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contador de visitas Marzo 2007 | Somniloquios

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01/03/2007

La voz oscura

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He dormido poco y mal. Serán cosas de la derrota... En sueños he entrevisto a Alicia como a un ángel rubio, mirándome, hablándome con una ternura impropia de su edad, cinco años largos. Suelo verla así, en esa imagen repetida, y en el sueño siento con extrañeza que ella cuida de mí y no yo de ella. A veces quiero que el tiempo se detenga y verla siempre así mismo, como está ahora; otras, me atrapa la ansiedad de saber si conservará en la edad adulta esa mirada tan hermosa que ahora tiene para mí. Cuando sea una mujer y yo algo más que un hombre, algo menos. He despertado y he querido oír Love Will Tear Us Apart, canción de Joy Division que posee una bella tristeza oscura, una de mis preferidas de todos los tiempos. Iba a escribir sobre el partido de anoche, pero será más adelante. Dejo el vídeo en el enlace y la letra aquí... El hombre de la foto, envarado, ausente y derrotado como siempre en el escenario (a veces sufría violentos ataques epilépticos mientras cantaba en estado de shock), es el señor Ian Curtis: inspirador, voz, alma ensombrecida de Joy Division. El hombre que escribió que el amor nos destrozará. La imagen pertenece al 4 de abril de 1980. Ian Curtis se colgó en el salón de su casa apenas un mes después. Joy Division, líderes de la transición entre el punk y la música electrónica que daría forma al mito de Manchester en los 80, se convirtieron en New Order algo más tarde. De oruga a crisálida. Al fondo quedó siempre la voz grave, oscura y profunda como una cueva, del desesperado Ian Curtis.

Love will tear us apart 

When routine bites hard
Cuando la rutina nos devore

And ambitions are low
y las ambiciones estén por los suelos

And resentment rides high
Y el resentimiento vuele alto

But emotions won't grow
Pero las emociones ya no crezcan

And we're changing our ways,
Y estemos cambiando nuestro rumbo

Taking different roads
Tomando caminos diferentes

Then love, love will tear us apart again
Entonces el amor... entonces el amor nos destrozará otra vez

Why is the bedroom so cold
Por qué está tan fría la habitación?

Turned away on your side?
Te has apartado a tu rincón?

Is my timing that flawed,
Me he equivocado de momento,

Our respect run so dry?
Se ha secado nuestro respeto?

Yet there's still this appeal
Y sin embargo, persiste esta atracción

That weve kept through our lives
Que siempre tuvimos..

Love, love will tear us apart again
El amor, el amor nos destrozará de nuevo...

Do you cry out in your sleep
Lloras cuando duermes?

All my failings expose?
Todos mis errores han salido a relucir

Get a taste in my mouth
Se me pone un sabor en la boca

As desperation takes hold
Mientras me atrapa la desesperación

Is it something so good
Puede algo ser tan bueno

Just cant function no more?
Que simplemente no funcione?

When love, love will tear us apart again
Cuando el amor, el amor nos destroce de nuevo...

01/03/2007 11:55 Autor: Mario. #. Tema: Minutos musicales Hay 5 comentarios.

02/03/2007

La hora oscura

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Ya no me apetece escribir sobre el partido de ayer. O anteayer. Lo que sea. Si acaso dejo la crónica del AS, que me parece suficiente, por honesta. Como un programador agotado o perezoso, sigo con los minutos musicales, esta vez con Creep, de Radiohead. El autodesprecio, visto desde una perspectiva romántica, tiene algo poético. Pero es una mierda. Esa lírica tramposa está bien contenida en esta canción de un grupo al que recibimos con los brazos abiertos y despedimos sacudiendo las cabezas. Después de Pablo Honey, The Bends y OK Computer (genialidad creciente), ¿quién es capaz de soportar la deconstrucción sonora de Kid A y Amnesiac? Seguro que los hay. Yo no. Creep permanece como himno de la hora oscura, cuando uno es incapaz de soportar el mundo y el mundo no lo soporta a uno. Por lo que yo sé, el mundo te abandona con un beso, un "no te quedes solo", el pelo recogido en una coleta y la maleta en la mano. El silencio que sigue al portazo se llama soledad. Dejo esta canción porque todos hemos debido tener una hora oscura alguna vez; y el que no la haya tenido, que se joda... porque no sabe lo que es la felicidad. Incluyo dos versiones que incorporan el desgarro creciente de Thom Yorke en la interpretación: la primera, acústica, con la guitarra elevando el trance y el soporte de ese montaje animado que me encanta; la segunda, una versión en directo en la que el muchacho de los ojos asimétricos parece cantar al borde mismo de un precipicio. Este tema es exactamente eso: la súplica definitiva antes del vuelo; el grito que intenta evitar sin esperanza que se cierre la puerta.

Creep (vídeo)
Creep (directo SummerSonic 2003)

When you were here before, couldn't look you in the eye
Antes, cuando estabas aquí, no podía mirarte a los ojos

You're just like an angel, your skin makes me cry
Eres como un ángel, tu piel me hace llorar

You float like a feather, in a beautiful world
Flotas como una pluma, en un mundo maravilloso

I wish I was special, you're so fuckin' special
Ojalá yo fuera especial, tú eres tan jodidamente especial...

But I'm a creep, I'm a weirdo
Pero yo soy un monstruo, soy un rarito

What the hell am I doin' here?
¿Qué coño estoy haciendo aquí?

I don't belong here
Si yo no pertenezco a este lugar...

I don't care if it hurts, I wanna have control
No me importa lo que duela, quiero tener el control

I want a perfect body, I want a perfect soul
Quiero un cuerpo perfecto, quiero un alma perfecta

I want you to notice when I'm not around
Quiero que te enteres cuando no estoy a tu lado

You're so fuckin' special, I wish I was special
Joder, eres tan especial, ojalá yo fuera especial

But I'm a creep, I'm a weirdo
Pero soy un monstruo, un raro

What the hell am I doin' here?
¿Qué coño estoy haciendo aquí?

I don't belong here, ohhhh, ohhhh
Si no pertenezco a este lugar, ohhhh

She's running out again
Ella se larga otra vez

She's running out
Se larga

She runs runs runs runs...
Se va, se va, se va, se va

Whatever makes you happy, whatever you want
Lo que sea que te haga feliz, lo que desees

You're so fuckin' special, I wish I was special
Eres tan jodidamente especial, ojalá yo lo fuera

But I'm a creep, I'm a weirdo
Pero soy un monstruo, un rarito

What the hell am I doin' here?
Qué coño estoy haciendo aquí?

I don't belong here...
Si yo no pertenezco a este lugar...

02/03/2007 01:02 Autor: Mario. #. Tema: Minutos musicales Hay 5 comentarios.

05/03/2007

Inteligencia artificial

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El Mundo publica hoy una entrevisa de Il Corriere della Sera a Arthur C. Clarke, el visionario inglés que escribió 2001. Una Odisea del Espacio junto a Stanley Kubrick, a partir de su cuento El Centinela. Clarke dice con su inteligencia artificial, con ese despojo de énfasis tan propio de los hombres de ciencia, el tipo de cosas que uno prefiere no pensar. Me ha encantado esta respuesta, que revela su alma verdadera:

"Me siento muy feliz y muy agradecido a la gente que me considera el inventor de los satélites para las telecomunicaciones y el principal impulsor del ascensor espacial. Pero preferiría ser recordado como un gran escritor".

2001 me fascina. Siempre lo ha hecho. Me encanta la voz de Hal 9000, el pérfido y enloquecido ordenador, en sus conversaciones con los astronautas. Me gusta muchísimo la escena en la que Hal juega al ajedrez: su voz mientras describe la jugada con la que termina el mate y el agradecimiento posterior, falso, artificial, cortés y, sin embargo, mecánicamente sincero: "Thank you for a very enjoyable game". El silencio del espacio, la simetría de los planos de Kubrick (una constante en muchas de sus películas), la rotación de la nave en la que viajan los cosmonautas, la respiración de Dave cuando lo desconecta (maravilloso hallazgo de Kubrick), y la cancioncita infantil con la que el guión simboliza el derrumbe de la feroz inteligencia de Hal, el automatismo de las voces que llegan en transmisión desde la Tierra y el viaje a través de la puerta interestelar, intertemporal, que vive el protagonista cuando alcanza el monolito de Jupiter... Desde luego, me encantaban aquellos programas que Carlos Pumares dedicaba a explicar el significado del monolito. Un clásico de la radiodifusión española en los 80. Veo 2001 siempre que me la encuentro en algún canal. No me interesa tanto entenderla como experimentarla.

Si alguien quiere una hipótesis (bastante razonable), en Wikipedia siempre hay alguien dispuesto a darla.

05/03/2007 11:07 Autor: Mario. #. Tema: Vivir de cine Hay 11 comentarios.

07/03/2007

Un perro extremeño

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Alfonso Reyes frente a Luis Buñuel. César Sánchez y Simone Maureil.

07/03/2007 01:16 Autor: Mario. #. Tema: Hay 2 comentarios.

El ladrido Lennon

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Una canción vigorosa para comenzar el día... o para terminarlo. Hey Bulldog!, maravilla incontestable de los Beatles en el album Yellow Submarine. Inaceptable no haber empezado los Minutos Musicales por los Beatles, pero bueno... soy un pecador. Que estos muchachos hicieran canciones así en sus ratos libres y en un Lp más o menos residual (la improvisaron empujados por Lennon en un tiempo muerto de la sesión de grabación de Lady Madonna), explica muchas cosas. Según el propio Lennon, la canción no significa nada, declaración que seguramente tendría que ver con las delirantes obsesiones del momento por interpretar mensajes trascendentales en las letras del grupo, muchas veces animadas por puras imágenes mentales. Parece claro que la canción quiere hablar de la soledad, de la incomunicación y de algunas frustraciones; también de la debilidad interior del perro ladrador... Es mucho decir. A mí me gusta el piano que marca el comienzo y el bajo de McCartney en el tramo final. La canción iba a llamarse, según yo aprendí, If you're lonely (You can talk to me), pero Lennon se puso a ladrar, a McCartney le hizo gracia y acabó con la cosa del perro mandando. El viernes pasaré por el aeropuerto John Lennon de Liverpool (otro rato hablamos de eso). En el fraseo que Lennon hace en la canción, me parece advertir un acento cockney que no sé si es imitación deliberada o casualidad. O mi propia locura. Pero si escuchas a Michael Caine en una de sus últimas películas (pongamos, Shiner) y luego a Lennon en Hey Bulldog, la confluencia se ve con bastante claridad. Un día de éstos contaré cómo estuve a punto de trabajar para el señor Michael Caine.

Hey Bulldog! 

Sheepdog
Perro pastor
Standing in the rain
bajo la lluvia
Bullfrog
Rana mugidora
Doing it again
Dándole otra vez


Some kind of happiness is measured out in miles
Hay un tipo de felicidad que se mide en kilómetros
What makes you think you´re something special when you smile?
Qué te hace pensar que eres especial cuando sonríes?


Child-like
Igual que un niño
No one understands
Nadie te comprende
Jack knife
Una navaja
In your sweaty hands
En tus manos sudorosas

Some kind of innocence is measured out in years
Hay un tipo de inocencia que se mide en años
You don´t know what it´s like to listen to your fears
No sabes lo que supone escuchar tus miedos

You can talk to me
Puedes hablarme
You can talk to me
Puedes hablarme
You can talk to me, if you´re lonely you can talk to me
Puedes hablarme, si te sientes solo puedes hablarme

Yeah hey, oh!
Ho, ho!
Yeah!
Ho, ho, ho, ho!
Ho, ho!

Big man (Yeah)
Hombretón (sí)
Walking in the park
Paseando por el parque
Wigwam
Una choza
Frightened of the dark
Miedo de la oscuridad

Some kind of solitude is measured out in you
Hay un tipo de soledad que se mide en ti
You think you know me but you haven´t got a clue
Crees conocerme, pero no tienes ni la menor idea

You can talk to me
Puedes hablarme
You can talk to me
Puedes hablarme
You can talk to me, if you´re lonely you can talk to me
Puedes hablarme, si te sientes solo puedes hablarme

Hey!
Wahoo woof! Woof!
Hey bulldog! Hey bulldog!
Hey bulldog! Hey bulldog!

