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01/05/2007
Chicago Bulls y el 'principio Riley'

Yo soy hombre de playoffs, como Robert Horry, ese tipo indolente que despierta cada primavera como los osos, a tiempo para las canastas decisivas. Entiendo que lo menos que me he ganado después de casi 25 años de ver la NBA es el derecho a saltarme la Liga Regular e ir directamente a las eliminatorias. A modo de anotación histórico-personal diré que el primer partido de la NBA que vi jamás fue el séptimo de la final entre los Boston Celtics y Los Angeles Lakers en 1984: me la dejó grabada en vídeo Joaquín Ruiz y narraba el partido Héctor Quiroga; la Quina había guardado el partido a continuación de la victoria de Severiano Ballesteros en el Open Británico, ese mismo año. Lo vi tantas veces que acabé por aprenderme de memoria los planos. Al año siguiente yo mismo grabé el sexto y definitivo del triunfo de los Lakers en el Boston Garden, con aquel gancho del cielo que metió Kareem Abdul-Jabbar desde la esquina, desde la misma esquina. Y la ovación sostenida de la vieja cancha de los Celtics, con su tarima de cuadrados regulares y las paredes desconchadas de puro orgullo, cuando Kevin McHale hizo su sexta falta y se largó a casa derrotado pero con 36 puntos. Jabbar fue el MVP de aquel año. Yo creo que Jabbar es el mejor pivot que vi jamás, o el que más me impresionó de todos...
Así que durante el año miro la NBA de reojo y en abril me pongo en serio. Este año más que nunca, porque los Bulls han vuelto y los Bulls son mi equipo y lo han sido incluso durante esta larga travesía del desierto de la que ahora parecen surgir. Por fin, para aquéllos que fatigamos las madrugadas y los amaneceres durante el tiempo que duran seis anillos (guardo todos los vídeos de las finales), por fin un equipo del que podemos no sentir vergüenza. Los Bulls de Scott Skiles, un entrenador de aspecto improbable, un Rafa Benítez del baloncesto, se han llevado por delante 4-0 en la primera ronda de los playoffs al último campeón: Miami Heat. Verdad que Miami ha tenido un año de perros, marcado por lesiones en sus dos jugadores clave (Shaquille y D Wade), pero aún son Miami; el mismo equipo que arrasó a los excitantes Phoenix Suns en la última final. Un equipo con Jason Williams y Gary Payton de bases (ahora diremos que Williams es un loco y que Payton está de vuelta... pero el año pasado jugaron como ángeles); con Alonzo Mourning, Shaq y Antoine Walker por dentro; con Wade, Haslem o el francotirador Kapono por fuera; con secundarios como Posey... Y Pat Riley en el banquillo. El viejo y querido Riley, que ya salía en la cinta que yo vi en el 84, dirigiendo a los Lakers. Esos Miami Heat han sido devorados por la ola de Chicago, un equipo que cumple con el nuevo patrón de juego de la NBA: jugadores veloces, tiradores, atléticos, exteriores. Sobre todo exteriores. Luol Deng, Ben Gordon y Kirk Hinrich al frente. Un trío incontrolable, en el más amplio sentido de la palabra.
El patrón ha cambiado. La NBA ya no la ganan los grandes pivots, sino los jugadores exteriores, el baloncesto por afuera. El centro de gravedad del juego ha girado, y esto no lo digo yo. Lo dice el mismo Pat Riley, que fue campeón el año pasado con su decálogo de toda la vida + Wade, que hizo la diferencia: "Este juego se ha convertido en un juego de velocidad. Yo siempre he sido un entrenador orientado al juego interior, y el baloncesto me bendijo con la posibilidad de dirigir a cuatro de los mejores jugadores de todos los tiempos: Kareem (Abdul-Jabbar), Patrick (Ewing), Zo (Mourning) y Shaq (O'Neal). No sé hacerlo de otra manera". Riley hablaba de los Bulls, pero también de los Phoenix Suns (equipo al que tengo la esperanza de ver campeón, a no ser que lleguen contra los Bulls), de los New Jersey Nets (que viven de los enloquecidos Jason Kidd y Vince Carter), o de los emergentes Golden State Warriors (a los que aún no he visto pese a las vehementes recomendaciones de JSolans). Eliminado su equipo por las malas, la despedida de Pat Riley en la rueda de prensa fue de leyenda: "Nos vemos en algún lugar por el camino... o en la utopía". Sólo alguien como él puede decir algo como eso.
Así que ahí están los Bulls y yo lo celebro. Hacía siete años que ni yo ni nadie los veíamos pasar una sola ronda de playoffs: concretamente, desde aquella canasta final de Jordan frente a los Utah Jazz para el sexto anillo de la dinastía zen de Phil Jackson. El año pasado los Bulls dieron un aviso que observé con emoción, y acto seguido se llevaron un mangazo. En los últimos tiempos han fichado a Ben Wallace y a Nocioni, entre otros; no parecía suficiente pero, de acuerdo al principio Riley, era suficiente porque lo interesante había de hacerse por fuera: gente joven, vigorosa, atrevida, como Gordon, Deng o Hinrich, un base anotador, con tendencia a meter canastas arteras o rajarte de arriba abajo con velocidad y disparo. En algunos momentos recuerda al inagotable John Stockton con un par de velocidades más, las que Stockton había licuado en pura inteligencia y conocimiento. Con eso y algo más (Duhon, Sweetney, PJ Brown), los Bulls acaban de barrer a los Heat y jugarán la semifinal de conferencia contra un equipo de pellejo duro como Detroit Pistons, un equipo que tiene un poco de todo y un mucho de todo. Webber y Rasheed Wallace; Billups y Lindsay Hunter; Richard Hamilton (aquel jordanito de los Wizards que quería mandar más y tirar más que papá Jordan con 40 tacos), Carlos Delfino, el alargado Tayshaun Prince. Es decir, una roca.
Ahora que pienso en el principio Riley, pienso en que aquellos Bulls de Jordan ya eran el anticipo de una tendencia posterior: un equipo velocísimo, agraciado con un jugador sobrenatural como Jordan. Pero el principio ya estaba ahí. Los pivots siempre fueron secundarios encargados del trabajo sucio: Bill Wennington, Luc Longley, Horace Grant, Dennis Rodman o los viejos Charles Oakley o Bill Cartwright. El asunto de verdad se jugaba por afuera, en una defensa extraordinaria y sobre todo en las hipotenusas ocultas del triángulo ofensivo que había inventado Tex Winter, donde todo giraba en vórtice armónico en el que el centro de gravitación siempre era el mismo: John Paxson, Steve Kerr, Ron Harper, Toni Kukoc y desde luego Scottie Pippen. Todos en órbita con Michael Jordan...
Han vuelto los Bulls. Voy desempolvando las gorras de los días grandes, que llevan guardadas en una caja desde la madrugada en que Jordan hizo aquella paradita con suspensión con la que cualquier otro ser humano se hubiera reventado las rodillas.
[Foto: Luol Deng en actitud jordanesca: pasa por encima de Shaquille uno de los martillos exteriores de los Chicago Bulls, el jugador que ha tirado del equipo en esta victoria sobre el campeón Miami. En su tercer año en la NBA, Luol Deng se está consagrando a un nivel excelente].
02/05/2007
Todos los caballos son del Barça

