruenta pero de algún modo feroz. Mientras resuelvo el entramado no se me puede ni preguntar la hora. Se me pone peor hostia que al ajedrecista Gari Kasparov, al que no le llamaban el ogro de Bakú por capricho. El crucigrama de La Vanguardia, para un ganador como yo (!) es una cosa seria. A veces la lucha se resuelve con cierta velocidad, las menos, bien a su favor o al mío; otras, se prolonga dos o más días. Por ahora voy ganando 2-1. Hoy me tocaría jugarme una cómoda ventaja o el empate... Pero esta mañana ha ocurrido algo y no sé si reanudaré el desafío. No sé si leeré más La Vanguardia, mira tú... uno de esos periódicos para los que me gustaría trabajar. Pero soy un aragonés sensible, pleonasmo evidente. Vulgo... no me gusta que me toquen los ous.
Lo que me pasa con La Vanguardia es que me entretienen las noticias, cualquier noticia, por el modo en que están redactadas y estructuradas. Y como me entretienen, las comprendo. El lenguaje periodístico tiende a la uniformidad y se deforma en dirección opuesta a la calidad. Pero ese es otro tema. A lo que voy. El año pasado, La Vanguardia y todos los demás escribían cada día sobre el Estatut, y este año llenan páginas y páginas con la polémica de las infraestructuras en Cataluña, problema de triple vértice: el apagón de Barcelona, el AVE que no llega a BCN y los proverbiales atascos en los peajes de las autopistas catalanas. Visto así, no les falta razón. ¿O sí? Advierto que en los últimos meses ha crecido en Cataluña una conciencia de agravio que ya no se alimenta con los asuntos de la identidad, tan pesados ellos, sino con cuestiones más prácticas y terrenales como éstas. Pero claro, a un aragonés estas cosas le tienen que hacer gracia por fuerza. A mí me la hacen. Más gracia que la puta mierda, me hacen. La misma de cuando el Real Madrid y el Barça se quejan de perjuicios arbitrales. A Manuel Pizarro, turolense para más señas, no sé si le hacen gracia o no estas ironías del destino, pero se ve que ayer acudió al Parlament a cuenta de las responsabilidades de Endesa en el apagón barceloní y les pegó un repaso soberano a todos los comisionados agosteños. Un baño de datos, realidades y hechos que la virtualidad de los discursos políticos apenas pudo rozar, y que venían a demostrar que el agravio no existe. Cierto que a los números se les puede estrangular hasta que digan exactamente lo que queremos, pero Pizarro dejó además un trazo grueso de subrayado cuando dijo esto: : "No se puede tener calidad alemana con precios tercermundistas", dijo Pizarro. No sé si la frase es cierta o no; pero dicha en el Parlamento catalán, donde me parece que todos se creen bastante listos, me encanta.
Así que Alfredo Abián editorializaba esta mañana en La Vanguardia sobre la comparecencia y ahí vino el desencuentro que puede provocar que yo no haga más el crucigrama de Fortuny, cosa que de seguro a Fortuny le va a importar un huevo. Abián, director adjunto del diario, juega a comparar a Pizarro con Jaime I el Conquistador -aquí Jaume I (el romano no se traduce al catalán, creo)- y a referirse al reino catalano-aragonés. El reino catalano-aragonés, anoto, lo tengo por un eufemismo (léase embuste) con el que el rodillo de la inteligentsia catalanista y alrededores envuelve en los últimos tiempos una vieja realidad que sólo tiene un nombre: la Corona de Aragón. Lo que no pensaba es que el discurso se hubiera extendido tanto como para tocar las orillas siempre bien comedidas de La Vanguardia. Tanto arraigo va tomando que incluso Aragón TV (a la que por cierto observo que todo el mundo llama Antena Aragón, uno de esos empeños fascinantes del vulgo...) se vio obligada a retirar temporalmente una serie documental sobre el Pirineo porque en el primer capítulo la productora (catalana) había colado el término reino catalano-aragonés para referirse a la Corona de Aragón, una de las varias coronas de la península ibérica en la Edad Media, como sabe cualquiera que haya estudiado antes de la llegada de la LOGSE y del deshueve educativo.