[Hey man, what´s that noise?
Eh, tío, qué es ese ruido
Woof!
Guau
What d´you say?
Qué dices
I said woof!
He dicho guau!
D´you know anymore?
Sabes decir algo más?
Wooaah ha ha ha!
Guaaaaaaaaaa
You´ve got it, that´s great! That´s right! That´s it, man, hoo!
Ahí está, muy bien! Eso es, eso es tío, oh
Give it to me, man, hurry! I´ve got ten children, ho!
Dámelo tío, corre! Tengo diez niños...
Ah ho! Ha ha ha ha ha ha!
Jajajajajaja
Quiet boy, quiet!
Calla, chico, calla!
OK.]
Hey bulldog!
Hey bulldog!

07/03/2007 10:57 Autor: Mario. #. Tema: Minutos musicales Hay 10 comentarios.

08/03/2007

Simplemente Wolff

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Traigo al frente con entusiasmo un comentario dejado en Somniloquios este martes por Quique Wolf, a propósito de El misterio Aimar, el artículo que escribí en noviembre para MediaPunta sobre Pablito y su circunstancia. La razón no es tanto el comentario en sí mismo como su autor. ¿Quién no conoce a Quique Wolf? Quique fue jugador de fútbol entre finales de los sesenta y hasta 1981, más o menos; lateral y defensa libre que partió de Racing de Avellaneda (como Diego Milito), y luego pasaría, entre otros, por el Real Madrid, River Plate, Argentinos Juniors o la selección de Argentina en el Mundial de 1974. Después inició una fructífera trayectoria en el periodismo deportivo que dura hasta hoy, cuando es el afamado presentador de Simplemente Fútbol, programa deportivo de la cadena norteamericana ESPN en Argentina. Además, sostiene una escuela de periodismo deportivo por la que me voy a interesar... Un poco en consonancia con la modesta perspectiva de su programa en la tele, Quique Wolff hace esta reflexión acerca de mi artículo:

"Hola Gente, les comento que no hay más misterio que el del fútbol mismo. Pablito es Aimar y el Fútbol es simplemente Fútbol".

Yo creo que, sin querer, me dio el título que debió tener el texto... y puede que aún lo aplique en alguna crónica futura: Pablito es Aimar. Ahí está. No hace falta decir más. Lo explica todo.

Pd.: Le disculpo la publicidad del programa a cambio de este espacio de autobombo para Somniloquios y, sobre todo, el atardecido hombre que lo sostiene.

[Foto: Quique Wolff, en una visita a España, junto a Santiago Solari, Ronaldo, Roberto Carlos y el madridista Maradona].

08/03/2007 00:45 Autor: Mario. #. Tema: El deporte Hay 3 comentarios.

11/03/2007

El día que doblé el cabo de Hornos

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Hay pocos grupos tan notables como un grupo de ciudadanos británicos en cualquier lugar del mundo. Ellos no contemplan la disensión espacial que los rodea. Ellos mismos constituyen, a su manera, un país. Así que, donde ellos van, permanece ese país con todas sus circunstancias y condiciones. Se plantan como si plantasen una bandera en tierra extraña. No sé, yo los quiero, les tengo ese viejo afecto... Y me asombra que sigan en el más alegre desconocimiento del euro. La macroeconomía va que vuela en Europa. Puertas adentro, la gente murmulla: "¡Cómo nos cagaron con el euro!". Y los británicos ahí, tan panchos, pagando con su libra esterlina hasta en los aviones de vuelta de España. "Sterling, please"; "Egg and crest, por favor"; "and a cup'o'tea, darling...". Uh, ah, Daily Star!!!

John Lennon Airport. Liverpool. Scousers despreocupados bajan del avión. Voy a Glasgow vía Liverpool, a Glasgow para ver The Old Firm, el derby de Escocia. El fotógrafo Alfonso Reyes y yo viajamos desde hace unos meses para buscar por el mundo la historias que el fútbol no cuenta en las crónicas. Imagen y palabra, algo que rescate la inabarcable dimensión social, también la esencia si es que queda algo de ella, de lo que siempre fue este juego. ¿En qué se parece un partido de fútbol de chicos descalzos en un pedregal senegalés a la tienda de merchandising del Celtic de Glasgow? Esa pregunta deben responderla, con certeza o sin ella, las imágenes. En el mientras tanto, nos entretenemos. Al periodismo hay que buscarle la vuelta. Como dice el personaje de Primera Plana, la película de Billy Wilder. "No le digas a mamá que soy periodista; dile que trabajo en un burdel".

Hace 13 años hice este mismo trayecto, de Liverpool a Glasgow, en un autocar. Era joven y estaba a punto de quedarme sin trabajo, pero yo eso no lo sabía. Ahora lo completo en coche de alquiler y voy solo. En las afueras de Liverpool brilla un sol honesto que se impone a las inevitables nubes. A la manera de Mark Twain, habrá que decir que uno de los inviernos más fríos que recuerdo fue un verano en Liverpool. Eso fue hasta que caí en San Francisco, claro, la ciudad de la que hablaba Twain. En la maleta llevo el segundo tomo de su Viaje alrededor del mundo siguiendo el Ecuador, gloriosa colección de sus notas de viaje. Y La Guerra del Fútbol, una colección de reportajes de Ryszard Kapucynski (y espero haber acertado con las vocales y consonantes). Discos de The Killers (compruebo en pocos días que son el grupo número 1 del momento en el Reino Unido), de Wilco, de Neil Young, de Los Planetas... Pongo la radio, pero conducir por Inglaterra requiere tal estado de concentración que no la subo mucho. Si canto me estrello.

En las siguientes horas buscaré repetidas veces el freno de mano en el lado equivocado, y tiraré de un cinturón de seguridad, que no existe, sobre mi hombro izquierdo. Acostumbrado a acodarme en la ventanilla con la zurda y sostener el volante al mismo tiempo con esa misma mano, esta descontextualización resulta dolorosa. Por la izquierda no se puede adelantar. Sí, es obvio... pero cada cierto rato hay que recordarlo, decirlo en voz alta, darle a refrescar o actualizar. Por fortuna, el limpiaparabrisas está en el mismo lado, así como los intermitentes. Busco el retrovisor donde no es, y me encuentro el cielo. Escucho las noticias: una madre ha matado a su hijo en algún lugar; Irak, resumen diario de bombas y muertos; y por fin ha terminado la reforma de Wembley. La empezaron poco después de que yo me fuera de Londres, allá por el 96, creo. Una década y unos 800 millones de libras después, he tenido que regresar yo para que eso saliera adelante...

De momento va todo bien, lo suficiente para empezar a mirar alrededor. Dejo a un lado Manchester, al otro Liverpool, atravieso las lindes del Distrito de los Lagos y enfilo para Escocia. Paso por ser uno de los pocos seres humanos que ha visitado el Distrito de los Lagos sin ver un solo lago. Me trajo Andy H., un tipo capaz de eso y más. Pero esta zona de la región de Cumbria me parece hermosa, pese a todo. Twain anotó que, en lo paisajístico, Inglaterra constituía un canon de belleza. Sí, habría sitios más exuberantes, pero no tan armónicos en su conjunto. Yo creo que ese gusto significa una frecuente exageración, pero a mí me fascina también de un modo raro esta suavidad perezosa de las colinas, las cercas de madera de los campos, la repetición del escenario y los carneros detenidos en las lomas, como si los hubiera pintado Carrington. A veces hay vacas inclinadas sobre las rampas verdes, y uno diría que están a punto de volcar o que combaten la gravedad con las ubres. Desde el cielo de un avión, Inglaterra se hace un burbujeo de nubes esponjosas. Abajo, la bóveda se abre y se cierra como una puerta automática: llueve y sale el sol, diluvia o sopla el viento. Cambios repentinos. En ciertos lugares de Inglaterra, un día es un lapso de tiempo demasiado largo como para que siempre haga el mismo clima; en otros lugares de Inglaterra, cinco minutos es un lapso de tiempo demasiado largo como para que siempre haga el mismo clima.

Pasado Carlisle, el paisaje inicia un cambio dramático. La verde ternura inglesa pierde brillo, los colores decaen y los valles se abren, para que la vista pueda resbale bajo una luz tenue que viene y va. Tonos ocres, agrestes, menos previsibles. Colinas elevadas. Tejados de pizarra en dos aguas de triángulo muy cerrado, prendidos en las laderas igual que alfileres de piedra. Escocia. Unos kilómetros más adelante, me sorprende un cartel a un lado de la carretera: "Lugar de nacimiento de Carlyle". E invita al desvío. Paso de largo y el cielo me castiga ese desinterés con un chaparrón sin misericordia. Me pareció advertirlo de antemano en la confabulación de nubes oscuras que vi reunirse delante de mí, sobre el vértice que formaban dos colinas terrosas a los lados del asfalto. No me equivoqué lo más mínimo, pero es que no había escapatoria. Tenía que cruzar aun sin quererlo. Apenas unos minutos después, el piso había desaparecido y con él los límites de los carriles y de la misma vía. De un momento a otro caía tanta agua que me pareció estar atravesando el Canal de La Mancha en un Ford Focus. El esfuerzo del parabrisas tenía algo de agonía mecánica que casi me entristeció. El salpicadero iluminó un piloto anaranjado con el símbolo de la nieve o la helada: afuera, el termómetro caía hacia los cero grados. "What the f...". Llamé a Glasgow y ordené que encendieran de inmediato la calefacción.

Doblado el cabo de Hornos, el resto de la travesía resultó más tranquila. Me llamaron la atención algunos bosques de pinos altísimos y varios patronímicos bien escoceses. Después de todo, llegar a Glasgow resulta sencillo, aun por la izquierda: basta con entrar por el lado correcto en las rotondas y luego seguir los carteles: "¿Estados Unidos? Vas hasta Groenlandia y giras a la izquierda", dijo Ringo. Creo que fue Ringo. Esto es igual. Frente a las primeras casas de la ciudad, me llama la atención el Parque Temático de Escocia. Pienso en Inglaterra, Inglaterra, novela en la que Julian Barnes desmenuza todos los arquetipos ingleses para darle forma a un singular parque temático sobre la idiosincrasia del país y sus gentes. Aquello termina en una desmandada caricatura que tal vez Chesterton hubiera domeñado, a la manera de El hombre que fue jueves, pero que Barnes se le escurre  de las manos como un balón de rugby empapado. Algo más adelante, a la derecha aprecio la robusta tribuna Jock Stein del Celtic Park, el estadio de los Bhoys, donde estaremos el domingo por la mañana. Al fondo queda Glasgow, la ciudad decadente e industrial reconvertida en capital europea de la Cultura en 1999. Alegremente provinciana. Divertida y amable. Lluviosa.

Aunque estoy entrando en Glasgow, me queda hora y cuarto de viaje. Una cosa es llegar y otra entenderse con los escoceses para encontrar el hotel. Aye, what a grrreat auld land this is!

[Foto: Lluvia en el cemento gris: el cielo de Glasgow desde el suelo de Glasgow, en Bath Street Park. Tomo la foto de un bonito blog: Uncertain Times(Midland Stories)],

11/03/2007 22:22 Autor: Mario. #. Tema: Viajes Hay 5 comentarios.

13/03/2007

El Oasis

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Desde Glasgow, la carretera A-82 serpentea entre lagos y valles sucesivos hasta las Highlands, la tierra mítica escocesa, conformadora de carácter, folklore, historia y leyendas. Algunas guías le dicen a esto autopista, pero sólo podría ser considerada autopista si uno viajara en triciclo. Dos carriles por sentido no caben entre esta aguas y montañas. De hecho, apenas caben dos coches en direcciones opuestas. Es lo que se dice una carretera peligrosamente hermosa, que parte de los suburbios al oeste de la ciudad y casi de inmediato ingresa en la belleza generosa de Loch Lomond, el primero de los diversos lagos de rizos plateados que llevan hacia el norte. En estos territorios, Escocia parece la mezcla antigua, desafinada, de dos modelos de diversa magnificencia: por momentos, entre laderas boscosas e inmensos estanques naturales, con montes coronados de nieve, parecería una Suiza aún en proyecto o a la que alguien le hubiese atemperado su perfección; en los remotos campos de brezo, en los árboles tomados por un musgo amarillento, en los colores ocres y las montañas de un mullido verde esponjado de agua, Escocia recuerda en cierto modo a Patagonia.