Tengo dicho hace tiempo que si verdaderamente el Real Madrid quiere desmontar el garito azulgrana durante unos años, al modo en que lo hizo Florentino con el fichaje de Luiz Figo, debería fichar a Mourinho. Otra cosa es si la crítica soportaría la colección de tractores que el portugués despliega en cada partido, al menos en el Chelsea, donde unos jugadores se parecen mucho a otros y todos se hacen borrosos en el conjunto de un equipo que suele comportarse como un agujero negro: se traga todo el fútbol del contrario y lo reduce a polvo cósmico. No sé si eso funcionaría en un lugar en el que Capello ya es anatema; ignoro si Mourinho tiene más registros como entrenador. Pero su mezcla de agitación, enfrentamiento, denuncia, sospecha, psicología, ansiedad, competitividad, ambición y talento convertiría la rivalidad de estos cien últimos años entre Madrid y Barcelona en un juego de niños. Yo creo que el Barcelona no podría superar el martillo que supone Mourinho y se derrumbaría a la mínima. Pese al evidente dominio de las dos últimas décadas, de Cruyff aquí, a la imposición de un estilo que ha mejorado el fútbol español, a las victorias y a los jugadores, el Barcelona aún se siente menor, vulnerable, agraviado y, por qué no decirlo, perdedor. Es el peso de la historia. ¿Por qué los caballos son desconfiados y tienen los ojos en los lados de la cabeza? Porque durante miles de años de evolución natural fueron presa de otros bichos nada equitativos (precisamente), y permanece en ellos ese acollono atávico tan barcelonista. Conclusión: todos los caballos son del Barça.
Es buen momento para tentar a Mourinho, porque el Chelsea acaba de concluir que, de nuevo, no va a ganar la Champions. Su gran reto. Un desafío de proporciones históricas y naturales, porque el Chelsea nunca ganó una Copa de Europa (y mira que la ganaron el Nottingham Forest, el Aston Villa, desde luego el Liverpool y el Manchester United, y hasta el Celtic de Glasgow... que es escocés pero vale para explicar el caso), y cualquier ascenso a una clase superior, como el que ha protagonizado el equipo de la calle Fulham, precisa la sanción de una Copa de Europa:no basta con ser reconocido como uno de los equipos más potentes de Europa. Hay que llegar y ganarla. O al menos llegar. El Chelsea, equipo burgués por antonomasia en Inglaterra, se va a quedar sin la Champions, se va a quedar seguramente sin la Liga (el Man United le tomó cinco puntos de ventaja el sábado) y habrá que ver si gana la final de la Copa, también al United. Si completa el batacazo, va a arder el petróleo de Abramovich. Hay que decir algo antes de seguir: el Chelsea perdió a los penaltis contra Reina, pero no llegó ni a merecer una hipotética victoria. La lotería de los penaltis, como la llaman, es una mentira de primer orden: no hay lotería, hay talento y condiciones, capacidad, manejo de la ansiedad y del cansancio. En definitiva, que no es coincidencia que Reina, un portero explosivo, velocísimo, de intuiciones portentosas, detuviera dos penaltis. Y además hay que tirarlos bien. Guillem Balagué defiende esta alegre teoría mía con datos en el AS, no como yo: el Liverpool ha ganado diez de sus últimas once tandas de penaltis en Europa. Eso no es una lotería; como no es una lotería matar bien a un toro.
El Liverpool constituye el caso contrario del Chelsea. Con muchos menos recursos, Rafa Benítez lo ha situado un par de escalones o tres por encima de su valor real: dos finales de Copa de Europa en tres años, una de ellas ganada a un equipo mayor como el Milan. Espero estar en Atenas, en la final. Porque es el Liverpool -equipo preferido siempre- y porque es Atenas. Y ya lo explicaré si hace falta. Espero que sea contra el Mancheste United, por mi amigo Andy, porque el ManU me parece el mejor de los tres equipos ingleses (de lejos) y porque esa rivalidad vieja entre los dos grandes de Inglaterra quedaría preciosa en una final europea. El Liverpool ya está ahí, esperando. No jugó un gran partido, pero jugó una buena parte del partido necesario: el testicular. Su argumento fundamental estuvo en la energía, en la presión, en el ritmo, en la osadía, en la velocidad y el deseo. Fue un equipo inflamado al que, con el paso de los minutos, se le fue quedando al aire la escasez de medios. No encontró manera humana de meterle mano a la roca azul. Donde siempre estuvo soberbio fue atrás, aunque Mourinho y su Chelsea abandonaron a Drogba de forma excesiva. Zenden es un jugador flojito, ya lo sabemos; Pennant es además desordenado; Crouch y Kuyt no pudieron del todo y sus cambios fueron Bellamy, un loco de iluminaciones repentinas y ocasionales, y Robbie Fowler, que vive congestionado por el tiempo. Su mejor línea es el medio campo: Xabi Alonso, Mascherano (esfuerzo oceánico el suyo en este partido), Gerrard... Y la portería. Y sobre todo Benítez. No me gustan los equipos de autor, sobre todo cuando el autor viene a ser un entrenador de tendencias obsesivas al que el fútbol le cabe en un abecedario de gestos ininterpretables, al modo de las crípticas señas del béisbol. Pero le tengo que reconocer (y agradecer) a Rafa Benítez su conquista de Anfield con un manual de disciplina del deseo que ha sido capaz de sobreponerse a todas las imperfecciones de su equipo. Y lo mejor es que su equipo lo ha seguido. En el Liverpool, creer en la grandeza resulta sencillo.
[Foto: Mourinho, sobre el fondo de un banderón scouser. La foto es de Anita Maric, de Efe]
03/05/2007
Que se mueran los guapos

Gennaro Gattuso juega al fútbol con los hombros cargados, pero de forma algo mitológica transporta su carga con una ligereza asombrosa. Si fuera por los demás, por muchos críticos, Gattuso apenas podría caminar por el campo o por la vida, aplanado por los prejuicios que convoca su figura de apretado gladiador, con la osamenta reconcentrada en un cuerpo nervioso, hecho de rabias divergentes. Cuantos más prejuicios recaen sobre un individuo, más me interesa el individuo. Cuanto más se empeñan los prejuiciosos en convertir al personaje en un espantapajaros, más me atrae el personaje. Los prejuicios se convocan unos a otros y se reúnen en afanosos grupos, como bolas de acero imantadas, que hacen mucho ruido y siempre se otorgan la razón sin discusión, con metálicos asentimientos. En ese sentido se parecen un poco a los elogios, que también tienden a la comunidad cacofónica y repetitiva. Cristiano Ronaldo representa la versión opuesta de Gattuso; el portugués es un tipo tan agraciado y de acabados tan finos que parece más de lo que es. A mí me lo parece. Le quedan exactas hasta las arrugas empapadas de la camiseta y los caracolillos bajo la lluvia. Uno es antónimo de otro: Gattuso acostumbra a parecer menos de lo que en realidad es. Su mueca ignora la ternura.
He oído a magníficos críticos de fútbol, a excelentes conocedores del mercado mundial del fútbol, a personas con un criterio irreprochable en el juicio analítico de los futbolistas, decir que Cristiano Ronaldo es ahora mismo el jugador más cotizado del mundo. No lo dudo. El mercado se comporta de acuerdo a muchas variables, en el fútbol y en todos los órdenes. Respecto a Cristiano Ronaldo yo siempre digo lo mismo: vamos a verlo fuera de Inglaterra. Porque lo he observado frente a los generosos defensas de la Premier y siempre me ha asaltado la tentación de pensar si haría lo mismo en España; y ya no digamos en Italia. Lo digo porque yo he visto llegar a Gullit con treintaimuchos años al Chelsea y, en su debut en Stamford Bridge, plantarse en el medio campo y jugar como si estuviera rodeado por niños de EGB, con una superioridad que iba más allá de la prestancia de un jugador que había sido extraordinario en el escenario más feroz y en todos los escenarios. Cristiano Ronaldo, un futbolista muy bonito, un muchacho muy hermoso, casi efébico con sus rizos de brillante carbón, su cara perfilada en porcelana, la depilación de las cejas, la precisa metrosexualidad de sus bicicletas y firuletes, ha pasado por el partido de esta noche en San Siro como una sombra acartonada, como un soldadito de plomo. En una de las últimas jugadas del encuentro, cuando el Manchester United no era ya más que un triste guiñapo bajo la lluvia y el Milan, me ha resultado patético ver a Ronaldo ensayando una de sus fútiles maravillas para morir emboscado por tres milanistas. Ronaldo no ha sido nadie; ni comparado consigo mismo ni comparado con Kaká, Seedorf, Pirlo o Gattuso.
No es que el ManU haya perdido por Cristiano. Ni que el Milan haya ganado por Gattuso. El United ha perdido porque le ha caído encima un equipo superlativo en Europa; y demoledor en un encuentro en el que ha sido superior en todos los órdenes: el físico, el táctico, el decisorio, en la calidad, en la experiencia, en los rendimientos individuales. Un 3-0 no precisa demasiadas explicaciones, aunque tal vez Enric González advierte algunas líneas de fuga interesantes en una primera crónica que ha dejado para El País, y que titula: "Un Milan diabólico devora al Manchester". El United no ha encontrado respuesta, en ningún aspecto, en ningún lugar del campo, en ningún hombre. Hay varias fotos por ahí en las que aparecen sus jugadores sacando de centro bajo la lluvia y dan ganas de oír a Bob Dylan y su clásico: "A hard rain's gonna fall". Va a caer una buena... De un modo tan implacable como necesario, los grandes partidos, las ocasiones señaladas siempre exigen a los futbolistas que viven en la cúspide de la jerarquía. El juicio es sumario pero no definitivo, porque el fútbol concede reválidas: por el momento, Cristiano Ronaldo ha fracasado; mientras Seedorf y Kaka salen como triunfadores del partido. Nuestro personaje favorito, Gattuso, jugó con el entusiasmo habitual y mucho sentido del fútbol, a pesar de lo que se diga. Uno se pregunta qué tienen Albelda o Makelele que no sobrepase por diez pies Gattuso, y por qué con ellos caben los eufemismos (jugador necesario, trabajo sucio, hombre de equipo, pilar básico, columna maestra) mientras al italiano se le considera un cáncer, un atropello del juego, un asesinato del presunto canon. Yo veo en él a una víctima del pensamiento único, digámoslo con excesiva prosopopeya. Porque Gattuso es el primero que se mofa de su propio personaje, al que alimenta sin problemas. Enric González dejó una semblanza magnífica del milanista hace algunos días en sus Historias del Calcio: Gruñido. Y ahí contaba una anécdota excelente de Gattuso que define a este hombre.
Por lo demás, se repetirá en Atenas el encuentro de hace dos años: Milan-Liverpool. Dos de los grandes y con una cuenta pendiente. Una contienda de estilos y naturalezas contravenidas: por momentos el Liverpool de Rafa Benítez parece una versión edulcorada de algún equipo italiano; por momentos el Milan juega con el fragoroso entusiasmo de una escuadra británica. Nunca parecieron más ingleses que bajo la lluvia esta noche en San Siro. Buena parte de culpa la tiene Gattuso, el enemigo público. Un futbolista que concibe cada segundo del partido como un privilegio al que hay que devolverle la ofrenda del esfuerzo inteligente. Carlos Martínez ha dicho que sería un magnífico compañero de trinchera. Y es verdad, pero no sólo eso. Yo disfruto viéndolo jugar... Y que se mueran los guapos.
[Foto: la bella y la bestia, bajo la lluvia. Gattuso persigue concienzudo al grácil Ronaldo, una mariposa blanca bajo la lluvia].
04/05/2007
El cuerpo del Rey