La verdad, comprendo que uno ha de fundamentar su identidad y conciencia en muchas verdades y alguna mentira. Todos nos las decimos frente al espejo cuando no se las contamos a los demás; de otra forma no habría modo de resistir ni de aguantarnos, porque casi todos somos fundamentalmente mediocres si nos miramos bien. Los aragoneses, por ejemplo, somos noblemente mediocres. Pero yo no trago que un editorial me hable de lo que jamás existió. Que en el reino de Aragón se integraran por razón de casamiento, como era natural, el condado y principado catalanes, es una cosa; que Jaime I se ganara el sobrenombre del Conquistador por su expansión mediterránea (las tomas de Valencia y Mallorca, ésta con una buena parte de héroes catalanes, por cierto, según los historiadores); que diera luego condición de reinos a estos dos últimos territorios, que crease cortes, que desplazara el centro gravitatorio de la corona hacia las tierras mediterráneas, que precisamente ayudara al alimento de las conciencias de cada uno de sus territorios y al impulso de sus culturas propias, o que estableciese la línea divisoria entre Aragón y Cataluña en el Cinca (precisamente), ayuda a explicar la consideración mítica que el rey Jaime tuvo y tiene en el arco mediterráneo (Abián lo llega a calificar de mito del pancatalanismo) pero no varía la verdad. Un editorial tampoco debería intentar hacerlo: esto no es revisionismo, es vulgar mentirosismo.
Añado, para los de argumento fácil que me puedan leer: a mí no me importa ir a comer al Restaurant Esquerra (grandiosas cigalas, soberbia fideuá...) y que la apetitosa carta esté sólo escrita en catalán y yo tenga que preguntar lo que no comprendo. Por cierto que a cuenta de ese cotidiano detalle mantuvimos en la mesa, y después, una bizantina discusión y yo estaba del lado del restaurante y de la carta en catalán. Me gustan los idiomas. Me gusta mucho el catalán y lo saben amigos y amigas catalanas con los que me he divertido ensayándolo. Desde ayer me gustan mucho las cigalas en catalán de casa Esquerra, y eso que las cigalas no me habían hecho gracia en ningún otro idioma antes. Juego a parlotear el catalán cuando pido en las tiendas estos días. A Jaime I también le gustaba y hasta dictó una crónica en este idioma. En fin, que cada uno en su casa habla la lengua de sus padres y no hay más historia. Lo que no admito es lo del reino catalano-aragonés, una broma pesada y manipulatoria. Se ve que Catalonia is not Spain y que, retrospectivamente, ahora también resulta que Catalonia was not Aragón. Pues muy bien... se acabó Fortuny. Creo. Veremos.
Pd: Encima se ponen ellos antes del guión, los muy perros: yo les cortaba la luz en el Monasterio de Poblet hasta que cambien los nombres de los sepulcros reales de los reyes ARAGONESES. Se lo diré a Honorio para que se lo diga a Pizarro... ¡¡¡Ay pitera, Manolo!!!
29/08/2007
Puerta, con un niño en brazos

Creo que fue en marzo cuando viajamos con el fotógrafo Alfonso Reyes para ver un derbi sevillano en el estadio del Betis. Era otro episodio de nuestro proyecto de libro sobre el fútbol en el mundo (no encuentro forma de ponerle un epígrafe más concreto o cierto) y nos pareció que el clásico andaluz podía entregarnos alguna imagen que compusiera la imagen global que buscamos en las imágenes locales. Después de una tarde más bien tensa con los ultras del Betis en los alrededores del estadio -los fotógrafos poseen una naturaleza incauta, cuando no riesgosa, pensaba yo en medio del asedio de aquellos bravos muchachos...-, Alfonso se perdió en lo suyo nada más entrar al campo y yo me paseé despacio por la banda. Mirando, pero sin saber bien qué quería ver. En un momento dado me senté al pie del rectángulo, sobre el foso lateral, y me quedé observando distraído el rondo de los suplentes del Sevilla. Los ronditos siempre me han subyugado. Tienen un aquél.