Esa indefinición entre los dos modelos explica el carácter variable de las Tierras Altas, paisaje en el que la aproximación a lo bucólico pronto queda corregida por un páramo inhóspito, que cruza una manta de agua formidable. La luz cambia, surge remota en un claro e ilumina con violencia una colina exacta de entre muchas. Después, el frente de la carretera se emborrona, engullido por una bruma minuciosa que deshilacha todos los contornos y corre una cortina en el paisaje. Aquí llueve sin graduaciones progresivas; se pasa de la calma a la tempestad de un segundo a otro, como en un cambio riguroso de escenario. Alf observó que, tal vez, a los lugareños no les importaría la posibilidad de que el cambio climático fuese cierto y dramático: por ejemplo, que Escocia se convirtiera en Hawai por algún tiempo, y que Hawai pasase a ser el norte de Escocia o la tundra de las islas Orcadas. Comer patatas asadas con haggis y tocar el ukelele. Ir a la playa con el kilt remangado y sentir entre esos muslos de leche pelirroja el cosquilleo de los mares del sur.

Si eso ocurriera, El Oasis caería sobre los jardines con palmeras que hay a la espalda de Waikiki, o en el inicio de la rampa que baja a la bahía de Hanauma, allá donde se hundió un volcán y quedó un feraz arrecife a cinco metros de la playa. Como el cambio climático, así entendido, aún no se ha dado, El Oasis continúa donde lo encontramos hoy: en el descansillo del sinuoso ascenso tendido que la A-82 inicia hacia las Highlands. El Oasis es una camioneta blanca con un toldo metálico en lugar de la pared lateral, detenida en esta carretera, en una revuelta de lluvia inmisericorde y vientos salvajes. La versión montaraz de las estaciones de servicio con nombre de petroleras. La atiende un tipo de cabello cano, mandil a rayas, camiseta negra ajustada y un gorro de tela blanca con rejilla superior. Las manos del tipo están hechas de roca cuidadosa: puede cebar un chocolate o partirle el cuello a un toro Hereford. En El Oasis uno encuentra todo lo que un ser humano puede necesitar para congraciarse con el universo, en ese instante en el que la naturaleza está a punto de llevárselo por delante: chocolate caliente, té hirviendo, café,  bebidas refrescantes, pasteles de carne, bizcochos, hamburguesas, perritos calientes, sándwiches, la sopa del día, pizza casera... El Oasis: un cartelito con el nombre sobre el fondo amarillento, el color de un sol abrasador. El Oasis. Del lateral exterior de la camioneta cuelga un termómetro: la columna encarnada del mercurio apenas se levanta de los cero grados. Un camionero descamisado, cubierto apenas por una chaquetita, se come una hamburguesa con queso de El Oasis con primaveral tranquilidad, mientras charla con el highlander del mandil rayado.

Al fondo de la escena, sobre los campos que se abren hacia montañas y valles, tres venados observan apenas a 20 metros de distancia y olisquean el aire. Al sentirse descubiertos inician un trotecillo de vuelta hacia la espesa pesadumbre de los campos, donde nadie en su sano juicio va a ir a buscarlos. La carretera sigue hacia el norte. Un cartelón da la bienvenida a las Highlands y abre la vasta hendidura que es el Great Glen, el valle que horada esta tierra en perpendicular y que acoge lagos sin cuenta, un brazo de mar, el valle Coen y el Nevis (escenarios felices, de película), las Tres Hermanas, la estación de esquí del Ben Nevis (la mayor elevación de Gran Bretaña), montañas sin nombre que se levantan del piso con la forma repentina de una ola, con sus largo faldón convexo y una cumbre que parece querer darse vuelta sobre sí misma. Y, desde luego, esta tierra acoge el inefable Loch Ness.

Hacia allá vamos. Uno no quiere tomarse el té ardiente de El Oasis. Quiere abrazarlo para calentarse. El camionero sigue inmóvil, almorzando bajo el viento y el aguanieve mientras conversa. Desconfiados, los cervatillos trotan despacio. Son animales avisados: de cuando en cuando, se detienen y comprueban que nadie los sigue.

13/03/2007 01:54 Autor: Mario. #. Tema: Viajes No hay comentarios. Comentar.

Buena pinta

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Nosotros somos gente de ley. El día que entró en vigor la ley que permitía a los pubs abrir todo el domingo entero fue un domingo, claro, allá por el verano del 95, y lo pasamos entero en un pub a la vuelta de Portobello Road, en Londres. Round table en una terraza en sombra. Once horas en un mismo pub podría parecer demasiado pero, una vez consumidas las tres primeras pintas, el cuerpo se hace cómodo, se almidona dulcemente en el acogedor banco de madera, y además, cada tanto se añaden nuevos contertulios y todos traen otra ronda. Los vasos caen vacíos como campanadas. La tarde resbala de forma conveniente sin que la adviertas. Conviene que sea así, porque la tarde de un domingo siempre tiene un cierto aire deprimente. Si eso os parece deprimente, es que no habéis visto la tarde de un domingo en las calles laterales de una ciudad británica. El pub es la terapia.

Ahora hay libertad de horarios y se han relajado las costumbres. Hemos ganado y hemos perdido, como siempre. Ha desaparecido el síndrome de la campana, pero también ese divertido ritual de pedir al menos un par de pintas o tres para bebértelas en apenas media hora y así conjurar la frustración de los horarios de guerra. Last orders... y la carrera general a la barra. Siempre me han gustado especialmente los pubs silenciosos, sin música, en los que tres o cuatro parroquianos beben sin decir palabra, sin mirarse a pesar de que han bebido a pocos metros unos de otros durante los últimos 35 años. Los pubs tan recogidos que casi resultan claustrofóbicos, recubiertos de madera, moqueta, revestimientos en las paredes y sillones de eskay. Ahí uno puede quedarse durante horas, ignorante de las bombas alemanas o la caída del gobierno conservador. Todo se oye. A veces entra un visitante nuevo y bromea con agudeza con el publican. Aunque nadie ha dicho nada, todos los presentes se ríen. En esa extraña comunión humorística reside todo su afecto.

Algo de eso hay en The Jolly Judge, pub de la Royal Mile en Edimburgo, en uno de esos maravillosos espacios interiores de piedra, a la espalda de la calle principal, que se encuentran aquí y allá. En una de las casas colindantes se encontraron por primera vez el doctor Samuel Johnson y su buen amigo Bosswell. Algo más arriba, en dirección contraria al castillo, está Deacon Brodie's, la taberna dedicada a la memoria del diácono de vida recta durante el día y licenciosa por la noche en el que se inspiró Robert Louis Stevenson, cuentan, para escribir El misterioso caso del doctor Jeckyll y Mr. Hyde. El sábado, después del rugby, el Brodies's fue un hervidero de kilts y cerveza toda la tarde... Hace años recuerdo, en Balloch, a la orilla del Loch Lomond, un pub de aldea extraordinario: me queda la quietud sombría del lugar y a los lugareños mirando a John Mayor en la televisión con aparente respeto para, de pronto, comentar una de sus frases con sorna y explotar en violentas risotadas conjuntas: "Ye fucking twat... ayeeee!".

De este viaje me quedo con The State, en Holland Street sobre la esquina con Sauchiehall Street, en Glasgow. Como para marcar el signo de los tiempos, en el piso de arriba hay una sala bien moderna, con música y desenfado; abajo, al final de las escaleras y a través de una puerta alternativa, escoceses desdentados beben en serio y en silencio. Sillones orejeros y libros en los estantes. Cálido y hogareño. No es el mejor pub del mundo, y no va a aparecer en ninguna guía... pero tiene esa modestia de los espacios inolvidables.

[Foto: veo ahora que la imagen ha adquirido el aspecto empastado de una pintura gracias a mis juegos experimentales con la luz, pero es una fotografía tomada el sábado por la tarde en el Ensign Ewart, en la Royal Mile de Edimburgo: allí vaciamos algunas pintas de Caledonian, estupenda bitter escocesa).

13/03/2007 11:51 Autor: Mario. #. Tema: Viajes Hay 2 comentarios.

16/03/2007

Tusitala, esquina Boswell

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La tarde del sábado la dejé caer muy despacio. Desde Murrayfield, el estadio de rugby, tomé un autobús hasta Prince's Street, la arteria comercial de Edimburgo, y después rodeé las estatuas que jalonan la avenida, la pinacoteca nacional escocesa y el impresionante monumento a Walter Scott para ascender hacia la ciudad vieja. Durante horas caminé por las callejas de piedra, tomado por una placentera soledad. Edimburgo parece hecha para ese estado de ánimo, en el que uno se siente más cerca cuanto más alejado está. Un lugar ideal para deambular por las viejas calles del espíritu. Basta ir arriba y abajo de la Royal Mile. Visité el Museo de los Escritores, un espacio modesto pero de delicada sensibilidad, que rinde tributo a Robert Burns, el padre de la poesía escocesa, al poderoso Walter Scott y, desde luego, a Robert Louis Stevenson, mi preferido de los tres. Stevenson falleció joven, antes de los 50 años; en las imágenes que exhibe el museo se ve a un hombre flaco y de ojos prominentes, cabello liso peinado con raya a la derecha, y una afabilidad generosa en la mirada. Las fotografías, escritos y pensamientos de Stevenson, viajero vocacional, en los Mares del Sur me dejaron una profunda emoción que me acompañó toda la tarde. Los nativos de las islas del Pacífico le llamaban Tusitala (el narrador de historias). Seguí caminando despacio hasta el portón de entrada del castillo de Edimburgo, levantado sobre un viejo volcán. El viento soplaba con vehemencia. Unos pocos metros antes encontré este pasaje en el que una placa recuerda que aquí se conocieron, en una cena, James Boswell y el doctor Samuel Johnson. Ese encuentro propició la que tal vez sea la biografía más feliz que se ha escrito nunca, el recuento de conversaciones y horas que el joven escocés pasó con el escritor inglés: La Vida del Doctor Samuel Johnson. Un libro obligatorio para la educación del espíritu y el intelecto... si es que a alguien le importan una de esas dos cosas o las dos.

[Foto: El hombre somniloquio, frente al Boswell's Court, en la Royal Mile de Edimburgo... Fernando Savater anotó en su prólogo a la obra de Boswell la cita de Litton Strachey, que define así al autor de la biografía de Samuel Johnson: "Uno de los éxitos más notables de la historia de la civilización lo consiguió una persona que era un vago, un lascivo, un borracho y un snob". Un gran tipo, en definitiva. Cómo no vamos a querer a Boswell...].

16/03/2007 01:11 Autor: Mario. #. Tema: Viajes Hay 4 comentarios.

Doctor Reyes y Mr. Hyde

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Tal vez imbuido del espíritu del diácono Brodie, nuestro buen amigo el doctor Reyes nos regaló la tarde en un sombrío pub de Glasgow con esta metamorfosis infernal, frente al asombrado objetivo de nuestra cámara. Desoyendo cualquier indicación o consejo, el condenado vació con alegría de orate varias jarras más de esa misma pócima. En su abigarrada negrura, comprendo ahora, estaba escrita la desgracia.
16/03/2007 01:49 Autor: Mario. #. Tema: No hay comentarios. Comentar.

17/03/2007

El inmortal

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"Los muertos, salvo excepciones, no hablan".

Diego Armando Maradona, en el irónico desmentido sobre su propia muerte: algunos medios argentinos informaron de que el ex futbolista había fallecido en un accidente de tráfico. El 10 salió al paso y dijo que estaba "más vivo que nunca". Si es que eso es posible...

17/03/2007 02:06 Autor: Mario. #. Tema: Palabras al viento Hay 5 comentarios.

18/03/2007

Escenas: el predicador Guthrie

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Allá donde voy me gusta fotografiar las estatuas, elementos inmóviles que parecen reclamar algo de vida en las fotografías, donde todo está falsamente detenido. Ésta pertenece al predicador y profesor universitario Thomas Guthrie, quien ingresó en la Universidad de Edimburgo a los 12 años. Ya adulto, su ministerio atendió a la pobreza de los más desfavorecidos, animado por la idea de que una buena educación salvaría a los niños de la delincuencia juvenil. Por eso Guthrie aparece inmortalizado en el borde de Prince's Street con un infante tomado por el hombro, en actitud paternal. Al fondo, sobre la roca negra desde la que guarda Edimburgo, el afamado castillo de la ciudad.