Le he hecho un seguimiento moderado al asunto éste de la nieta del Rey. No es para menos. El despliegue informativo resulta enternecedor, portentoso, emocionante. Se trata de una gran noticia, como lo demuestran los titulares que he reunido en esta selección, hecha a voleo en un diario de referencia como es El Mundo. La muestra atiende a un desordenado orden cronológico, pero me parece notable:
- "La segunda hija de los Príncipes se llama Sofía". (Ahí está el notición, sí señor; de ahí en adelante el resto del día -como dice el personaje de Kevin Spacey en 'American Beauty' mientras practica el onanismo matinal en la ducha-, de ahí en adelante el día va a peor).
- "El cordón umbilical se quedará en Madrid" (un cordón umbilical con voluntad propia, ya era hora).
- "El Príncipe cuenta cómo nació su hija Sofía". (El pormenorizado relato incluía dos detalles que eran para el primer párrafo de la información de libro: hubo cesárea y la niña se parecía "bastante" a su hermana Leonor).
- "Sofía, un nombre de origen griego y cargado de referencias clásicas que significa 'sabiduría". (Para mí, este titular marca el inicio en este caso de lo que bien se ha dado en llamar 'periodismo de investigación').
- "Consejos para que Leonor no pierda 'el trono". (Nótese que le agregan comilla simple al sintagma 'el trono': cosa de que el lector, que generalmente es un pelele sin entendimiento como bien sabemos todos los periodistas, se percate del sutil juego de palabras que el redactor ha querido introducir en su titular: el trono por lo de 'la trona'. Este titular es buen reflejo de que van pasando las horas en las redacciones y se viene la inevitable tormenta de ideas: cómo convertir un sms en un puñado de páginas. Y encima con el equipo del domingo, que es la redacción adelgazada a la mitad, más los becarios a los que han traído a lazo porque no se pueden negar, menos los de Deportes, que no quieren saber nada del mundo exterior hasta que Nadal y Federer no jueguen la 'batalla de las superficies' en Antena 3. El periodismo, ay, el periodismo).
- "La infanta Elena: 'Sofía come muy bien". (Por fin un testimonio, joder, ya era hora: una foto de alguno de la familia llegando en su coche de gran cilindrada y sale la portada sola).
- "El signo de Sofía". (Esta reflexión hay que leerla).
- "El Rey visitará hoy a la infanta Sofía". (¿El rey? Ah, sí... el Rey. El del mensaje de Navidad y ese que sale en los documentales de recuerdo del 23-F. El Rey. ¿No jodas que no había venido el Rey aún? No. Ah. Que majo y qué próximo es ese hombre, ay).
- "Leonor visita a su hermana". (No me digas que no es una monada).
- "La infanta Leonor se escapa de la mano de su padre". (qué rica).
- "El Príncipe dice que Letizia y Sofía saldrán de la clínica 'probablemente' el viernes". (Sobrio, directo, informativo, académico: un grandísimo titular se mire por donde se mire. Ni siquiera lo desmerece el 'probablemente' -los condicionales no se admiten en los titulares-, porque lo ha dicho Felipe, va entrecomillado y ahí es nada el tema).
- "Leonor vuelve a visitar a Sofía". (Es igual que Alfonso XIII, mírala... ¿Leonor? No, Sofía. ¿La infanta? No, la madre).
- "Paz Vega da a luz a su primer hijo y comparte protagonismo con la princesa Letizia" (en cuanto le zicatrize la zicatriz a Letizia, se va a enterar la Paz Vega esa de los cojones, robándole protagonismo a la prinzesa del pueblo.... Por cierto, que el hijo de Paz Vega se llama Orson, apunto: como un director de cine y muchos perros, pero creo que se lo ha debido poner por el director de cine. Porque esta chica es actriz, no sé si estáis en el tema...).
- "El Rey: 'La niña es muy mona". (Como a menudo le ocurre a Hommer Simpson con Maggie, su niña pequeña y prescindible, podría ser que el Rey hubiera olvidado por un momento el nombre de 'la niña', dado el nivel de jet-lag con el que este hombre se presenta en los partos).
Se aderezan las noticias con reportajes y graciosos apuntes variados: 'Uno de ellos es 'Posibles novios para Sofía', recopilación de niños de baba azul, de su misma edad o parecida, que me pregunto yo para qué si esta familia hace rato que decidió ser uno más del pueblo pero sin el pueblo, y literalmente tirarse a la cama con quien les plazca y si es posible que no sea nadie de familia real ni parecido. Creo que fue Vicente Molina Foix el que hace años publicó en El País un formidable artículo que titulaba 'El cuerpo del Rey', como este Somniloquio, sobre aquel noviazgo de Felipe con Eva Sannum. En él, el autor advertía que los Borbones habían acabado por arrebatarnos el único privilegio que los ciudadanos teníamos con respecto a ellos: la posibilidad de elegir a quien queramos como esposo/a, sin someternos a la tradición monárquica ni a nada parecido. Y es verdad. Quizás simple pero muy cierto. La verdad es que si uno mira 'La Familia de Carlos IV' , de Goya, comprende que esta gente tenga necesidad de escapar de la endogamia y caiga en el balonmanista o el otro, que no sé qué era antes de ser el otro, ni después. Por cierto, que en este noticiario alternativo descubro que quizás hay otros arrebatamientos más materiales... Vuelvo a lo del cuerpo del Rey: yo mismo se lo dije a una amiga cuando salió lo de Letizia: "¿Me follo yo a princesas? No. Pues entonces que él deje en paz a las periodistas...". Claro, que he oído yo historias en las que el "¿me follo yo a princesas?" tenía una respuesta bien diferente. Pero vamos, que una mínima igualdad digo yo que habría que observar. Porque si ellos pueden ser nosotros, me pregunto yo por qué nosotros no podemos ser ellos.
Hace poco leí una reflexión bastante filosa del buen Kapuscinsky, quien escribió que la Historia suele atender a los periodos sonoros, en los que se hace mucho ruido, cuando los momentos más despiadados de la Humanidad a menudo se producen en un vasto silencio. Tirando de ese hilo me he dado cuenta que la única noticia de esta semana en la Clínica Ruber está en una línea o una frase que todos los periódicos, radios y televisiones han despachado de pasada, y yo creo que conscientemente: el Rey tardó tres días en visitar a la niña. Vengo fijándome varios partos ya y no falla: el Rey y el Príncipe siempre están "regresando de un viaje privado". Naturalmente Felipe se ha reformado ahora, después de aquella boda tan húmeda con Letizia, y anda casi siempre como un clavo. Pero el Rey, que lleva más mili que la cabra de la Legión, tarda siempre sus buenos dos-tres-cuatro días en aparecer cuando hay un alumbramiento. Si mi padre tarda tres días en aparecer en el nacimiento de un nieto, se arma en Casa Ornat la de Dios es Cristo. En uno de los nacimientos Borbón-Urdangarín, el Rey y su vástago el Príncipe tardaron no sé si cuatro o cinco días en regresar de donde estuvieran. Digo yo que debían estar en la Luna, por lo menos. ¿Desde dónde se tarda cuatro o cinco días en llegar a Madrid cuando uno tiene una fuerza aérea a su disposición en el patio de luces de casa? Pues oye, cuatro o cinco días. Y los medios ahí, agarrados a lo del "viaje privado".
Y tan privado... El pobre Paquirrín, con el padre muerto por un toro, una pa'dentro y otra pa'fuera doctor, par de cojones, la madre con el Cachuli (creo que se dice así), ese bigote (la madre, no el Cachuli, que también), encarcelada por Zapatero, y esa cara de breva amongolada... el pobre Paquirrín se va un día de putas, que ya me dirás tú qué hay más noble que pueda hacer ese muchacho con esa cara, se va de putas y el Jorge Javier y sus tetudas lo ponen de tomate hasta las trancas. O sea, el Jorge Javier puede salir en la tele sin gafas y echarse al macho en sus ratos libres, pero el pobre Paquirrín no se puede deslechar donde bien le dé la gana. Así está la Justicia en este país. Y el Rey, oye, con sus viajes privados y sus cositas. Y luego los hay que dicen que no querrían ser Reyes ni Príncipes, que es muy esclavo. Grandes estupideces. Como que es más saludable ducharse con agua fría y que se conduce mejor de noche... Lo mismo.
La niña es muy mona. Claro que sí. No va a ser mona... Se llama Sofía, Hommer.
07/05/2007
Víctor sin victoria