Por mi posición, veía primero las piernas de los jugadores y luego, si miraba hacia arriba, el resto del cuerpo, las caras y más allá la creciente agitación del estadio, el borbotón de los hinchas, y los aleros de las tribunas que se hundían contra una noche presurosa. En el jueguecito con la pelota, los futbolistas del Sevilla se movían con gracia, tocaban, engañaban, vendían amagos al tipo del centro del círculo, bromeaban antes de tirar un caño y más aún después. De entre todos -y esto no lo digo ahora porque venga al caso, realmente era así-, de entre todos los pares de piernas que manejaban el balón en ese espacio mínimo de trileros, llamaba la atención una zurda. Existen jugadores de fútbol con una gracia especial para jugar los rondos. Mira que todos los profesionales tocan la pelota de un modo y a una velocidad especial cuando practican el juego favorito de los suplentes; pero algunos, insisto, parecen nacidos para jugar al fútbol y aún más para jugar al rondo. Recuerdo a Cani producirme una sensación similar en la pretemporada de 2002 en Holanda. Así que seguí esas piernas, esa zurda que describía los engaños como si los contara de palabra. Arriba de esas piernas, cuando levanté la cabeza, vi a Antonio Puerta. Quedón, canchero, sonriente, ventajista, riéndose a cada momento.
Por la mañana habíamos visitado el barrio de Nervión, horas antes del choque, cuando el Sevilla finalizaba su entrenamiento. Afuera aguardaban decenas de aficionados para obtener una fotografía, una firma o una palabra de los ídolos. La otra noche, cuando Puerta llevaba ya más de 48 horas en estado crítico, me fijé en la selección de fotografías que Alfonso Reyes ha hecho para exhibirlas en la gran exposición que Antón Castro prepara en el 75º Aniversario del Real Zaragoza. Nuestra partipación (sobre todo la de Alfonso, que es el artista del dúo) supondrá apenas un breve adelanto del volumen que estamos completando, y al que aún le quedan algunas etapas, algunos viajes; partidos, estadios, goles, hinchas, gestos, pasiones. En el combinado que extrajo Reyes hay imágenes desnudas de sol y sombra en Senegal, chicos descalzos, arena y porterías apenas dibujadas por maderos. También la fiera pasión argentina o la religiosidad laica con la que los británicos se relacionan con sus equipos preferidos. Y entre todas, una foto de aquellos dos días en Sevilla: en ella se ve a un futbolista que ha descendido de su automóvil para tomar a un bebé en sus brazos, a la salida del último entrenamiento del equipo sevillista; mientras el jugador sostiene al niño, lo fotografían el padre y varios aficionados más, con cámaras digitales y teléfonos. Enmarca la imagen, bien común, el estadio Sánchez Pizjuán, tomado con un objetivo angular que produce esa sensación de las fotos circulares, que integran todo el entorno. A simple vista, al mirarla la otra noche, me pareció que la silueta del futbolista era la de Antonio Puerta. Una de esas casualidades que alguien podría interpretar como morbosas. La selección de Alfonso es previa, por si hace falta decirlo. Amplié la imagen y, sí... era Antonio Puerta. Ahora ya muerto, mientras en el vientre de su madre lo sobrevive un hijo que ya no lo conocerá. Puerta, con un niño en brazos.
"¿Qué significado adquiere ahora esa foto?", le pregunté por mensaje a Alfonso Reyes. Me respondió: "A las fotos les da valor el tiempo y en ocasiones, la casualidad. Esa foto era la idolatría a un jugador; y ahora, ya ves...".
[Foto: Puerta, en un gesto de triunfo íntimo y colectivo. El equipo que ha ganado cinco títulos en 15 meses ha rodeado la leyenda para ingresar de manera trágica en los territorios del mito. Para siempre ya, por desgracia, este Sevilla portentoso de Juande Ramos será el Sevilla de los títulos y el Sevilla en el que murió Puerta, casi cuando jugaba un partido de fútbol. Este deporte no está hecho para el drama. Por eso las leyendas de dolor, victoria y muerte perduran hasta el simbolismo. Antonio Puerta será ya siempre un futbolista grande en el recuerdo y la leyenda lo enmarcará hasta mezclar realidades con promesas e hipótesis. Descanse en paz].