18/03/2007 11:14 Autor: Mario. #. Tema: Viajes No hay comentarios. Comentar.

20/03/2007

El día del padre

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A veces parece sencillo escribir una historia conmovedora. A veces parece imposible. A la espalda de Celtic Park, en Glasgow, caminamos por este viejo cementerio húmedo y gris. Entre lápidas caídas y oraciones olvidadas, encontré esta tumba. Contaba la historia de un Robert Graham. La inscripción tallada en la piedra decía:

"Erigido por Robert Graham
y su esposa Jane Young...
en memoria de sus hijos:

Robert, fallecido el 1 de febrero de 1863
a la edad de 1 año  y 6 meses

Bethia, fallecida el 7 de enero de 1865
a la edad de 1 año y 8 meses

Robert, fallecido el 21 de noviembre de 1865
a la edad de seis meses

John, fallecido el 28 de agosto de 1877
a la edad de 5 años y 8 meses

Y a la memoria de sus nietos
Adamine, Cameron y Anderson
fallecidos el 6 de febrero de 1899
(la fecha es borrosa)
a la edad de 18 meses

Bethia y Anderson
fallecidos el..."


La fotografía no me permite leer el resto de fechas. Un poco más abajo, el señor Robert Graham despide a su amada esposa Jane Young. La última línea registra la fecha del fallecimiento del señor Robert Graham.

A veces, es extraordinariamente sencillo, y terrible, escribir una historia conmovedora.

(Para mi padre; y para Pedro Luis... padres íntegros como piedra tallada).

20/03/2007 12:15 Autor: Mario. #. Tema: Viajes Hay 1 comentario.

Larga vida al Zaragoza

Estas crónicas de 75 años de fútbol pretenden rescatar a lo largo de los próximos meses los artículos que Pedro Luis Ferrer va a ir publicando en AS. Los hechos, los mejores partidos, los personajes, las historias de la historia... Nadie mejor que Plf (acrónimo del mejor periodista, libra por libra, del momento en esta ciudad) para rescatar esos episodios. Y digo lo de mejor porque reúne las tres condiciones básicas del periodismo: conocimiento, rigor, escritura y afán absoluto por la noticia. Valores que andan en extravío. El joven periodista moderno -tan celebrado- maneja todo tipo de herramientas informáticas; sabe maquetar, diagramar, fotografiar y a veces incluso escribir, aunque a muchos les cuesta distinguir las categorías gramaticales y redactar con una sintaxis coherente. Plf no sabe nada de informática, apenas. Aunque lo intenta. Sin embargo, sabe todo lo que haya que saber acerca del Zaragoza, con un afán memorioso y preciso que le permite hablar con la misma facilidad del partido del domingo pasado y de uno que se jugó en marzo de 1941. Es el periodista auténtico, el de toda la vida. El de verdad. El único, por más que quieran ahora convertir en periodistas a ciudadanos cogidos a lazo por el espacio digital. El periodismo me parece cada día más estúpido y vulgar. Por eso traigo aquí a Plf. Y porque es mi amigo, o sea. Su primera crónica recupera el proceso de fundación del Real Zaragoza, el 18 de marzo de 1932. Larga vida al Zaragoza... y a Plf para que la cuente.


El Zaragoza Fútbol Club -sin el título de Real, que no incorporaría hasta el 30 de marzo de 1951, aprovechando una antigua concesión de Alfonso XIII en 1921 a la zaragozana Sociedad Atlética Stadium-  se fundó el 18 de marzo de 1932. El día de su nacimiento ha llevado a no pocas confusiones, porque el acta de constitución lleva fecha de 15 de marzo, aunque no se firmó hasta el 16. El documento era una especie de hoja de ruta privada que establecía los pasos a seguir acordados para culminar un pacto histórico entre los hombres del Iberia y los del Zaragoza, entre los avispas y los tomates. Pero el actual Zaragoza se constituyó el 18 de marzo de 1932, sólo unas horas después de que las juntas generales de socios del Iberia Sport Club y del Zaragoza Club Deportivo aprobaran sus oficios de disolución como sociedades legalmente constituidas. Ese era el paso definitivo para poder acudir juntos al Gobierno Civil e inscribir al nuevo club, a un club que surgía para acabar con tres lustros de guerra fratricida y sin cuartel.

Para sellar la tregua se había designado una comisión formada por cinco representantes de cada club. Por el Iberia Sport Club: José María y Luis Gayarre, Antonio Sánchez Candial, José María Muniesa y Luis Ferrer. Por el Zaragoza Club Deportivo: Antonio Hormigón, Julián López Herrero, Juan Briz, Liberto Herrero y José Torregrosa. Estos diez fueron los firmantes del documento de constitución, que desde 1999 se exhibe en una vitrina en la sala de juntas de la sede del Real Zaragoza.

La mal llamada fusión. Popularmente se habla de fusión, pero no hubo tal. Entre otras cosas, porque el Zaragoza Club Deportivo había sido dado de baja en las Federaciones Española y Aragonesa el 2 de diciembre de 1931 por su enorme deuda. Todavía existía como sociedad legalmente constituida, pero ni tenía derechos federativos, ni campo (había perdido el arriendo del campo de la calle Asalto), ni jugadores, ni casi nada. Por perder, había perdido hasta de su junta directiva a sus hombres más solventes, a sus mecenas, a aquéllos que habían soportado con su propio dinero la lucha enconada contra el Iberia. Ya no quedaban en puestos directivos ni Julio Ariño, ni el conde de Sobradiel, ni Anselmo Gracia, ni Diego de Funes, ni Pascual Irache...

El Iberia Sport Club sí tenía derechos federativos (al menos una plaza en la Tercera División), un campo magnífico (Torrero), una plantilla de 18 jugadores profesionales (500 pesetas al mes más primas), más de 4.500 socios al corriente de sus cuotas; y conservaba, sobre todo, al frente de sus filas a los grandes pioneros del fútbol aragonés, a José María Gayarre y a José María Muniesa.

El Iberia, al frente. Pero el Iberia, también golpeado por la fiebre del profesionalismo, no quería perder para siempre a los aficionados tomates. Había que recuperarlos, sumarlos, y eso pasaba por crear un nuevo club. Un club de todos y con todos. Para lograrlo, el Iberia sacrificó sus colores y su nombre, pero impuso todas las condiciones: no aceptó hacerse cargo de la deuda del Zaragoza, se reservó el derecho de elección de los cargos directivos y su orden de socios fue prioritario. Es sencillo: para la ciudad nacía un nuevo club, que iba a vestir los colores de la Federación Aragonesa (blanco y azul celeste); para la Federación Española, para el fútbol, era el mismo club, pero con otro nombre.

Lo escribió en 1953 José María Gayarre, último presidente del Iberia y primero del actual Real Zaragoza, en sus inéditas y formidables memorias: "Para nosotros fue muy duro renunciar al nombre del Iberia y a nuestros gloriosos colores gualdinegros. El Zaragoza había sido víctima de sus propios errores, pero nuestro club estaba saneado y no corríamos peligro de desaparecer. Al final pesaron más las razones que los sentimientos. Partimos del hecho de que el nuevo club tenía que ser el Iberia, pero cambiando el nombre por el de la ciudad. El Iberia cambió de nombre y de colores, pero no cambió de estilo. Su nombre estará siempre unido al del Real Zaragoza, al que presagiamos un vivir eterno".

Diario AS, 18 de marzo de 2007
www.as.com

20/03/2007 13:54 Autor: Mario. #. Tema: 75 años de fútbol Hay 6 comentarios.

21/03/2007

Más malos que el Sebo

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Un compañero me dijo el otro día que el fútbol inglés viene a ser como las películas de tiros o aventuras: ejercicios ligeros y en absoluto pretenciosos, concebidos y ejecutados con el único fin del entretenimiento. El razonamiento me llamó la atención, estuvo a punto de parecerme ajustado y puede que hasta brillante. Lo miro así porque el fútbol inglés siempre me ha fascinado precisamente por su vigor, por su capacidad para la diversión, por esa honestidad que lo asiste y que me lo presenta como un fútbol libre del pecado original, que tiene la forma de la vanidad del engaño y la egolatría de los futbolistas, sumado al empeño de los entrenadores por hacer del juego una pura medición cartesiana o cientifista. He admirado y disfrutado a muchos jugadores y equipos ingleses. Sin embargo ahora, desde hace años, observo el fútbol inglés con conmiseración. Les han colado una modernidad europeísta que ha trastocado la ingenuidad del modelo, y que mezcla mal. Sobre todo, les han llenado los equipos de futbolistas de todas las latitudes y los banquillos con entrenadores de fuera de las Islas. Y no se trata de xenofobia, cómo iba yo a ser xenófobo a favor de los ingleses... Lo que digo es que han absorbido el modelo a la inversa; antes eran los de fuera quienes se adaptaban al modo de juego británico; ahora, al ser ya tantos, la tendencia es la opuesta. El resultado, en mi modesta y afectuosa opinión hacia el fútbol de esos países, constituye un error: ahora en Inglaterra se juega al fútbol con pretensiones. Se ha atemperado en buena parte aquella velocidad, aquel denuedo, aquel estruendo competitivo que definía los partidos; pero los jugadores, el tipo de jugador, aún es el mismo. Es como vestir a un indio americano con chaqué: no está en su naturaleza. Se le nota la impostura.

Sigo viendo el fútbol inglés. Un algo por devoción, un mucho por deformación profesional. Ya no me divierte como solía hacerlo durante los años setenta y ochenta; o cuando pagaba entradas por los estadios de Londres (sobre todo el viejo Stamford Bridge, que me caía cerca) los sábados que tenía libres durante mi estancia en Londres. Por eso, cuando hace unos días fuimos a ver el derby de Glasgow, Celtic-Rangers, recuperé esa vieja expectación por ver el protofútbol que siempre se jugó en las Islas. Soy de los que piensa que el verdadero fútbol inglés ya no puede verse en Anfield, en Highbury o en Stamford Bridge. Está en el campo del West Ham (qué equipo el West Ham... es para morirse los dos partidos que le he visto últimamente por la televisión), tal vez un poco en Villa Park, y sobre todo más abajo, en los Nottingham Forest, en el Torquay, en el Barnet o igual en el mismo Milwall, qué sé yo. En esos campos de Dios en los que no está Dios (así definía mi tía Chilita, mi ejemplo familiar de viajero, las bellas iglesias y catedrales británicas: "Son preciosas... pero no está Dios"). ¿Estaría el fútbol británico en Celtic Park?

Estaba. Pero en su versión más pobre, claro. Si me vais a preguntar por el ambiente, lo digo de antemano: extraordinario. Emotivo, subyugante, conmovedor. Hubo un homenaje al gran Jimmy Johnstone en los vídeo marcadores realmente precioso. Y esa extraña incoherencia que a menudo muestra el fútbol británico: en este derby de connotaciones religiosas (católicos pro irlandeses frente a protestantes filobritánicos), los aficionados del Rangers caminan con mucha tranquilidad hacia el fondo que les corresponde en el estadio. Van a ser 4.000 y están perfectamente controlados... pero uno diría que no hace falta un control excesivo. Yo estuve viéndolos llegar y no había un atisbo de la violencia artera y peligrosa que he advertido en muchos campos españoles. No digamos en Sevilla, donde vimos uno de los últimos clásicos entre Betis y Sevilla hace un mes y poco. A Celtic Park vienen caminando, sin escolta policial, sólo un relativo y lógico control en los accesos al campo para que el área esté lo más limpia posible. No hay ningún tipo de agitación en la gente del Celtic, que va entrando hacia sus asientos con matinal calma (todos los partidos de riesgo se juegan en Gran Bretaña en horario matinal, para evitar la consumición de alcohol en los pubs). El fútbol británico está limpio. El peligro son los viajes al extranjero. Por lo demás, el fútbol constituye un entretenimiento familiar, tan seguro como ir al Radio City Music Hall de Nueva York a ver el especial de Navidad...