Pasé el sábado por la tarde con un ojo en Grecia, donde el Panathinaikos que dirige Víctor Muñoz jugaba la final de la Copa frente al Larissa. El Larissa me hizo acordarme de Ángel Garisa, aquel extraordinario actor cómico. Víctor perdió (1-2), con gol artero en el minuto 83 de un tipo africano con nombre de fonética moderadamente innoble: Antchouet. Es la segunda final que pierde Muñoz en poco más de un año y, aquí, si pierde Muñoz perdemos un poco todos los que lo queremos. Aun a riesgo de ponernos sentimentales o de revelar algo obvio (que los periodistas tenemos debilidad por algunas de las personas que componen el negocio del fútbol), diré que yo soy uno de ellos. El ejercicio de este trabajo me ha enseñado que el único modo de enjuiciar debidamente a los entrenadores consiste en verlos trabajar cada día. Y aun así no es seguro que logremos ser justos. Víctor es de lo mejor, si no lo mejor, que yo he visto en el ejercicio diario de su profesión. Naturalmente que tiene defectos, muy evidentes para cualquiera, pero resulta extremadamente sencillo encontrárselos a casi todos los entrenadores, porque el oficio de dirigir una realidad tan volátil y cambiante como un partido de fútbol se antoja predestinado al desastre. El entrenador no juega el partido con la pelota, lo juega en su mente, un lugar donde todo es posible. A menudo todos queremos hacer coincidir nuestra voluntad o nuestras ideas con la realidad. Los técnicos de fútbol lo deben hacer todo el tiempo. Víctor, dada su obsesiva naturaleza perfeccionista y autoexigente, disputa cada partido un sinnúmero de veces. A veces su equipo está jugando uno y él ya está pensando en el siguiente... Ese rigorismo intelectual hacia el juego y la profesión, que son lo mismo, conforman esta paradoja: son al mismo tiempo su virtud más sobresaliente y su error más pernicioso. Con frecuencia, el fútbol trata con displicencia a este tipo de personajes.
Vale el ejemplo de la final de Copa del año pasado, que Víctor había prefigurado en su cabeza y en la pizarra con exactitud milimétrica. No se equivocó en nada de lo que podría ocurrir; el problema fue que ocurrió todo, y ocurrió enseguida. El Espanyol abrió fuego pronto, calcando una de las jugadas que Víctor había advertido en su estudio del partido. De ahí en adelante, el Zaragoza no encontró el paso adecuado. Intuyo que en la final de este sábado en Grecia debió suceder algo distinto pero con un fondo similar. Kozlej les encajó un gol en el minuto 3. Empató para el Panathinaikos Papadopoulos (creo que por ley hay un Papadopoulos en cualquier reunión de más de tres griegos) y luego dedicó la segunda parte a un dominio que no culminó, acumulando ocasiones de gol que fueron poniéndole el nudo alrededor del cuello. En el 83, el Larissa largó una contra y Antchouet decidió el partido.
La temporada acaba de esta forma algo triste, sin el único triunfo que aún le quedaba a Víctor al alcance de la mano. Cuando llegó en octubre al banquillo del Panathinaikos, los verdes habían acumulado una desventaja amplia con el Olympiakos, que es el gran rival como sabe cualquiera. Víctor reactivó a su equipo, le ganó el derbi a los rojiblancos (0-1), tuvo un periodo estupendo y llegó a ponerse a tres puntos del líder. No pudo sostener ese ritmo. Cayó en la UEFA, perdió tres partidos en casa, cedió la segunda plaza al AEK de Serra Ferrer (en Grecia van sólo los dos primeros a la Champions) y, ya ayer, se quedó sin título de Copa. El Panathinaikos no tiene un gran equipo y acabó por rendir las armas aquí y allá. Tan mal no lo debió hacer Víctor, porque el club lo ha querido renovar, al menos hasta ahora. La decisión está en el aire, sometida a una tensión muy habitual: el club quiere cerrar la continuidad del entrenador para luego armar el equipo; y Víctor desea tener una idea concreta del proyecto futuro para tomar una decisión. Se ha hablado de que el Panathinaikos podría fichar a Verón, que está de vuelta de su tercera vuelta. Así que la cosa no tiene buena pinta.
Lo más notable del año de Víctor en Grecia ha sido el descubrimiento de Sotirios Ninis, un muchacho que juega por la banda derecha y al que Víctor sacó literalmente del colegio con 16 años para que jugara con el primer equipo. A Ninis, nacido en la localidad albanesa de Himara, de etnia griega, le tuvieron que armar un curso a medida con clases por la tarde. Recuerdo que Víctor solía decir que el fútbol tiene tres puertas de entrada a la élite: una hacia el final de la adolescencia; otra cuando uno sale de juveniles y da el salto a los filiales; y la tercera a una edad ya tardía, pasados de largo los 20. Él lo definía muy bien; yo no acierto tanto. Ninis tomó la primera entrada, sin preguntar. Como Raúl, el sevillista Navas, Piqué o el mismo Zapater, que viene a ser un caso paralelo al de Ninis, salvando las distancias. El caso es que Ninis debutó en diciembre pasado, y en enero hizo un golazo al Egaleo y se convirtió en la sensación de la Liga griega, un lugar de pasiones desatadas y suspensión constante de la razón: descarado, vertical y elegante, Ninis cumplió 17 años el mes pasado. Ya para siempre será un nombre unido al de Víctor en Grecia.
Para terminar, una nota costumbrista: jamás vi a nadie aliñar las ensaladas con el sabroso y magistral esmero con que lo hace Víctor Muñoz. Las de escarola de La Bodega de Chema las dejaba para dar volteretas laterales.
09/05/2007
El muerto, al bollo...

Diego Maradona, dos días después de abandonar la clínica psiquiátrica en la que estaba ingresado y en la que por dos veces debió negar que había muerto: fumando habanos en el palco del campo de Tristán Suárez, en su partido frente a Central Córdoba, de la Primera Metropolitana de Argentina. Dos días antes había aparecido en el programa de Marcelo Tinelli y dijo sobre el gol de Messi: "Bah, exageraron, exageraron... El mío fue mucho más lindo".
(Foto: Gerard Julien, Getty Images).
11/05/2007
Suspicious Minds

La sospecha compone una molesta característica que une a individuos muy disímiles. Esta mañana he ido a mi caja de ahorros a avisarles de que por cuarta vez en menos de un año se me han estropeado las tarjetas de crédito y débito, o como se llamen. He planteado el asunto y éstas han sido las respuestas, más bien preguntas:
-"¿Las llevas normalmente en algún sitio...?".
(Ha dejado los puntos suspensivos a mi interpretación... como para que yo añadiera el adjetivo: ¿Raro, inadecuado, prohibido, estrecho, mal ventilado? He mostrado el bolsillo interior de la chaqueta. El tipo, mirándome ceñudo, ha murmurado: "Es raro...".
-"¿Las llevas con el móvil al lado?".
(No. Tarjetas en un bolsillo, móvil en el otro. Izquierda, derecha. Arriba, abajo. Delante, detrás... No coinciden. "Qué raro", ha murmurado.)
-"¿Las llevas sueltas?".
(No, en un tarjetero de plástico que me dísteis vosotros. Respuesta: "Chico, raro sí es").
-"Yo siempre las meto en la cartera con la banda hacia abajo, para que así cuando las saco no toco con los dedos en la banda magnética. Es una tontería, pero...".
(Otra vez los puntos suspensivos. La oficina callada, al mediodía, cerca de la hora del cierre. 31 grados afuera. El joven cajero, la encantadora comercial, el director amiguete, el interrogador y yo. El interrogador ha sacado su cartera, de piel color whisky, ha extraído una tarjeta, con la banda magnética orientada hacia abajo, y ha detenido el gesto, lentamente, para subrayarme cómo los dedos quedaban efectivamente alejados de la banda magnética. He observado en grave silencio. Cinco minutos para cerrar).
-"A veces los bolsos con imanes las desmagnetizan... A las mujeres les pasa mucho".
(Me he mirado en el cristal pero, como yo temía y me parecía evidente a los ojos de cualquiera, sigo siendo un hombre y no acostumbro a llevar bolsos con cierre imantado. Yo comprendo que todo se ha desordenado mucho, pero en fin... "Qué cosa más rara", ha dicho. "¿Y te ha pasado ya varias veces?". "Sí").
-"¿Has abierto puertas con ellas?".
(Lo cuento como lo ha dicho: ¿Has abierto puertas con ellas? Me he acordado de Robert de Niro o Al Pacino abriendo la puerta de casa del sospechoso con una tarjeta de crédito. Digo yo: pero qué puertas. Las de los cajeros, me dice. Joder. No sé... ¿no eran esto tarjetas para sacar dinero de los cajeros? Con frialdad calculada, me ha dicho: "Las estropean mucho... Es raro").
Por última vez he tratado de defender mi inocencia y he buscado apoyo en la comercial, que tiene una mirada piadosa. Antes de que pudiera recuperarme, el otro me ha demolido con un incontestable golpe final:
-"Algunas personas tenéis mala suerte con las tarjetas".
A lo que el director de la oficina, ha agregado:
"En siete años, a mí no me han fallado ni una vez".
Me han dicho que me piden otras y que vuelva en un par de días, pero ahora ya he perdido la esperanza. Ahora ya sé por qué yo nunca hubiera llegado a director de banco. Siete años... contra unos escasos meses. Ahora ya lo sé. Ahora ya sé que no son las tarjetas... Soy yo. "Algunas personas teneís mala suerte con las tarjetas". ¡Puto determinismo de mierda!
[Foto: dejo al Elvis de los primeros 70, el que más me gusta de todos los que me gustan, el fascinante y sensual Elvis del crepúsculo. Y una poderosa versión de Suspicious Minds en un concierto de aquellos días: si yo pudiese mover las caderas y el cuello como Elvis, y hacer ese molinete del final de la canción... para rato me pasaban estas cosas].
14/05/2007
El espanto

Esta imagen, de expresividad manierista, resume lo que está pasando mejor que cualquier crónica. La dejo tamaño Las Meninas para que no pierda ni un ápice del vigor que le otorga la contraposición de esos dos rostros de hombres desesperados, cada uno a su manera. El espanto toma formas muy diversas. Tomás Guasch la titularía, simplemente, El cagómetro.
[Foto: Reuters].
15/05/2007
En algún lugar

Aquí dejo Somewhere, una canción de amor desesperanzado, de esas que todo el mundo hace suyas alguna vez. Hace tiempo que la quería poner, desde que vi por última vez West Side Story. Personajes y canciones encantadoras para un Romeo y Julieta tan bien concebido, creo, que no permite que el tiempo se le meta a la película por las ranuras y la oxide. Los grandes musicales... Me encanta la versión de Tom Waits, áspera y cavernosa, delicadamente oscura. Sólo la encuentro en una breve versión en YouTube, montada sobre un vídeo de cierta organización contra el abandono de animales. El que la pueda recuperar, que lo haga. Yo la tengo en una vieja cinta de cassette y en versión digital... y siempre caigo en el cassette. Ahí va el grito de Tony y María...
Somewhere
There's a place for us,
Hay un lugar para nosotros
Somewhere a place for us
En alguna parte, un lugar para nosotros.
Peace and quiet and open air
La paz, la tranquilidad, el aire libre
Wait for us
Nos aguardan
Somewhere
En algún lugar
There's a time for us,
Hay un momento para nosotros
Some day a time for us,
Algún día, un momento hecho para nosotros
Time together with time spare,
Un momento para estar juntos, con tiempo de sobra
Time to learn, time to care,
Con tiempo para aprender, con tiempo para cuidarnos
Some day!
¡Algún día!
Somewhere.
En algún lugar
We'll find a new way of living,
encontraremos una nueva forma de vivir
We'll find a way of forgiving
encontraremos un modo de perdonar
Somewhere . . .
en algún lugar
There's a place for us,
Hay un sitio para nosotros
A time and place for us.
Un momento y un lugar para nosotros
Hold my hand and we're halfway there.
Toma mi mano y estaremos más cerca
Hold my hand and I'll take you there
Toma mi mano y te llevaré hasta allí
Somehow,
De alguna manera
Some day,
Algún día
Somewhere!
En algún lugar
17/05/2007
Hombres misteriosos

He pegado el oído a la sección Vivir de Cine de estos Somniloquios y me he dado cuenta de que suena a hueco como las tripas de un perro vagabundo. Últimamente voy entre poco y nada al cine, aunque no me preocupa mucho ni siquiera a mí, que he sido de ver cuatro películas por semana. Si este blog estuviera dedicado a la crítica sería peor, pero este blog no está dedicado a nada en particular, lo que lo hace muy cómodo. Hay quien piensa que debería intentar alojarlo en alguna página de referencia, la de un diario o algo así, para que lo leyera una cantidad impensable de gente y se pudieran enzarzar en los comentarios durante cientos y miles de respuestas y réplicas que yo aborrecería. Lo siento, pero no logro que me interese. Tampoco sé si le interesaría a alguien. Pero sospecho que si convirtiese Somniloquios en una obligación demasiado concreta, lo cerraría antes de que me devorase. Es así, vivo a medio camino entre la diletancia, la bohemia y la gilipollez, según opiniones. El caso es que voy poco al cine. En realidad, no voy mucho a ningún lado. Pero me da pena que el tema Vivir de cine luzca tan mal alimentado. Así que contaré que últimamente he visto ’Sunshine’, de Danny Boyle, y ’El buen pastor’, dirigida por Robert de Niro.
Parece claro que me rijo por el principio de autor instaurado por los muchachos de Cahiers du Cinema en los 70, cuando Truffaut y otros agudos comenzaron a reivindicar a los directores como auteurs. Danny Boyle (el genio detrás de ’Trainspotting’) cuenta en ’Sunshine’ la aventura de unos astronautas que viajan hasta el Sol porque el sol, amigos, se muere, se está apagando. Y el plan consiste en arrojar en esa piscina redonda de fuegos un par de bombas atómicas o algo así que lo reactiven y salven a la Tierra de la helada que se viene, que es para agarrarse. Contado de este modo, uno no tiene ganas de ir a ver la película ni en pintura. Pero la verdad es que ’Sunshine’ no tiene nada que ver con ’Armaggedon’ o ’Deep Impact’ o alguna de esas tonterías de héroes americanos que le ahorran al mundo un disgusto (a cambio, claro, de darle otros). No. ’Sunshine’ está más cerca del filo psicológico o filosófico o visual de ’2001. Una odisea del espacio’ o de ’Solaris’ (la de Andrei Tarkovski, no la revisión reciente de Steven Soderbergh), y en un momento dado gira hacia la órbita de ’Alien’. Hay quien ve de hecho en la película de Boyle un mero pastiche de otras películas. Depende de cómo se mire, pero puede ser. A mí no me importa que las películas recuerden o se parezcan a otras películas, siempre que sean buenas. ’Sunshine’ no es una película del espacio al uso y tiene un reborde de experiencia visual que me estimula bastante. Más allá de que uno sostenga una postura más o menos cínica y crédula con este tipo de historias de ciencia-ficción, más allá de la lógica de las cosas que se ven o se hacen en la narración, ’Sunshine’ me falló en el inexplicado tramo final, en el que un personaje espectral le hace un buen daño a la credibilidad y coherencia del resto de la trama. Pero a esta película le guardaré un agradable recuerdo, que no es lo de menos tal y como están los tiempos...
No me pasará lo mismo con ’El buen pastor’, que empezó con lío porque enchufaron la pantalla sin apagar antes las luces de la sala y yo, que estoy peleón últimamente, me fui directo contra el acomodado acomodador para decirle que, por favor, había empezado la película y que apagasen la iluminación de una puta vez; a lo que el acomodador, al que el chalequito azulón le subrayaba sus afectados movimientos, me contestó con indolencia femenina: "Ahí abajo está el encargado para que le proteste si quiere". Ya reinstaurado en mi butaca junto al resto de borregos a los que igual les hubiera dado que no apagasen las luces en toda la noche, vi ’El buen pastor’, la enrevesada historia del nacimiento de la CIA y de la ejecutoria de uno de sus fundadores, un agente encarnado por el impasible Matt Damon. Pronto me di cuenta de que el resto de espectadores no se habían molestado en lo de las luces porque no merecía la pena. ¿Cómo lo sabrían? Todo es interesante en esta película, menos la película. La historia, los conflictos interiores de los personajes, los actores, el elenco en general, la mano del director, la ambientación, el fondo musical, la trama... Todo bien, pero a Robert de Niro le han escrito una historia demasiado enrevesada como para defenderla con honor. Y aunque lo intenta, no lo consigue. Los actores no les encuentran ni el cuerpo ni el alma a sus personajes, las tramas se ramifican en subtramas que dibujan horribles meandros y dejan al espectador tirado en una cuneta en medio de ninguna parte; todo el conjunto viene y va y, por más que uno se concentre (cosa que yo no hago), poco a poco pierde pie y acaba por no importarle quién es quién y para qué. Dado que dura dos horas y media, lo bueno es que da tiempo en ocuparse de otras cosas. Como reflexionar en silencio, practicar los actos de contricción, resolver conflictos interiores si los hubiere, o decidir si es menos favorecedora la cara de Gustavo Alcalde o la de Domingo Buesa en la cartelería de campaña del PP; o tratar de encontrar un solo hecho concreto, real, del inexcrutable y melifluo Marcelino Iglesias que justifique su indiscutible reelección como presidente de Aragón.
Como yo no me dedico a esas cosas, me puse a pensar en el Hombre Misterioso, ese personaje de David Lynch que me acojonó tanto en ’Carretera Perdida’, en una de las escenas más aterradoras que yo, gran miedoso, haya visto jamás. A Mystery Man lo encarnaba Robert Blake, quien se pintó la cara de blanco y se hizo peinar como el abuelo de los Monster, más o menos, para darle a su personaje ese aspecto inquietante, diabólico, de conciencia demente. He encontrado la escenita en la fiesta en la que aparece por primera vez el Hombre Misterioso y sostiene ese diálogo atroz con el enloquecido protagonista de ’Carretera Perdida’, otra película de Lynch imposible de entender salvo que uno sea un esquizofrénico o un loco. Sin embargo, la mayoría resultan subyugadoras gracias a su delirante poder subconsciente y simbólico. Revisando ahora la escena ni me inmuto, pero si uno la ve enmarcada en la historia que David Lynch está empezando a contar, de verdad que te deja helado del canguelo. Yo no me salí del cine Renoir porque Pab me agarró del brazo. Le dije: "Chato, estoy acojonado". Y él contestó: "Yo también, pero ahí quieto". Dejo el enlace para quien desee verla ahí arriba y reproduzco el diálogo.
Mystery Man: We’ve met before, havent’ we?
("Nos conocemos, ¿no?").
Fred Madison: I dont’t think so... Where you think we met?
("Me parece que no... (Pausa) ¿Dónde cree que nos conocimos?").
Mystery Man: At your house, don’t you remember
("En su casa, ¿no se acuerda?").
FM: No, no I don’t. Are you sure?
("No. ¿Está seguro?").
MM: Of course... As a matter of fact I’m there right now.
("Claro... De hecho, ahora mismo estoy allí").
FM: What you mean? You are where... right now?
("¿Qué quiere decir? Dónde dice que está... ahora mismo?").
MM: At your house...
("En su casa").
FM: That’s fucking crazy, man.-
("Eso es una locura, tío").
MM: Call me... Dial your number. Go ahead.
("Llámeme... Marque su número. Vamos").
MM (al otro lado): I told you I was here.
("Ya le dije que estaba aquí").
FM: How you did that?
("¿Cómo ha hecho eso?").
MM: Ask me.
("Pregúntemelo").
FM: How you get inside my house?
("¿Cómo ha entrado en mi casa?").
MM (al otro lado): You invited me. It is not my costume to go around not wanted to.
("Usted me invitó. No es mi costumbre ir donde no soy bien recibido").
FM: Who are you?
("¿Quién es usted?").
MM: jajajaja... (Y al otro lado): Give me back my phone... It’s been a pleasure talking to you.
("Jajajajaja.... Devuélvame mi teléfono. Ha sido un placer hablar con usted").
[Foto: Robert Blake, en el papel del Hombre Misterioso. A Robert Blake lo recordamos todos aun cuando no lo reconozcamos: era Tony Baretta en la famosísima serie policial de los setenta. Cinco años después de aparecer en este memorable y muy lynchiano papel (’Carretera perdida’ es de 1997), Robert Blake fue acusado de asesinar a su mujer Backley. La historia roza lo surreal. Backley era una cazadora de celebridades y sus fortunas que andaba liada con el hijo de Marlon Brando cuando se quedó embarazada. Resultó que el bebé no era de Brando Jr. sino de Robert Blake, que andaba culebreando fuera de la escena. Blake se casó con ella. Una noche, a la salida de Vitello’s, un restaurante italiano, Backley apareció con un disparo y Baretta no pudo explicar bien del todo por qué no había de ser el culpable. El largo y costoso juicio terminó con un veredicto de inocencia para el actor, que desde entonces cuida y educa amorosamente a su hija, dicen].
20/05/2007
Construcción