Del fútbol en sí no hay gran cosa que decir. El nivel medio del futbolista escocés ha descendido o está en el mismo lugar de toda la vida. El mejor jugador del Celtic sobre el campo era Gordon Strachan, el entrenador. Qué días aquéllos: Gordon Strachan, Archie Gemill (aquel pedazo de gol contra Holanda en el Mundial 78, que glosan en la película Trainspotting), Kenny Dalglish, Graeme Souness, desde luego Jimmy Johnstone... De los que aún tienen edad para jugar el más rescatable me pareció, de lejos, un zurdo con cara de niño que juega en la banda izquierda del Celtic: Aidan McGeedy. Tiene un cierto aire a Jimmy Johnstone, el rubio cabello enrulado, el caracoleo con la pelota... Pero no es él, claro. El resto eran para analizarlos. Los centrales de los dos equipos parecían muñecos sólo parcialmente articulados, siempre a punto de desganglillarse o de que se les saliese una pierna de su inserción con la cadera. El mejor de los cuatro era Ehiogu, el del Rangers, un africano interminable con muchos años encima, al que recuerdo haber visto en The Bridge frente al Chelsea en el año 94, cuando él acababa de llegar al Norwich City. Como para ratificarlo, se inventó un gol de media chilena a la salida de un córner, antes de la cual hubo hasta tres cabezazos verticales e inútiles en el área del Celtic. De horror. Con ese tanto, al Rangers le bastó para ganar. No hubiera podido meterlo de ninguna otra manera. Su delantero más idolatrado es un tal Sebo, ex del Austria Viena (me enferma recordar a ese equipo) al que la hinchada azul le canta el nombre con deleite: "Seeeeeebooooooo, Seeeeeeeeboooooooo". Es tan malo, pero tan malo, que hasta los aficionados del Celtic se ríen de él, en lugar de temerlo. Como cuando la grada del Real Madrid de baloncesto, en los viejos partidos contra el Barça en el pabellón de la Ciudad Deportiva, pedían a voz en grito que saliera Seara, aquel base que me recordaba al inspector Clouseau. Eso sí, Sebo da unas patadas de miedo; persigue a los defensas, los acosa, los hostiga, les mete el cuerpo, el codo, la cadera, la rodilla en el estómago si hace falta. Tiene esa cara de británico enredador tan conocida, la de Wayne Rooney. Con el "fuck off" siempre colgándole de la boca... Los momentos más emocionantes de este tipo de partidos no son los córners ni los goles; son los balones que se quedan sueltos y van dos rivales a disputarlos. Uno tiene ganas de llamar a la ambulancia antes de que lleguen, porque es como ver un choque frontal entre dos automóviles. Da miedo. Hay unas castañas de cárcel. Sebo es el primero de la fila: deja los pies colgando y siempre rasca hasta donde puede. Sebo es más malo que el sebo, pero al día siguiente la Prensa lo exaltaba por sus carreras desesperanzadas en pos de pelotas perdidas. Los escoceses (vale decir, los británicos) no puntúan a los futbolistas según criterios futbolísticos; los juzgan de acuerdo a consideraciones casi morales. No es de extrañar que Henrik Larsson se hiciera de oro en este fútbol: comparado con Sebo o con Miller, el punto del Celtic, el sueco era el mismo Dios, una forma superior de vida.

Gravesen no jugó. Y bien que lo sentí... Porque ahí debe ser el rey. Lo sustituía otro muchacho africano llamado Sno. La verdad es que las alineaciones parecían una fuga de vocales: Sno, Prso, Sebo. Nombres que más bien se dirían apodos para un chat. El partido de Sno fue demencial. A su lado, Lennon. Sólo faltaba McCartney, que no ha debido darle una patada a la pelota en su vida. Lennon (el jugador del Celtic) estaba gordo y tabernario. Hasta los suyos le dijeron de todo menos guapo. El único con un mínimo criterio en el medio campo era Barry Ferguson, del Rangers, al que por cierto vigiló muy de cerca el Zaragoza en el último mercado de invierno, cuando buscaba un mediocampista de paso. Acabó encontrando a Gustavo Nery, que en verdad ahora vemos que está de paso. En la segunda parte me gustó Nacho Novo, ex jugador de Huesca. Que un futbolista de nivel Segunda B en España sea el rey en la banda derecha del Rangers especifica sin necesidad de más matices cómo está el fútbol escocés. Eso sí, el ambiente es magnífico y volvería mañana. Se me ocurre que tanta canción es en realidad una forma de entretenerse, para olvidar lo de abajo. Pero no es así. La gente del Celtic, los británicos en general, aman el fútbol y a sus equipos de un modo ejemplar. Nunca voy a ser absolutamente cruel con ellos: les guardo el afecto enorme de la diversión que me han proporcionado.

[Foto: vi el partido al ladito de los comentaristas de la BBC en Escocia. Creo que era la BBC. No importa. Me encantó descubrir que todavía usan aquellos micrófonos de toda la vida, clásicos donde los haya, concebidos con esa plaquita superior que ayuda al locutor a mantener la distancia exacta con el micro. Detalle rancio que me pareció simbolizar lo que es el fútbol en estos lugares, una materia atemporal, un lugar en el que siempre se jugó más o menos igual. De las narraciones británicas me encanta la precisión con la que sitúan el juego, la perfecta vocalización y el "Yes!" de los goles].

21/03/2007 11:11 Autor: Mario. #. Tema: Viajes No hay comentarios. Comentar.

22/03/2007

"¡No es el Zaragoza, es el Iberia!"

El Zaragoza Fútbol Club nació el 18 de marzo de 1932 e hizo su presentación oficial dos días después en Torrero. Así que hoy se cumplen 75 años de su primer partido, de esa goleada al Valladolid (4-0) que firmaron Rolloso (2), Zorrozúa y Anduíza. ‘Chominchu‘, cronista del desaparecido ‘Diario de Avisos', encabezaba de esta forma su crónica del encuentro: "Con un triunfo tan destacado como merecido, inició el novel Zaragoza F.C. sus lides deportivas. No puede ser más brillante el comienzo de su vida. Los bravos muchachos zaragocistas jugaron con entusiasmo y acierto, consiguiendo batir por cuatro veces a ese formidable cancerbero que se llama Irigoyen, al mismo tiempo que acababan el encuentro con el cero en el marcador... No nos queda más remedio que felicitar al recién nacido Zaragoza Fútbol Club por su brillante incorporación a la vida deportiva, animándole a continuar con el entusiasmo y acierto de su primera jornada".

Pero hay que explicar, porque tiene su propia historia, por qué fue el Valladolid el primer rival del Zaragoza Fútbol Club. Y una vez más hay que remontarse al Iberia, el club que cambió de nombre y de colores para dar origen al Zaragoza F.C. El Iberia había fichado del Valladolid para la temporada 1931-32 a los hermanos Juan y Domingo Chacartegui y a Diodoro Anduíza y durante las negociaciones con el club castellano se pactaron dos amistosos, uno en el viejo campo de la Plaza de Toros de Valladolid y el segundo en Torrero. El primero se disputó el 13 de marzo de 1932 y fue el último encuentro de la historia Iberia, que se despidió con derrota (3-1) y con esta alineación: Blesa; Chacartegui II, Chacartegui I; Epelde II, Orcolaga, Latre; Rolloso, Zorrozúa, Anduíza, Tomasín y Almandoz. De los titulares, el portero Julián Osés no pudo viajar por el fallecimiento de su madre, mientras que Pascual Salas estaba lesionado. Tomasín es el futuro ‘alifante' Tomás Arnanz, que en el Iberia siempre jugó con su diminutivo.

Cambio de colores
Antes de jugar en Valladolid, el Iberia ya sabía que se iba a disolver cinco días después, así que el partido de vuelta contra los pucelanos vino al pelo para presentar en sociedad al nuevo Zaragoza. En una semana, los jugadores del Iberia pasaron de jugar de gualdinegro a hacerlo de blanco y azul celeste. La tarde en Zaragoza fue ventosa y desapacible, pero Torrero presentó una gran entrada y ovacionó largamente a los nuevos zaragocistas. 1-0 al descanso (en el intermedio se arriaron del palco las banderas del Iberia y el Zaragoza ‘tomate' y se izó la del nuevo club), y festival en la segunda parte con el cierzo a favor. La presentación fue inmejorable, con Tomás y José Mari Zorrozúa, el gran capitán, como jugadores más destacados.

Pedro Luis Ferrer
Diario AS

22/03/2007 16:37 Autor: Mario. #. Tema: 75 años de fútbol No hay comentarios. Comentar.

José María Gayarre: El pionero del fútbol que nunca jugó al fútbol

José María Gayarre Lafuente nació en Zaragoza, en la calle San Pablo, el 8 de febrero de 1893. Cursó el Bachillerato en los Escolapios y llegó a matricularse en la Facultad de Químicas, aunque no se licenció; él mismo se definía como "un mal estudiante". Sin embargo, su contacto con la Universidad le permitió relacionarse con los ambientes más avanzados de la sociedad zaragozana y, sobre todo, empaparse de cultura deportiva. Figura cumbre y auténtico pionero del fútbol en Aragón, nunca jugó al fútbol, pero creó y dirigió el establecimiento de este deporte en Zaragoza: fundó y tuteló sociedades, organizó la Asociación Aragonesa de Cultura Física y creó e impulsó la Federación Aragonesa de Fútbol, de la que fue su primer presidente y también su primer seleccionador.

Gayarre fue un verdadero romántico del fútbol, un cerebro dirigente, un rector perpetuo, que ejercía el arbitraje, que asesoraba, contaba las novedades nacionales y extranjeras y poseía las reglas del juego traducidas del inglés, siendo el árbitro oficial y único de los partidos que se jugaban y verdadero caudillo de este deporte durante su edad de piedra en la ciudad. Supo orientar el fútbol sin dinero y supo buscarlo de los demás cuando hizo falta. Pero él, ayudado por su inseparable José María Muniesa, siempre tuvo en la mano los hilos de la trama, lo mismo en la Federación Aragonesa que en el Iberia, donde su actividad fue colosal: vocal, vicepresidente, director deportivo, consejero delegado de la Sociedad Anónima Campo de Deportes de Torrero, entrenador y también presidente. José María Gayarre fue el último presidente del Iberia y también el primero del Real Zaragoza. Lo fue todo en el fútbol aragonés.

En plena juventud, un viaje a las minas de Río Tinto, en Huelva, le permitió descubrir el fútbol, empaparse de ese veneno que habían exportado los ingenieros y operarios ingleses de la ‘Rio Tinto Company'. Allí compró dos balones viejos, que luego le remendaría un zapatero de la calle las Armas, y un reglamento en inglés. Y con una paciencia infinita comenzó su magisterio. Fundó en 1912 la Gimnástica y no decayó cuando ésta desapareció en 1915. Todas las tardes, en el campo del Sepulcro, mientras hacían instrucción los soldados, se pasaba Gayarre sus horas muertas de soñador en quiebra, viendo a los chicos de las escuelas disputarse casi a mordiscos el balón y marcar los ‘goals' en las porterías de ropa. José María Gayarre dejó que ese nuevo caldo fermentara un poco. Luego intervino. Su actuación fue de consejero y de árbitro. De tutor. De referente permanente y absoluto.

Tomémosle prestada la pluma al desaparecido periodista Miguel Gay Berges para comprender en toda su extensión la magna cruzada didáctica del señor Gayarre en ese proceso de fermentación del fútbol aragonés:

"Era alto, moreno, serio, reservado. Miraba sobre nuestras cabezas al infinito que se remontaba tras una empalizada de traviesas de ferrocarril, que limitaba, muy a lo lejos, el campo de juego. Tenía la silueta erguida y su aire de esfinge respiraba autoridad. Nosotros le mirábamos con respeto y admirábamos su constancia: todas las tardes estaba allí. Se agradecía que un señor no se riera de nosotros, en mitad de aquel desprecio de todos. Y, no solamente no se reía, sino que, de cerca, era afable y además entendía de fútbol, tanto, que muchas veces no le entendíamos nosotros..., que éramos futbolistas (?). De él escuchamos, por primera vez, sin entenderlo, qué era un ‘offside'. Se llamaba José María Gayarre.

Conducidos por él, con su apoyo, que nos prestó sin que se lo pidiéramos siquiera, porque pensábamos que nadie nos pudiera apoyar, penetramos en la calle de Bilbao, para alternar con el equipo de los alemanes. Él nos presentó a la afición zaragozana, si la había, desde las columnas del ‘Diario de Avisos'. Él eligió a sus colaboradores, y no admitió otros; el procuró que no se le desbordara y que las cosas siguieran la derrota que marcaba. Cuando las cosas iban mal, muchas veces, volvía a quedarse solo; pero siempre salía adelante".