He estado con Alicia, otra vez en su lado del espejo, como me suele ocurrir. Alicia me da un beso y otro, con un esponjoso abrazo igual que siempre, y sin más intermedios me dice:
-Me tienes que contar muchas cosas de Hawai.
-Pero si ya te he contado todo -protesto.
-Pues otra vez.
-¿Qué quieres que te cuente?
-Lo del barco en el fondo del mar.
Desde que supo que íbamos a Hawai, Alicia quiso venir. Ocurrió en medio del apogeo de su periodo Lilo&Stitch, que había convertido Hawai en un territorio mágico y feliz para ella, un lugar al otro lado del espejo en el que todo sería posible. Le parecía raro que yo quisiera estar ahí; yo no podía ser un personaje de Lilo&Stitch porque ya no me corresponde. Algún día le explicaré que mi fascinación hawaiana proviene en parte de mi irresistible anhelo de viajar al lugar más alejado posible; y también de los relatos de viajes de dos héroes de la Literatura decimonónica: Twain y Stevenson. Alicia tiene un traje completo de bailarina hawaiana, con su corona de guirnaldas, que compramos allá. Le conté que había conocido a una chica que tenía la misma cara que Lilo (y era verdad, la camarera de una alegre pizzería en los bajos del Hilton Hawaian Village, en Waikiki), pero no le impresionó en absoluto esa coincidencia. Hay que decir que en Hawai apenas quedan lo que nosotros entendemos por hawaianos; si acaso un 10-12% de la población total después de haber sido diezmados por enfermedades y epidemias importadas del lejano continente americano (el archipiélago de Hawai es el punto de tierra firme más alejado de un continente). Lo que quedó fue una alegre mezcla compuesta por americanos ortodoxos, razas minoritarias y una colonia japonesa imponente. Sí... hay miles y miles de japoneses en Hawai. No de visita, no. Viven ahí. Otro día hablaré de eso. A Alicia tampoco le interesa que en Honolulu haya japoneses por todos los lados. Ella sabe bien lo que quiere oír. El relato del barco que reposaba en el fondo de la bahía.
-Cuéntame otra vez lo del barco.
-Era un barco hundido que bajamos a ver. Nos tiramos al agua y el capitán de nuestra embarcación descolgó el cabo del ancla por debajo. Yo iba con Jen. Hay que bucear en equipos de dos o tres personas, no más, y cada uno debe cuidar de su compañero en todos los casos.
-¿Había peces en el agua?
-No, al principio no. Nos agarramos del cabo del ancla y comenzamos a bajar. El agua estaba tan clara, como una piscina, que desde la superficie veíamos abajo, al fondo, la silueta gris del barco. Otros iban delante y su respiración se transformaba en burbujas traslúcidas que subían hacia nosotros, haciéndose cada vez más grandes,como enormes y hermosísimas setas transparentes, por el efecto inverso de la presión. Era todo muy azul, precioso. ¿Te gustaría bucear conmigo?
-Uhmm, sí... -dice sin mucha convicción, como sopesando los temores-. ¿Vísteis peces?
-Vimos peces y tortugas marinas enormes.
-¿Qué peces? -con Alicia las generalizaciones no valen; conoce el nombre de un buen número de peces que yo ignoro, y también el de muchos animales terrestres que los adultos no identificaríamos casi nunca. Como yo soy un asiduo de los documentales de bichos, estoy medianamente preparado para hacerle frente.
-Había peces payaso, un pez globo -esto me lo invento-, había frailecillos, y todo tipo de peces tropicales, de muchos colores.
-¿Qué son peces tropicales?
-Los peces que viven en las aguas de los países del trópico.
-¿Qué es el trópico?
-Una zona de la Tierra con temperaturas muy cálidas y estaciones cambiantes, una en la que llueve mucho y otra seca. Por eso hay selvas, mucha vegetación, muchos animales raros..
-¿Como en África?
-Más o menos.
-También me dijiste que habías visto una morena.
-Sí. Una pequeñita, un bebé. Apareció nadando de abajo arriba en una de las columnas de acero del barco hundido y se escondió por un hueco antes de que pudiéramos verla bien.
-¿Había pirañas? -aquí cambia la cara y pone esa mueca de miedo o asco o aprensión muy característica.
-Noooo, no hay pirañas en el mar. Las pirañas están en algunos ríos de Suramérica, como el Amazonas.
-No me gustan las pirañas. ¿Seguro que no había?
-No había.
-¿Y ballenas?
-Ballenas hay, pero no vi.
-Pero me dijiste que habías visto ballenas...
-No, eso fue en Argentina, en otro sitio.
-¿Eran ballenas como la de Pinocho?
-No sé qué tipo de ballena era la de Pinocho. Éstas eran ballenas jorobadas... Ya sabes que hay muchos tipos diferentes.
-Sí. Las ballenas me gustan, pero no me quiero bañar con ellas.
-Yo tampoco, son demasiado grandes. Pero son muy bonitas.
-¿Cómo son?
-Tienen la piel oscura, muy recia y con arrugas. Con costras y postillas por los parásitos que anidan en ellos. Son como verrugas. Tienen en la boca una cortinilla grande de pelos para retener el plancton y que salga el agua. Así se alimentan.
-¿Qué es el plancton?
-Bichitos y nutrientes que están en suspensión en el agua y de los que se alimentan las ballenas.
-Bichitos en el agua... -pondera.
-Pero no se ven.
Otra vez la cara de asco. Uno no quiere bichitos en el agua, está claro. Alicia quiso trabajar en un circo, ser domadora de caballos, y ahora ha decidido que se dedicará a la Veterinaria... aunque antes tendrá que sobreponerse a algunos temores más o menos superables. Por ejemplo, el miedo a los caracoles. Se ríe, pero yo siempre la apoyo. De niño yo tenía mucho miedo a las babosas. Además, Alicia dice con mucho tino:
-A los caracoles no hay que curarlos.
Alicia me ha dejado ver un dibujo coloreado que hizo en el colegio. Está en la foto. Tenía que dibujar una casa y a algunas personas. Me ha impresionado la forma medianamente abstracta y colorista de hacerlo. Le pido que me explique qué es lo que se ve:
-Esto es una construcción.
-¿Una casa?
-No, una construcción. ¿Es que no lo ves?
-Sí.
-Tiene casa, pero también es castillo -miro a las almenas y al arco cromático del frente, sobre el lado izquierdo-, y muchos ladrillos de colores.
-Me encantan los colores. ¿Quiénes son las personas que hay ahí?
-Ésta es mi amiga Alicia, ésta es mi amiga Teresa y ésta soy yoooooooooo -alarga el pronombre en un grito divertido.
-Y este humo que sale...
-Pues la chimenea. ¿Qué va a ser?
Me gusta la construcción de Alicia. Me gusta mucho. Con esa deriva de las formas, como en las casas de los cómics o de las películas de Tim Burton (me recuerda mucho a la de Charlie en Charlie y la fábrica de chocolate). También parece una locomotora disparada valle abajo, con la chimenea de carbón a todo meter. Y la mezcla rutilante de rojos, amarillos, naranjas, verdes que parece el recuerdo impreciso que Cortázar tenía de los baldosines del parque Güell... Alicia escribe y dibuja con cierto desinterés, como si anticipara que la letra suele deteriorarse con el paso del tiempo, por la distracción del cerebro en otros asuntos más acuciantes que enlazar las letras o terminar la 'o' con un lacito. Pero esta Construcción la ha colgado en la pared de su terraza y yo la cuelgo aquí.
No me gusta regresar del otro lado del espejo. Es un lugar del que no saldría nunca. Alicia va a cumplir seis años y camina con inconsciente decisión hacia los límites de ese mundo. Su cabecita me ha mostrado con este dibujo lo que yo interpreto como una emocionante capacidad de abstracción. Me gustaría que la conservase, para poder comunicarnos de un modo personal y privado como yo quiero creer que hacemos ahora. Una cabecita abstracta no sirve de nada en el día a día, yo lo sé bien; pero al menos solventa tardes ociosas porque uno se puede meter en casa mano a mano con sus abstracciones y sobrevivir lo que haga falta sin necesidad ni deseo de las cosas concretas y aburridas de la vida. Una cabeza abstracta ayuda también a demoler el silencio de las horas de soledad; aunque otras veces lo inflama hasta la agonía, como hace el viento con el fuego.
Me pregunto si esta larga guerra interior que sostengo (construcción sin almenas ni vivos colores) precisa de tantas víctimas.
21/05/2007
El viejo desorden

Ahora que vuelven a reunirse una buena cantidad de grupos innecesarios (¿era preciso el reencuentro de The Police a estas horas, decidme...), New Order se largan a su casa. Lo anunció el bajista Peter Hook en una entrevista en XFM hace algunos días, así como quien no quiere la cosa, en un comentario al pasar. Por si alguien pensó que le había dado un calentón, lo ratificó algunos días después. Los chicos ya no están juntos. Para mí New Order aún suponen la posibilidad de sentirme falsamente joven mientras escucho sus canciones. Bizarre Love Triangle o Blue Monday, desde luego Regret o World In Motion son las canciones que me ponía muchos días antes de salir, bien altas, demoledoramente altas, para que me rodearan y tomaran la casa al asalto, por invasión salvaje, con la estridente maquinaria de sonidos de alta frecuencia. Ese efecto Dorian Gray tiene algo que ver con la leyenda, supongo, porque siempre se dijo que New Order habían vendido su alma al diablo para que triunfase su primer gran éxito, Blue Monday, el maxi más vendido de la historia de la música según leo en algún lado con considerable sorpresa. Debe de ser que en los ochenta aún había lugar para un cierto orden, nuevo orden, claro está. Ahora regresa el viejo desorden, la irrefrenable edad, el envejecimiento de los mitos efébicos. No me despido de New Order porque están en mi librería y los voy a poner cuando quiera. A mí aún me gustó bastante Get Ready, un trabajo que ya venía claramente fuera de hora, pero me pareció que bien defendido. He de reconocer que Waiting For The Sirens Call, su último elepé del 2005, anunciaba que el pacto con el demonio había caducado. Que decaía el rostro de Dorian Gray en el retrato que cuelga sobre el muro. Hoy es lunes. Monday. Blue Monday.
22/05/2007
Caretas de porcelana

Yo soy un abstencionista nato. No he votado en unas elecciones en mi vida y no sé si lo haré jamás, pero sospecho que no. Lo peor es que esa postura carece de argumentaciones o de una posición ideológica/moral/filosófica consolidada. No hay motivo. Simplemente, es una de esas cosas que no me llaman, como ir a esquiar, digamos. Juro que mi intención no es frivolizar sobre el asunto; tengo plena conciencia del significado, necesidad y logros de la democracia, pero no participo de "la gran fiesta", como le dicen. No trato de reventarla ni de mostrarme ajeno ni de poner palos en la rueda ni de despreciar a quienes participan ni nada de eso. Yo no voy y ya está. Y me molestan los entusiastas que me han tratado de convencer a lo largo del tiempo diciéndome que si no quiero votar, tendría que votar en blanco (aún no he entendido por qué, qué ventaja supone no para el sistema, sino para mí), o que si no voto no tengo derecho a quejarme. Yo no voy a acabar con la democracia, Dios me libre. Tampoco voy a esquiar y no por eso soy culpable de no contribuir al desarrollo de Aragón.
Supongo que a lo mejor la primera vez que tuve oportunidad de no votar y no voté lo hice por algún motivo justificado, pero no me acuerdo. Podría ser que no. En cualquier caso, después se me ha impuesto una mezcla de pereza, escepticismo y vergüenza: me produce cierta inquietud llegar al colegio electoral y que alguien se percate de que no sé cómo funciona el tema, un tío de mi edad. Así que los días de elecciones me gregarizo (mira que es fea la palabra ésta) y deposito mi confianza en la sabiduría y buen juicio del pueblo español, en el que confío a pesar de las pistas que me dan los índices de audiencia de las televisiones y todas esas cosas.
Las campañas me hacen gracia. Conozco pocos embustes presentados de forma al mismo tiempo tan burda y tan convincente. Todo el mundo es consciente de que hay un truco (algo patético, pero truco) en los discursos, en los políticos que hablan en mangas de camisa, en las recomendaciones de que las fotos de campaña sean "casuales y desenfadadas", en los arreglos de photoshop de las fotografías y, por ir algo más allá, en los incumplimientos de los programas, en las alianzas post parto, en todas esas cosas. Si los votos dependen de que un candidato salga en camisa o no, yo no sé qué pensar. Quiero creer que no es así, pero entonces... ¿por qué lo hacen? Nosotros no somos ingenuos, ellos saben que no somos ingenuos y, sin embargo, el invento funciona sobre la base de una ingenuidad tácita, como una cierta suspensión del orgullo del ciudadano o un sometimiento al juego democrático o no sé bien qué es. Los políticos prometen estos días, y nosotros ni siquiera escuchamos las promesas porque sabemos que se las va a llevar el viento de la conveniencia o los arreglos posteriores.
A mí me parece todo un poco raro, me parece que un tanto por ciento demasiado elevado de todo esto se sustenta o lo quieren apoyar en mensajes subliminales: la camisa sin chaqueta o sin corbata, la actitud correcta en los debates, que se inventó Kennedy contra Nixon, los rostros jóvenes en el fondo de la pantalla cuando hay mitin, los tonos cálidos y los fríos... O sea, una base movediza de la que no sé qué pensar. Es necesario, claro... eso debe ser. Pero un voto es cosa seria, ¿no? Y todo esto de las caritas/caretas/carotas de porcelana no parece muy serio. Yo por ejemplo ando asustado hace días con el lifting que le han hecho a Marcelino Iglesias en las fotos de campaña. Parece que lo hayan fotografiado poniéndole una cortinilla de gasa delante, como a la divina Garbo y las actrices de los viejos días. Marcelino, y otros, tienen un rostro de porcelana encendida. El caso de MI me resulta fascinante, porque a mi modo de ver resume Aragón: es el presidente invisible, el hombre que nunca estuvo allí. Y va para la tercera legislatura sin que nadie le haga frente. Hay quien lo llama "normalidad y sosiego político". Yo creo que es otra cosa: es la política de la liebre. En Aragón no se puede sacar la cabeza o te dan el hostiazo a toda prisa. Así que Iglesias gobierna amagado frente a los focos, como las liebres en el campo, sin que nadie lo advierta, sin dejarse notar. Y ahí reside su constante triunfo. Ni un gesto ni una palabra de más. El gobierno silencioso. Calculada naturalidad de un hombre al que siempre que veo le advierto un postizo de cuerpo entero.
Por cierto que El Mundo bucea en los arreglos fotográficos de los candidatos, que son chapuceros donde los haya. Pero aquí todo funciona o cumple un fin que justifica los medios. Por contra, alguien debería haber hecho algo con las fotos de campaña de Domingo Buesa y Gustavo Alcalde, que son mucho peores que las versiones reales de los dos candidatos del PP. Ser político no resulta fácil. Si de pronto yo me viera en cartelones de 10x10 en medio de las avenidas o en los autobuses de la ciudad, tendría que exiliarme. Bastante he hecho con acostumbrarme a encontrar mi cara en pequeñito en el periódico cuando escribo. Jamás he mirado un programa de televisión en los que aparezco (grabado, quiero decir, lo otro sería imposible...) aunque me han recomendado que lo haga. No quiero. Es como El exorcista: nunca he tenido huevos de ponerme a verla, no sea que descubra lo que no quiero saber.
Este Somniloquio electoral me parece patético. He de decirlo. Ustedes perdonen.
[Foto: Juan Alberto Belloch -sin la pianista- a cara descubierta en un mitin de campaña. Debidamente caracterizado, Belloch haría un magnífico Fu Manchu o también el cochero de Brácula. Al fondo, el rostro terso del presidente virtual: marcelinoiglesias.es].
24/05/2007
Terapia