Pero José María Gayarre fue un hombre de actividad múltiple. Por ejemplo, sus inquietudes políticas le impulsaron a fundar y presidir en 1921 el partido Acción Ciudadana, de clara inclinación maurista. Y a presentarse como concejal en las elecciones municipales del 5 de febrero de 1922. No resultó elegido, pero en junio de 1923, en los últimos comicios celebrados en España antes del golpe militar del general Primo de Rivera (13 de septiembre de 1923), alcanzó un acta de diputado provincial por el distrito Pilar-La Almunia. Y en ese cargo se mantuvo hasta el 20 de enero de 1924, cuando, por orden del gobernador civil, el general José Sanjurjo Sacanell, fue disuelta la junta de gobierno que presidía Mariano Pin Novella, destacadísima personalidad de la vida social y política zaragozana y durante 1928-29 presidente del Iberia.

Cruzada periodística
El periodismo fue otra de las grandes aficiones de José María Gayarre. Y durante una década fue colaborador deportivo de los periódicos ‘Diario de Avisos', ‘El Noticiero' y ‘Heraldo de Aragón', donde firmaba sus brillantes ‘Notas de Sport' con los seudónimos ‘Goal' o ‘XXX'. Tenía una pluma ágil, cultivada y muy amena, aunque el ejercicio del periodismo deportivo no era, al final, más que una parte obligada, acaso fundamental, de su cruzada por potenciar el fútbol, por ordenarlo, por consolidarlo.

Gayarre, representante comercial de diferentes bodegas de Haro y Jerez, era también un excelente conversador. Y un notable orador. Se hicieron famosas en todo Aragón sus conferencias en apoyo del deporte. Y no menos famosa fue su célebre tertulia futbolística, que recorrió sucesivamente los salones del Café de Europa, El Oriental, La Perla y Salduba.

El 1 de abril de 1932 fue nombrado vicepresidente segundo y presidente en funciones del recién constituido Zaragoza Fútbol Club, cargo que desempeñó hasta el 17 de agosto de 1934, cuando presentó su dimisión y la asamblea de socios eligió como segundo presidente del club a Felipe Lorente Laventana. Gayarre pasó de inmediato a la secretaría técnica, desde donde cocinó el célebre equipo de los ‘Alifantes', que lograría en 1936 el ansiado ascenso a Primera División. Un año y medio antes, en enero de 1935, la Federación Aragonesa de Fútbol le concedió su primera Medalla al Mérito Deportivo. Fue una recompensa merecida, con la que se le hizo justicia.

El prestigio de José María Gayarre en el fútbol español fue enorme. Y para comprobarlo bastan estos dos detalles: en mayo de 1937, participó activamente en las reuniones de San Sebastián para la creación de la Federación Española de Fútbol de la Zona Nacional, cuyo primer presidente fue el comandante Julián Troncoso Sagredo, amigo personal de Gayarre, directivo desde 1934 del Zaragoza y gran impulsor del atletismo aragonés. Cuatro meses después, ‘Goal' fue nombrado mediador, junto al ex presidente del Español Genaro de la Riva y al periodista bilbaíno José Luis de Isasi, en la negociación que se abrió en Francia con los jugadores y dirigentes de la Selección vasca para que se incorporaran a la España Nacional.

También Gayarre, pese a su adhesión al Movimiento Nacional, sufrió en sus carnes la Guerra Civil. Y en 1938 tuvo que abandonar Zaragoza al destaparse su condición de homosexual. Se le hizo la vida imposible. Marchó primero a San Sebastián, donde siguió colaborando con Troncoso, y acabado el conflicto se instaló en Madrid, lejos de su familia y de sus amigos, y desapareció de la escena futbolística. El Zaragoza pagó muy cara su ausencia y en 1947 estaba otra vez en Tercera División, arruinado y sin futuro, al borde de la desaparición.

Regreso fugaz
El presidente Cesáreo Alierta lo recuperó como asesor técnico en 1953 y le dio plenos poderes, pero José María Gayarre sólo duró una temporada en el cargo. Su regreso no tuvo una acogida unánime en el club y hubo personas interesadas en que no se entendiera con el entrenador Pedro Eguíluz. Dimitió y nunca se hicieron públicas las causas de su salida. Ésta fue su última estancia en Zaragoza, estableciendo luego en Madrid una especie de representación del Real Zaragoza, en donde se resolvían todas las cuestiones centrales que precisaba el club dilucidar o gestionar en la Federación Española.

José María Gayarre Lafuente murió en Madrid el 8 de febrero de 1968, el día de su setenta y cinco cumpleaños, olvidado de todos, desconectado por los avatares de la vida del fútbol aragonés que él creó con su entrega, su loco romanticismo y su inagotable capacidad. Mereció en sus últimos años una atención mayor de quienes, gracias a su esfuerzo, vivieron, medraron o figuraron en el fútbol zaragozano. Quizá su consuelo es que, antes de fallecer, le dio tiempo de ver a su Real Zaragoza conquistar dos Copas del Generalísimo y una Copa de Ferias, de verlo campeón.

Pedro Luis Ferrer
Diario AS
www.as.com

22/03/2007 16:52 Autor: Mario. #. Tema: 75 años de fútbol Hay 1 comentario.

23/03/2007

El escurridizo Jimmy Johnstone

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He hablado de Jimmy Johnstone, el futbolista más grande que ha tenido el Celtic de Glasgow. Falleció en 2006, víctima de una enfermedad neuronal que afectaba a su capacidad motriz. Jinky Johnstone (el escurridizo Johnstone, podríamos traducir: jinky era su apodo, jink es algo que se mueve con velocidad y cambiando constantemente de lugar y dirección), era un prodigio de velocidad con la pelota -maravillosas conducciones en vertical, el cuerpo avanzado, el centro de gravedad bajísimo, y el balón llevado como con un obediente cordel de goma elástica-; Johnstone tenía la velocidad y su compañera inevitable y necesaria, la pausa, el fútbol que a veces era un meandro y luego un torrente; el cambio de ritmo; una eléctrica variación de las direcciones; aún más, tenía la imaginación de la sorpresa, la llegada, el cabezazo y el disparo. Su figura emergía como una rareza en medio del musculoso paisaje británico. Se comportaba como lo haría un librepensador atrevido y naturalmente ingenioso. Era quizás un George Best con el cabello del color de la paja. Me emocionó el homenaje de Celtic Park, el día que estuve allá y el Celtic jugaba con el Rangers.  Luego he pensado que la muerte constituye una enorme paradoja, y a veces subraya desacuerdos tan evidentes con la vida como éste: que a alguien así, que se movía por el campo con la agilidad de un mosquito, lo aguardase -oculta en lo más recóndito del cerebro- una enfermedad que lo acosaría hacia una inmovilidad creciente. En YouTube he encontrado este homenaje a Jimmy Johnstone, que reúne alguna de las cosas que más me gustan de Glasgow: la música, la nostalgia irlandesa, el fútbol, el sentimiento.

Johnstone interpreta Dirty Old Town, clásico irlandés, acompañado por un señor de frente despejada y diminutos ojos: es Jim Kerr, el que fuera (puede que aún lo siga siendo) cantante de los Simple Minds. La letra cambia en la segunda estrofa, la de Kerr: "I heard a whistle / coming from the dark / I saw Jimmy Johnstone / setting the night on fire..." ("Escuché un silbido que venía de la oscuridad / y vi a Jimmy Johnstone incendiando la noche..."). El fútbol no se suele oír, pero la maraña informe del partido contiene estos sonidos: un silbido que señala un desmarque y pide la pelota, el pase y un futbolista de rulos desordenados que escapa como una luz e incendia la noche. Quizás Jinky Johnstone...

También he hablado antes de Aidan McGeady, el ala izquierdo del Celtic. Parece que no he sido el único que le ha encontrado un relativo parecido con Johnstone; desde luego, parecido muy generoso con McGeady, que no puede ni descalzar al siete de los Leones de Lisboa: así se conoce al equipo que dirigía Jock Stein y que ganó la Copa de Europa en 1967 al Inter de Milán (2-1) en la ciudad portuguesa: el primer campeón británico y el primero no latino. En este brioso montaje podemos ver a los dos: Jimmy Jinky Johnstone y Aidan McGeady.

La foto me gusta por vieja y por simple. Johnstone elevado por un compañero, brazo recto y puño apretado arriba, su celebración preferida.

23/03/2007 12:37 Autor: Mario. #. Tema: El deporte Hay 4 comentarios.

24/03/2007

Desvelos

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Advierto que el viento de la intolerancia está siendo combatido con el viento de la estupidez, que sopla en forma de torbellino y en todas las direcciones. No puedo evitar meterme en este asunto. Hace unos días vi unas fotografías en elmundo.es en las que dos mujeres musulmanas iban a la compra en un centro comercial de Alcobendas ataviadas con una prenda llamada niqab, un velo que cubre casi por completo el rostro. Por lo que parece, esto es cada vez más habitual en España. Creo que era también en España y en sus principales medios de comunicación -no digamos en los de corte progresista- en los que leí hace unos años el espanto que a columnistas, comentaristas, periodistas y demás -istas les producía la represión de las mujeres afganas, simbolizada en el uso obligatorio del burka, sometidas al dominio inhumano, medieval, cruel y despreciativo de una sociedad engastada en lo más rancio y abominable de la cultura machista. Detesto los ismos: el machismo, el feminismo y el mariconismo, otra imposición tan insoportable como las demás. Las exhibiciones no me convencen, me estomagan, las de cualquier tipo. Detesto también las opiniones convenientes, y en este país los principios y las promesas, sobre todo las políticas, pesan cada día menos. Son hojas en el viento.

Ahora que el burka, el niqab y todos estos símbolos de la dominación implacable sobre un sexo han llegado a España, ahora que esta sociedad celebra una Ley de Igualdad preocupada hasta de regular el número de miembros de uno y otro sexo y/o opción sexual en los consejos de administración de las empresas; ahora que hay costaleras, mujeres que participan en las turbas, médicas, juezas, compañeros y compañeras, todos y todas, chicos y chacos... ahora salen los políticos y dicen que el burka y el niqab son expresión de credo religiosos y que cada cual es muy libre y que no es un problema y que no es necesario regular su uso. Es decir, que aquel símbolo de la opresión institucionalizada, del fundamentalismo ventajista, del medievalismo machista, de la abyección de una sociedad entregada a un conveniente y malvado control religioso, ahora resulta que era una opción. Por lo visto hoy por hoy todo son opciones. Basta agarrarse a una, siempre que a los bienpensantes les guste. Pero las opciones pueden multiplicarse fácilmente, porque somos muchos individuos y cada uno más rarito que el de al lado. Por lo visto, la libertad individual no existe para ponerte el cinturón en el coche o no ponértelo, o para elegir quiénes van a ser los consejeros de tu empresa; pero sí existe para llevar a tu mujer por la calle tapada hasta la asfixia moral, encerrada en tu muy hombruna puta cárcel de tela, para que nadie la mire, para que nadie la vea, para que sea tuya, y si no le puedes dar un par de hostias cuando vuelva a casa, para que sea ese fantasma a tu servicio, como escribió alguien en los días en que el burka y el niqab todavía eran un símbolo de barbarie moral, y no una opción. No quiero pensar que todas aquellas opiniones se debían a una moda, al impulso de contar la guerra desde otro punto de vista, a la tentación de hacer siempre víctimas del mismo lado. O peor, al indudable argumento de que los talibán fueron instaurados por los siempre desatentos Estados Unidos, para así aplicarles de forma apropiada la propiedad transitiva: si los talibán imponen el burka y los Estados Unidos impusieron a los talibán, entonces los Estados Unidos impusieron el burka, en el fondo. Como escribía Stevenson: "Si el barco se hundió en su travesía, es que ya se estaba hundiendo cuando partió del puerto". ¿No sería por eso, no? No, digo yo que no sería por eso... No me gusta pensar mal.

Lo siento, pero no. Esto es un país democratizado e igualitario. Esto es un país que se dota de leyes para garantizar la igualdad. Y cad vez con mayor celo y prosopopeya del presidente Zapatero, que considera esos avances como grandes días, históricos y decisivos días para España. Ley de igualdad y política de igualdad para evitar las represiones y los olvidos, y los maltratos y las desventajas por motivos sexuales, religiosos, morales o por condición de género o educación. En este país llevar a su mujer tapada no debería valer, no se debería admitir. Eso creo yo. A mí me indigna. Me subleva. Me avergüenza. El burka y el niqab siguen siendo lo que eran, un símbolo. Que ahora lo veamos en los centros comerciales de Alcobendas o Vic o en las calles laterales de Conde Aranda o Las Delicias no cambia nada. Y no me vengan con que las monjas también se tapan o que en algunos colegios religiosos españoles las niñas deben ir con falda. La intolerancia no se puede combatir con la estupidez. El laicismo y el aconfesionalismo. Perfecto. Pero primero el respeto, venga de donde venga.

En Holanda, país garantista y aún más, lo prohibieron. Pero aquí somos más modernos y complacientes que la puta que lo parió. Todo empieza a confundirse de modo muy desconcertante. En Alemania, una juez ha negado a una mujer de origen marroquí el divorcio inmediato de su marido, que ella solicitaba alegando la violencia repetida del hombre, citando un verso del Corán en el que se anima al hombre a castigar a su mujer por desobediencias u otras causas que ni me acuerdo, igual de peregrinas. Si una ley religiosa de cuando Cristo perdió la zapatilla está ahora por delante de las leyes en las sociedades occidentales, es que la cosa va para cualquier lado. Nos harían falta menos dirigentes dogmáticos y más responsabilidad y valentía. Pero tenemos a Llamazares y a esta pandilla... Eso sí que es un rayo divino.

[Pd: Advierto que estas líneas están escritas con el estómago, en forma de ventriloquía visceral, y no es demasiado recomendable escribir así: llevo cuatro días tratando de evitarlo pero no se me quita de la cabeza. No advierto que a nadie le importe demasiado. No creía que a mí fuera a importarme. Debe ser que siento dentro el caso de un queridísimo amigo cuya hermana se convirtió al Islam. Ella es feliz y bien que lo celebro. Ha tenido dos niñas y ahora vive en Marruecos. Perfecto. Pero me parece terrible y tristísimo no poder apenas saludarla cuando la veo, a ella... a la que he visto desde que éramos unos muchachos. Mi amigo me cuenta que su padre no puede poner siquiera el vino en la mesa cuando el matrimonio musulmán (su hija y su yerno, y desde luego sus nietas) vienen a casa. No dudo de que él sea un hombre estupendo. Desde luego ella no va tapada con el burka ni el niqab, sí con un velo sobre la cabeza. El matiz no importa. Ese mínimo ejemplo familiar escenifica para mí la contradicción de toda una sociedad. Y que me perdonen todos por usarlos como arquetipo. No sé ni por qué escribo sobre esto ni por qué lo hago con esta rabia].

24/03/2007 19:47 Autor: Mario. #. Tema: Hay 1 comentario.

25/03/2007

¡Árbitroooo, la horaaaaaaaaaaa!

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Cuando uno trabaja diariamente al lado de un equipo profesional y antes ha jugado al fútbol de crío, descubre que muchas cosas han variado o se hacen de modo desconocido a como se hacían antes en el ámbito amateur; pero también se advierte que otras muchas son exactamente iguales. Los futbolistas, por lo general, se comportan esencialmente del mismo modo en un equipo cadete y en uno de Primera División. Al final, se trata de jugar. En algunos lugares, la tecnificación aún no ha despedido algunos rudimentos. El otro día, en Glasgow, me emocionó un poco redescubrir una vieja fórmula de entrenamiento de cuando éramos niños en todo un Celtic de Glasgow: antes de empezar el partido, el segundo entrenador se ponía al borde del área y todos los jugadores en fila en el medio campo. Cada uno con una pelota. Se la tiraban en perpendicular al otro, éste devolvía la pared, y los muchachos disparaban a portería. Bendita ingenuidad.

A lo que vamos... Cuando de chicos jugábamos al fútbol, esa frase del titular era el grito de de los últimos minutos de un encuentro apurado, en el que teníamos los huevos por corbata y ya no había forma de parar a los contrarios, que se venían por todos los lados. "¡Árbitrooooo, la horaaaaaaaaaaaaaa!". Y fórmulas parecidas. Así terminó España el partido. España 2 Dinamarca 1. Y un hilillo de mierda corriéndonos muslito abajo: a los defectos que ya han hecho callo se van añadiendo otros. El más notorio de esta noche, una preocupante ausencia de carácter y confianza, al punto de que la Selección no ha podido sujetar en el Bernabéu a un rival mediocre, con diez jugadores desde el minuto 19 y un 2-0 en contra en el descanso. Ha marcado Morientes, el que no valía para el Mundial y que ahora juega en lugar de Fernando Torres, que era nuestra bandera en el Mundial. Y David Villa, el querido Guaje, que por lo visto sólo se ha hecho bueno una vez que ha llegado al Valencia. Cuando jugaba en el Zaragoza aún no era lo suficientemente bueno para ser titular en la Selección, aunque ya metía 15 goles por año... Por cierto que se pasó el Mundial saliendo cambiado en la segunda parte, con esas sustituciones preconcebidas tan habituales. Hoy, lo mismo.

La Selección de Luis Aragonés es una castaña roja, como esas castañas de mazapán recubiertas de caramelo encarnado que comíamos hace años. Pero sin ninguna gracia ni sabor ni dulzura. Alguien debería pedir la hora de verdad, y que este hombre dejara ya el puesto; y de él hacia arriba, hacia los lados e inmediatamente por debajo, todos. Los principales, quiero decir. Iñaki Sáez y todos esos... Por menos de lo que hace Luis, a Clemente lo tenían frito, demonizado y perseguido en tres cuartos de la prensa nacional. A Luis le pasan la mano por el lomo y bueno, oye, mira, lo importante era ganar y seguimos vivos... Y dale.  Que siga muchos años. Ya le ganaremos a Islandia, otro rival de agárrate que vienen curvas. Björk y algún Gustaffsson que seguro que habrá. Sugar Cubes. Islandia. Y luego Letonia. Otro hueso. Y Suecia. E Irlanda del Norte, que ya nos ganó.

Bueno, no sé, que hagan lo que quieran. A mí lo que me interesa es el Zaragoza. Luis no es aragonés.

25/03/2007 00:55 Autor: Mario. #. Tema: El deporte Hay 6 comentarios.

Fútbol y literatura semidesnatada

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Las maravillosas librerías británicas incluyen secciones interminables de libros sobre deporte. Sobre todos y cualquier deporte: no manuales de Pilates como los de El Corte Inglés, no... Uno puede encontrar en esos anaqueles de madera oscura cosas extraordinarias, e incluso leerlas si sabe el inglés suficiente... Los libros de fútbol a los que se refiere John Carlin se pueden leer sin saber inglés ni cualquier otro idioma. Hasta yo tengo alguno de esos. Generalmente, los escriben periodistas en algún rato libre. Recupero este artículo de jardín ajeno, una ironía nada sutil de Carlin acerca de la banalidad. En la foto, la futura señora de Rooney: las novias y mujeres de los futbolistas son otra cosa. Afortunadamente, siempre las hay que salvan a la especie. Pero a la prensa, y menos a la inglesa, no le interesan las esposas normalizadas; lo divertido está en las primeras damas, las victoriabeckhams y coleensmcculloughs...

John Carlin
El País

"Necesito un héroe, necesidad poco habitual cuando cada día nos trae uno nuevo".
(Lord Byron, poeta)

"Cuesta creer que la gente los compre y mucho más que se aguante el calvario de leerlos, pero casi es imposible moverse por la plaga de libros sobre fútbol que le acosan a uno desde el momento que pisa suelo inglés. Y no nos referimos únicamente a las autobiografías de jugadores que todavía están lejos de concluir sus carreras, pero que al menos tienen cierto renombre y talento, como Steven Gerrard, Frank Lampard o nada menos que, con sus 21 añitos, el eslabón perdido, Wayne Rooney.

Lo espeluznante es que TODO sobre el fútbol se considera digno de publicar en Inglaterra, no importa lo inocuo que sea el tema. En una tienda de revistas del aeropuerto de Heathrow, esta semana, lo que destacaba por su tamaño y posición era un libro sobre Alan Curbishley y sus años como entrenador del Charlton Athletic. Al lado, una biografía de Robbie Keane, suplente irlandés del Tottenham. Y otro -levanten las manos los que los conocen- sobre Shaun Goater, del Manchester City; Graeme Sharp, del Everton, o Bryan Gunn, portero del Norwich y del Aberdeen". (...)

Fútbol y literatura semidesnatada (Artículo completo en El País).

25/03/2007 14:06 Autor: Mario. #. Tema: De jardines ajenos Hay 2 comentarios.

Ceremonias de interior

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"Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan. ¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa".

(‘Instrucciones para dar cuerda al reloj', de Julio Cortázar)


Esta tarde era un domingo para no moverse de casa, un domingo para inventar ceremonias de interior, como anotó Julio Cortázar. No he conocido los domingos como él no conocía las noches, escribió, hasta una larga convalecencia que le obligaba a acostarse temprano. Si los conocí alguna vez, los he venido a olvidar con despreocupación, y eso supone una práctica ventaja para alguien como yo. Mira que venir a conocerlos ahora... Éste era un domingo para caminar por París, para tomar un café al abrigo del sol de marzo en Montmartre, mirando a los pintores, para anotar la tarde que se desprende en una habitación de un barrio gris en Viena, para bailar el tango en San Telmo, Buenos Aires, para sortear a sus anticuarios, para demorar un té en el moroso crepúsculo del Támesis, en Londres, para aguardar el amor o una lectura en un parque de la gran Nueva York. En el pequeño parque modesto bajo mi casa me he detenido al mediodía; niños y jóvenes padres; parque gris de invierno, reverso pardo del verano. Fútbol en la cancha que es una jaula. El oso del parque no está y no sé dónde ni cuándo estuvo. Este domingo es distinto: para escribir en una habitación fría, vestido con un abrigo y una bufanda de lana deshilachada, en el París del XIX, como los escritores bohemios, cafés tuberculosos, artistas muertos. No soy nada de eso. Yo estoy vivo.

Mis domingos quizás son los domingos de todos los demás, pero desde el otro lado: una mañana vacía, un almuerzo sin sobremesa, un partido de fútbol, la obligación presurosa de un artículo que ha de ser (yo quiero que sea) el mejor de la semana. Casi nada más. Esta mañana era un domingo con una hora de menos. La madrugada suprimió una hora y yo aguardé despierto ese traspaso del tiempo, esa hora extraviada, ese vacío decidido en los relojes. Entre las dos y las tres no hubo nada salvo la noche repetida. Nada existió. De golpe, todo quedó suprimido en un angustioso reset inaudible, antes de regresar a la vida sin atisbo de variación, en el segundo siguiente, quizás en la décima o la centésima de segundo consecutiva. Yo no vi nada, no advertí nada, aunque permanecía atento. Todo me pareció igual antes y después. Todo me pareció. Entonces, un comercial de televisión me trajo la voz imperfecta de Cortázar, tan perfecta, el resbalón sobre las erres cuando habla del reloj. Como a Borges, como a Hawking, como a Cortázar, a mí también me fascina el tiempo en los relojes, esa convención tan bella, ese pequeño infierno florido, esa cadena de rosas, ese calabozo de aire. A Borges lo fascinaban los relojes de arena; a Cortázar, los relojes de pulsera; a Hawking, los relojes cósmicos, vacíos y profundos y oscuros, que contienen todos los tiempos el tiempo.