Deja que sangre la herida
y mantén la cabeza alta.
26/05/2007
Escenas: enamorados bajo la lluvia

Tengo dos lugares preferidos en Zaragoza: la espalda del ábside de La Seo al mediodía, cuando revienta el sol contra el artesonado mudéjar de los muros. Y el Paseo de la Constitución en su primer tramo, el más próximo a la Plaza Paraíso. Me gustan las copas enormes de los árboles que quieren arquearse sobre el bulevar central. Y sobre todo me gusta esta escena de los paseantes enamorados bajo la lluvia, que siempre me produce una borrosa nostalgia que me cuesta sacarme. Me gustan los anchos bajos del pantalón de él, la entallada gabardina, la mano que rodea la cintura de ella y la faldita mínima. El paraguas es una fuente. Los fotografié ayer, con el móvil, de espaldas para que los engullera esa luz mortecina del mediodía nublado. En los bancos del paseo se solazan mendigos que despliegan carros de la compra repletos de cachivaches. Uno de ellos almuerza un mendrugo de pan y les tira migas a un puñado de palomas. Los vecinos se han quejado de los olores, porque durante todo el año duermen y viven bajo los soportales de la acera más próxima a la Plaza de Aragón. Yo cruzo en diagonal para cobrar un talón en el banco de enfrente. Los dos enamorados están siempre igual; siempre igual de enamorados, siempre igual de jóvenes. Siempre bajo las copas de los árboles y esta lluvia que no acaba y este amor que no se moja.
27/05/2007
Teoría alternativa

Y yo me pregunto: ¿Para qué va a querer meterse en el costoso lío de la ACB un club que, estando en la LEB, se sostiene con una aportación mínima de sus dueños, mucho dinero del contribuyente, la cobertura inmoral de sus errores con el poder mediático y 11.000 chinos (que decía Comas) en la grada? Si el CAI verdaderamente quiere ascender, lo disimula muy bien. No hay modo más sibilino de perder un partido definitivo que poner poca intensidad en la defensa y el rebote, que son cuestiones capitales del juego; fallar un tiro libre detrás de otro y largarse triples y disparos pesimamente seleccionados: 22 de 48 de dos puntos; 6 de 25 de tres; 28 de 73 en tiros de campo; 17 de 29 en libres. Y 37 rebotes contra los 40 del León, un equipo notablemente inferior en el apartado físico. A mí el partido me pareció una broma. Los chicos del CAI fallaban hasta debajo de la canasta. Starosta, el único que los ha sostenido en el play-off, tiró ayer cuatro veces. No se la des, no sea que la meta.
Lo siento por los jugadores y el entrenador, sometidos a un papelón, aunque no me gusta mucho este CAI multinacional en el que el primer español (Corbacho) sale tres minutos al final; y que con los años se ha llevado por delante a quien lo inspiró y trabajó para reunir todas las voluntades mientras se agotaba su carrera profesional (Pepe Arcega) o al mejor valor de la cantera aragonesa en los últimos tiempos (Rodrigo Sanmiguel). Lo siento por la gente que va y llena el pabellón. Lo siento sobre todo por Joaquín Ruiz, segundo entrenador, amigo personal, a quien aprendí a admirar y querer de niños, mientras jugábamos juntos al basket en la cancha embaldosada del viejo colegio de los Maristas y en las pistas de Helios en verano. Sobre todo por él, pero sé que lo va a aceptar porque he conocido pocas personas con un sentido tan férreo de la ética del deporte. No lo siento en absoluto por el club, al que tengo por una desordenada reunión de arribistas siempre próximos al poder, a los que les gusta poner y quitar periodistas de los medios (lo han hecho e intentan seguir haciéndolo), manejar las conciencias si las hubiere y negar la evidencia de su ineptitud y su desahogo. José Luis Rubio también era duro con la Prensa crítica. Cada artículo era una llamada. Te la liaba por el teléfono o te invitaba a desayunar: cuando llegabas, tenía las fases duras del artículo subrayadas con rotulador fosforescente y te pedía argumentaciones. Con todo, esta pandilla no le llegan a la suela del zapato: el otro día me crucé con José Luis y sigue como un pincel. Éstos hacen el trabajo sucio sin invitarte a desayunar. Si acaso, invitan al de arriba, al de los despachos... el que tiene que decidir que tú escribas del CAI o no escribas. Si tu jefe es un desgraciado o bien un hijo de puta, date por muerto. Vas a la sección de Comarcas directo, a coger resultados de fútbol regional o, si hay connivencia suficiente con la Policía Local, a dirigir el tráfico en la Plaza España.
Dejo la crónica de Sergio Pérez en el Periódico, por amistad y devoción. Ahora los disparos se los lleva Chápuli como antes se los llevó Arcega. No de Sergio, de todos. Yo siempre he visto el problema más allá, pero en fin... con su pan se lo coman. A mí me gusta el baloncesto desde que nací. Este CAI no me gusta ni ver. Con la cantidad de entrenadores y jugadores que han traído y llevado, lo peor que se les puede decir no es que son una banda de fracasados. Es que son unos inútiles. Yo era del viejo CAI; me cuesta demasiado querer a este engendro de intereses embusteros.
31/05/2007
Visitante

Me miró con severidad.
-¿Quién es usted y qué quiere?
-¿Puedo pasar?
-Por supuesto que no.
Mantuvo la puerta apenas entreabierta, sin retirar la cadena de seguridad. Miró hacia dentro y luego a la calle, más allá de mi hombro. Cerró un poco más. Por un instante me pareció nerviosa, pero no diría que tuviera miedo; yo sé que ella no tiene miedo.
-¿Quién es usted? Si no se marcha voy a llamar a mi marido.
-¿Su marido?
-¿Quién es usted? Me lo dice o se larga...
Su marido. Traté de sostenerme contra el marco de la puerta. Ella se apartó un poco más. Al fondo, a su espalda, se oyó la voz de un chico.
-¡Ahora voy, cariño, estaré contigo en un minuto! -le dijo ella, y su voz sonaba tranquilizadora. Siempre me dio calma.
Se giró de nuevo hacia mí y quedó en silencio. Reconocí la dureza de su rostro, a pesar de que el cabello era otro, más largo, y que aún los párpados se sostenían firmes en su relativa juventud. Al llegar, la visita me pareció ineludible, un modo desesperado de recuperarla más allá de su muerte, ya ocurrida. Ahora empezaba a ver el error. Sentí una punzada de nostalgia del futuro, aunque precisamente el futuro me aproximara a este instante que estaba del otro lado. Advertí la incoherencia de todos esos pensamientos y aun del mismo viaje. Que yo estuviera ahí, visitando a aquella mujer... La amaba. La había perdido. Y sin embargo en este momento ella no era aún mía.
-Yo... necesitaba verte -acerté a decir, solamente.
-¿Disculpe?
-Necesitaba...
Apretó los labios. Estaba a punto de perderla. Debería haberme limitado a observarla, pero llamar a su puerta estaba fuera de los límites. Ella no podría recordar algo que aún no sabía, pero yo albergué de forma estúpida la esperanza de que algún punto de su inconsciente ya me anticipara, y eso produjese un efecto. Nada de eso ocurrió.
-Esto es ridículo, lárguese o llamaré a la policía.
Completé tambaleante el camino de vuelta hasta el punto de contacto y allí cedí a un sueño agitado del que no me repuse hasta varias horas más tarde. Desde el punto de vista de un amante extraviado, la visita había resultado un completo fracaso, y empeoró mi estado. Al menos, los mandos quedarían conformes con el experimento. Yo lo había propuesto y ellos aceptaron porque les iba a servir para intereses menos complacientes que el mío. Como me habían anunciado, los detalles del encuentro comenzaron a desvanecerse a las pocas horas y en su lugar se abrió paso un intenso dolor, que partía del lóbulo occipital para extenderse hacia el frente de la cabeza. El proceso de olvido es angustioso, pero los protocolos se aseguran de que no guarde memoria alguna de esa tarde. Respecto a ella, yo provoqué el error y supongo que se ocuparían los equipos especiales. Prefiero no pensarlo: hacerle daño hubiera sido aún peor que lo que me esperaba por haberme saltado las reglas. Escribí como pude el informe de la misión y algunas anotaciones personales en mi diario, de las que extraigo estas líneas. Al anochecer salí a caminar sin rumbo. Luego volví a la cápsula y de forma metódica dispuse todo para el regreso.