Hace tiempo que sueño un cuento que en el sueño se titula La hora extraviada. En la frontera de los días, en la línea de la hora, en medio del océano Pacífico, donde comienzan los husos horarios, se pierde un hombre. En ese espacio impreciso que he interrogado en las enciclopedias, en los cuadernos de bitácora, en el recuerdo de los navegantes. Un hombre se pierde en ese espacio impreciso, tal vez cerca o lejos de las Islas Cook, tal vez en un accidente aéreo o en el naufragio de un barco. En su desesperación por la supervivencia, desfallece sostenido por un salvavidas y transgrede en repetidas ocasiones la línea del tiempo. Naturalmente, a estas alturas es fácil imaginarlo, cuando despierta en tierra, señalado por un sol muy alto que lo ciega y lo abrasa, descubre que ha retrocedido a una edad imprecisa. A partir de ahí, aguardan párrafos que no he modelado ni siquiera en este sueño despierto de las palabras: el descubrimiento y la angustia primera de un robinsón, la supervivencia, la nostalgia, un pueblo que lo acoge a su pesar, un amor; dos islas, la propia y otra que corrige la rutina del horizonte azul, una expedición solitaria y desesperada y esta paradoja: la otra isla permanece en el tiempo actual, el que fue suyo, el que extravió el hombre. Y el dilema que aún debo resolver para que él lo resuelva: el amor, ahora inflamado de forma decisiva y vital, o el regreso a su tiempo, a los suyos, a sí mismo.

Para escribir hay que pensar. Leer y pensar. Leer y pensar, con pesadumbre, como Cortázar en la imagen. A media tarde, el sol iluminaba una mariposa de madera china que le compré a Alicia y que nunca le regalé, porque ella no la quiso, no le gustan las mariposas. No le gusta su aleteo demasiado veloz para advertirlo, la imprevisible dirección, los dibujos coloridos que a veces dibujan formas monstruosas: un par de ojos, un tótem indio, un abstracto temor. Y ese cuerpo alargado de mosquito atroz, el horror oculto en el cromatismo exagerado y hermoso. Mi mariposa aguarda quieta, prendido su cuerpo de una larga varilla de metal que enterré en la tierra húmeda que sustenta un pequeño tronco de Brasil. Para volar me precisa. Sin mí no es nada. Necesita que mi mano la agite en vertical y así sus alas golpean en el aire, arriba y abajo, y sueña que vuelo o yo imagino que lo hace. Es amarilla y rosada y violeta y encarnada. Esta tarde de domingo, un muelle se ha desprendido levemente de su lugar y mi mariposa de madera exhibe un torpe aleteo torcido y desigual.

[Foto: Cortázar en acción].

25/03/2007 17:04 Autor: Mario. #. Tema: Los días No hay comentarios. Comentar.

28/03/2007

El ojo de Kevin Carter

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Los fotógrafos suelen ser gente temeraria. Quizás ellos sólo se consideren a sí mismos valerosos o consecuentes. Tal vez los más atrevidos, de entre los famosos, fueran estos muchachos surafricanos: Gregg Marinovich, Joao Silva, Ken Oosterbroek y Kevin Carter. A principios de los años 90, sobre el fondo de un país que liberaba a Nelson Mandela y preparaba el violento desalojo físico y moral del apartheid, estos cuatro resolvieron unirse para documentar la ocasión. Durante varios años fotografiaron la muerte y la destrucción, en sus acepciones más atroces. Suráfrica despertó de la feroz represión afrikaaner con la conciencia embriagada por una maraña de odios diversos, igualados por su esencial brutalidad. Marinovich, Silva, Oosterbroek y Carter salían a la calle antes del amanecer, cargados de café y de rollos de película. Esas horas inciertas eran las más violentas, las más terribles. Y ellos siempre estaban ahí, midiendo luces y sombras, artistas extremos de la vileza. Eran socios, eran amigos, eran libres, eran buenos. Fotografiaron linchamientos, fotografiaron balazos, fotografiaron refriegas, fotografiaron el fuego que consumía todo. Marinovich ganó el premio Pulitzer por la foto de un hombre que corría envuelto en llamas. Lo habían quemado vivo: "Huía del dolor", explicó.

Desde mucho antes ya se les conocía como el Bang Bang Club. Cuando Nelson Mandela alcanzó el poder en 1994, su leyenda había volado en cualquier dirección y en todas a la vez. Publicaban en los medios más prestigiosos, eran amigos, célebres y elitistas. No dejaban participar de su estilo ni de su experiencia a ningún fotógrafo ajeno a su cerrado círculo. En el fondo de sus fotografías había una humanidad exacerbada, tanto que había transgredido los límites hasta tomar la forma de un severo interrogante. Kevin Carter era, de los cuatro, el más inestable y tal vez por eso el más próximo a la genialidad. Sobre el borroso fondo de la tragedia externa pululaba la interior. Esa intimidad con la destrucción lo aproximaba al drama ajeno y de algún modo lo situaba por encima, lo suficiente para imponer el disparo a cualquier otro impulso. Pero esa batalla se fue cobrando prisioneros y víctimas invisibles, al tiempo que ordenaba en su conciencia un ejército de preguntas cada vez más sonoro. En 1993, agobiado por lo que creía una carrera estancada, Carter decidió visitar los campos de refugiados de Sudán, país sometido a una hambruna implacable. Joao Silva viajó con él y juntos retrataron el horror. Cierto día, Carter se acercó a Silva, excitado, y le contó: "Le estaba sacando fotos a una niña arrodillada, que apoyaba la cabeza contra el suelo, y de repente un buitre gigante se posó detrás de ella. Seguí disparando, y después espanté al buitre". Cuando trató de mostrarle el lugar, el animal ya no estaba por ninguna parte. Pero la niña seguía ahí, vencida por el hambre. Ninguno de los dos la ayudó a llegar al comedor, que estaba apenas a cien metros.

La foto de la niña y el buitre acechante se hizo mundialmente famosa. La publicó el New York Times y miles de lectores se comunicaron con el diario para conocer el destino de la famélica niña y qué había hecho el fotógrafo para auxiliarla. Kevin Carter hubo de reconocer que no había hecho nada: "Supongo que alcanzó el comedor de alguna forma", fue todo lo que acertó a contestar. Pocos días después, a su amigo Ken Oosterbroek lo alcanzó una bala perdida en Thokoza, el suburbio más peligroso de toda Suráfrica. Joao Silva fotografió su agonía. Marinovich escribió: "No podía hacer otra cosa. A Ken le hubiera gustado ver las fotos al otro día. De hecho, Joao pensó que Ken, siempre tan preocupado por su imagen, hubiera preferido fotos donde el pelo no le tapara la cara. A fin de cuentas, Ken era el profesional consumado, el que le había enseñado que primero se sacaban las fotos y después se lidiaba con los demás". Oosterbroek murió camino del hospital. El ejército interior de Carter había quedado completo. Ganó el premio Pulitzer por la foto del buitre y la niña. Cuando se lo comunicaron estaba tan colgado de Pipa Blanca, una fatal mezcla de mandrax y marihuana a la que era adicto desde hacía años, que ni siquiera entendió lo que le decía la voz al otro lado del tubo. Cuando se repuso del cóctel psicotrópico, anunció: "Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella. No me gusta verla, la odio". Sólo cuatro meses después, el 27 de julio, Kevin Carter redactó una nota de ocho folios, ató una manguera al tubo de escape de su camioneta, introdujo el otro lado en la cabina, y conectó simultáneamente su walkman en los oídos y la llave de contacto del vehículo. En la nota se leía: "Voy a reunirme con Ken... si puedo". Tenía 33 años.

Canal+ recuerda estos días la historia en el documental La muerte de Kevin Carter, que aún no he visto. Hay un segundo documento aún más valioso... Marinovic y Silva registraron sus experiencias por escrito. El resultado es Snapshots from a hidden war ('Instantáneas de una guerra oculta'). Manic Street Preachers le tributaron una canción de su soberbio álbum Everything Must Go, quizá el mejor de su carrera. El tema se llama, simplemente, Kevin Carter. Antes de la música una voz en off dice: "The eye... it cannot choose but see". El ojo no puede elegir, sólo ve.

28/03/2007 03:07 Autor: Mario. #. Tema: Los días Hay 3 comentarios.

29/03/2007

José Ángel (se va) de la Casa

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A José Ángel de la Casa lo han prejubilado. Como a un buen número de los narradores y periodistas que han contado el deporte en televisión en los últimos 30 años: Pedro Barthe (baloncesto), Pepe Ruiz Orland (lo extraño estos días en los Mundiales de natación), Gregorio Parra (extraordinario y apasionado contador del atletismo), Luis Miguel López (balonmano), Valentín Requena (lo único que me llamaba la atención de las motos eran sus crónicas in situ para el Telediario), José Recio (fútbol sala, remo y piragüismo, judo...) o Juan Manuel Gozalo (Radiogaceta de los Deportes en RNE). El expediente de regulación de empleo no se detiene ahí, alcanza a clásicos como Antonio Gasset (Días de Cine), o Rosa María Calaf, una de las mejores corresponsales imaginables, en Rusia, en Estados Unidos, en Asia-Pacífico... La edad ya no se lleva. La experiencia es cara. A la ingeniería financiera le trae al pairo el periodismo, una máquina de hacer churros para la que ya vale casi cualquiera. Yo tampoco echaré de menos a todos, a algunos sí. Pero siempre se fueron unos y quedaron otros que reconstruyen nuestra conciencia. De chico miré los deportes siempre con la voz del cadavérico Héctor Quiroga (aún recuerdo que el primer partido de la NBA que vi jamás, una final que los Celtics le ganaron a los Lakers en 1981 o 1982, la narró Héctor Quiroga); y por supuesto Juan José Castillo. A José Ángel de la Casa lo observo en ese mismo nivel de referencia. Esta noche ha contado el último gol de Iniesta con la misma calma descriptiva de siempre. Luego, con notoria incomodidad, se ha despedido así: "La Selección sigue, el fútbol sigue en Televisión Española con otros compañeros. Yo me despido de todos ustedes y permítanme que, después de 30 años, les diga que ha sido un placer y que espero que para ustedes también lo haya sido". Discreto y tímido hasta el último día, incapaz de sostenerle la mirada al ojo neutro de la cámara.

Tengo la impresión de que ponderar el estilo narrativo de José Ángel de la Casa es como jugar fuera y a la contra: a la gente le aburre José Ángel de la Casa. Su estilo sobrio, monocorde, ajeno a la estridencia o al vicio de sobreponer su voz ni sus comentarios a la acción, al juego. La serenidad ya no se lleva. Tampoco la sobriedad. Vivimos en la cultura de la risa y el entretenimiento, en el reino del trazo grueso y el descuido de las formas, en el tiempo de las fórmulas extremas, las opiniones militantes y el argumento ruidoso. Hay que ver el fútbol con el volumen bajito. Últimamente me descubro con frecuencia viendo los partidos por televisión sin ningún sonido, ni radio ni televisor. Los chicos del PPV, algunos de ellos, me resultan francamente molestos. Ha ganado el estilo radiofónico y el silencio no existe. Querido silencio... Parece que lo temen o lo aborrecen, de forma que rellenan los espacios muertos con profusión estadística, repaso veloz de la trayectoria de tal o cual jugador, consideraciones colaterales. Mera vacuidad parlanchina. No lo aguanto. Me gusta Carlos Martínez (Canal+), aunque enfatiza demasiado para mi gusto, y tiende a la grandilocuencia: su tono medio me resulta excesivamente alto. De los demás no me gusta ninguno. Ni Manu Carreño ni José Antonio Luque ni Juan Carlos Rivero ni JJ Santos. Salvaré a Paco Grande. De Andrés Montes no diré apenas nada, por afecto (lo conocí personalmente, de forma ocasional, y me pareció un tipo formidable, singular, apasionado y de análisis muy certeros) y porque me encantaba en la NBA. No me gusta en el fútbol por La Sexta. Le veo un problema de ritmos y contrapuntos: en el fútbol todo sucede más despacio que en el baloncesto, donde siempre está a punto de ocurrir algo que se anticipa al estilo apremiante de Montes; y sólo Daimiel (y antes Segurola o Luis Gómez) supieron entender que no podían intentar ser más graciosos que Montes, sino que el secreto consistía en la mezcla, en la oposición de estilos, en no seguirle la cuerda. Daimiel era el maestro en eso. Cuando Montes lo interpelaba con una de las suyas ("Daimiel, ¿por qué el novio nunca sonríe en las fotos de la boda? o "Daimiel, ¿por qué ya no nos miran las chicas?"), el otro hacía un agudo comentario técnico referido estrictamente al partido, o acudía a la crónica en rosa que tan célebre ha hecho. Eso dejaba la boutade flotando en el aire.

Por lo demás, en el fútbol contado por televisión ha triunfado el formato de la radio. A mí me gustaba el sobrio estilo británico, hecho de locución perfecta, un ojo velocísimo y la velocidad mental para definir con precisión matem&aacut